Enrique José Portas, sargento primero de la Guardia Civil, llama "putas" en X a varias periodistas y políticas
No se trata de un episodio puntual en el que el sargento se desahoga, es el acto reiterado de asomarte a la ventana de esa vecina que te cae mal y llamarla puta a voces para dejarlo patente, marcando, además, un claro sesgo ideológico impregnado de odio
Román Cuesta
31/12/25 |
Portas es el sargento 1º del puesto de la Guardia Civil de un pequeño municipio de Las Palmas, de cuyo nombre no quiero acordarme, donde todo el mundo se conoce. En sus redes sociales no oculta ni su identidad ni su pertenencia al cuerpo de la benemérita, lo que agrava el hecho de que las utilice, única y exclusivamente, para sembrar mentiras y odio hacia sus semejantes.
La mayoría de las publicaciones de Portas incumplen el Código de Conducta del personal de la Guardia Civil, comprometiendo con ello la salvaguarda del honor, que es su primera divisa.
Código de conducta
“El Código de Conducta del personal de la Guardia Civil constituye la guía que define los valores, principios y normas de comportamiento que han de regir en todo momento la actuación de los miembros del Cuerpo (…) Este Código de Conducta persigue recoger los valores, principios y normas de comportamiento del personal de la Guardia Civil. En una sociedad global, diversa y cambiante como la actual, este Código aspira a convertirse en una guía para los hombres y mujeres del Cuerpo, en una reflexión sobre los retos a los que se enfrentan y en un instrumento que promueva la participación y el diálogo colectivo. Se trata de fortalecer la confianza de la ciudadanía en la Guardia Civil, donde el nivel ético y moral de sus profesionales es un pilar fundamental sobre el que erigir una institución solvente dedicada, por mandato constitucional, a garantizar la seguridad ciudadana y proteger el ejercicio de los derechos y libertades”.
Honor
Artículo 1. “El honor ha de ser mi principal divisa; debo, por consiguiente, conservarlo sin mancha. Una vez perdido, no se recobra jamás”.
Y el honor de un caballero de la Guardia Civil no es compatible con acosar e insultar a mujeres en las redes sociales; y no se trata de un episodio puntual en el que Portas se desahoga (un mal día lo podemos tener todos), es el acto reiterado de asomarte a la ventana de esa vecina que te cae mal y llamarla puta a voces para dejarlo patente, marcando, además, un claro sesgo ideológico impregnado de odio.
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Si clican en este código de búsqueda en X comprobarán el empeño de este sargento en calificar de putas a las periodistas Sarah Santaolalla y Silvia Intxaurrondo, a la ministra de igualdad Ana Redondo, a la eurodiputada Irene Montero y a la líder de Podemos Ione Belarra, entre otras, aportando su granito de arena en los momentos en que se instrumentalizan campañas, desde la fachosfera, para acosarlas. No son hechos puntuales, son sistemáticos y premeditados.
Como premeditado es el discurso racista y anti-islam que propaga la cuenta @kike_portas.
Igualdad y no discriminación
El artículo 12 del capítulo II del Real Decreto 176/2022 de 4 de marzo, por el que se aprobaba el Código de Conducta del personal de la Guardia Civil, recoge cómo debe ser la actitud del agente para con los principios institucionales de igualdad y no discriminación: “Actuarán siempre guiados por el principio de igualdad y no discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, orientación sexual, religión o creencia, convicción política, discapacidad física o psíquica, edad, lengua o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.
El sargento 1º Portas se salta todos los preceptos del 12 a la torera; sus redes sociales están repletas de comentarios y publicaciones racistas y de ataques contra los colectivos LGTBI+ y las mujeres feministas.
Neutralidad
El artículo siguiente, el 13 de ese mismo Código de Conducta, hace hincapié en la neutralidad ideológica y política. Exigiendo a los miembros del cuerpo que sean plenamente respetuosos con todas las opciones ideológicas y políticas, manteniendo neutralidad en esta materia, alejados del discurso político y del debate partidista.
El sargento 1º Portas, que califica al presidente Sánchez de “puto traidor”, no solamente no mantiene la neutralidad, sino que es un agente de propaganda de Vox y sus satélites mediáticos.
¿Tiene derecho el sargento 1º a dar su opinión? Pensamos que sí, pero ¿Se puede cobijar su discurso, abiertamente fascista y xenófobo, bajo la “libertad de expresión” para lograr impunidad? Y aquí la respuesta es no. No, si su intención es implantar un marco de odio hacia los inmigrantes o los rojos, usando la mentira como herramienta. Dos de las estrategias de esta maquinaria, que tenemos bien estudiadas, parten de los canales de difusión de bulos y de las campañas de acoso digital, y en ambas participa Porta.
La incontinencia verbal del sargento primero de la Guardia Civil también obedece a una táctica para escalar la violencia y el miedo. La mayoría de sus respuestas incluyen insultos para provocar al interpelado y, ante la ausencia de argumentario, incluye imágenes ofensivas entre sus publicaciones. El objetivo es escalar la tensión y generar un ambiente polarizado que propicie el caos que, en última instancia, les permitirá meter a Sánchez en la cárcel. Intención que Portas manifiesta de forma insistente.
Otra de las tácticas heredadas por Portas tiene relación con el principio de transposición de Goebbels y cómo utiliza simbología nazi para referirse a “los putos rojos de mierda” o las feministas.
Viendo esta deriva en sus publicaciones, es inevitable cuestionarse si ese odio y ese racismo, manifiesto, influyen en su labor profesional.
Prestigio
Elementos como el sargento 1º Portas sobran en la Guardia Civil; la institución se juega su prestigio, ese del que hablan en el artículo 20 del capítulo II del Real Decreto 176/2022 de 4 de marzo, por el que se aprobaba el Código de Conducta del personal del Cuerpo.
Artículo 20. “Velarán por mantener y acrecentar el prestigio del Cuerpo, actuando de forma ejemplar y modélica con el fin de ganarse la confianza de la ciudadanía y de las instituciones”.
En el caso del sargento 1º Portas, la preocupación por mantener el prestigio del cuerpo no ha sido ni ejemplar ni modélica. En su cuenta, la misma por la que lanzaba sus mensajes de odio, manifestaba abiertamente que pertenecía a la benemérita.
Portas y sus tesis claramente golpistas anidan muy lejos del código ético de la Guardia Civil y su empeño en acosar e insultar a mujeres no es una actitud que se pueda calificar de modélica.