La Guardia Civil investiga si los narcos atacaron el operativo al confundirlo con un “vuelco”
Varias patrullas fueron ametralladas con subfusiles de guerra en un mes después de que dos agentes murieran y mientras
C. S. Macías
Actualizado: 12/06/2026 - 03:25h
La Guardia Civil investiga si los narcos que ametrallaron con subfusiles de guerra a los agentes del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA), la unidad especializada en narcotráfico de la Comandancia, confundieron inicialmente el operativo con un “vuelco”, el robo del cargamento por parte de otra organización. Fuentes consultadas subrayan que es una hipótesis con la que tratan de reconstruir la secuencia del ataque y que en ningún caso atenúa la extrema violencia con la que actuaron los agresores, que dispararon ráfagas automáticas sin mediar palabra.
El ataque se produce, además, en un momento especialmente sensible para el Cuerpo: en plena negociación entre Interior y las asociaciones profesionales para el reconocimiento de la profesión de riesgo, un proceso que, tal como publicó este jueves Artículo14, dejaría fuera a miles de guardias civiles veteranos, lo que incrementa el malestar interno tras el tiroteo.
Ventaja de los narcos
Los hechos ocurrieron de madrugada, en una zona de marismas entre Punta Umbría y Aljaraque. Los agentes del EDOA, que realizaban una vigilancia sobre una organización que acababa de introducir 1.120 kilos de hachís, siguieron a los sospechosos hasta un punto donde se disponían a abandonar el paraje. Iban varias patrullas, según las mismas fuentes del Instituto Armado y, aunque actuaban de paisano, los guardias civiles iban claramente identificados con chalecos verdes con el distintivo del Cuerpo.
Cuando dieron el alto a una furgoneta -que se sospecha transportaba la droga- y a un turismo que actuaba como lanzadera, dos individuos armados bajaron del vehículo y comenzaron a disparar de forma automática. “Empezaron a disparar en ráfagas al momento”, señalan fuentes conocedoras del operativo, que confirman el uso de subfusiles, un tipo de armamento que ya ha aparecido en otros episodios recientes vinculados al narcotráfico en Andalucía. Ya utilizaron este tipo de armas en el ataque de Isla Mayor, donde un agente del GRECO resultó herido grave tras recibir dos disparos de un AK-47, o el tiroteo contra la Udyco en Vélez-Málaga, cuando varios individuos llegaron en dos vehículos y abrieron fuego contra los policías que intervenían una nave utilizada para ocultar narcolanchas.
No es la primera vez que el narcotráfico emplea armas de guerra para proteger alijos en la costa onubense. Hace algo más de un año, la Guardia Civil desarticuló una organización que operaba en la misma zona y cuyos miembros realizaban descargas de hachís cubiertos por un tirador armado con un fusil de asalto, apuntando a las inmediaciones mientras el resto trasladaba los fardos a una furgoneta. El modus operandi siempre es el mismo: mientras unos descargan ellos vigilan con las armas largas. Aquella escena fue grabada de forma clandestina y difundida meses después evidenciando que algunas redes ya utilizaban armamento automático para asegurar sus operaciones, un patrón que los investigadores consideran consolidado y que conecta directamente con la violencia del ataque de esta madrugada.
Vídeo de una de las vigilancias que hacen los narcos cuando desalijan los fardos donde se aprecian las armas de guerra.Captura del vídeo de una de las vigilancias de los narcos descargando droga hace un año, donde se aprecian las armas de guerra.Video difundido hace un año por AUGC
Según fuentes policiales, las armas de guerra suelen ser más difíciles de encontrar en el mercado, sobre todo la munición, pero “les da ventaja competitiva”, advierten. “Saben que a los agentes les faltan medios y es difícil competir con los recursos que manejan”, subrayan fuentes conocedoras del terreno.
Una de las principales rutas de la que obtienen las armas parte del Sahel, desde donde los fusiles AK‑47, los más abundantes en el mercado ilícito, viajan hacia el norte del continente. Allí se integran en cargamentos que llegan a España en narcolanchas o en containers “contaminados”, nombre con el que los agentes denominan a los cargamentos ilícitos. Y es que ya tienen hasta radares de visión nocturna.
Pese a la agresión, no hubo heridos. Los agentes lograron detener a uno de los presuntos implicados, mientras el resto de la organización continúa fugada. La Guardia Civil mantiene un amplio dispositivo de búsqueda.
El ataque se produce en un momento especialmente delicado para la Guardia Civil. El Ministerio del Interior avanza hacia un acuerdo para reconocer la profesión de riesgo, pero el borrador actual dejaría fuera a miles de guardias civiles veteranos, incluidos agentes que llevan décadas en unidades operativas como el EDOA, el GAR o Seguridad Ciudadana. La coincidencia temporal entre el tiroteo y la negociación ha encendido aún más el malestar interno, que las asociaciones consideran ya “insostenible” tras la sucesión de episodios violentos en Andalucía.
Desde AUGC subrayan que el ataque confirma lo que llevan meses advirtiendo: “La escalada de violencia contra los agentes destinados en zonas de narcotráfico”. Recuerdan la tragedia de hace un mes cuando “perdimos a dos compañeros en Huelva y hoy volvemos a ver cómo los guardias civiles son recibidos a tiros. Es imprescindible reforzar los medios, la protección y el apoyo a quienes combaten cada día estas mafias. No podemos normalizar que nuestros compañeros arriesguen la vida frente a delincuentes cada vez más violentos”.
Los agentes piden “estar a la altura de la amenaza real”. La Asociación Profesional Independiente de la Guardia Civil (IGC) expresó su “profunda preocupación por la pérdida del principio de autoridad” y advirtió de que las organizaciones criminales “ya no temen a las fuerzas de seguridad”. Su presidente, Daniel Fernández, reclama medidas “urgentes e inmediatas”, entre ellas el reconocimiento integral de la profesión de riesgo, un endurecimiento de las penas por narcotráfico y agresiones a agentes, y más recursos para las unidades que trabajan en la costa andaluza. “No podemos seguir normalizando que se dispare a los agentes con armas de guerra”, subraya.
Las asociaciones coinciden en que la sucesión de ataques -Barbate, Isla Mayor, Vélez-Málaga y ahora Aljaraque- demuestra que el narcotráfico opera con un nivel de violencia creciente y que “la respuesta institucional, como siempre, llega tarde”. El tiroteo de la madrugada del jueves, señalan, “es la prueba más reciente de que la profesión de riesgo no es un debate teórico, sino una necesidad urgente”. Mientras, en el Congreso la norma sigue en el “congelador” de Francina Armengol.