Autor Tema: Mitos y leyendas  (Leído 9591 veces)

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Re:Mitos y leyendas
« Respuesta #40 en: 31 de Agosto de 2013, 13:30:55 pm »

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Re:Mitos y leyendas
« Respuesta #41 en: 12 de Enero de 2014, 18:12:01 pm »



El Beso




Era el tiempo en que el ejército francés de Napoleón había tomado Toledo (1808-1812) y tal cantidad de soldados acampaban en la plaza que tuvieron que coger todo tipo de edificios, sin reparar en su clase, uso o destino. Lleno el alcázar, empezaron a «habitar» todos los conventos e iglesias de la ciudad.

 Fue una noche, a hora ya muy avanzada, cuando llegaron a Toledo unos cien dragones a caballo que, rompiendo el silencio de la ciudad con el chocar de los cascos de sus corceles en el empedrado y el sonido metálico de su armamento, llegaron hasta la plaza de Zocodover. El oficial que mandaba la fuerza era joven. Al llegar a la plaza fue atendido por otro que, después de cuadrarse y saludarle militarmente, se dispuso a acomodar a la tropa en el lugar que le habían asignado.

 Al conocer el capitán el sitio donde iban a ser acomodados, puso algunos reparos, pero su compatriota, que era sargento aposentador, le hizo los cargos de que en el alcázar ya no cabía más gente y que en las celdas de los frailes de San Juan de los Reyes dormían quince húsares en cada una. Trató de convencerle de que el convento al que le habían destinado era bueno y la parte de la iglesia estaba prácticamente libre para meter los caballos.

 Siguieron tropa y capitán al aposentador por las estrechas y oscuras calles de la ciudad, guiados por un pequeño farol que éste portaba. Después de un corto paseo, llegaron hasta la iglesia, que se encontraba completamente desmantelada. En pocos momentos y debido al cansancio que traía la tropa, fueron acomodándose, dejando atados los caballos dentro del local.

A la luz del farolillo podía verse el estado de la iglesia, con sus hornacinas vacías de imágenes. Podían adivinarse, más que distinguirse, en sus paredes, algunos retablos. Había también losas con inscripciones, citando los nombres de los allí enterrados; pero lo que verdaderamente destacaba en todo este conjunto de¡ ruinoso y desmantelado edificio, eran las estatuas de mármol blanco, como albos fantasmas, que, unas tendidas y otras postradas de rodillas, se hallaban sobre los mausoleos de los muertos y en este lugar enterrados.

 La jornada había sido larga, habían recorrido catorce leguas a caballo y el cansancio pudo más que la precariedad del alojamiento, por lo que al poco tiempo se dejaron de oír las protestas de la soldadesca, que como pudo se acomodó y, poco a poco, el silencio se fue apoderando del improvisado cuartel.

 Al día siguiente, nuestro capitán era esperado por algunos compañeros de promoción que, conociendo su llegada, le habían mandado aviso de que le aguardaban para saludarle en la plaza de Zocodover. El encuentro fue muy agradable, pues hacía tiempo que no se veían. Después de fuertes abrazos y cariñosos saludos se habló de todo; pero lo más acuciante e importante para los que ya llevaban tiempo en Toledo, eran las noticias que traía el recién llegado de su patria. Así siguió la conversación hasta que uno de ellos, en tono de broma, preguntó a nuestro capitán, qué tal había dormido en su «alojamiento», a lo que contestó éste que no había podido dormir demasiado, pero que el insomnio junto a una bonita mujer había sido más llevadero.

 Sus interlocutores no daban crédito a lo que acababan de oír. Estaba recién llegado y ya había tenido una aventura amorosa... Solicitaron más información sobre lo acontecido y el narrador les contó que fue despertado de manera brusca por el ruidoso sonar de la campana gorda de la catedral y de que, en ese momento, se había acordado del campanero y de toda su familia. Pasado el susto, intentó recuperar el sueño perdido y fue entonces cuando, ante sus ojos, se encontró con la figura de una mujer arrodillada, iluminada su figura por la escasa luz que de la luna penetraba en el templo.

 Sus amigos le miraron entre incrédulos y asombrados, pero él continuó con su relato, diciéndoles que no se podían imaginario que ante sus ojos se había aparecido: era una joven de una belleza incomparable, con las facciones llenas de dulzura. Su ademán era reposado y noble y su blanco traje componía una perfecta sintonía con la palidez de su rostro. Por un momento, comentó, pensó que era una alucinación, producto del cansancio M camino, pero no, ella estaba allí, y permanecía inmóvil ante él, como si no fuera una criatura humana.

