La Policía española se adentra en Nápoles para detener a las 'paranzas', las bandas a la caza del reloj en Barcelona
Los agentes se adelantan a la previsión de una oleada de robos en las zonas más exclusivas y turísticas del verano
25/05/2026 · 04:45 CEST
Jose Sánchez
El verano está a la vuelta de la esquina y las grandes ciudades españolas se preparan para la oleada de turistas… y de delincuentes que buscan sacarles partido. Es el caso de las bandas especializadas en el robo de relojes de lujo, quienes hacen su particular agosto en los meses de verano, cuando estas codiciadas piezas se lucen sin rubor por los rincones más exclusivos del país.
La cuna de este tipo de atracadores es la ciudad de Nápoles. De allí son originarias las llamadas paranzas, estas bandas que ponen en práctica un método muy pulido para robar Rolex, Patek Philippe o Audemars Piguet en las zonas más turísticas. En el caso de España, las ciudades que más sufren a estas organizaciones itinerantes son Barcelona, Marbella (Málaga), Ibiza o Palma de Mallorca.
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Adelantándose a la campaña de verano, la Policía Nacional española ha liderado una operación de alcance europeo que se ha desarrollado en las calles de Nápoles. Los agentes, en colaboración con sus homólogos de la Polizia di Stato de Italia, han detenido a un total de 12 miembros de las paranzas que habían cometido distintos robos en nuestro país.
Los investigadores de la Sección de Robos y Atracos de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) Central han trazado gracias a sus pesquisas un perfil de estas bandas. Están compuestas por entre tres y cinco miembros con funciones perfectamente definidas.
España, por su clima y afluencia de turistas, es uno de sus zonas de actuación predilectas. Las paranzas planifican minuciosamente su desplazamiento a España. Sus miembros emplean documentación falsa para viajar y alojarse en el país. En caso de trasladarse por carretera, alquilan coches para dificultar el rastro de su ruta. También de su posterior huida.
Durante su estancia, se instalan en zonas de especial afluencia de turistas, pero no de cualquier perfil. Buscan a visitantes de alto poder adquisitivo y les sitúan en grandes cadenas hoteleras, restaurantes, zonas comerciales o playas exclusivas. No se impacientan. Durante días, vigilan sus rutinas de vacaciones hasta que llega el momento de dar el palo.
Cuando llega la hora de ejecutar el robo, uno o varios miembros de la banda se hacer cargo de la materialización de la maniobra, que consiste en arrancar el reloj de un tirón al objetivo. Para la huida, otro integrante de la paranza espera en una motocicleta o scooter para abandonar el lugar a toda velocidad.
Después, llega el momento de dar salida a las piezas sustraídas. Para ello, otros delincuentes que conocen de primera mano el mercado negro se encargan de sacar de España los relojes y llevarlos hasta canales de venta internacionales. En este mercado, que trasciende del mercado nacional, el valor de las piezas se multiplica de forme exponencial, lo que favorece la expansión del fenómeno criminal y exige una respuesta policial coordinada como la que ha comandado la Policía Nacional.