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Botellón
El botellón: Consecuencias, riesgos y aceptación social de un espacio de ocio en adolescentes y jóvenes

Julio 2014

El botellón: consecuencias, riesgos y aceptación social de un espacio de ocio en adolescentes y jóvenes

The big bottle: consequences, risks and social acceptance of a leisure activity for adolescents and young adults

Autor: Francisco Javier García Castilla (Universidad Nacional de Educación a Distancia) fjgarcia[@]der.uned.es

RESUMEN

El denominado botellón es un fenómeno social que preocupa a familias, instituciones y profesionales del área sociosanitaria, entre los que se encuentran los trabajadores sociales. En este artículo se presentan los resultados de un estudio que recoge las valoraciones e interpretaciones que tienen los adolescentes y jóvenes sobre el botellón y sus posibles con- secuencias. Los valores que subyacen tras la decisión de canalizar el ocio y diversión hacia este espacio de encuentro, y la aceptación social de su riesgo serán las cuestiones principa- les abordadas en este trabajo para explicar este tipo de comportamiento.

Palabras clave: Consumo de alcohol, adolescentes-jóvenes, riesgo, ocio, aceptación social.

ABSTRACT

The so called big bottle is a social phenomenon that worries families, institutions and socio-professionals, including social workers. This article shows the results of a study that includes the assessment and interpretation among adolescents and young adults on the big bottle and its consequences. The values underlying the decision to channel entertainment and fun to this gathering, and social acceptability of the risk will be the main issues addres- sed in this work to explain this behavior.

Key words: Alcohol consumption, adolescent, risk, leisure, social acceptance.

1. Introducción

El estudio de las causas y consecuencias del fenómeno del botellón es una cuestión compleja porque implica realizar un análisis exhaustivo de diversas variables como el consumo de alcohol intensivo en tiempo de ocio (especialmente durante los fines de semana), el uso y abuso de otro tipo de drogas, los accidentes de tráfico provocados por este consumo, la ocupación del tiempo y espacio por los adolescentes y jóvenes, los ritos de inte- racción en el grupo de iguales, los valores que motivan la participación reiterada en estos encuentros o incluso la aceptación social de los mismos.

Los trabajadores sociales, a través del análisis de casos e investigaciones, deberían conocer cuál es la percepción del riesgo que perciben los adolescentes sobre las consecuencias del botellón, es decir, qué creencias o significaciones manejan de forma equivocada, o si realmente son conscientes de las posibles consecuencias, que pueden ser aparcadas al azar en refugios del pensamiento con expresiones como «yo controlo» o bien con altera- ciones en la percepción a través de sentimiento de invulnerabilidad «nunca me va a tocar a mí». Si profesionalmente no se trabaja lo suficiente en este campo, estaríamos refirién- donos a una reificación inadecuada y los focos para el diseño de una intervención social podrían convertirse más en una parte del problema que de la solución.

Algunas teorías han asociado la adolescencia con el riesgo1, pero se podría considerar que ambos pueden formar parte del complejo proceso de aprendizaje y maduración en el que los jóvenes pueden exponerse a situaciones de vulnerabilidad, ya que algunos comportamientos y acciones de la vida social pueden generar situaciones de riesgo para su integridad2. En este sentido, el ocio puede desarrollarse en «un espacio para la magnificación de la ruptura con el mundo adulto, a través de una teatralización hedonista del no límite»3, en el que realizar determinadas prácticas, por el mero hecho de explorar algo novedoso o experimentar sensaciones nuevas, se funde con el apoyo de ideas y valores como la libertad o el control absoluto de las acciones.

La aceptabilidad del riesgo es posible por la consolidación paulatina de creencias e ideas de otros patrones de comportamiento que conforman el imaginario social y que se han ido implementando a través de los diferentes modelos de socialización, mediante la familia, los profesionales, los medios de comunicación, los sistemas de protección y las instituciones4. La interacción de los mensajes facilitados por una sociedad de consumo y los valores que se transmiten desde una «cultura de riesgo» pueden derivar en creencias capaces de dar lugar o justificar comportamientos como el botellón. Se podrían plantear los siguientes interrogantes: ¿por qué el consumo de bebidas alcohólicas está tan extendido y aceptado en la sociedad española?, ¿la baja percepción de riesgo en los adolescentes y jóvenes que puedan tener de este tipo de consumo está relacionada con el tipo de cultura y los modelos sociales?, ¿tenemos alguna responsabilidad en el traspaso de estos hábitos en las cohortes venideras de jóvenes? Las respuestas a estas cuestiones están relacionadas con los significados que proyectan los valores y las creencias derivados de la interacción social, en la que la toma de riesgos responde a un proceso negociado5.

El consumo de bebidas alcohólicas en los adolescentes y jóvenes cada vez más se realiza en espacios públicos urbanos y en tiempo de ocio, concentrados básicamente durante los fines de semana. Estas celebraciones suelen ir acompañadas de una elevada ingesta de consumo de bebidas alcohólicas u otras sustancias psicoactivas, como parte de un rito social para afianzan las relaciones personales con el grupo de iguales o para ampliarlas conociendo a otras personas. Esta tendencia se lleva desarrollando en España en los últimos 15 años, aunque con distinto impacto dependiendo de cada región6, pero en general se puede alegar que dos de cada diez jóvenes afirman haber asistido con regularidad al botellón7.

Los datos ofrecidos por la Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Educación Secundaria (ESTUDES 2010), edades comprendidas entre 14 y 18 años de edad) afirman que su consumo se produce a edades muy tempranas8. Entre los 14 y 16 años el mayor incremento del consumo de sustancias psicoactivas se produce a través del tabaco, alcohol y cannabis. En el caso de las bebidas alcohólicas la edad media de inicio es de 13,7 años, y en cuanto al consumo semanal la edad sería de 14,8 años. El tiempo de ocio en los adolescentes y jóvenes se produce generalmente durante los fines de semana. A partir de la tarde y noche del viernes, sábado y domingo en la prevalencia del último mes, el 71,4% consumió alguna vez alcohol, siendo menor su consumo en el caso de días laborables, en el que el porcentaje se reduce al 27,1%. Además el estudio señala que, después de bares o pubs (66,3%), el 64,1% de los estudiantes situaron su consumo en los últimos 30 días en espacios abiertos (calles, plazas...), que es donde se suele practicar el botellón, seguido de discotecas con un 57,5%.