 Uno de sus camaradas, que tomaba el relato a broma, fingió que se hallaba vivamente interesado y le preguntó si le había hablado. El capitán respondió que no se había determinado a hablarle porque estaba seguro de que ella ni le veía ni le habría oído en caso de dirigirle la palabra. El mismo amigo le inquirió si es que era muda, ciega o sorda. A esto le contestó que era todo eso a la vez, pues se estaba refiriendo a una estatua de mármol.

 Al oír el final de la aventura, soltaron todos fuertes carcajadas y uno de ellos dijo que de ese género tenía él bastantes en su aposento de San Juan de los Reyes. Pero el recién llegado le contestó que nunca serían como la suya, que se trataba de una dama castellana que, en virtud de la habilidad del escultor, parecía tener vida.

 Siguiendo la broma, uno de los contertulios pidió que les fuera presentada la belleza en cuestión, haciendo la salvedad burlona de, si no había celos de por medio.

 El capitán les contó entonces que junto a la dama estaba la estatua, también en mármol de un guerrero que parecía estar tan vivo como ella y que sin duda pensaba que debía ser su esposo. También manifestó entre bromas y veras si no le tomaran por loco ya le habría destrozado.

 Las carcajadas continuaron saliendo sonoras y vivaces de sus gargantas y por fin, decidieron visitar y ser presentados a la dama en cuestión. Quedaron emplazados para esa misma noche. Se reunirían en esta misma plaza para, desde aquí, con algunas viandas y buen vino francés, dirigirse a la iglesia, donde celebrarían una pequeña fiesta en honor de la hermosa joven de mármol.

 Llegada la hora y allegados todos, marcharon en dirección a la iglesia donde su amigo se alojaba. Una vez en ella, fueron recibidos por éste que les esperaba en la puerta. Penetraron en el templo que se encontraba totalmente a oscuras, por lo que el capitán mandó a su asistente que hiciera una gran fogata que, al mismo tiempo de iluminarles les proporcionaría calor, pues el ambiente era algo frío. El fuego fue encendido con parte de las puertas de la iglesia y trozos de sillas del coro y al poco iluminó la estancia a la vez que la hacía más placentera.

 Lo primero que hicieron fue abrir unas botellas y tomar unos tragos que les fueron calentando por dentro. Al poco pasaron al lugar que ocupaba la tumba donde, con toda clase de reverencias exageradamente burlescas, fueron presentados por el capitán a la dama. Al verla, todos coincidieron en que se trataba de una bella mujer y que la pena era que fuese de mármol, reconociendo que si el parecido de la efigie era fiel al original, hubo de ser una de las mujeres más hermosas de su tiempo.

 Los compañeros le preguntaron si conocía el nombre de la joven y él contestó que por la inscripción que había en el mausoleo, se trataba de doña Elvira de Castañeda y de su marido don Pedro López de Ayala, que luchó con el Gran Capitán en Italia.

 La fiesta continuó cada vez más animada, destapando botellas y más botellas que eran trasegadas por los concurrentes y que al quedar vacías eran arrojadas contra paredes y retablos. Pero, mientras sus compañeros cantaban y disparataban gracias al alcohol ingerido, nuestro capitán permanecía en silencio, sin apartar su mirada de la estatua de doña Elvira.

 Los amigos se dirigieron a él y le hicieron brindar. Entonces, levantando su copa frente a la estatua del guerrero arrodillado junto a la mujer, le espetó que brindaba por su emperador que le había dado la ocasión de venir a Toledo a cortejar a su mujer en su tumba. Se brindó por ello y el capitán, balanceándose, se llegó hasta el sepulcro y bebiendo un sorbo, expulsó el vino que guardaba en su boca y lo derramó sobre la cara del mudo guerrero. Hecho esto, se acercó a la estatua de la mujer exclamando que sólo un beso suyo le calmaría el ardor que le consumía.

 Esto le fue censurado por todos sus amigos, que de alguna forma estaban asustados por el comportamiento de su compañero, diciéndole que dejara en paz a los muertos. El joven no hizo caso y tambaleándose, como pudo se llegó a la estatua y se dispuso a abrazarla y darle un beso. Pero al tender los brazos, un grito de terror inundó la estancia. Había caído desplomado a los pies del sepulcro echando sangre por nariz y boca. Los oficiales, sorprendidos ante lo que vieron, quedaron inmovilizados sin poder dar un paso para socorrerle. En el momento en que su camarada intentó acercar sus labios ardientes a los de doña Elvira, habían visto al inmóvil guerrero que tenía a su lado levantar la mano y derribarlo de una tremenda bofetada con su guante de piedra.

