Autor Tema: La opinión de un ciudadano de la calle  (Leído 311287 veces)

Conectado 47ronin

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Re:La opinión de un ciudadano de la calle
« Respuesta #3680 en: 26 de Marzo de 2020, 11:44:19 am »

Ya no me callo más



La mezquindad con la que la derecha y la caverna intentan criminalizar a los responsables de sacarnos de esta crisis roza lo ignominioso. Tanto como zarandear al piloto mientras intenta un aterrizaje de emergencia

Las dirigentes del PP, Cuca Gamarra y Mar Blanco, junto a un grupo de militantes durante la manifestación del 8M en Madrid. PARTIDO POPULAR
Elisa Beni
25 mar 2020 22:27

"No estamos seguros de que alguna cepa desconocida de gripe no vaya a propagarse por el globo y a matar a millones de personas (…) lo veremos como un fracaso humano y pediremos la cabeza de los responsables. (…) Tales críticas presuponen que tenemos el conocimiento y las herramientas para evitarlo"


Yuval Noah Harari. Homo Deus (2015)


¡Bienvenidos a la puta realidad!

No, no somos dioses y estamos más lejos de ello de lo que literaria y tecnológicamente se nos ha vendido. No somos transhumanos. No hemos transcendido a nuestra gran vulnerabilidad biológica. Siendo así que seguimos siendo frágiles, hemos construido sociedades infantilizadas en las que millones de personas se creían a salvo y seguras, sin más preocupación que la de consumir y mantener una imagen, y que ahora claman temerosas e iracundas cuando comprueban que seguimos siendo lo que éramos: mera humanidad.


Ante este estado de emergencia y calamidad humana, esta plaga, este dolor, me propuse mantenerme en la razonada posición del que asume tal miseria y confía en los medios científicos, logísticos y estatales para conseguir salir de esta con las menores bajas posibles. Entiéndanme, lo de que había alguna posibilidad de que esto no nos hubiera atañido y que no hubiera habido muertes ya lo dejo en el cajón de lo ilusorio. Sucede que para mantener este estado de patriotismo responsable era necesario que todos recurriéramos a un juego mental y social de suma cero en el que nadie resultara beneficiado ni perjudicado mientras dedicábamos todos los esfuerzos a salvar vidas y a salvar nuestras libertades y nuestro estilo de vida. La miseria humana también es una constante universal. No somos dioses ni somos angélicos. Lo peor de nuestra esencia sigue ahí, más vivo y más repugnante que antes. Por eso, a la vista de que algunos en vez de una batalla por la vida han decidido librar una batalla por sus propios intereses, yo ya no puedo callarme.

La mezquindad y la premeditación con la que la derecha y la caverna están intentando criminalizar a los responsables de sacarnos de esta crisis roza lo ignominioso. Es tanto como empezar a increpar, a zarandear o hasta a pegar al piloto mientras intenta hacer un aterrizaje de emergencia. Así que ya no se puede uno callar. Hay que hacer frente a este lodazal en el que interesadamente nos quieren sumir para conseguir, ni más ni menos, que hacer caer a un gobierno en pleno caos.

En esta campaña de acoso y derribo se ha intensificado el recurrente tema de las manifestaciones feministas del 8 de marzo. Desde medios de comunicación, cuentas de redes sociales y partidos políticos se intenta equipararlas a una especie de batallón de la muerte del que sería responsable el Gobierno -las mujeres no organizan solas nada, que son como niñas- y para mayor regodeo se ha presentado hasta una innecesaria querella para intentar que la criminalización sea más efectiva.


Afirman, a voz en grito y con toda la seguridad de su infamia, que el Gobierno ocultó datos sobre la epidemia -aún no había sido declarada pandemia- para salvar su agenda ideológica. Pretenden que una mente racional asuma que Pedro Sánchez y su gobierno, a sabiendas de que las manifestaciones iban a provocar una transmisión masiva que iba a llevar a España a una crisis sanitaria y una mortandad sin precedentes e iba a poner a su gobierno ante una situación de una gravedad sólo comparable a la II Guerra Mundial, siguieron adelante porque les interesaba más "su ideología". Que partidos y elementos que han acusado a Sánchez de ser una especie de equilibrista para cambiar de opinión y de creencias según le convenga, nos digan ahora que hizo a sabiendas justo lo que peor le iba a venir, constituye una incongruencia sólo apta para memos.

