Del viejo odio a los parquímetros al 'amor' de hoy: apoyo récord en Comillas, el 'no' de Vallecas pese a su "urgencia", aquellas piedras que asustaron a Romay y la irrupción del concejal Pedro Sánchez
Hoy empieza a funcionar la zona SER en uno de los barrios de Carabanchel, distrito que sacó las uñas contra su imposición en la 'era Gallardón': "Hay quien tarda una hora en aparcar", dicen vecinos
Manifestación de los vecinos de Carabanchel en la 'era Gallardón'.
Manifestación de los vecinos de Carabanchel en la 'era Gallardón'.FRAVM
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Carlos Guisasola
Carlos GuisasolaMadrid
Madrid
Actualizado Lunes, 21 julio 2025 - 00:11
Política El día que sí se marchó Pedro Sánchez (del Ayuntamiento de Madrid): "Le faltaban todas las cualidades que debe tener un concejal"
Desde hace días, un puñado de parquímetros sin vida engalanan algunas calles del carabanchelero barrio de Comillas, con el asfalto salpicado de rayas verdes y azules por deseo expreso de sus propios vecinos. Mientras las interminables obras de la Línea 11 de Metro, en el corazón del emblemático parque del entorno, siguen su curso, hoy despierta la Zona de Estacionamiento Regulado (SER), refrendada el pasado mes de diciembre con el 86,12% de los votos favorables de los residentes. La Junta Municipal del distrito aprobó la implantación en marzo y por eso desde este lunes funcionan 2.186 plazas de aparcamiento reguladas, de las que 2.076 serán para habitantes del entorno, es decir, de color verde, y 110 de rotación, con su clásico tono azul.
Un amor de conveniencia para uno de los denominados barrios frontera con la M-30, que encuentra en los parquímetros una solución para sus desvelos a la hora de encontrar acomodo a su vehículo. Hoy estos tótems de color verde oscuro, escoltados por sus líneas multicolor, se contemplan como una tabla de salvación. Sin embargo, y especialmente en Carabanchel, un par de décadas atrás, siendo alcalde Alberto Ruiz-Gallardón, su imposición, en escenarios donde no eran necesarios, generó una fuerte oposición vecinal que acabó saliéndose con la suya. «Aquello se hizo como quiso el Ayuntamiento. No tenía sentido porque la medida afectaba a cascos antiguos y no hubo concierto ni consenso. Nada tiene que ver la situación actual ni las zonas afectadas. Aquí hay quien tarda más de una hora en aparcar. Y dependiendo de la hora, claro», reconoce Elena Sigüenza, voz de la asociación Parque de Comillas, que movilizó a los residentes para «poner un parche» a ese rompecabezas que es encontrar un resquicio donde estacionar el coche.
Tanto en aquella época de barricadas como en esta de consenso (y necesidad) estaba al frente del distrito Carlos Izquierdo (PP), que padeció aquella ardiente oposición, con parquímetros arrancados, líneas vandalizadas e incluso manifestaciones en la Puerta del Sol. «Hubo que recular por el fuerte rechazo que generaron. Se hizo en el casco histórico de barrios y enclaves, como Carabanchel, alejados del centro. Hoy las zonas no son las mismas», recuerda el edil. Mientras a algún superviviente municipal de esos tormentosos días no le importa reconocer que «aquello fue un error». En ese mismo distrito, otrora beligerante, lleva dos años instalada la zona SER junto a la Ermita del Santo y Opañel espera su turno.
Uno de los parquímetros vandalizados en Carabanchel.
Uno de los parquímetros vandalizados en Carabanchel.EFE
Pero regresemos al presente. Y, concretamente, a la particular historia Comillas, donde sobraban los motivos para ese sí rotundo a los parquímetros. «Este entorno se ha complicado mucho con las obras del Metro, así que, una vez que se implantó la zona SER en Usera, muy cerca de aquí, se empezó a mover en el barrio. Lo que se hiciera, debía tener el máximo consenso y Comillas ha contado con el mayor apoyo. La convocatoria fue todo un éxito», abunda Sigüenza. Aun así, pone algún pero a esa consulta popular, que brota de la actual Ordenanza municipal de Movilidad Sostenible, hoy en proceso de transformación tras el revés judicial a sus Zonas de Bajas Emisiones (ZBE).
«Estamos en barrios donde no todo el mundo tiene acceso a una consulta de tipo telemática. Es verdad que se habilitó el centro cultural para que todos los vecinos dispusieran de un ordenador, pero las consultas están hechas para disponer de elementos digitales. Hubiera sido más adecuado una clásica votación electoral», reclama, y puntualiza: «En cualquier caso, esto no es una solución, sino sólo un parche. Facilitará regularizar los barrios, con puntos calientes como la calle Antonio López, pero no deja de ser un remiendo. Hay autobuses que tardan más de 20 minutos...».