<a href="http://youtube.com/v/1WSjD8UZY9Y#t=11" target="_blank" class="new_win">http://youtube.com/v/1WSjD8UZY9Y#t=11</a>

http://www.leyendasdetoledo.com/index.php/leyendas-de-becquer/34-el-beso.html
« Última modificación: 12 de Enero de 2014, 18:26:35 pm por 47ronin »

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Re:Mitos y leyendas
« Respuesta #42 en: 11 de Octubre de 2014, 10:11:37 am »



La lujuriosa leyenda de las monjas endemoniadas del convento de San Plácido
M. O.MOliver_abc / MADRID
Día 11/10/2014 - 00.48h

Los sucesos, ocurridos en la época de Felipe IV, obligaron a intervenir al Inquisidor General, don Diego de Arce de Reynoso

El convento de San Plácido se encuentra a muy pocos metros de la plaza del Callao. Miles de personas pasan frente a sus muros a diario, pero son muy pocos los que conocen la leyenda de misterio y demonios que se esconde de puertas para adentro. El halo de santidad que tiene ahora contrasta con el pasado diabólico que se le adjudicó en la corte de Felipe IV.

El convento fue en su día escenario de todo tipo de rituales exorcistas, debido a las continuas agresiones que las monjas sufrían por parte de seres infernales. Diferentes episodios de esta índole lograron que en aquella época se conociera a esas religiosas como las «endemoniadas» de San Plácido.

Todo comenzó cuando una joven novicia dio la voz de alarma al comenzar a realizar actos extraños, como dar voces y hacer gestos obscenos impropios de un religiosa. Fue el confesor fray Juan Francisco García Calderón, quien comenzó a preocuparse por la situación, el que determinó que la joven estaba poseída por el diablo. Por este motivo se le practicó un exorcismo de urgencia que no dio buenos resultados: no sólo se pudo curar a esta hermana, si no que además otras veintiseis corrieron con la misma suerte.

El asunto llegó a extremos tan alarmantes que todas las moradoras de San Plácido, exceptuando a cuatro, cayeron bajo la influencia del Maligno. Los rumores llegaron pronto al Inquisidor General, don Diego de Arce de Reynoso, que abrió un largo proceso. Éste culminó en 1631 al dictarse prisión perpetua, ayunos y disciplinas para el confesor fray Juan Francisco García Calderón, que tras el tormento se autoinculpó de haber cometido actos pecaminosos con las monjas. Por su parte, la priora fue desterrada, mientras que la comunidad con el resto de las monjas fue repartida para evitar que los hechos se reprodujeran en un futuro.

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Re:Mitos y leyendas
« Respuesta #43 en: 27 de Octubre de 2014, 22:58:13 pm »
La leyenda india del atrapasueños

Hace mucho tiempo cuando el mundo era joven, un viejo líder espiritual Lakota estaba en una montaña alta y tuvo una visión. En esta visión Iktomi, el gran maestro bromista de la sabiduría apareció en la forma de una araña. Iktomi le hablo en un lenguaje sagrado, que solo los líderes espirituales de los Lakotas podían entender.

Mientras le hablaba Iktomi, la araña tomo un aro de sauce, el de mayor edad, también tenía plumas, pelo de caballo, cuentas y ofrendas y empezó a tejer una telaraña.

Él habla con el anciano acerca de los círculos de la vida, de como empezamos la vida como bebes y crecemos a la niñez y después a la edad adulta, finalmente nosotros vamos a la ancianidad, donde nosotros debemos ser cuidadosos como cuando éramos bebes completando el circulo.

Pero Iktomi dijo mientras continuaba tejiendo su red, en cada tiempo de la vida hay muchas fuerzas, algunas buenas otras malas, si te encuentras en las buenas fuerzas ellas te guiaran en la dirección correcta. Pero si tu escuchas a las fuerzas malas, ellas te lastimaran y te guiaran en la dirección equivocada.

El continuo, ahí hay muchas fuerzas y diferentes direcciones y pueden ayudar a interferir con la armonía de la naturaleza.