Por cierto, las marchas no las convocó el Gobierno sino colectivos feministas. El Gobierno fue a las mismas como fueron el Partido Popular y Ciudadanos que ni ese día, ni en los anteriores, vieron mayor polémica en ellas que la derivada de la "apropiación del feminismo" por unos y otros. Es decir, señores, aquí no hubo partido político alguno que viera la necesidad de suspender unas marchas que, por otra parte, hubiera sido complejo suspender. Yo, se lo he contado más veces, no fui porque soy grupo de riesgo por varias cuestiones, y valoré conmigo misma la idoneidad de que yo, no las personas sanas, corriera algún riesgo. Esa era la situación en aquel momento. El CIS nos dice hoy que sólo el 3,5% de la población consideraba que el virus era una preocupación. ¿Cómo parar la vida y la economía de un país que no se considera en riesgo?

Respecto a la suspensión de las marchas, que ya habían recibido el visto bueno con mucha antelación, hubiera presentado un sinfín de problemas de índole legal. No estando declarado el estado de excepción -que permite suspender el derecho de manifestación- ni el estado de alarma, que permite limitar la circulación, se hubieran tenido que atener a la Ley de Sanidad de 1983 y a la Ley de Medidas Especiales en Materia de Sanidad Pública  de 1986 y a buen seguro las organizadoras en toda España se hubieran opuesto y todo hubiera acabado en la Justicia. En todo caso, las manifestaciones se celebraron por todo el mundo, incluido Francia, donde en aquella fecha ya contabilizaban muertos. Eso sin hablar de la complicación de suspender precisamente el ejercicio de un derecho fundamental como ese sin haberlo hecho antes con la Liga, los conciertos, las misas y cualquier otra aglomeración.

Están aprovechando la pandemia para pasarnos factura a las feministas porque, de nuevo, las brujas de las mujeres nos condujeron al desastre. De paso le quieren cobrar la factura al Gobierno porque creen, y así lo dicen, que podrán hacerlo caer. Y, por cierto, ya por apuntarlo: ni siquiera con estado de excepción se podría haber obligado a Vox a no celebrar su mitin. Todo vale en esta guerra de propaganda. No digo yo que no haya habido errores, se los contaré cuando esto acabe, pero cualquiera que tenga ojos y raciocinio y que lea algún idioma es consciente de que estos fueron generalizados y, por tanto, quizá no sean errores sino la consecuencia lógica de cómo hemos estructurado nuestra sociedad a sabiendas de que la interdependencia creciente del mundo iba de la mano de una vulnerabilidad mayor para cada uno de los actores.

Porque dicen que España no supo verse en Italia y que Italia no supo verse en Corea y así hasta el primer motor inmóvil: esa China de la que tan poco hablamos si no es para aclamarle su envío de mascarillas. De lo único que podemos estar seguros es de que la primera línea de trincheras para parar la infección fue China y que en esa línea se perdieron casi dos meses. La dictadura china censuró, amenazó, represalió y perdió un tiempo precioso para detener en su propio territorio una enfermedad que se llama Covid-19, no por gusto, sino porque ese fue el año en el que se inició. Hay un estudio de la Universidad de Southampton que indica que si China hubiera tomado medidas dos semanas antes hubiera reducido en un 86% los contagios, dado que el primer caso documentado se remonta al 17 de noviembre, y probablemente podía haber atajado la pandemia. Así que no pongamos de ejemplo a China.

Y en el resto de los países la cosa va igual. Francia votó cuando los españoles ya estábamos confinados. Johnson, o yo lo soñé o hace menos de una semana pensaba dejar morir a miles de abuelos para no bloquear la economía y Trump hace el payaso ostentosamente mientras que en Alemania son conscientes de que sus datos llevan al menos cuatro días de retraso, por defectos al contabilizarlos, y los suecos han fiado todo a la responsabilidad de los ciudadanos para adoptar medidas "recomendadas" sin ningún tipo de coerción. Todos de distintos signos políticos.