Gil señala que sería más correcto hablar de consumo abusivo9 que de alcoholismo juvenil, ya que el consumo de alcohol durante el fin de semana no tiene por qué suponer la creación de una dependencia, si bien entraña un riesgo para la salud por la prevalencia de borracheras, que entre jóvenes de 14 a 18 años suele ser del 58,8% en el caso de alguna vez en la vida, el 52,9% en los 12 últimos meses y el 35,6% en el último mes10. Estos datos corroboran un elevado consumo de bebidas alcohólicas en los jóvenes, con una tendencia al aumento conforme va ampliándose la edad. Si tomamos como referencia el binge drinking (consumo intensivo de cinco copas o más de alcohol en un intervalo aproximado de dos horas) o las intoxicaciones etílicas, el 36,7% de los estudiantes en estas edades afirmó haberlo practicado. Analizando su prevalencia, el 32,8% lo realizó en cuatro o más ocasiones en los últimos treinta días, es decir, prácticamente todos los fines de semanas. Además, se produce con más frecuencia en chicos que en chicas, el 38,9% y el 34,5%, respectivamente. En el informe Alcohol in Europe de 2006 se recoge que el 18% de adolescentes entre los 15 y 16 años tuvieron un consumo mayor de cinco copas, durante tres ocasiones o más en el último mes11.

1.1. La aceptabilidad social del riesgo en la adolescencia

Los cambios sociales influyen en el nivel de madurez de los niños y adolescentes, de- pendiendo del momento histórico12. En la actualidad las edades que comprenden esta fase del ciclo vital se han visto alteradas con respecto a otros momentos históricos, ya que se ha producido una entrada precoz en este periodo, retrasándose también su salida, lo que ha originado que las personas puedan permanecer más años en esta etapa del ciclo vital. Estos cambios pueden ser debidos a las modificaciones realizadas «en la concepción de la familia y a una mejora en la accesibilidad a la información provocada por el desarrollo de las Tecnologías de Información y Comunicación»13, lo que a su vez ha propiciado la adquisición de nuevas destrezas, una mayor accesibilidad para probar experiencias novedosas y un retraso en la asunción de responsabilidades con el «rol de persona adulta». La perspectiva socioecológica indica que las actuaciones o el comportamiento de las personas responden, en parte, o están determinadas por una mirada más amplia, es decir, a su contexto más inmediato en relación directa entre los múltiples entornos (microsistema, mesosistema...) integrados entre sí14.

La adolescencia no presenta mayor peligro o riesgo que cualquier otra etapa de la vida, simplemente se van produciendo una serie de cambios físicos, psíquicos y sociales, y se va adquiriendo capacidad de pensamiento, identidad y autoconcepto. Se establecen nuevas alternativas de interacción, modificándose con ellas la visión que se tiene de la vida. El consumo de bebidas alcohólicas puede representar una manera de distanciarse de padres, profesores, de la norma, y adentrarse e iniciarse en la adultez15 adquiriendo una mayor autonomía y libertad. El adolescente desarrolla su capacidad de decisión y selección, identificándose con otros modelos sociales que suele encontrar en la música, cine, moda, ocio, deporte..., y que aparecen como referencia base durante este proceso de maduración junto con la influencia del grupo de iguales, o el poder de los amigos16, a través de los cuales se crean normas implícitas que guían las conductas de todos sus integrantes. Cuando los riesgos son compartidos en una «estructura amplia de iguales», en un espacio público concreto, y en tiempo de ocio durante el fin de semana, tienden a diluirse los límites y la percepción del riesgo durante la práctica del botellón.

Con el grupo de iguales se crea un marco de convivencia en el que los jóvenes experimentan sensaciones novedosas y se va conformando un estilo de vida vinculado a su grupo de referencia o pertenencia, construyéndose un estilo de vida colectivo en relación directa con los sistemas o condicionamientos sociales y grupales17. En este grupo de referencia, los jóvenes también pueden compartir preocupaciones, aspiraciones e ilusiones, lo que puede dar lugar a la creación de espacios improvisados de diálogo, debate y reivindicación, que luego a su vez pueden conformar movimientos sociales, como el 15-M.

En todo este entramado de aprendizajes e influencias sociales resulta vital que los jóvenes adquieran y manejen el significado de riesgo, es decir, «cómo lo perciben y valoran, y en qué circunstancias se desarrollan las conductas de riesgo, desde sus propias perspectivas y discursos, otorgándoles significado dentro de un contexto»18. La aceptabilidad del riesgo y la gestión del mismo dependen de los patrones culturales que se den en los contextos sociales y de unos límites, donde los padres tienen un alto protagonismo, existiendo diferencias según sexo, edad, etnia o clase social de los progenitores.

La significación de riesgo se construye mediante un proceso de codificación aprendido culturalmente y basado en creencias de atención y selección de comportamientos. En una misma sociedad las creencias validadas sobre los riesgos pueden ser distorsionadas por personas o colectivos en función de su proceso de socialización. La aceptabilidad del riesgo determina las pautas de interacción en las que se debe desarrollar la vida, y éstas son perfiladas a través de la moralidad u otros sistemas que están insertados en la cultura. La visión del riesgo está construida mediante normas sociales que buscan el equilibrio de la sociedad y que llevan implícito un proceso de evaluación de los miembros que conforman ese entorno social.

Para los jóvenes y adolescentes asumir el riesgo puede llevar consigo algunas ventajas importantes como son el prestigio, liderazgo, placer, oportunidades, sentirse integrado y aceptado por el grupo, que les ayuda a alejarse de las rutinas y pueden distanciarse de los adultos, padres y profesores, sintiendo, además, la necesidad de experimentar novedades como parte del proceso de su crecimiento personal19. Los adolescentes asumen riesgos construyendo su propia valoración, jerarquizando los mismos y otorgándoles significados dependiendo de sus entornos20. Lo importante es que en esa jerarquía de valoración de riesgos identifiquen las probabilidades y las consecuencias positivas o negativas derivadas de sus comportamientos. La satisfacción, como método de elecciones complejas21, responde a una adaptación de la persona hacia metas socialmente aceptadas que promueven dinámicas colectivas amparadas por patrones culturales.

El botellón, cuya finalidad es el consumo de alcohol en grupo, establece una representación social de valores y actitudes que enlaza con la idea de que el consumo de alcohol está bastante extendido en nuestra sociedad y aceptado culturalmente. Esto puede implicar una vía de inicio en el consumo de alcohol de los adolescentes en la que se comienza a beber, de forma ocasional y sin excesos, una cantidad de alcohol que puede afectar a su nivel de tolerancia, lo que podría entrañar a la larga un riesgo moderado para la salud. Finalmente, si el consumo de alcohol se realiza con asiduidad y en un entorno de ocio socialmente aprobado, entonces la explicación sería otra, porque implicaría asociar el bo- tellón con la aceptación y gestión de un riesgo elevado para salvaguardar su integridad.

1.2 La ocupación del espacio público en el tiempo de ocio

Como hemos señalado, en la adolescencia se comienza a ensayar determinados comportamientos influidos por todo un entramado de contextos sociales que rodean a la persona. Los jóvenes necesitan conformar su estructura de iguales, su sentido de pertenencia y de exploración en un tiempo de ocio y en un espacio concreto. Se ha producido un efecto evolutivo en la práctica del ocio, en el que los jóvenes y adolescentes parecen huir en ciertos momentos de las variables: precio, control y ubicación en un espacio cerrado. Quieren controlar su tiempo y decidir libremente el espacio de ocio en el que reunirse y qué hacer en él, convirtiéndose en una reafirmación de su yo y del grupo de pertenencia.