También con el gran espíritu y sus maravillosas enseñanzas.
Mientras la araña hablaba continuaba entretejiendo su telaraña, empezando de afuera y trabajando hacia el centro.

Cuando Iktomi termino de hablar, le dio al anciano Lakota, la red y le dijo: ve la telaraña es un círculo perfecto, pero en el centro hay un agujero, usa la telaraña para ayudarte a ti mismo y a tu gente, para alcanzar tus metas y hacer buen uso de las ideas de la gente, sueños y visiones.

Si tú crees en el gran espíritu, la telaraña atrapará tus buenas ideas y las malas se irán por el agujero.

El anciano Lakota, le pasó su visión a su gente y ahora los indios Siux usan el atrapasueños como la red de su vida, que se cuelga encima de las camas y en las casas para escudriñar sueños y visiones.

Lo bueno de los sueños es capturado en la telaraña de vida y enviado con ellos, lo malo de los sueños escapa a través del agujero en el centro de la red y no será más parte de ellos.

Los Sioux creen que el atrapasueños sostiene el destino de su futuro.

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Re:Mitos y leyendas
« Respuesta #44 en: 01 de Noviembre de 2014, 09:30:44 am »
El duende de El Retiro que enloqueció a los jardineros de Felipe V
s,l. @ABC_Madrid / madrid
Día 26/10/2014 - 01.25h
Cuenta la leyenda que la pareja que consigue verlo tendrá la suerte de mantener una relación dulce y estable




educamadrid.org
La escultura del duende es una obra de José Noja

El Retiro fue, como lo es hoy para muchos madrileños, el refugio del primer Rey de la dinastía Borbón, Felipe V. A principios del siglo XVIII, este parque madrileño era un jardín privado que pertenecía a la Corona, pero un intruso se coló en el recinto. El bello e inexplicable milagro que propiciaba este ser cada día llegó a intrigar tanto al Monarca como a los jardineros. La historia de sus obras ha llegado hasta nuestros días, incluso una escultura dedicada al protagonista de esta historia ha quedado como recuerdo en la antigua Casa de Fieras.

Según cuenta la leyenda, el Monarca quedaba embelesado con las plantas que parecían crecer de la nada, jornada tras jornada. Incluso los propios empleados del mantenimiento del parque se preguntaban cómo era posible lo que allí sucedia.

Con el tiempo, algunos trabajadores del parque llegaron incluso a afirmar que habían visto al duende perpetrar su obra, pero este peculiar personaje siempre se las apañaba para escapar entre la vegetación y la maleza. Por eso nadie pudo darle captura hasta hoy.

Años más tarde, cuando la Corona cedió el parque para que fuera de uso público, se convirtió en el escondide de muchas parejas. Algunas de ellas también aseguraron que habían sentido su presencia. Y que, además, quien logra verlo implica que serán bendecidos con la suerte de mantener una relación dulce y estable.

Nadie ha podido capturarlo. Solo José Noja, en el año 1985, consiguió congelarlo en el tiempo. Y desde entonces permanece sentado sobre una de las jaulas de la Casa de Fieras que un día ocuparon unos osos pardos. Desde allí observa su obra. Un bonito homenaje para el culpable de que El Retiro, año tras año, se vista de flores en cada primavera.

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Re:Mitos y leyendas
« Respuesta #45 en: 17 de Noviembre de 2015, 19:26:12 pm »
Dos lobos


Una mañana un viejo Cherokee le contó a su nieto acerca de una batalla
 que ocurre en el interior de las personas.

Él dijo, "Hijo mío, la batalla es entre dos lobos dentro de todos nosotros".

"Uno es Malvado - Es ira, envidia, celos, tristeza, pesar, avaricia, arrogancia, autocompasión, culpa, resentimiento, soberbia, inferioridad, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego.

"El otro es Bueno - Es alegría, paz amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad,
 benevolencia, amistad, empatía, generosidad, verdad, compasión y fe.

El nieto lo meditó por un minuto y luego preguntó a su abuelo:

“¿Qué lobo gana?”

El viejo Cherokee respondió: "Aquél al que tú alimentes."

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Re:Mitos y leyendas
« Respuesta #46 en: 16 de Septiembre de 2016, 06:50:04 am »
La leyenda que te aconseja no dejar pasar ningún tren en el Metro


 Según esta historia popular, un vagón fantasma recorre la línea 5 del suburbano madrileño y reaparece siempre que se cumplen unas condiciones determinadas



Imagen de archivo del Metro de Madrid desde el interior de un túnel - TEODORO NARANJO DOMINGO


S.L.  / Madrid

15/09/2016 01:21h - Actualizado: 15/09/2016 01:22h.


