Autor Tema: Aquellos "viejos tiempos"  (Leído 266445 veces)

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Re: Aquellos "viejos tiempos"
« Respuesta #1240 en: 18 de Marzo de 2024, 07:12:11 am »
Yo recuerdo perfectamente jugar al fútbol en los descampados, y quitábamos a yonquis muertos de en medio. Los arrastrábamos para poder jugar, eso era lo normal.

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Re: Aquellos "viejos tiempos"
« Respuesta #1241 en: 29 de Mayo de 2024, 07:03:09 am »
Probablemente, el policía municipal jubilado con más años en España está en Cádiz

Pedro García Muriel, a sus 97 años, es el agente local retirado con mayor edad del que se tiene constancia


El policía municipal Pedro García Muriel, agachado, en el desaparecido cuartel de las bóvedas de Santa Elena, en la década de los 60.
Si hay que poner una fecha fundamental sería la de su nacimiento, el 23 de marzo de 1927. Faltan manos para contar con los dedos los 97 añazos que cumplió hace pocas semanas Pedro García Muriel, mi amigo y compañero en la policía municipal.

Este hombre, jubilado de la Policía Local de Cádiz, tiene ahora la mitad de años que ese cuerpo policial, que festejaba su 188 aniversario este 10 de mayo. Así se unen dos efemérides probables: la de Cádiz es la policía municipal más antigua y Pedro puede ser el policía local jubilado de mayor edad en España.

Vivió de pequeño en la calle Cervantes y ya zagal se puso a trabajar en La Colonial, en Sagasta con San Pedro. Pasó por distintos oficios hasta conseguir plaza en propiedad en la Policía Municipal de Cádiz. Ahí se convirtió en una pesona muy querida dentro del cuerpo tanto en sus años de servicio como en su retiro.

Durante su tiempo de actividad le fueron concedidos dos reconocimientos: uno por buen compañerismo y otro por asistencia al trabajo. Era de los tenía que estar con la cabeza debajo del brazo para dejar de cumplir sus obligaciones.

Le tocó al principio -como a todos en aquella época- pisar las calles en turnos de ocho horas que se hacían en solitario, no en parejas. Esas rondas o guardias se realizaban en una demarcación concreta, en uno de los muchos puntos fijos que había.


-00:12

Uno de ellos era la confluencia de las calles San Francisco y Columela. Otro, muy cercano, la plaza del Palillero.

Cuenta Pedro que un día, de servicio por la zona de de San Juan de Dios, apareció en la calzada una persona que había fallecido de forma natural. En aquella época no había furgones funerarios y el guardia tenía que resolver la papeleta.

Había que solventar la situación de forma respetuosa para el finado, rápidamente para evitar el tumulto de personas. La normativa interna de aquel tiempo establecía que era preciso buscar una camilla y a cuatro personas, ciudadanos, peatones, para llevar a pulso el cadáver.

A Pedro no le quedó otra que echar mano de los primeros que pudo ver, de los que estaban en los bares cercanos, quizás ya algo alegres. Pudo encontrar a tres. El cuarto no aparecía y la camilla se quedaba coja.

Vio a un joven parado en la misma plaza y le indicó que tenía que ayudar en el servicio. El chaval respondió que no podía, que estaba esperando a su novia. Cuando aparece la chica, ve a su novio cargando con la camilla. Le pregunta qué hace. El voluntario forzoso le responde que le diga al guardia, al que se lo ha pedido.

El camino hasta el antiguo cementerio de San José no fue corto. Una vez terminado el servicio, el policía municipal, Pedro, empezó a tomar los datos de las personas que ayudaron en el luctuoso transporte.

Tras dar sus nombres podrían pasar por el Ayuntamiento de Cádiz para que les pagaran por el servicio prestado. Cuando el turno de preguntas llegó al joven de la novia, el chico respondió: "Mire, señor guardia, yo no quiero ni una peseta. Lo que quería era estar con mi novia que para eso la esperaba".

Así se marchó aquel veinteañero. Digno, enfadado y sin dinero.

Pedro siempre ha dejado huella en todos como compañero, como amigo. Es de esas personas de conversación serena y agradable con las que da gusto hablar, con las que cualquier charla se hace corta.

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Re: Aquellos "viejos tiempos"
« Respuesta #1242 en: 03 de Junio de 2024, 08:30:24 am »

LA LEY DE LA CALLE


Las peligrosas bandas de San Blas en el Madrid de los atracos: "Fueron de los primeros en traer heroína de la India y Afganistán
"


2 comentarios
Uno de los tranvías que llegaban a San Blas.

Madrid
Actualizado Lunes, 3 junio 2024 - 00:22

En los últimos años, dicen algunos expertos que hay un regreso del famoso cine quinqui, subgénero del cine de explotación. Según una definición al uso, el cine de explotación sería un «género de la ficción que basa su atractivo en los temas moralmente inaceptables y socialmente escandalosos como el comportamiento sexual humano, el erotismo, la violencia, el crimen
  • el consumo de drogas...». El cine quinqui sería nuestro particular blaxploitation patrio, solo que, en lugar de afroamericanos, es protagonizado por gitanos, quinquis y payos macarras. Si el blaxploitation relataba las aventuras de personajes como Shaft, Youngblood Priest o Goldy el chulo, nuestro cine quinqui contaba con el Torete, el Fitipaldi o el Pirri.