Bienvenidos pues a la cruda, descarnada y cruel realidad con el deseo de que una vez más demostremos, también a los innobles, que somos capaces de salir del dolor, el riesgo y la fatiga remando todos juntos por una vez.

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Desconectado Der Kaiser

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Re:La opinión de un ciudadano de la calle
« Respuesta #3682 en: 26 de Marzo de 2020, 16:34:17 pm »

Ya no me callo más



La mezquindad con la que la derecha y la caverna intentan criminalizar a los responsables de sacarnos de esta crisis roza lo ignominioso. Tanto como zarandear al piloto mientras intenta un aterrizaje de emergencia

Las dirigentes del PP, Cuca Gamarra y Mar Blanco, junto a un grupo de militantes durante la manifestación del 8M en Madrid. PARTIDO POPULAR
Elisa Beni
25 mar 2020 22:27

"No estamos seguros de que alguna cepa desconocida de gripe no vaya a propagarse por el globo y a matar a millones de personas (…) lo veremos como un fracaso humano y pediremos la cabeza de los responsables. (…) Tales críticas presuponen que tenemos el conocimiento y las herramientas para evitarlo"


Yuval Noah Harari. Homo Deus (2015)


¡Bienvenidos a la puta realidad!

No, no somos dioses y estamos más lejos de ello de lo que literaria y tecnológicamente se nos ha vendido. No somos transhumanos. No hemos transcendido a nuestra gran vulnerabilidad biológica. Siendo así que seguimos siendo frágiles, hemos construido sociedades infantilizadas en las que millones de personas se creían a salvo y seguras, sin más preocupación que la de consumir y mantener una imagen, y que ahora claman temerosas e iracundas cuando comprueban que seguimos siendo lo que éramos: mera humanidad.


Ante este estado de emergencia y calamidad humana, esta plaga, este dolor, me propuse mantenerme en la razonada posición del que asume tal miseria y confía en los medios científicos, logísticos y estatales para conseguir salir de esta con las menores bajas posibles. Entiéndanme, lo de que había alguna posibilidad de que esto no nos hubiera atañido y que no hubiera habido muertes ya lo dejo en el cajón de lo ilusorio. Sucede que para mantener este estado de patriotismo responsable era necesario que todos recurriéramos a un juego mental y social de suma cero en el que nadie resultara beneficiado ni perjudicado mientras dedicábamos todos los esfuerzos a salvar vidas y a salvar nuestras libertades y nuestro estilo de vida. La miseria humana también es una constante universal. No somos dioses ni somos angélicos. Lo peor de nuestra esencia sigue ahí, más vivo y más repugnante que antes. Por eso, a la vista de que algunos en vez de una batalla por la vida han decidido librar una batalla por sus propios intereses, yo ya no puedo callarme.

La mezquindad y la premeditación con la que la derecha y la caverna están intentando criminalizar a los responsables de sacarnos de esta crisis roza lo ignominioso. Es tanto como empezar a increpar, a zarandear o hasta a pegar al piloto mientras intenta hacer un aterrizaje de emergencia. Así que ya no se puede uno callar. Hay que hacer frente a este lodazal en el que interesadamente nos quieren sumir para conseguir, ni más ni menos, que hacer caer a un gobierno en pleno caos.

En esta campaña de acoso y derribo se ha intensificado el recurrente tema de las manifestaciones feministas del 8 de marzo. Desde medios de comunicación, cuentas de redes sociales y partidos políticos se intenta equipararlas a una especie de batallón de la muerte del que sería responsable el Gobierno -las mujeres no organizan solas nada, que son como niñas- y para mayor regodeo se ha presentado hasta una innecesaria querella para intentar que la criminalización sea más efectiva.