El rito cultural del botellón no está asociado únicamente al consumo de sustancias psicoactivas, puede además considerarse como el inicio de las celebraciones y reuniones ajenas al control parental, por lo que es necesario analizar otros aspectos relacionados con el mismo, ya que con el botellón se puede producir un cambio social en la construcción de la cultura del ocio en la juventud. Para interpretar estos cambios debemos poner atención en aspectos heurísticos que podrían implicar la unión de la ocupación del espacio público (calles, plazas, recintos, etc.) durante el fin de semana (de jueves a domingo) con ideas, normas y valores que dan paso a un discurso que puede definir el botellón como un espa- cio simbólico de comunicación compartida, que va más allá del mero consumo de alcohol u otras sustancias.

El tiempo de ocio de los jóvenes va modificándose en función del contexto histórico en el que se encuentran. En el Informe Juventud en España22 se afirma que los jóvenes entre los 15 y 29 años disponen actualmente de 25 horas semanales de ocio. La mayoría de ese tiempo libre lo invierten en estar con sus amigos, y casi siempre en relación con el cultivo de las relaciones amistosas, sexuales y afectivas23. Además, los jóvenes asocian su tiempo libre de ocio con el establecimiento del vínculo con los iguales o la práctica relacional, diferenciándolo de otras actividades que se pueden realizar en el hogar, como usar el or- denador, escuchar música, etc.

Esta evolución de la práctica de ocio hace surgir un mesosistema conformado por la cultura del ocio en el que cada joven construye parte de su yo, en ese nuevo proceso de aprendizaje, en equilibrio con las normas familiares y sociales que irán definiendo su identidad personal. Juega un papel importante en ese escenario de interrelaciones (grupo de iguales, familia, medios de comunicación, normas sociales) las variables tiempo y espacio. Los adolescentes y jóvenes demandan espacios de ocio, y tornar los públicos como propios para el disfrute y libre disposición de su tiempo libre, los cuales, en la mayoría de los casos, no resultan los más adecuados para atender su diversión24.

Durante el botellón, el lugar de reunión tiene una importante carga simbólica porque implica la puesta en escena de emociones, experiencias compartidas, la desinhibición de las relaciones afectivas y la socialización25, pero no hay que olvidar que también puede estar asociado con el uso y abuso del alcohol concentrado en un tiempo determinado26.

Por último, queremos destacar un elemento facilitador de la ocupación del espacio público. El uso de las Nuevas Tecnologías y las redes sociales permite concentrar en un breve periodo de tiempo a un grupo de jóvenes en un lugar determinado. La convocatoria del lugar y hora de los jóvenes muchas veces pasa por el uso de las nuevas tecnologías o las redes sociales, que poseen una capacidad de reunión potencialmente visible, a tenor del número de personas agrupadas con relativo poco tiempo de antelación. No solo se reúnen para la práctica del tiempo de ocio, además se juntan para exponer y provocar perfomance27, con el que iniciar procesos reivindicativos que proyecten una estética hacia el cambio no solo hacia el lugar y práctica de ocio, sino hacia la búsqueda de mayores gratificaciones a medio y largo plazo, como son las oportunidades de socialización y participación política y social que les ayude a construir expectativas de futuro alejadas de las dosis de frustración hasta ahora bastante presentes.

En la sociedad del siglo XXI, el ocio de los jóvenes y adolescentes viene determinado por factores tecnológicos, económicos, sociales, culturales y políticos que arrojan luz sobre los comportamientos colectivos traspasando la interpretación de lo personal o psicológico.

2. Finalidad y metodología

El objetivo principal de este estudio consiste en comprender algunas de las creencias o aspectos que definen significaciones en la adolescencia y que impregnan los valores y actitudes durante la práctica del botellón. La riqueza del material elaborado para esta investigación se fundamenta en la libertad de reflexión de los adolescentes y jóvenes ante las experiencias vividas, registrándose su propio discurso sin ningún tipo de interferencias.

En este estudio se realiza un análisis cualitativo de 92 relatos, de estudiantes de un instituto público de la zona oeste de la Comunidad de Madrid, pertenecientes a dos cursos de 4º de la ESO y dos de 1º de Bachillerato. La edad de los participantes estaba comprendida entre 15 y 21 años (en cada curso había alumnos repetidores que hacían aumentar el intervalo de edad, aunque no de forma significativa la media). La media de edad de la muestra es de 16,6 años y la distribución por sexo es del 54% chicos y el 46% chicas.

A los estudiantes se les facilitaba la siguiente instrucción: «Narra tu opinión y/o describe tu experiencia durante el Botellón». Disponían aproximadamente de 35 minutos para su elaboración. Los relatos recogidos fueron analizados con el programa NVivo_v.8.

3. Resultados: Análisis de los relatos sobre el botellón

Para situar correctamente y de forma ordenada los discursos de los adolescentes, se procedió a analizar los relatos asociados a temáticas concretas: actitudes (diferentes posturas de los adolescentes frente al botellón), causas (los porqués de la participación), significados (interpretaciones de los estudiantes), consecuencias (si son conocedores de las mismas y qué pensamientos se manejan para eludirlas) y autoridad (creencia en las normas y motivos que provocan el cumplimiento o no de las mismas).

3.1. Actitudes

Las actitudes son el resultado de una organización duradera de creencias y cogniciones en general, dotada de una carga afectiva a favor o en contra de un objeto definido, que predispone a una acción coherente con las cogniciones y afectos relativos a dicho objeto28. Eiser29 las define como la predisposición aprendida a responder de un modo consistente a un objeto social. Atendiendo a los resultados obtenidos, las actitudes hacia el botellón podrían clasificarse en tres tipos:

  • Actitud de aceptación. Los discursos realizan una valoración positiva de la práctica del botellón en la que se resaltan más las ventajas (diversión, desinhibición, amistades, mayor aceptación por parte de los demás...) que los perjuicios. Por ejemplo: Me lo pasé bien porque estuve con mis amigos y me reí mucho. A veces va la gente muy mal, pero normalmente te ríes de las cosas que dice y hace la gente cuando va borracho (M/16 años/1º Bach.).

  • Actitud de rechazo. Los relatos que proyectan una evaluación negativa hacia el botellón considerando mayores los perjuicios que los beneficios. Por ejemplo: En primer lugar a mí los botellones en la calle nunca me han gustado, por eso siempre he preferido invitar a mis amigos a mi casa a beber y luego quedarse a dormir y así no tener que salir a la calle borrachos o coger el coche (M/15 años/1º Bach.). Cada vez se hacen más botellones y la gente que está en ellos es de menor edad. El problema es que la mayoría de los participantes no se ponen un límite a la hora de beber y luego no son conscientes de los peligros que esto conlleva (M/16 años/1º Bach.).