Un barrio madrileño en el que camparon los personajes reales que verían sus andanzas reflejadas en la gran pantalla sería San Blas, cuyo nombre, se dice, fue adjudicado como homenaje al ministro franquista de la Gobernación Blas Pérez. A finales de los 70 y principios de los 80, San Blas era considerado uno de los barrios más peligrosos de la ciudad. Se trataba de una época particularmente complicada en cuanto a delincuencia se refiere.

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Como comenta Arturo Lezcano en su libro Madrid, 1983 (2021): «[En 1983] se asaltaron en España un total de 818 joyerías. Eso significa casi tres al día. El valor de lo robado superó los 650 millones de pesetas y los golpes provocaron 12 muertes: 7 delincuentes y 5 comerciantes. El arsenal fue variado: 55 armas de fuego largas, 227 cortas, 91 armas blancas. La policía detuvo a 219 personas, de ellas 184 varones, de ellos 11 extranjeros. Si España era una barra libre de atraco, Madrid era el reservado vip: en la capital se cometían 6.000 delitos mensuales y en agosto se superaron los 8000, casi el doble que el año anterior».


Como recuerda José Manuel Cifuentes, alias el Panamá, un referente del barrio, a finales de los 70 ya había mucha delincuencia en el barrio: «Siendo yo un niño de ocho o nueve años, en el año 77, fui testigo, junto a mi madre, de una persecución que acabó a tiros», me comenta. «El Chrysler 150 que conducían los perseguidos se estrelló enfrente de mi portal. El suceso me impresionó aún más cuando vi cómo la policía sacaba del coche accidentado a gente que yo conocía del barrio. Los vi al meterme entre el gentío, con la cara llena de sangre y aturdidos por el golpe. Reconocí al Chuzo, al Botijo y al Loquillo, que tendrían entre 15 y 16 años. Todos murieron años después por la droga y tras haber pagado mucha cárcel".

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Continúa: "Claro, cuando tienes solo nueve años y alguien te saca cuatro o cinco, eres un niño para ellos y te parecen muy mayores, pero según vas creciendo, a partir de los 16 años ya no importa la diferencia de edad y encima tú estás preparado físicamente y ellos enganchados al jaco. Entonces tienes ventaja sobre aquellos que antes te parecían intocables».


Un informante del vecino barrio de Vicálvaro me habla de las bandas de San Blas en esos mismos años: «Yo conocía a los cabecillas de las bandas de San Blas. Estaba la Banda del Recio y la Banda del Goinilla. He conocido a esos y he conocido a otro que le llamaban el Chulón, que estuvo aquí en la discoteca Tusset; de guardaespaldas, de machaca. Ese pertenecía a la Banda del Goinilla también. Esas eran bandas, bandas. Te hablo de hace 40 años. Paraban en el Parque de San Blas. Ahí [en ese parque] había un baile [algo similar a una discoteca] y ahí paraban. Aquello era un coto de toda esa gente. Allí cuidadín, como te metieras ahí y quisieras ligar con alguna chavala del baile ese...».

Tranvía de la época en Madrid.
Tranvía de la época en Madrid.

El Panamá me habla de alguna de esas bandas: «Ahora mismo estoy en la prisión de Estremera con Ángel el Andaluz, que es de los más antiguos de mi barrio. Fue de los primeros que trajo heroína desde Holanda, la India, Turquía y hasta Afganistán. Él conoció al Recio (de la Banda del Recio), un chaval pegón que paraba siempre con José el Negro y el Basilio, pero me dice que no era nada del otro mundo. Eran grupos del barrio, pero lo de 'la banda' es más lo que dice la gente. Su amigo Basilio fue, de hecho, más destacado. Mató a un tipo con una escopeta recortada porque se metieron con su hermano. El asesinato tuvo lugar en la calle Joyería, en el túnel de los frutos secos Pepi. Sería el año 80 u 82. Yo era muy pequeño, pero vi la detención. Basilio se escondió en el centro cultural Antonio Machado, que entonces estaba abandonado, y llegaron un montón de coches patrulla, montándose un auténtico espectáculo. Las bandas de San Blas en aquella época eran la del Recio; la de los Vikingos, que eran de Canillejas; la del Negro, de la calle Ampostas; y la de los Chinos, de Simancas. La que más destacaba eran los Vikingos, conocidos en todo Madrid».


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Estas bandas, hay que decir, son un producto autóctono de la época, típico de los barrios obreros del momento, un fenómeno hoy inexistente. Si queremos hablar de sucesores o herederos, el único fenómeno remotamente similar serían las bandas llamadas latinas, las cuales están también presentes actualmente en San Blas. Da la impresión de que por mucho que mejore un barrio que hay cosas que nunca cambian.