Afirman, a voz en grito y con toda la seguridad de su infamia, que el Gobierno ocultó datos sobre la epidemia -aún no había sido declarada pandemia- para salvar su agenda ideológica. Pretenden que una mente racional asuma que Pedro Sánchez y su gobierno, a sabiendas de que las manifestaciones iban a provocar una transmisión masiva que iba a llevar a España a una crisis sanitaria y una mortandad sin precedentes e iba a poner a su gobierno ante una situación de una gravedad sólo comparable a la II Guerra Mundial, siguieron adelante porque les interesaba más "su ideología". Que partidos y elementos que han acusado a Sánchez de ser una especie de equilibrista para cambiar de opinión y de creencias según le convenga, nos digan ahora que hizo a sabiendas justo lo que peor le iba a venir, constituye una incongruencia sólo apta para memos.

Por cierto, las marchas no las convocó el Gobierno sino colectivos feministas. El Gobierno fue a las mismas como fueron el Partido Popular y Ciudadanos que ni ese día, ni en los anteriores, vieron mayor polémica en ellas que la derivada de la "apropiación del feminismo" por unos y otros. Es decir, señores, aquí no hubo partido político alguno que viera la necesidad de suspender unas marchas que, por otra parte, hubiera sido complejo suspender. Yo, se lo he contado más veces, no fui porque soy grupo de riesgo por varias cuestiones, y valoré conmigo misma la idoneidad de que yo, no las personas sanas, corriera algún riesgo. Esa era la situación en aquel momento. El CIS nos dice hoy que sólo el 3,5% de la población consideraba que el virus era una preocupación. ¿Cómo parar la vida y la economía de un país que no se considera en riesgo?

Respecto a la suspensión de las marchas, que ya habían recibido el visto bueno con mucha antelación, hubiera presentado un sinfín de problemas de índole legal. No estando declarado el estado de excepción -que permite suspender el derecho de manifestación- ni el estado de alarma, que permite limitar la circulación, se hubieran tenido que atener a la Ley de Sanidad de 1983 y a la Ley de Medidas Especiales en Materia de Sanidad Pública  de 1986 y a buen seguro las organizadoras en toda España se hubieran opuesto y todo hubiera acabado en la Justicia. En todo caso, las manifestaciones se celebraron por todo el mundo, incluido Francia, donde en aquella fecha ya contabilizaban muertos. Eso sin hablar de la complicación de suspender precisamente el ejercicio de un derecho fundamental como ese sin haberlo hecho antes con la Liga, los conciertos, las misas y cualquier otra aglomeración.

Están aprovechando la pandemia para pasarnos factura a las feministas porque, de nuevo, las brujas de las mujeres nos condujeron al desastre. De paso le quieren cobrar la factura al Gobierno porque creen, y así lo dicen, que podrán hacerlo caer. Y, por cierto, ya por apuntarlo: ni siquiera con estado de excepción se podría haber obligado a Vox a no celebrar su mitin. Todo vale en esta guerra de propaganda. No digo yo que no haya habido errores, se los contaré cuando esto acabe, pero cualquiera que tenga ojos y raciocinio y que lea algún idioma es consciente de que estos fueron generalizados y, por tanto, quizá no sean errores sino la consecuencia lógica de cómo hemos estructurado nuestra sociedad a sabiendas de que la interdependencia creciente del mundo iba de la mano de una vulnerabilidad mayor para cada uno de los actores.

Porque dicen que España no supo verse en Italia y que Italia no supo verse en Corea y así hasta el primer motor inmóvil: esa China de la que tan poco hablamos si no es para aclamarle su envío de mascarillas. De lo único que podemos estar seguros es de que la primera línea de trincheras para parar la infección fue China y que en esa línea se perdieron casi dos meses. La dictadura china censuró, amenazó, represalió y perdió un tiempo precioso para detener en su propio territorio una enfermedad que se llama Covid-19, no por gusto, sino porque ese fue el año en el que se inició. Hay un estudio de la Universidad de Southampton que indica que si China hubiera tomado medidas dos semanas antes hubiera reducido en un 86% los contagios, dado que el primer caso documentado se remonta al 17 de noviembre, y probablemente podía haber atajado la pandemia. Así que no pongamos de ejemplo a China.