  • Actitud de indiferencia. Los relatos asumen que da igual lo que hagan los demás, independientemente del contexto donde lo realicen. Están centrados principalmente en resaltar el valor de libertad de acción y de decisión de cada persona. Por ejemplo: En mi opinión, me es indiferente lo que la gente haga con su vida. Si las personas desean beber, sea en fiestas o en un botellón, es algo que quieren hacer (M/17años/1º Bach.).

Por lo general, los relatos analizados se asocian mayormente con actitudes de rechazo, seguidos de las de aceptación, y solamente en casos aislados se asocian a actitudes de indiferencia. Estas actitudes pueden verse incluso modificadas por la influencia del grupo de amigos. Esto podría explicar cómo inicialmente algunos estudiantes pueden modifican su actitud inicial de rechazo hacia el botellón, por una actitud de aceptación.

3.2. Motivos y causas

Uno de los motivos principales para acudir a un botellón es la diversión. En el imagi- nario de muchos jóvenes el botellón es sinónimo de esparcimiento y amistad. Algunos lo ven como un rito de unión e inclusión, al que acuden con el único propósito de acompañar a sus amigos, pero sin llegar a asociar diversión con estos encuentros, manteniendo sus propias creencias y valores con respecto al consumo de alcohol.

"Siempre que acudo a un botellón, nunca bebo, aparte de que no me atrae me parece una tontería beber para divertirme. Pese a que siempre me ofrecieron alcohol para beber siempre lo rechazo..." (V/17años/4º ESO).

En el siguiente relato surgen otros motivos para acudir a un botellón: uno, la creencia de sentirse guay y, dos, por la presión del grupo y la necesidad de integrarse en él. Hay un reconocimiento en los relatos de presión del grupo para acudir a un botellón y consumir bebidas alcohólicas, que en cierta medida se traduce en una necesidad de adaptación, siendo el botellón un contexto propicio para ello. No cabe duda de que la prevención en el consumo de alcohol comienza en la familia, representando un modelo social de protección y de afrontamiento en el entorno de iguales.

"[...] también me parece mal que la gente beba en la calle sin ningún sentido, en general, sólo para «creerse guays» y creo que muchos sólo lo hacen para sentirse integrados o por la presión de grupo...." (M/17años/4º ESO).

Otros relatos muestran la falta de experiencia y de interés por acudir a este tipo de eventos, mostrando también su actitud de rechazo a beber en la calle o en un parque, pero sin embargo no se renuncia al consumo de alcohol, considerando que beber con los amigos forma parte del ritual de la diversión y de emancipación en el ocio.

"Nunca he ido a un botellón. La verdad, no me hace mucha gracia lo de beber en la calle, no le encuentro el atractivo. Me parece mucho más divertido estar con los amigos en un bar o en alguna casa, en lugar de algún parque. [...] me parece bien el botellón si a alguien le parece divertido, adelante, que lo haga. Cada uno es libre." (M/17años/1º Bach.).

Otros aluden a una serie de motivos peyorativos por los que tampoco irían a un botellón, como son la pérdida del sentido, hacer el ridículo delante de los demás, terminar de niñera de algún amigo ebrio o las secuelas de la calidad de las bebidas (que por lo general son muy malas).

"[...] En mi opinión son algo diseñado para beber hasta perder el sentido. Si se quiere beber de manera moderada, deja de tener sentido, ya que las gracias de las que se ríen los demás son cosas estúpidas que solo hacen gracia en ese estado. Si en un botellón no bebes, o lo haces de manera moderada, corres el riesgo de tener que hacer de niñera o de observar el ridículo y grotesco espectáculo. [...] el beber hasta perder el sentido, llega un momento en el que no disfrutas de nada. De igual manera, el alcohol que se consume es de muy baja calidad." (V/16 años/1º Bach.).

3.3. Significados y visión sobre el botellón

Los valores están ligados a una concepción o pensamiento relativista, construidos social- mente en un espacio temporal que da lugar a un determinado tipo de cultura y que puede diferir de otros entornos culturales. Algunos jóvenes otorgan una significación positiva al botellón asociándolo principalmente con la diversión, sentirse «guay» e integrados en un grupo.

Pero otros relatos rechazan el botellón aludiendo a la idea desacertada de asociarlo con el placer o la diversión, ya que puede presentar graves consecuencias para la salud. En los siguientes relatos, los jóvenes consideran el botellón como una actividad devaluada porque comporta frío, riesgo en la práctica de sexo, consumo de drogas, accidentes, agresividad y posibles episodios de violencia..., conscientes además de que el componente claro de activación es el alcohol. Sin embargo, podríamos preguntarnos el porqué del éxito del botellón si no comporta beneficios. La sociología nos indica que hay variables de peso que empujan al joven hacia este tipo de encuentros. Se construye un contexto de práctica de diversión y de pertenencia al grupo, y cuyo nexo de unión es el consumo habitual de bebidas alcohólicas30.

"[...] mi opinión sobre los botellones es bastante despreciativa. Para mí, es una tontería quedar en una plaza, parque o cualquier otro lugar a las 12h o 3h de la mañana. Sobre todo si es invierno, que lo único que hace la gente es pasar frío y tirarse por el suelo lleno de alcohol. En verano, es incluso entendible. [...] los botellones son supuestamente reuniones de adolescentes y eso conlleva sexo, drogas y peleas, que es mayoritariamente provocado por el alcohol. [...] el botellón es lo más cutre de este país. Entiendo que se quiera salir, pero es ridículo que cientos de personas se concentren en un lugar solo para ponerse «pedo», tirarse al primer feo que pasa y si se puede probar cosas nuevas (drogas), mejor..." (M/16 años/1º Bach.).

"El botellón es una manera de demostrar la poca autoestima y la inconsciencia de los que beben. La escasa dignidad que les queda se les reduce al andar borrachos como cubas y al despertar a la mañana siguiente sin apenas recordar nada. [...] el botellón origina embarazos no deseados, comas etílicos y, en el peor de los casos, la muerte." (M/16 años/1o Bach.).

"Uno de los mayores retrocesos de la humanidad es el alto alcoholismo en los jóvenes y por supuesto, el botellón. Por culpa de estos botellones se suceden muchísimos accidentes de tráfico, así como varios comas etílicos, y una gran degradación de la persona". (V/18 años/1º Bach.).