Ayer, siete estaciones de la línea más antigua del Metro de Madrid reabrieron sus puertas después de dos meses de obras por mantenimiento. A lo largo de este tiempo, cientos de operarios se han adentrado en los túneles del suburbano madrileño, unos lugares oscuros, que no estamos acostumbrados a ver y que, como es habitual en estos casos, representan un terreno vedado para las leyendas urbanas.

Pues bien, una de ellas advierte a los madrileños y visitantes de no dejar pasar varios trenes de Metro cuando se encuentren esperando en el andén de la Línea 5. ¿La razón? Según cuenta este relato, que muchos conocen en la capital, por esos mismos túneles en los que, de vez en cuando se adentran los operarios, circula un tren fantasma que no se deja ver habitualmente, a menos que se cumplan unas circunstancias muy concretas.

Diez trenes

De ninguna manera, como especifica esta leyenda, hay que dejar pasar diez trenes en los andenes de la Línea 5 y es que, de lo contrario, tras nueve trenes convencionales, el décimo guardará una sorpresa.

Entre todas las historias que recogen los escritos históricos sobre la capital, esta es una de las más difíciles de creer, porque señala que ese décimo tren será un convoy embrujado en cuyo interior se escuchan gritos y lamentos y se contemplan sombras extrañas.

Bien es cierto, también, que actualmente, con las frecuencias habituales, para esperar a que pasen diez trenes hay que tener, además de un cargamento de paciencia, mucho tiempo libre y ganas de, en el peor de los casos, llevarse un susto.

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Re:Mitos y leyendas
« Respuesta #47 en: 08 de Octubre de 2016, 07:32:29 am »
La leyenda de la plaza del Conde de Miranda y las biblias forradas con piel de niños

La Inquisición intervino con toda su fuerza a mediados del siglo XVIII por un suceso sin igual en la Villa de Madrid



La plaza del Conde de Miranda; al lado, una tortura de la Inquisición a una mujer - ABC

S. L. - @abc_madrid Madrid08/10/2016 00:26h - Actualizado: 08/10/2016 00:26h.

La Villa de Madrid en el siglo XVIII, a caballo entre la ignorancia y la superstición, es una fuente de cuentos y leyendas. Este pasaje tiene que ver con una de las historias que, presuntamente, tuvieron lugar en la época y de cómo la Inquisición demostró su poder. Si bien no hay documentos que certifiquen esta crónica más allá de la transmisión popular. Dicen estos escritos que en la plaza del Conde de Miranda, a unos pasos de sus homólogas de la Villa y Mayor, se produjo la detención de una mujer que atormentó la ciudad por sus aparentes prácticas impías.

La plaza es en la actualidad un espacio sereno y agradable, apartado del bullicio inmediato y enclavada en el corazón del viejo Madrid. Su consideración contemporánea, sin embargo, dista mucho de este suceso. Dice la leyenda negra de la Villa que a mediados del XVIII una vendedora de biblias se hizo enormemente famosa en la zona. Aunque cada ejemplar era extremadamente caro, era difícil encontrar a alguien que no comprara o quisiera comprar uno de estos libros sagrados. La explicación, reflejo de la idiosincrasia de aquella sociedad, era que poseía condiciones milagrosas. Quien tuviera una de estas biblias sería dichoso hasta los restos, hasta el punto de que que tenía propiedades curativas y, como una suerte de lámpara, concedía deseos a su propietario.

Sea como fuere, lo cierto es que la buena fama de estas biblias pronto dio un giro radical. Acaso por envidias o competencias, comenzó a extenderse la creencia de que no solo es que no tuviera tintes divinos, sino todo lo contrario. Estaban malditas. Y para apuntalar la teoría se dijo que el forro que revestía los ejemplares estaba hecho a base de pieles de niños muertos. Era la propia mujer quien, supuestamente, acudía a los cementerios para arrancar la piel de los pequeños recientemente fallecidos. El bulo (o verdad) surtió efecto y fue perseguida hasta que se dio con ella. La Santa Inquisición la encontró en la plaza del Conde de Miranda y la condenó a muerte. Aunque, efectivamente, no hay constancia del castigo que se le impuso, no es descabellado pensar en los horrores a los que fue sometida, dada la fama del tribunal.