Un atraco a punta de pistola y un asesinato entre bandas dispara el miedo entre los vecinos de Puente de Vallecas
El barrio vive una creciente sensación de inseguridad ante el aumento del menudeo y delitos de gravedad
Imagen del suceso en Puente de Vallecas
Publicado:
22/05/2026 · 04:45 CEST
Mario Cortijo
El asesinato de un menor de edad perteneciente a la banda de los Trinitarios a plena luz del día y el atraco a punta de pistola en el Centro Comercial Madrid Sur se han convertido en dos de los sucesos más graves registrados en la ciudad en el último mes. Dos episodios ocurridos en Puente de Vallecas, a menos de 300 metros de distancia, que han hecho saltar las alarmas en un barrio que desde hace tiempo reclama medidas eficaces contra una inseguridad que perciben como creciente.
Los vecinos no pueden evitar revivir escenas que creían superadas y que remiten a los años 80, cuando la delincuencia y el consumo de drogas convirtieron la zona en uno de los principales focos de conflictividad de Madrid. Un estigma que el barrio ha tratado de borrar durante décadas, con avances desiguales. No en vano, la serie Entrevías, estrenada en 2022, volvió a proyectar una imagen de mafias, prostitución y violencia que muchos vecinos consideraron injusta y alejada de su realidad cotidiana.
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Sin embargo, ahora esa percepción empieza a cambiar. El temor vuelve a instalarse entre quienes pasean por las calles del barrio, especialmente durante la noche. No todos los residentes quieren hablar cuando se les aborda como periodistas, pero quienes acceden coinciden en señalar un deterioro progresivo de la convivencia y la seguridad.
Juana, vecina de unos 70 años, explica a Vozpópuli que ahora hay más gente “con mala pinta” que hace años y que se ve más droga en las calles. Reconoce que Puente de Vallecas nunca ha sido un barrio idílico, pero subraya que la degradación se ha acelerado en los últimos tiempos. Otro residente asegura haber visto en dos ocasiones a jóvenes portando machetes por la calle, una escena que califica como “impensable hace años, al menos a simple vista y con total impunidad”.
Paco, vecino desde hace más de cuatro décadas, es tajante: si fuera más joven, se marcharía del barrio. “A estas alturas ya me quedo, pero lo que está viniendo da mucho que pensar”, afirma, antes de añadir que muchos amigos y vecinos de su generación comparten esa misma sensación de inquietud.
“No entendemos la inseguridad como algo localizado en un punto concreto”
Desde el movimiento vecinal insisten en que el problema no puede reducirse a hechos puntuales ni a un problema de inseguridad en exclusiva, aunque reconocen que la sensación de peligrosidad es mayor. Manuel Martínez, portavoz de la Asociación Vecinal de La Viña, advierte de que “no entendemos la inseguridad como algo localizado en un punto concreto ni provocado por una única causa”. Según explica, existe una creciente sensación de inseguridad que comparten la mayoría de los vecinos, alimentada por distintos factores que se retroalimentan.
Uno de ellos es el aumento del trapicheo y el menudeo de drogas. “Cuando esa práctica se generaliza, deja de ser un problema menor y pasa a convertirse en tráfico”, señala Martínez. A ello se suman cuestiones de convivencia cotidiana, como el consumo de alcohol en la vía pública, cuya corrección corresponde a la Policía Municipal mediante el cumplimiento de las ordenanzas.
El portavoz vecinal también pone el foco en la situación de las personas sin hogar, muchas de ellas con problemas de adicciones. “La sensación es que el problema va a peor, pero en este caso hablamos más de un reto de servicios sociales que de intervención policial”, apunta, recordando que estos asuntos ya han sido tratados tanto con la Policía Municipal como con la Policía Nacional.
Desde la asociación reclaman una actuación coordinada entre administraciones. “Si hay un delito, hay que perseguirlo dentro de las competencias de cada cuerpo. No concebimos que los vecinos tengamos que autoprotegernos: pagamos impuestos para que se haga ese trabajo y se haga bien”, subraya Martínez, quien defiende la creación de un plan integral que combine educación, prevención y actuación policial.
“La labor educativa no excluye que se persiga a quien comete un delito. Los policías saben dónde están las fuentes de los problemas. Hay que abordarlo de forma conjunta”. Por ello, señala al concejal de distrito, Ángel Niño, por haber rechazado crear una mesa con presencia vecinal para plantear los problemas de los vecinos. “Yo le culpo a él, porque el suyo fue el voto de gracia", apunta Martínez.
El contexto urbano contribuye a esa paradoja que desconcierta a propios y extraños. Durante el día, zonas próximas a la Asamblea de Madrid muestran amplias avenidas y un constante trasiego de vecinos que transmiten normalidad. “De día esto parece un barrio cualquiera, pero por la noche hay que tener cuidado”, resume otro residente, vallecano “de toda la vida y del Rayo”, que admite que ahora se camina “con más miedo que antes” al caer el sol.
No a las patrullas vecinales
Las cifras respaldan parte de esa percepción. Puente de Vallecas es el segundo distrito de Madrid con más detenciones, según datos de la Policía Municipal, principalmente por hurtos, robos, allanamientos y delitos relacionados con el tráfico de drogas.
Desde el tejido vecinal advierten, además, de un riesgo añadido: el aumento de la sensación de impunidad. “Eso genera movimientos subterráneos y un malestar creciente en la vecindad, con propuestas como las patrullas vecinales”, alerta Martínez, una opción a la que la asociación se opone frontalmente. “No es la solución, aunque hay colectivos e intereses que la promueven”.
La reclamación es clara: más coordinación, más recursos y una actuación sostenida en el tiempo. Porque, como coinciden vecinos y asociaciones, el problema ya no es solo la inseguridad, sino la sensación de abandono que empieza a calar en uno de los barrios más emblemáticos de