¿Votar con el estómago o con la cabeza?Irene Hdez. Velasco (E. especial) | Atenas
Actualizado sábado 16/06/2012

Lambros Moustakis, 50 años, dos en paro.
"Espero de verdad que a partir de mañana las cosas cambien y alguien se empiece a preocupar de los griegos", asegura Sevasty Labi, de 21 años, mientras le da un mordisco a un cruasán. Ella es afortunada: estudia ingeniería naval y sus padres trabajan los dos. Su madre es enfermera, su padre es dentista. "Por supuesto, les han bajado el sueldo a los dos. Y no te imaginas la cantidad de amigos que tengo que después de acabar la carrera están emigrando porque en Grecia es completamente imposible encontrar trabajo. Mañana espero que gane Syriza, porque en este país están sucediendo cosas espantosas que no se pueden tolerar".
Por segunda vez en menos de poco más de un mes los griegos acuden mañana domingo a votar, en unas elecciones cruciales para el futuro del euro. Tan cruciales que todos los líderes europeos, e incluso el presidente estadounidense Barack Obama, han lanzado numerosas advertencias a los nueve millones de electores helenos sobre las consecuencias que su voto tendrá para el país heleno y para el euro.

Nectarios Dritsas. 45 años, empleado de la compañía de teléfonos griega.
Los sondeos no dan ningún vencedor claro, sino que muestran una dura lucha por hacerse por la victoria entre el histórico partido conservador griego Nueva Democracia, liderado por Antonis Samaras, y Syriza, la coalición de izquierda radical del joven Alexis Tsipras. Samaras se presenta como el garante de la permanencia de Grecia en el euro, mientras que si sale vencedor Tsipras promete un cambio radical y liberar a los griegos de las medidas de austeridad.
Iota Suka tiene 59 años y, como casi todos los griegos, tanta rabia como miedo. "Es increíble lo que nuestros políticos han hecho con nuestro país, pero tampoco es de recibo lo que Europa nos está exigiendo", afirma. Su marido, jubilado de la que hasta 2009 fuera la compañía aérea de bandera griega Olympic, cobraba una pensión de 1.800 euros que se ha quedado reducida a 1.350 euros. Ella era funcionaria y hace seis meses que solicitó la jubilación, pero ni siquiera la han respondido. "Estamos pagando una hipoteca por nuestra casa de 1.500 euros al mes, así que la pensión de mi marido se va íntegra al banco. Vivimos de los ahorros reunidos a lo largo de toda nuestra vida, y que pronto se acabarán".

Iota Suka, 59 años, jubilada.
"Quiero un gran cambio para Grecia, pero por otro lado me da miedo votar a Syriza. Tsipras es muy joven, es inexperto. Me da miedo que Grecia pueda salir del euro, pero por otro lado sé que hay que hacer limpieza general y cambiar de rumbo", admite.
Lambros Moustakis, de 50 años, lo tiene claro: "Voy a votar a Syriza, sin ninguna duda. Las medidas de austeridad están condenando al hambre a este país. No podemos continuar así. Si Alemania nos echa del euro que nos eche, ellos sabrán lo que hacen. Pero tenemos que acabar con la austeridad, nos está aniquilando", dice. Y no le falta razón. Tras los ajustes llevados a cabo en los dos últimos años, el PIB griego ha caído un 6,5% mientras que el desempleo ha subido al 22,6%.
Durante 13 años Lambros trabajó en un hotel como recepcionista y encargado de las reservas. Hace dos años, cuando comenzó la crisis, le pusieron en la calle. Durante un año estuvo cobrando 485 euros de paro. Pero cuando el desempleo se acabó se quedó sin nada. Después de cuatro meses sin pagar el alquiler, su casero también le echó. Ahora es uno de los 127 inquilinos del Lido, un hotel en el centro de Atenas reconvertido en albergue para pobres, y un habitual del comedor para indigentes situado en la calle Sofokleous.

Sevasty Labi, 21 años, estudiante de ingeniería naval.
"Llevamos dos años de crisis y cada día que pasa es peor. Y yo creo que sólo estamos en el ecuador", opina Nectarios Drtsas, de 45 años y empleado de OTE, la principal compañía telefónica griega. Hace dos años ganaba 2.000 euros al mes, ahora 1.200. Mañana va a votar a Nueva Democracia: "Tsipras es inexperto y eso le hace muy peligroso. Es muy fácil decir no a la austeridad, pero no se puede romper de la noche a la mañana el acuerdo con la UE y el FMI. Y si nos echan del euro vamos a estar infinitamente peor. Voy a votar por Antonis Samaras", confiesa.