El drama de Mariano, el jubilado desahuciado por una orden religiosa de la que fue su casa en Embajadores durante 67 años: "Los bomberos han colaborado"
Dos activistas que se descolgaron por la ventana para frenar el lanzamiento fueron detenidos por la Policía Nacional
Daniel J. OlleroMadrid
Madrid
Actualizado Viernes, 8 mayo 2026 - 00:06
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Bajo la lluvia, con una mochila a la espalda y una pequeña maleta negra en la mano, Mariano Ordaz abandonó este jueves, escoltado por antidisturbios, la que había sido su casa durante 67 años. El portal del número 1 de la calle Carnero, a escasos metros de la Ribera de Curtidores, quedó blindado por policías nacionales, bomberos y sanitarios mientras decenas de vecinos gritaban contra la propiedad del inmueble: la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís, una institución religiosa con un patrimonio inmobiliario de más de 300 viviendas en Madrid.
«¡A Dios rezando y con la voz desahuciando!», coreaban los manifestantes concentrados bajo paraguas en el estrecho tramo de Embajadores acordonado desde primera hora de la mañana. El lanzamiento era el quinto intento de desahucio contra Mariano, jubilado de 67 años, nacido en ese mismo piso, donde antes habían vivido sus padres y sus abuelos.
La ejecución de un desahucio promovido por una orden religiosa no pasó desapercibida entre vecinos, comerciantes y activistas concentrados tras el cordón policial. Algunos negocios de la zona llegaron a desplegar pancartas de apoyo a Mariano. Según una tesis doctoral de la Universidad de Alcalá, la Venerable Orden Tercera se instituyó en el Madrid de comienzos del siglo XVII con un doble objetivo: «mantener la fe católica» y «dispensar la caridad entre los más necesitados».
Cuatro siglos después, la «caridad» adoptó la forma de un amplio dispositivo policial desplegado para ejecutar el lanzamiento. Durante nueve horas, la calle Carnero permaneció prácticamente cerrada al paso. Solo podían atravesarla los vecinos y los viajeros alojados en los apartamentos turísticos de la zona.
La Policía Nacional acordonó el tramo comprendido entre la Ribera de Curtidores y la calle de Carlos Arniches. Más de ocho furgones antidisturbios, varias dotaciones de bomberos y efectivos sanitarios ocuparon el entorno mientras vecinos y activistas intentaban impedir el acceso judicial a la vivienda.
Parte de la protesta se trasladó incluso a la fachada interior del edificio. Dos activistas del colectivo Acciones en Alturas se descolgaron desde el patio y se anclaron junto a la puerta del piso de Mariano. La acción buscaba impedir una entrada forzosa: si la puerta era derribada violentamente, ambos podían precipitarse al vacío.
Según explicó a GRAN MADRID el Sindicato de Inquilinas durante la protesta, una primera unidad de bomberos se negó inicialmente a intervenir para asegurar a los activistas suspendidos. Durante este inpás, desde el Sindicato de Iniquilinas difundieron un video en el que, al otro lado de la puerta de la vivienda, se escuchaba a dos miembros del operativo sugerir «Lo que tendría que tener es no tanto miramiento. Dejar entrar y se acabó. ¿Se cae uno? A la siguiente ya no se vuelven a colgar».
Siempre según esa versión, una segunda dotación, dirigida por otro oficial, terminó colaborando en el operativo y aseguró a las dos personas colgadas antes de que fueran detenidas y trasladadas a la Brigada Provincial de Información de Moratalaz.
«Los bomberos han colaborado con la Policía» para ejecutar el lanzamiento, denunciaban desde el sindicato mientras la tensión aumentaba en el patio interior y varias vecinas alertaban a gritos a los manifestantes de lo que estaba sucediendo dentro del edificio.
Mariano observaba buena parte de la escena desde el interior de la vivienda. Nueve horas después, abandonaría el inmueble con escolta policial y acompañado por servicios sociales.
Los problemas del anciano desahuciado y la orden religiosa comenzaron durante la pandemia. Según la versión de Mariano y del Sindicato de Inquilinas, la caída de ingresos le impidió seguir pagando íntegramente el alquiler y la deuda terminó desembocando en el procedimiento judicial. El afectado sostiene que intentó negociar con la propiedad una renta adaptada a su pensión, pero que la orden religiosa rechazó esa posibilidad.
La Venerable Orden Tercera mantiene una versión distinta. La institución sostiene que el edificio necesita importantes obras de rehabilitación y que el procedimiento responde a un impago prolongado. En distintos comunicados difundidos en los últimos meses, la entidad ha defendido que tanto Mariano como los servicios sociales habían dispuesto de tiempo suficiente para encontrar una alternativa habitacional.
Pero entre muchos vecinos el conflicto trasciende el simple impago. Una residente del inmueble explicó a GRAN MADRID que «el edificio se encuentra en muy malas condiciones». «A Mariano se le cayó el techo. Yo también he tenido problemas de desprendimientos y los de la Orden, que son los dueños de todo el edificio, pretendían que me marchara un mes de casa para hacer los arreglos. El tejado también se cae a pedazos...», relató.
Las denuncias sobre el deterioro del inmueble acompañaron el caso durante meses. Mariano aseguraba que partes de la vivienda permanecían apuntaladas tras distintos desprendimientos y humedades. Tanto él como el Sindicato de Inquilinas acusaban a la propiedad de dejar degradar progresivamente el edificio para facilitar la salida de los inquilinos antiguos y reformar después los pisos.
Mientras Mariano desaparecía en una ambulancia del Samur Social pertrechado con una maleta y una mochila a la espalda.