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El peaje en las carreteras: nueva ola que nos invade

Autor: Fernando R. Ortega Vallejo, Director Jurídico
Fecha: Abril 2004
Origen: Multauto


Ya llevamos varios meses, sino años, hablando de encontrar fórmula para poder ayudar a la financiación de la construcción de nuevas infraestructura en Europa, debido a que el tráfico pesado junto con el de los automóviles, está a punto de colapsar las vetustas infraestructuras europeas. Dentro de este ambiente, las autoridades europeas, conscientes del "daño" que hace el tráfico de mercancías y de pasajeros por carretera, plantean cada día, la posibilidad de que determinados vehículos pesados, comiencen a abonar una serie de tasas por un supuesto deterioro de las citadas infraestructuras viarias.

El primer país que decidió dar el paso fue Alemania. Así todo el año 2003 se estuvo presentando una y otra vez la nueva tasa que abonarían todos los vehículos de más de 12 Tm que circulasen por las autopistas alemanas, tasa que presuntamente debió comenzar a abonarse en agosto de 2003. Detrás de ello y pese a que todos los estudios presentaban dicha tasa como un incremento de costes para el transporte que representaba más del 18%, se escondía por un lado la crisis de crecimiento económico que presentaba Alemania, de la mano de una ineficaz Francia, y la concesión de un magnífico contrato a favor del consorcio franco-alemán Toll Collect, encargado de la fabricación de los aparatos que se iban a encargar de emitir la señal correspondiente y proceder al abono de la citada tasa.

El día de su entrada en vigor, pese a retrasarse hasta en dos ocasiones, llegó y el peaje alemán no entró en vigor, ni llegó a ponerse en marcha, y es que el citado consorcio no garantizaba que su aparato fuese instalado en todo los camiones pesados que transitaran por Alemania. Se añadió también la propuesta de directiva presentada por la Comisaria De Palacio, para el abono de peajes en toda la red europea para todos los usuarios de vehículos de más de 3.5 tm. Pese a ello, le costó el puesto al Director General del consorcio y hoy ya sabemos que el gobierno alemán ha rescindido el contrato con Toll Collect. Manfred Stolpe, responsable gubernamental se ha aventurado a firmar que la pérdida total de los ingresos por peaje para el presupuesto de la federación alemana será de unos 6.500 millones de euros. Suponemos que esta experiencia tan desastrosa servirá para que el resto de los países de la Unión sepan plantearse de nuevo esta situación.

El peaje como única fórmula de financiación de las infraestructuras está bien, cuando sólo quiere repercutirse dicha construcción en los usuarios de dichas vías; un magnífico ejemplo son las radiales de Madrid, un ambicioso proyecto de descongestión del cinturón industrial de Madrid. Este sistema no "discrimina" a los usuarios como pretendía hacerlo el peaje alemán.

Tampoco la propuesta de directiva que presentó Loyola de Palacio en el verano de 2003 es la solución, habida cuenta que volvemos a la discriminación en el pago por razón del vehículo, cuando ya sabemos por activa y por pasiva, que no son los vehículos pesados los causantes del colapso circulatorio de las carreteras europeas, sino los turismos.

El planteamiento debe ser mucho más serio, sobre todo en países como el nuestro, donde pagamos una cantidad importante de impuestos, que deben financiar una red de infraestructuras de primera división y donde vemos como unas Comunidades Autónomas cuentan con mejores infraestructuras que otras.

El peaje por otra parte esconde, como he dicho, otro fantasma detrás de su propuesta y es la crisis económica que arrastran países como Alemania y Francia, otrora motores europeos, hoy incapaces de cumplir las condiciones de convergencia impuestos a todo los países de la Unión.

Las infraestructura viarias de la Unión pueden y deben seguir financiándose con los impuestos directos e indirectos que todo los cuidadanos pagamos regularmente, ya sea en formato IRPF, IVA, gasolina, repuestos, etc. Hay que seguir exigiendo que todos los implicados en la gestión de los fondos públicos (locales, regionales, nacionales y europeos) los apliquen con diligencia necesarios y sólo en beneficio de "todos" los usuarios de estas infraestructuras. Afortunadamente ya no nos asombramos cuando salimos al resto de Europa de la gran diferencia que existía entre nuestra carreteras y las belgas o alemanas, por ejemplo. En Francia, salvo contadas ocasiones las autovías son de peaje, mientras que en España son de acceso gratuito y para todo los ciudadanos y usuarios. En Europa se presenta el Libro Blanco demonizando al transporte de mercancías y viajeros por carretera. En España ya tenemos el Plan de Infraestructuras de Transporte 2000-2007 y dos planes de actuación específicos en mercancías y viajeros (PETRA y PLATA).

Creo sinceramente que es éste y no los otros, el camino a seguir, con una gestión seria y responsable de los fondos públicos y no buscar adjudicaciones millonarias para tapar agujeros presupuestarios originados por pésimas formas de administrar los impuestos pagados por todos los ciudadanos.

Debemos seguir madurando estas y otras muchas reflexiones que se leen a diario en los medios de comunicación, pero debemos así mismo constatar que las infraestructuras están pensadas para unir a las distintas regiones que componen Europa y ayudar al desarrollo económico de todas ellas, y esa debe ser la máxima con al que nos debemos enfrentar a este dilema.


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