Los relatos analizados resaltan una idea que subyace bajo la significación negativa del botellón: «la persona no debe perder el control de sus acciones porque esto podría acarrear serias consecuencias». La etapa de la adolescencia se asocia con la exploración de sensaciones nuevas relacionadas con la diversión, la emancipación o la experimentación de situaciones en contextos diferentes. Una vez experimentados ciertos hechos se produce una interpretación en el joven que le hace extraer conclusiones favorables o desfavorables a lo realizado. Fruto de la experiencia se forma la personalidad y el desarrollo o no de una actitud de rechazo, no solo hacia el botellón sino hacia el consumo de bebidas alcohólicas o las borracheras. En los relatos los valores como la dignidad, el control o la seguridad priman por encima de la diversión durante el botellón. Cabe preguntarse que cuando este tipo de encuentros tiene seguidores es porque existen otras creencias o motivos positivos para acudir, como sentirse guay, pasarlo bien en grupo o la experimentación de sensaciones nuevas, aludidas también en los relatos.

3.4. Consecuencias

En los relatos analizados se reflejan varias consecuencias a la hora de acudir a un botellón hacia tres direcciones: para ellos, para la sociedad y para los amigos.

3.4.1 Para ellos

Una de las principales consecuencias aludidas es la sanción de la policía por consumir bebidas alcohólicas en la calle, y también por ser menor de edad en algunos casos.

"[...] Por otro lado siempre tienes que estar atento a que no te pille la policía ya que si te pilla te ponen una multa cuando tú ni siquiera has bebido". (V/17 años/1º Bach.).

Durante el botellón, las personas están en alerta porque son conscientes de que están haciendo algo prohibido. Existe, por tanto, el riesgo a una sanción administrativa, a la pérdida de la salud y a perder el control de la situación. En los relatos se percibe la conformidad de la norma en los jóvenes, lo que podría protegerles y fomentar el estilo de vida saludable31. Sin embargo, sería injusto afirmar que la población juvenil pueda responder a motivaciones antinormativas32 si tenemos en cuenta la paradoja que se da en la sociedad ante determinadas costumbres relacionadas con el consumo y publicidad de bebidas alcohólicas.

3.4.2. Para la sociedad

Se recogen relatos que señalan consecuencias para los vecinos y el entorno, como son el ruido o la suciedad, aparte de los riesgos que conlleva para la salud pública.

"Mi opinión acerca del botellón es que aunque la gente puede quedar en un lugar para hablar y pasar el rato, deberían tener ciertos aspectos en cuenta, como realizarlo en un lugar alejado del centro urbano donde no puedan molestar con el ruido a los ciudadanos. [...] también deberían de ser limpios y educados, recogiendo la basura y los desperdicios creados y no realizando prácticas sucias como usar ciertos lugares públicos como sustitutos de un lavabo. [...] además deberían ser responsables y moderar su consumo de sustancias". (V/18 años/1º Bach.).

En estos relatos también surgen valores como el respeto hacia los demás, la decencia, la limpieza, la conservación y el disfrute común de los espacios comunitarios. En este sentido se califica el botellón como una fuente de ruidos que molestan a los demás y que provoca ausencia de limpieza e higiene, rechazando este tipo de prácticas en parques y lugares públicos.

La ausencia de algunos valores está detrás de la celebración de estas prácticas, que en gran medida pueden ser alentadas por la falta de moderación y control en el consumo de sustancias. Otro perjuicio social que podría ocasionar la realización del botellón es la inseguridad vial. En este relato surge esta idea y algunas reflexiones al respecto.

"Creo que no son conscientes del daño que hacen a su cuerpo, yo he consumido alcohol pero en ocasiones festivas nunca en un botellón, creo que también pueden hacer daño a otras personas porque muchas veces una persona que está borracha puede ser agresiva, o puede coger un coche o algún vehículo poniendo en riesgo a otras personas solo porque quieren pillarse un pedo para hacerse el guay y lo único que va a hacer es estropearse la vida..." (V/17 años/4º ESO).

Se pone en una balanza la diversión y la asistencia a un botellón y el alto coste que esto puede tener para el participante. Lo importante en este relato es el valor interiorizado de una cultura de convivencia, disciplina y afrontamiento o autocontrol para adaptarse a las exigencias sociales, sin perjudicar a vecinos o ensuciar el entorno. Esto puede frenar a algunos jóvenes a acudir al botellón por el hecho de divertirse o sentirse guay, perjudicando a los demás y sin evaluar posibles riesgos.

3.4.3. Para los amigos

Las principales consecuencias para los amigos son la participación en episodios de violencia o agresividad, embriaguez, pérdida de salud y dignidad, falta de control sobre uno mismo, riesgo vial y el peligro de padecer un accidente a la hora de desplazarse en un vehículo después de haber participado en un botellón.

En varios relatos aparece la violencia o la agresividad como una de las principales consecuencias del botellón para los amigos o las personas presentes, que se pueden ver envueltos en peleas provocadas quizás por el consumo de alcohol que hace disminuir la sensación de peligro y a su vez aumentar el nivel de desinhibición con la que se puede actuar en el entorno. Lo que podría subyacer detrás de este tipo de episodios es una alteración temporal o permanente de respeto a los demás, a la convivencia o al desconocimiento de un modelo de diversión seguro y compartido con los iguales.

"[...] también a veces se producen peleas a causa de que van borrachos". (M/16 años/1º Bach.).

El siguiente relato muestra la actitud de un estudiante respecto al consumo de bebidas alcohólicas en un botellón y, en concreto, analiza las consecuencias que esto puede acarrear a sus amigos.

"Pienso que consumen alcohol para divertirse aunque haya veces que una persona que no está preparada para consumir o no ha consumido nunca, no tiene límite y siempre o casi siempre acaba vomitando o que ni siquiera pueda mantenerse en pie..." (V/17 años/4º ESO)

La diversión tiene sus riesgos y algunos adolescentes los asumen explorando los límites, que a su vez están asociados a los niveles de tolerancia de cada persona. Pero hay jóvenes que, a pesar de participar en los botellones, se desmarcan de las interpretaciones que exacerban los beneficios del botellón en términos de diversión y ocio, destacando valores como la «libertad para elegir la forma de divertirse, sin necesidad de consumir drogas». No podemos olvidar que en nuestra sociedad el consumo de bebidas alcohólicas se suele asociar a la diversión, como así lo podemos observar diariamente en los medios de comunicación, lo que puede diluir, a nuestro juicio, la percepción de vulnerabilidad ante su ingesta.

3.5. Crítica al Sistema. Autoridad y prohibición

Para la codificación de estos relatos se diseñó un nodo (categoría) relativo con la autoridad, a lo prohibido y a las normas. En sus comentarios algunos jóvenes consideraban que parte de la responsabilidad estaba también en el sistema y ordenamiento jurídico actual.

"Considero que se deberían de endurecer las leyes con respecto a esto, dado que los policías muchas veces hacen la vista gorda y luego quien paga el pato son los padres". (M/16 años/1º Bach.).