"Todos los días había crispación en los plenos"
De aquellas viejas cruzadas contra los parquímetros sabe también algo la hoy delegada de Obras y Equipamientos del Ayuntamiento, Paloma García Romero, a quien le tocó lidiar con el asunto como responsable del distrito de Fuencarral-El Pardo. «La decisión de poner parquímetros fue del Área de Movilidad, que encabezaba Pedro Calvo, y el objetivo era mejorar la calidad de vida de los vecinos de los barrios, puesto que eran zonas muy colmatadas, con efecto frontera muchas veces y entonces aparcaban vehículos que no eran de ese barrio para coger Metro u otro transporte público. Más que vecinal, la oposición más intensa era de los partidos políticos, que movían a sus afiliados», subraya.
Y saca del cajón un sonado episodio. «La oposición al parquímetro suponía una crispación durante los plenos de todos los meses. Había manifestaciones de 50/70 personas con banderas del PSOE. La mayoría eran militantes. De hecho, hubo un pregón de las fiestas del Pilar muy complicado, en el que nos tiraron incluso piedras. El pregonero era Fernando Romay y el hombre no sabía dónde meterse. Es difícil de olvidar aquello, seguro que él también lo recuerda. Era la violencia por la violencia y la crispación por la crispación». Romero incide en que la tensión aumentó con la llegada de Pedro Sánchez al Ayuntamiento (2004). Las movilizaciones vecinales se extendieron a Hortaleza y Tetuán. Y al hoy presidente del Gobierno se le vio en alguna de ellas.
Con aquellos recuerdos y esta nueva realidad en Comillas, asentada también también la zona SER en varios puntos de Ciudad Lineal, viajamos hasta Vallecas, cuya peculiar genética ha desembocado en un rechazo vecinal en Numancia, Palomeras Bajas y Sureste (95% en contra) o Portazgo. Sólo San Diego, por un estrecho margen (48/52%) alzó su pulgar. La proposición para la consulta había salido previamente adelante con los votos a favor del PP y Más Madrid. Aparcar allí es misión imposible en buena parte del distrito, y sin embargo... «Lo que ocurre es que, por su trama urbana y la dimensión de sus calles, Vallecas es muy heterogénea. Hay un efecto frontera junto a la M-30 y la Línea 1 de Metro, pero eso no ocurre en todas las zonas del distrito. En Numancia, por ejemplo, hay un preocupante problema de sobreocupación del espacio público y muchas de sus aceras no cumplen con las dimensiones. Hay hasta un 125% de ocupación de espacio en algunas zonas y más de la mitad de los vehículos no son del barrio. Estas zonas no pueden ser un aparcamiento disuasorio», analiza Manuel Mercadal, del colectivo Vallekas Sostenible.
La excepción de San Diego en Vallecas
Y si existe este problema, ¿por qué ese rechazo al parquímetro? «En primer lugar, porque la votación no fue masiva; no hubo un gran esfuerzo para que se votase. Y, también, porque los barrios administrativos tienen límites antinaturales. No hay la misma problemática en las distintas zonas y lo ideal habría sido votar por barrios concretos, como ocurrió junto a la Ermita del Santo, en Carabanchel. Una limitación por zonas y no por barrios administrativos. Por ejemplo, el casco antiguo tiene un problema urgente, y en San Diego hay solares que deberían ser dotacionales y se han convertido en parkings ilegales», lamenta Mercadal, que subraya las afecciones al transporte público, sobre todo en el carril de la avenida de la Albufera, por la entrada y salida de furgonetas. «Regular el aparcamiento permitiría también mejorar la hora punta por una Albufera atascada. Hablamos de 24 euros al año, de dos euros al mes. Esto es urgente», insiste.
ILUSTRACIÓN: LUCÍA MARTÍN
Al frente del distrito se encuentra el concejal Ángel Niño, que también observa con preocupación esta coyuntura. «Puente de Vallecas tiene una configuración urbana que limita mucho el estacionamiento de vehículos en superficie. Eso, unido a su buena conectividad en transporte público con el centro de la ciudad, hace que muchos vehículos de personas no residentes en el distrito estacionen en los márgenes de Puente de Vallecas para desplazarse a la almendra central. Y lo hacen, además, invadiendo espacios donde no está permitido el estacionamiento, como son aceras, zonas verdes y otro tipo de espacios públicos», sostiene.
Y así, entre ese cóctel de rayas verdes y azules pintadas por aclamación y parquímetros rechazados en lugares donde serían aire fresco, anda un Madrid que en las últimas dos legislaturas, con Borja Carabante al frente del Área de Movilidad, ha dibujado, en 16 barrios de cinco distritos, 38.850 nuevas plazas de aparcamiento regulado: 36.543 para residentes y 2.307 de rotación. Un matrimonio de conveniencia en la actualidad que, en una época no tan lejana, levantó en armas a media ciudad. Eran otros tiempos, fue otro enfoque.