terapia para policias

De entre todos los oficios que existen, los relacionados con las fuerzas de seguridad están entre los más susceptibles de generar trauma. El trauma no es un trastorno ni una enfermedad mental per sé, pero es un estado desde el cual las tareas del día a día pueden terminar resultando insoportables.

En general, en la vida existen miles de cosas que nos pueden causar trauma o dejarnos en un estado de indefensión o de victimización, pero en el caso particular de policías y militares, muchas de las experiencias que tienen que vivir en su día a día serían un tipo de experiencias particulares que pueden causar trauma grave. Y aunque es verdad que el perfil psicológico del policía es más resiliente que la media, eso no les inmuniza contra el impacto de una experiencia de vida o muerte.

Porque, dependiendo del tipo de policía del que hablemos, hay veces en las que tendrán que verse en situaciones en las que, a pesar de sus esfuerzos, el desenlace dramático sea inevitable; o se pueden ver implicados en accidentes; o tener que lidiar con personas peligrosas, aún a su propio riesgo; o incluso presenciar la muerte de un compañero o vivir una situación en la que estén a punto de perder la vida ellos mismos. Por otro lado, los policías tienen las mismas probabilidades de sufrir acoso sexual o acoso laboral que el resto de trabajadores, lo cual también crea indefensión y una gran victimización.

En el ámbito específico de las fuerzas de seguridad esto puede suponer que un policía no pueda volver a realizar las mismas tareas que desempeñaba anteriormente, porque los estímulos de su contexto de trabajo le recuerden la experiencia traumática, o porque las secuelas del trauma sean tan incapacitantes que “seguir como si nada” sea sencillamente imposible. A veces es necesaria incluso la baja laboral y se recomienda el tratamiento terapéutico para poder volver a recuperar el mismo puesto de trabajo. Puede suponer así mismo un cambio de trabajo o una disminución de las responsabilidades, lo que puede añadir al problema anterior un sentimiento de poca valía, o un impacto importante en la autoestima del afectado.

Aquí, muchos policías se encuentran con un dilema importante, porque desean volver a ser reconocidos como capaces de desarrollar sus tareas, pero el mismo tiempo, tener “problemas mentales” se ve como un estigma aún mayor en este colectivo que en el resto de la sociedad. Los policías fomentan entre ellos la imagen de ser alguien duro y mentalmente equilibrado, que no se rompe nunca, y que nunca necesita ayuda.

Por eso es importante entender que haber sufrido un trauma no significa tener un problema mental, y que, insistiendo en lo ya dicho, muchos policías y militares son susceptibles de sufrirlo. La buena noticia es que, hoy día, el trauma tiene una fácil solución.

Entre otras secuelas que pueden venir con el trauma encontramos los flashbacks -imágenes reiteradas de la experiencia traumática que vienen de forma espontánea a la mente- ataques de pánico, insomnio y otros trastornos del sueño, trastornos alimenticios, cambios bruscos de humor, fobias diversas, miedos que aparecen de la nada, etc.

Todas estas secuelas quedan perfectamente reprocesadas e integradas en el cerebro con la ayuda de las terapias creadas específicamente para el trauma, como son EMDR y la Psicoterapia Sensoriomotriz. Estas terapias tienen la capacidad de volver a integrar el cerebro que queda disociado con la experiencia traumática, y lo hacen en un tiempo récord.

Hacer terapia no es una vergüenza, sino un gesto de responsabilidad. Tratarte un problema psicológico que te impide llevar a cabo tus funciones asistenciales significa que estarás mejor para ayudar a los demás. Y al final se trata de ayudar a los demás.

Así pues, si te importan los demás, el cuidado hacia uno mismo debe ser una prioridad. Estar bien dentro y fuera es imperativo para aquellos que se ocupan del resto.

 

Autora: Susana Cirera, Psicóloga colegiada número M-33389

Web: www.psicologiadeltrauma.com