En este relato no hay que olvidar que el modelo social que representa la familia ejerce una influencia elevada en el entramado inferencial que constituye el pensamiento de los jóvenes. La influencia de la familia no se ejerce de manera mecánica, sino por el proceso de interacción que, junto con las significaciones sociales33, inclinaría la ejecución de unas acciones u otras.

Como resumen final de los resultados obtenidos en esta investigación, en el Cuadro 1 se exponen las principales creencias de los jóvenes ante la aceptación y rechazo del botellón, así como los perjuicios (consecuencias negativas) del mismo aludidos durante el análisis de los relatos.

4. Conclusiones

A continuación se exponen las principales conclusiones extraídas del análisis de los contenidos de los relatos recogidos en esta investigación, en relación a las actitudes mantenidas por los adolescentes respecto al consumo de bebidas alcohólicas durante el botellón.

Por lo general, en la sociedad española se adopta una actitud permisiva y ambivalente ante el consumo de alcohol, que es considerado como un rito de paso hacia la edad adulta, en el que las generaciones anteriores también consumieron. Aunque esta actividad está aceptada social-mente, el botellón puede entrañar ciertos riesgos para la salud según los patrones de consumo alcohólico: cantidad, frecuencia, tipo de alcohol y edad de inicio34 . En función de los datos recogidos en la encuesta ESTUDES (2010)35 y de los significados analizados en los relatos, se puede concluir que efectivamente existe una cultura de consumo de alcohol en la sociedad que

Cuadro Botellon I

insta a los adolescentes y jóvenes a entenderlo dentro de unos parámetros de normalización36. La presencia de consumo de alcohol en los medios de comunicación o en la familia puede generar una visión normalizadora de este acto en los jóvenes, así el comportamiento humano no es ajeno a las influencias de aquellos factores macrosociales definidos por las características históricas, políticas y etnográficas de una sociedad37. Sin embargo, a pesar de que una gran mayoría de adolescentes tiene relativa facilidad de acceso a las bebidas alcohólicas, ello no implica que sean consumidores habituales o que en el futuro puedan verse frenados como adultos saludables38.

Cuadro Botellon II

Algunas de las expresiones recogidas en los relatos han dejado constancia de un con- sumo de alcohol cada vez más temprano en los adolescentes, de hecho los resultados de Cortés y colaboradores39 confirman que la edad de inicio en la práctica del botellón se sitúa en torno a los 13 años. En su estudio transversal, Pérez Milena y colaboradores40 obtienen como resultado que los jóvenes de menor edad (12-13 años) consumen menor cantidad de sustancias y que conforme va incrementándose la edad va aumentando la cantidad consumida, pasando de ser una mera experimentación puntual a convertirse en un hábito de ocio. Aun así la práctica del botellón no se realiza con asiduidad, ya que sólo dos de cada diez jóvenes afirman asistir con regularidad al botellón41, es decir, que el 21% acude a los botellones y el 17% lo hace de manera muy o bastante frecuente. A su vez, Cortés y colaboradores afirman que el 82,2% de los jóvenes que practican botellón consumen alcohol, emborrachándose un 41% alguna vez durante el último mes. La mayoría de estudios afirman que existe un elevado porcentaje de jóvenes que cuando acuden a un botellón consumen bebidas alcohólicas, entre un 70-90%42. La principal conclusión que se puede extraer de estos datos es que el botellón no es una práctica frecuente o habitual, pero que cuando se produce existe una correlación elevada con el consumo de bebidas alcohólicas; distinto sería analizar individualmente el grado de intensidad en ese consumo.

Los estudiantes por lo general, en los relatos, manejan una actitud de rechazo hacia el botellón, por lo que la mayoría decide no asistir o lo hacen de manera esporádica, es decir, perciben sus riesgos y desventajas, no existiendo diferencias significativas por sexo y las actitudes frente a éste. Al igual que otros estudios como el de Cortés43, no aparecen diferencias estadísticamente significativas entre ambos sexos en relación al consumo de alcohol y la práctica del botellón.

Los valores principales que imperan en la decisión de participar o no en él son la salud, el autocontrol, el razonamiento, el respeto hacia los demás y hacia el entorno y la libertad de decisión. En numerosas ocasiones los jóvenes aluden en sus relatos a los perjuicios y desventajas del consumo de alcohol durante el botellón, a la hora de decidir no asistir a los mismos, lo que se contradice en parte con los datos ofrecidos por Ballesteros44, según los cuales el consumo habitual de bebidas alcohólicas en jóvenes ha aumentado del 33,4% a 47,0%, teniendo en cuenta que los espacios abiertos ocupan el primer lugar donde los jóvenes consumen alcohol, seguido de las discotecas.

Pero entonces..., si mayoritariamente aluden a las consecuencias negativas del bote- llón en los relatos, ¿por qué acuden a él? Por ocho motivos, extraídos del análisis de los datos, que podrían actuar como principales reforzadores: 1. diversión (asociada a las bebidas alcohólicas con el grupo de iguales), 2. sentirse guay, 3. integración en el grupo, 4. presión de los iguales, 5. el bajo coste de las bebidas, 6. reírse en grupo, 7. desinhibición (siendo el más repetido) y 8. la ocupación del espacio público. Otros estudios explican la asiduidad al botellón debido a que se produce una falsa percepción sobre el mismo, enfatizando los aspectos positivos sobre los negativos45.

La idea de salud de muchos de los jóvenes a la hora de participar en un botellón, después de observar o experimentar los efectos perturbadores de un consumo abusivo, se basa en una percepción distorsionada al pensar sólo en la inmediatez de ese episodio46, eludiendo los perjuicios a largo plazo. Los jóvenes suelen tener la creencia, dentro de su cultura juvenil respecto al ocio y al consumo de alcohol, de que lo normal se encuentra en un consumo habitual dentro de unos límites, además de una priorización en los aspectos relacionales que envuelven la participación en el botellón y que los aleja de la percepción del riesgo, traducida posteriormente en pérdida de salud47.

La participación en el botellón es reforzada también por el proceso de juvenilización, que atribuye a los jóvenes los valores de vivir al día, disfrutar del ocio, la amistad, tener un estilo de vida alejado de las responsabilidades y aprovechar el placer de arriesgarse48. Si bien los valores presentistas como la búsqueda del riesgo o vivir al día son los más influyentes para fomentar la participación en el botellón según el estudio de Ballesteros, en el nuestro, los valores normativos (respeto, seguridad y autoridad) son los que más resaltan e inciden en la no participación.

Forney49 expone que otro motivo para participar en el botellón puede ser que los jóvenes tienden a adoptar las mismas conductas de consumo que sus amigos, con el objetivo de sentirse integrados. En este sentido, el ocio puede recoger algunas prácticas de riesgo, sirviéndose de la excusa de beber en un contexto social. A los jóvenes que acuden a este tipo de encuentros les resulta difícil asistir a un botellón y no consumir alcohol, presionados inconscientemente por la necesidad de imitación del grupo de iguales que favorece a su vez la inclusión en él. Pero existe un espacio personal, formado a su vez por su interacción social, en el que cada uno puede determinar en estos encuentros la cantidad y calidad de su consumo.