Y en el resto de los países la cosa va igual. Francia votó cuando los españoles ya estábamos confinados. Johnson, o yo lo soñé o hace menos de una semana pensaba dejar morir a miles de abuelos para no bloquear la economía y Trump hace el payaso ostentosamente mientras que en Alemania son conscientes de que sus datos llevan al menos cuatro días de retraso, por defectos al contabilizarlos, y los suecos han fiado todo a la responsabilidad de los ciudadanos para adoptar medidas "recomendadas" sin ningún tipo de coerción. Todos de distintos signos políticos.

Bienvenidos pues a la cruda, descarnada y cruel realidad con el deseo de que una vez más demostremos, también a los innobles, que somos capaces de salir del dolor, el riesgo y la fatiga remando todos juntos por una vez.


Elisa Beni, una de las mayores bobas y sabelotodo de este país.

Desconectado Ruino

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Re:La opinión de un ciudadano de la calle
« Respuesta #3683 en: 26 de Marzo de 2020, 17:08:45 pm »
Y cuando el ébola, que opinión dió....

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Re:La opinión de un ciudadano de la calle
« Respuesta #3684 en: 26 de Marzo de 2020, 17:59:53 pm »
Lo del ébola, salvando las distancias, no es comparable a lo del Covid-19, porque la pandemia del coronavirus nos ha llegado y  afecta a toda la población, por lo tanto de lo que se trata es de hacer frente a ella defendiendo en interés general frente al particular, en la crisis del ébola no había ningún caso en España, lo que se hizo fue meter a una persona contagiada en el país por las presiones de la Conferencia Episcopal ya que era un religioso y con esa decisión lo que se hizo fue poner en riesgo a toda la población por defender el interés particular de una persona u organización frente al general de todos los españoles ya que aquí no existía ningún caso de ébola y nos lo metieron en avión con el consiguiente riesgo para todos.

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"No hay hechos, sino interpretaciones" Nietzsche

Desconectado Ruino

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Re:La opinión de un ciudadano de la calle
« Respuesta #3685 en: 26 de Marzo de 2020, 18:56:35 pm »
Pues eso

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Re:La opinión de un ciudadano de la calle
« Respuesta #3686 en: 27 de Marzo de 2020, 06:25:50 am »
https://youtu.be/lW3h4ee10O0


La Policía Nacional, obligada a aclarar cómo sancionar a los viandantes que incumplen el estado de alarma
Agentes del cuerpo, fiscales y subdelegaciones del Gobierno han trasladado dudas sobre qué normativa aplicar: el Real Decreto 463/2020, la Ley de Seguridad Ciudadana, la Ley de Salud Publica...

Fecha
27/03/20access_time 1:02

Los primeros diez días de vigencia de las restricciones a la movilidad por el coronavirus dejaron 102.646 propuesta de sanción, actas levantadas por las Fuerzas de Seguridad, contra personas que habían incumplido las limitaciones fijadas en el real decreto con el que el Gobierno de Pedro Sánchez declaró el estado de alarma.

Ese Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, fijaba un marco sancionador:

-- “El incumplimiento o la resistencia a las órdenes de las autoridades competentes en el estado de alarma será sancionado con arreglo a las leyes, en los términos establecidos en el artículo diez de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio”.

Es decir, remitía a la ley orgánica que regula los estados de alarma, excepción y sitio, que en realidad sólo indica que “el incumplimiento o la resistencia a las órdenes de la Autoridad competente en el estado de alarma será sancionado con arreglo a lo dispuesto en las leyes”.

Al ser la primera vez que se aplica en el período democrático el estado de alarma de esta forma -cuando la huelga de controladores fue un asunto mucho más limitado-, un buen número de policías han tenido dudas sobre cómo tenían que sancionar a aquellos que incumplieran las restricciones de circulación por las calles y carreteras de España.

Así lo ha podido saber Confidencial Digital, por fuentes de distintos cuerpos. En algunos casos, como en la Policía Municipal de Madrid, fuentes del sindicato CSIT-Unión Profesional indican que en los primeros días hubo cierta confusión sobre el marco normativo que se tenía que aplicar. Pero una instrucción de la jefatura, como hicieron algunas otras policías locales, vino a resolver las dudas.

