Terminados los años del plomo del terrorismo etarra. . . se terminó el esconder la profesión por motivos de seguridad, pero no solo eso, con la llegada de las redes sociales, no solo no se esconde la profesión, sino que el uniforme su utiliza como gancho para ligar, hace poco quedamos los compañeros del colegio, todos del año 1964, hablando con una compañera me comentó que iba a ser abuela, que su madre aún vivía pero que su padre había fallecido ya, en la conversación, sesenta años después, me confesó que su padre era Guardia Civil y que estaba destinado en el Palacio de el Pardo, que ella recordaba siempre como toda la ropa del uniforme se secaba en la cocina, que nunca la tendió su madre en el patio, que todas las mañanas, cuando su padre se iba a trabajar, siempre a horas diferentes, su madre le vigilaba desde la ventana con la persiana bajada mirando entre las rendijas y veía como su padre no iba nunca directamente al coche, se daba primero una vuelta, comprobaba los alrededores, miraba después el vehículo, comprobaba con disimulo los bajos. . . y ella en el colegio siempre nos dijo que era conserje. . . todo eso ha quedado ya muy lejos, mucho, tanto que ahora, en vez de esconder la ropa lavada en la cocina para que se seque el uniforme se airea, no me parece tampoco mal el cambio, hemos ganado en paz y seguridad, los reconocimientos públicos, las fotos, los canales oficiales en las redes. . . creo que deben de ir acordes a los tiempos que les toca vivir a las generaciones de policías que nos han dado el relevo generacional, no podemos mirar a la policía del siglo XXI con los ojos del siglo XX, nuestra pantalla ya está pasada, ahora ya estamos en otra partida, con otros jugadores y con otras reglas, es lo que hay y es lo que les va a tocar vivir. . . espero que sepan donde está el límite de la decencia, que, al final, es el único límite que, por sentido común, hay que poner cuando un policía se expone en las redes de uniforme. . .