Un apartado de los resultados que merece la pena destacar es la alusión a la desinhi- bición en las relaciones entre jóvenes que se puede dar en ese contexto. Los efectos de la ingesta de alcohol pueden incidir en el cuadro psicológico del comportamiento relajando, además de los controles individuales, los patrones culturales y las pautas de conducta colectiva, produciéndose una especie de euforia momentánea que facilita la comunicación y la interacción social50. Esta desinhibición facilita la aproximación en uno de los ámbitos más complejos y sometidos a numerosas claves de interpretación y control de las relaciones sociales entre los jóvenes. Esta es, probablemente, una de las causas principales del éxito relativo del botellón, complementada por la escasa capacidad adquisitiva de muchos jóvenes que no pueden pagar los precios de discotecas, clubes y bares.

La percepción de riesgo depende de la formación de las actitudes de los jóvenes en relación a múltiples factores intraindividuales y macroestructurales. Los estudiantes son conocedores de algunas de las posibles consecuencias de la práctica del botellón, pero no podemos afirmar que cada uno de ellos sea consciente de todas las consecuencias extraídas en el Cuadro 1, de hecho existe una población de jóvenes que no son conscientes de las consecuencias negativas al tener idealizados determinados aspectos asociados con la diversión51.

Durante el botellón las normas sociales están presentes en el imaginario de los adolescentes e interpretan algunos de los riesgos que conlleva infringirlas. Inician un proceso de toma de decisiones en el que la prohibición, la autoridad y la diversión con los amigos están en una balanza constante en función del grado de influencia y de afrontamiento que tenga cada adolescente52. El consumo de sustancias responde a un patrón conductual multideterminado en el que confluyen diversas variables o factores que favorecen o modulan la actitud hacia el consumo.

Como se ha señalado en la introducción, el botellón permite reunir a un grupo de jóvenes y adolescentes en lugares públicos, compartiendo espacio y tiempo al unísono, como principal elemento de interacción social. Cada participante representa un sujeto activo que define sus conductas en ese entorno de ocio. La sociedad proyecta, a través de su cultura y de la interacción de sus grupos, diversas estructuras que canalizan las acciones dentro de un contexto relacional. Alrededor del botellón se construye una cosmovisión sobre lo que las personas y sus acciones determinan53, lo que desembocaría en un modelo de socie- dad. Emplean la ubicación de la «plaza» para exponer y provocar perfomance, iniciando procesos reivindicativos que proyectan una estética hacia el cambio, no solo hacia el lugar y práctica de ocio, sino también hacia la búsqueda de mayores gratificaciones a medio y largo plazo, traducidas en oportunidades de socialización y participación política y social, que les ayude a construir expectativas de futuro alejadas de las dosis de frustración hasta ahora bastante presentes. Desde este proceso se consolida una lógica alternativa entre la política de los espacios públicos y el funcionamiento de las instituciones, en el que el bote- llón supera lo político y cuestiona el monopolio de la legitimidad54.

Los resultados obtenidos en esta investigación manifiestan que la modulación de las actitudes cognitivas de los jóvenes ante el botellón está compuesta por creencias y expectativas55, por emociones, sentimientos, ideas y valores56, y por distorsiones en la percepción del riesgo57. La decisión de participar o no en un botellón depende fundamentalmente de los valores y actitudes que los jóvenes hayan podido generar en su desarrollo personal y en su entramado sociocultural, en el que los padres, los profesionales y las instituciones deberían aunar esfuerzos, para evitar distorsiones en la apreciación de los riesgos.


1 L. Steinberg, «Risk-taking in adolescence: New perspectives from brain and behavioral science», Current Directions in Psychological Science, 16, 2007, págs. 55-59.

2 D. Lupton y J. Tulloch, «Life would be pretty dull without risk: voluntary risk-taking and its pleasures», Health, Risk and Society 4, 2, 2002, págs. 113-124.

3 J. C. Ballesteros et al. , Ocio (y riesgos) de los jóvenes madrileños, FAD, Madrid, 2009.

4 T. Fernández y L. Ponce de León, Trabajo Social Individualizado: Metodología de intervención, Ediciones Académicas, Madrid, 2012 .

5 A. France, «Towards a Sociological Understanding of Youth and their Risk taking», Journal of Youth Studies 3, (3), 2000, págs. 317-331.

6 A. Calafat et al., «El consumo de alcohol en la lógica del botellón», Adicciones, 3 (17), 2005, págs. 193-202.

7 J. C. Ballesteros et al., Ocio (y riesgos) de los jóvenes madrileños, FAD, Madrid, 2009.

8 Ministerio de Sanidad y Consumo, Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Educación Secundaria, Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Madrid, 2010.

9 J. Gil Flores, «Consumo de alcohol entre estudiantes de enseñanzas secundarias: factores de riesgo y factores de protección», Revista de Educación 346, 2008, págs. 291-313.

10 Ministerio de Sanidad y Consumo, Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Educación Secundaria, Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Madrid, 2010.

11 P. Anderson y B. Baumberg, Alcohol in Europe: A Public Health Perspective, Report to the European Commission, Institute of Alcohol Studies, Londres, 2006.

12 I. Balaguer, Estilos de vida en la adolescencia, Promolibro, Valencia, 2002.

13 T. Fernández, «El Estado de Bienestar frente a la crisis política, económica y social», Portularia, XII, Extra, 3-12, DOI, 10.5218/PTRS.2012.0001, 2012.

14 U. Bronfenbrenner, The ecology of human development, Harvard University Press, Cambridge, 1979.

15 G. Musitu Ochoa y J. Pons Díez, «Adolescencia y alcohol: Buscando significados en la persona, la familia y la sociedad», en Elzo (ed.), Hablemos de alcohol: Por un nuevo paradigma en el beber adolescente, Ed. Entimema, Madrid, 2010, págs. 137-170.

16 J. J. Arnett, «Developmental sources of crash risk in Young drivers, Injury», Prevention 8, Supl II, 2002, págs. 1117-1123.

17 R. Erben, P. Franzkowiak y E . Wenzel, «Assessment of the outcomes of health intervention», Social Science and Medicine, 35, 1992, págs. 359-365.

18 C. Meneses, «Asumir riesgos para madurar en la adolescencia», en J. De la Torre (Ed.), Adolescencia, menor maduro y bioética, Universidad P. Comillas, Madrid, 2011, págs. 39-62.

19 A. France, «Towards a Sociological Understanding of Youth and their Risk taking», Journal of Youth Studies 3 (3), 2000, págs. 317-331.