Entre los Mossos d’Esquadra, que empezaron a poner ya sanciones antes de la declaración del estado de alarma, se solventó al distribuirse entre las unidades dos actas distintas: una para sancionar conforme al real decreto de estado de alarma, y otra según la Ley 18/2009, de 22 de octubre, de salud pública de Cataluña.
Dudas entre agentes

Frente a estas aclaraciones, fuentes de otros cuerpos, por ejemplo de la Policía Nacional, señalaron en los últimos días las “muchas dudas e informaciones contradictoras” que estaban surgiendo sobre la tramitación de denuncias por los incumplimientos del estado de alarma.

De hecho, hasta circuló con profusión un mensaje en el que algunos agentes trataban de aclarar dichas dudas. Indicaba, por ejemplo, que la Orden del Ministerio del Interior 226/2020 indica que “los casos mas graves se cursen por vía penal, y que los de menor entidad se tramiten como denuncias por la LO 4/2015 PSC, mas concretamente por el 36.6 (desobediencia) - ver apartado quinto, punto 4 de dicha orden”.

Pero que no se debía denunciar ni la Ley 33/2011 de Salud Publica, ni por la Ley 17/2015 del Sistema Nacional de Protección Civil.

El problema era que “la mayor parte del personal policial está denunciando reflejando en el acta que la persona X ha incumplido los mandatos del Real Decreto porque estaba paseando o realizando cualquier otra actividad no permitida, sin mas”, y eso generaba un problema.

Delegaciones y subdelegaciones del Gobierno en toda España estaban rechazando tramitar las denuncias presentadas de esta forma, porque el RD 463/2020 “establece unas medidas, que no órdenes, y que por tanto su incumplimiento no es suficiente para sancionar; que los agentes de la autoridad deben de recriminar la conducta al ciudadano y en caso de que este no se vaya a su casa y desobedezca la orden, se le sancione por desobediencia”.

De ahí que en ese mensaje que circulaba se aconsejaba denunciar por la Ley Orgánica 4/2015, de Protección de la Seguridad Ciudadana (la tildada como ‘Ley Mordaza’ por parte de la izquierda), concretamente por desobediencia a agentes de la autoridad.

En el acta se tenían que describir los hechos, remarcando que el denunciaba había incumplido el real decreto de estado de alarma por estar en la calle sin justificación, y que tras ordenarle regresar a su domicilio, se había negado a obedecer de forma reiterada.

La Policía Nacional se pronuncia

Pues bien: finalmente, tras toda esta confusión, la Dirección General de Policía ha decidido tomar cartas en el asunto. Según explican a ECD desde la Confederación Española de Policía (CEP), la Dirección Adjunta Operativa ha emitido a través de su Unidad de Planificación Estratégica y Coordinación una “Nota Informativa sobre normativa a aplicar para proponer para sanción las infracciones cometidas a las disposiciones decretadas durante el Estado de Alarma”.

Además, también ha enviado a las unidades otro documento con “una serie de propuestas y observaciones que se pueden añadir a la hora de incoar las correspondientes actas”.

En la nota informativa, la Dirección Adjunta Operativa de la Policía Nacional admite que la sanción por vía administrativa se podría, aparentemente, tramitar en base a tres leyes: la Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana, la Ley 33/2011, de 4 de octubre, General de Salud Pública, y la Ley 17/2015, de 9 de julio, del Sistema Nacional de Protección Civil.

Señala que “se plantean dudas por parte de diversos actores implicados (Fiscalía de Benidorm, Subdelegación del Gobierno de Alicante,..) acerca de la pertinencia de sancionar las infracciones cometidas a las disposiciones decretadas durante el Estado de Alarma, aplicando el artículo 36 de la 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana”.

A continuación se explica que “la aplicación de dicho artículo implicaría la necesidad de apercibimiento previo y que, en caso de de cumplirse dicho requisito, no se tramitaría la sanción por parte de las Subdelegaciones de Gobierno. Por todo ello, recomiendan sancionar aplicando Ley 17/2015 del Sistema Nacional de Protección Civil, Artículo 45.4.b)”.