20 J. Goldberg, J. B. Halpern-Felsher y S. Millstein, «Beyond Invulnerability: The importance of benefits in Adolescent’s Decision to drink Alcohol», Health Psychology 21 (5), págs. 477-484, 2002.

21 H. Simón, Models of Thought, Yale University Press, Nueva Haven, 1979.

22 M. Martín y O. Velarde, Informe Juventud en España 2000, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid, 2001.

23 G. Musitu Ochoa y J. Pons Díez, «Adolescencia y alcohol: Buscando significados en la persona, la familia y la sociedad», en Elzo (ed.), Hablemos de alcohol: Por un nuevo paradigma en el beber adolescente, Ed. Entimema, Madrid, 2010, págs. 137-170 .

24  Informe Juventud en España, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid, 2000.

25  G. Musitu Ochoa y J. Pons Díez, «Adolescencia y alcohol: Buscando significados en la persona, la familia y la sociedad», en Elzo (ed.), Hablemos de alcohol: Por un nuevo paradigma en el beber adolescente, Ed. Entimema, Madrid, 2010, págs. 137-170.

26 S. Avellaneda, A. I. García-Cid y A. Segura, El fenómeno del botellón en la Comunidad de Madrid, Comunidad de Madrid, Madrid, 2002.

27 J. M.a Pérez-Agote, «Comparando el 15-M: Movilización y performance en el espacio público», XI Congreso Español de Sociología, UCM, Madrid, 2013.

28  A. Rodríguez, Psicología Social, Trillas, México, 1991.

29  J. R. Eiser, Psicología Social, Valencia, Madrid, 1999.

30 E. I. Varlinskaya, L. P. Spear y N. E. Spear, «Acute effects of ethanol on behavior of adolescents rats: Role of social context», Alcoholism Clinical and Experimental Research, 25, 2001, págs. 377-385.

31 R. Caballero, E. Madrigal, A. Hidalgo y A. Villaseñor, «El consumo de tabaco, alcohol y drogas ilegales en los adolescentes de diferentes estratos socioeconómicos de Guadalajara», Salud Mental, 5, 1999, págs. 1-8.

32 G. Musitu Ochoa y J. Pons Díez, «Adolescencia y alcohol: Buscando significados en la persona, la familia y la sociedad», en Elzo (ed.), Hablemos de alcohol: Por un nuevo paradigma en el beber adolescente, Ed. Entimema, Madrid, 2010, págs. 137-170.

33 E. I. Varlinskaya, L. P. Spear y N. E. Spear, «Acute effects of ethanol on behavior of adolescents rats: Role of social context», Alcoholism Clinical and Experimental Research, 25, 2001, págs. 377-385.

34 M. T. Cortés, et al., «Características que definen el fenómeno del botellón en universitarios y adolescentes», Adicciones, 4 (19), 2007, págs. 357-372.

35 Ministerio de Sanidad y Consumo, Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Educación Secundaria, Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Madrid, 2010.

36 J. Gil Flores, «Consumo de alcohol entre estudiantes de enseñanzas secundarias: factores de riesgo y factores de protección», Revista de Educación 346, 2008, págs. 291-313.

37 G. Musitu Ochoa y J. Pons Díez, «Adolescencia y alcohol: Buscando significados en la persona, la familia y la sociedad», en Elzo (ed.), Hablemos de alcohol: Por un nuevo paradigma en el beber adolescente, Ed. Entimema, Madrid, 2010, págs. 137-170.

38 J. L. Maggs y K. Hurrelmann, «Do substance use and delinquency have differential associations with adolescents’peer relations?», International Journal of Behavioral Development, 22, 1998, págs. 367–388.

39 M. T. Cortés et al., «Características que definen el fenómeno del botellón en universitarios y adolescentes», Adicciones, 4 (19), 2007, págs. 357-372.

40 A. Pérez Milena et al., «Evolución del consumo de sustancias tóxicas en los adolescentes de una zona urbana (1997-2004)», Atención Primaria, 39 (6), 2007, págs. 299-304.

41 J. C. Ballesteros et al., Ocio (y riesgos) de los jóvenes madrileños, FAD, Madrid, 2009.

42  A. Calafat et al., «El consumo de alcohol en la lógica del botellón», Adicciones, 3 (17), 2005, págs. 193-202.

43 M. T. Cortés et al., «Características que definen el fenómeno del botellón en universitarios y adolescentes», Adicciones, 4 (19), 2007, págs. 357-372.

44  J. C. Ballesteros et al., Ocio (y riesgos) de los jóvenes madrileños, FAD, Madrid, 2009.

45  M. T. Cortés et al., «Características que definen el fenómeno del botellón en universitarios y adolescentes», Adicciones, 4 (19), 2007, págs. 357-372.

46 J. Giró, Adolescentes, ocio y consumo de alcohol, Entimema, Madrid, 2007.

47 G. Musitu Ochoa y J. Pons Díez, «Adolescencia y alcohol: Buscando significados en la perso- na, la familia y la sociedad», en Elzo (ed.), Hablemos de alcohol: Por un nuevo paradigma en el beber adolescente, Ed. Entimema, Madrid, 2010, págs. 137-170.

48  J. C. Ballesteros et al., Ocio (y riesgos) de los jóvenes madrileños, FAD, Madrid, 2009.

49  M. A. Forney et al., «Alcohol use among black adolescents: parental and peer influences», Journal of Alcohol and Drug Education, 36 (3), 1991, págs. 36-46.

50 J. Gil Flores, «Consumo de alcohol entre estudiantes de enseñanzas secundarias: factores de riesgo y factores de protección», Revista de Educación 346, págs. 291-313, 2008.

51 M. T. Cortés et al., «Características que definen el fenómeno del botellón en universitarios y adolescentes», Adicciones, 4 (19), 2007, págs. 357-372.

52 F. J. García-Castilla, Riesgo, conductas y jóvenes: el uso de drogas y su relación con la inseguridad vial, Tesis doctoral, Universidad P. Comillas, Madrid, 2012.

53  R. Collins, Interaction ritual chains, Princenton University Press, Nueva Jersey, 2004.

54  J. M.a Pérez-Agote, «Comparando el 15-M: Movilización y performance en el espacio público», XI Congreso Español de Sociología, UCM, Madrid, 2013.

55 M. Moral, F. J. Rodríguez y C. Sirvent, «Factores relacionados con las actitudes juveniles hacia el consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas», Psicothema, 18 (1), 2006, págs. 52-58.

56 F. Bolinches, P. de Vicente, M. J. Reig, G. Haro, J. Martínez-Raga y G. Cervera, «Emociones, motivación y trastornos adictivos: un enfoque biopsicosocial», Trastornos Adictivos, 5, 2003, págs. 335-345.

57 M. Castellana y M. LLadó, «Adolescencia y Juventud: prevención y percepción del riesgo al consumo», Rev. Española de Drogodependencias, 24(2), 1999, págs. 118-130.

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