Dicho artículo establece que “en las emergencias declaradas, el incumplimiento de las órdenes, prohibiciones, instrucciones o requerimientos efectuados por los titulares de los órganos competentes o los miembros de los servicios de intervención y asistencia, así como de los deberes de colaboración a los servicios de vigilancia y protección de las empresas públicas o privadas, cuando no suponga una especial peligrosidad o trascendencia para la seguridad de las personas o los bienes”.

La Ley de Seguridad Ciudadana

Se indica que “desde las Delegaciones del Gobierno se sancionan, de forma habitual, las infracciones a la Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de Protección de la Seguridad Ciudadana, norma que permite efectivamente perseguir el incumplimiento de las medidas decretadas durante la vigencia del estado de alarma”.

Esta norma sanciona las “infracciones graves” con una multa de 601 a 30.000 euros (en su grado mínimo, de 601 a 10.400), tratándose de una opción ágil y contrastada, que ha permitido impartir las instrucciones oportunas desde la entrada en vigor de la Ley. No se considera necesario requerimiento previo alguno.

Por todo ello, la Dirección Adjunta Operativa de la Policía considera que “la propuesta para sanción por infracción a éste precepto es la opción que se considera más recomendable. Cuenta, además, con la ventaja de que existen actas normalizadas con las que las dotaciones policiales están familiarizadas”.

Subraya que “este precepto permite proponer para sanción los dos supuestos que, de forma más habitual se pueden encontrar las dotaciones policiales a día de hoy: - Deambular por las calles, incumpliendo las medidas de confinamiento decretadas por quienes tienen la condición de autoridad; - Resistirse o mostrar negativa a las identificaciones policiales”.

La Delegación en Madrid encarga un informe

El problema es que, según señala la Dirección General de Policía, “se ha podido saber que ante la disparidad de sanciones contempladas por el ordenamiento jurídico para los supuestos de “desobediencia” a las medidas de confinamiento, la Delegación del Gobierno de Madrid ha adoptado las siguientes medidas”.

En primer lugar, ha encargado “un informe a la Abogacía del Estado para valorar el complejo normativo con el que sancionar estas conductas, considerando no obstante que la LO 4/2015 puede ser un instrumento idóneo, por disponer de los mecanismos administrativos adecuados, máxime cuando conforme a otras normas, la competencia puede corresponder al Ministerio de Sanidad o del Interior, lo cual podría generar distorsiones y retrasos”.

Mientras llega ese informe, se ordena “tramitar a la menor brevedad y sin esperar a dicho informe, todas las propuestas de sanción por resistencia a las identificaciones policiales”.

Sí se esperará a la emisión de dicho informe “para dar el cauce oportuno a las propuestas de sanción por la desobediencia a las medidas de confinamiento, sin perjuicio de reconocer que ante supuestos similares, se venían tramitando los procedimientos sancionadores oportunos. En caso de que dicho informe se pronunciara respecto de la utilización de otras normas, se trasladarían a la autoridad competente”.

Y además ha instado a la Secretaría de Estado de Seguridad “a que se pronuncie al respecto, para que se adopten pautas unívocas entre las distintas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad”.

Concluye la Policía Nacional que “en cualquier caso, lo fundamental “a pie de calle” a la hora de cumplimentar actas sancionadoras, no es tanto identificar la norma por la que se va a sancionar sino describir la conducta por la que se propone para sanción y ofrecer cuantos más elementos de juicio a la autoridad para que la sanción se haga efectiva. Referir expresiones utilizadas, circunstancias de tiempo y lugar, documentación justificativa o ausencia de la misma”.

Otra explicación, en La Coruña

A estas aclaraciones de la Policía Nacional, y lo indicado de la Delegación del Gobierno en Madrid, cabe añadir otro intento de aclarar las dudas. Lo hizo la Policía Local de Ares, en La Coruña, para sus agentes.

En este caso, consultaron a la Subdelegación del Gobierno en La Coruña, que ya había recibido otras consultas similares, e informaron a los agentes.

Aclaración de la Policía Local de Ares.