Autor Tema: CURIOSIDADES  (Leído 178243 veces)

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« Respuesta #980 en: 17 de Abril de 2023, 07:51:26 am »

El “toque de rey”: cuando los reyes te curaban con solo tocarte


Historia de María Pilar Queralt del Hierro • Hace 1 h

En 1825, a poco de ser reconocido como rey de Francia, Carlos X fue objeto de una feroz campaña de prensa. El motivo no era otro que su voluntad de llevar a cabo en un orfanato de Reims un antiguo rito medieval sanador, el “toque de rey”, o, lo que es lo mismo, la imposición de manos por parte del monarca a fin de sanar a quienes padecían diversos males y, especialmente, a las víctimas de la escrófula, un proceso infeccioso que afecta a los ganglios linfáticos y que se manifiesta en forma de bubones o lesiones cutáneas.

Con ello, el recién coronado monarca intentaba reforzar su posición en el trono repitiendo una ceremonia que, desde el siglo XI, venían practicando los soberanos franceses. Según algunos historiadores, su origen se remonta al segundo monarca Capeto, Roberto II el Piadoso (972-1031), que había adquirido fama de santo, si bien no tomó forma hasta la subida al trono de Felipe I (1059-1108).

No obstante, fue durante el reinado de Luis IX (1226-1278), elevado a los altares por Bonifacio VIII en 1298, cuando se estableció el ritual de la ceremonia tal como siguió ejecutándose por los soberanos de las dinastías Valois y Borbón. El ritual solo se alteró en el siglo XVIII, cuando el racionalismo ilustrado quiso imponer sus criterios y, a fin de rebajar el poder taumatúrgico de la Corona, se recomendó a Luis XV cambiar la fórmula tradicional de “El rey te toca; Dios te cura” por la frase “El rey te toca; que Dios te cure”, que restaba méritos al soberano y dejaba en manos de la providencia la sanación del enfermo.

Pero, aun contemplando tal enunciado, la Francia posrevolucionaria de Carlos X ya no era la misma que la de sus reales ancestros. De ahí que, ante la airada reacción de su pueblo, y para disgusto de los sectores ultramonárquicos que apoyaban al que fue el último Borbón en el trono de Francia, el rito de sanación no volviera a celebrarse.

Por entonces hacía más de cien años que tampoco se practicaba en Inglaterra, donde la celebración del toque de rey se había introducido tras la entronización de la dinastía de los Plantagenet, posiblemente a causa de su origen normando. El rito fue practicado por diversos monarcas de las dinastías Tudor y Estuardo hasta que Guillermo III de Orange (1650-1702) lo suprimió tachándolo de simple superstición.

Entre la taumaturgia y la política
Aquella ceremonia no era sino el fruto de la sacralización de la figura del monarca. No debe obviarse que, desde el siglo XI, tanto los reyes de Francia como los de Inglaterra no eran coronados, sino consagrados o ungidos, esto es, el monarca recibía su poder directamente de Dios, lo que le concedía capacidades superiores a las de los simples mortales.

En Francia, el sacré, o consagración real, se celebraba desde el siglo VIII en la catedral de Reims, por deseo expreso de Ludovico Pío (778-840), hijo de Carlomagno, dado que allí se custodiaba la sagrada ampolla que, según la tradición, un ángel había entregado a Clodoveo (siglo V), el primer rey franco que se convirtió al cristianismo. La pieza contenía un ungüento milagrosamente inagotable que debía aplicarse a los reyes de Francia durante su entronización.

El sacré era un rito complejo en el que la liturgia religiosa se aunaba con el reconocimiento del poder terrenal del soberano. Tras la unción con el óleo de la sagrada ampolla, se imponían las insignias reales: las espuelas de oro, la espada, el manto de armiño, el cetro y el anillo de oro, que simbolizaba la unión del rey con su pueblo. Finalmente, el monarca juraba proteger a la Iglesia, defender la fe y hacer reinar la paz y la justicia.

Otro tanto ocurría en Inglaterra, donde Guillermo el Conquistador (1028-1087) implantó en 1066 un ritual de consagración muy similar, presidido por el arzobispo de Canterbury, que aún se mantiene prácticamente idéntico, como se podrá comprobar el próximo 6 de mayo en la coronación de Carlos III en la abadía de Westminster.

A una y otra orilla del canal de la Mancha, pues, se creía que la sola voluntad real era capaz de sanar a los súbditos, del mismo modo que, según el Evangelio, había sucedido con los discípulos de Cristo. En un principio la ceremonia era un acto privado que se reducía a la intimidad del enfermo y el soberano, pero, buscando la consolidación del poder real, a partir del siglo XIII se convirtió en un acto multitudinario al que asistían un elevado número de enfermos y de espectadores.

Lo cierto es que los poderes públicos utilizaron el toque de rey como instrumento para consolidar la figura del monarca y reivindicar el concepto de que su poder provenía directamente de Dios. Con esa intención, acabó por practicarse exclusivamente a los enfermos de escrófula, hasta el punto de que la enfermedad acabó por denominarse el “mal de rey”. La razón era muy sencilla: frente a la lepra, por ejemplo, la escrófula solía remitir de forma espontánea, al menos aparentemente; por tanto, era más fácil adjudicar su curación al poder real.

Un ritual complejo y riguroso
El toque de rey solía celebrarse coincidiendo con alguna festividad religiosa como la Pascua, Navidad o Pentecostés, y, en Inglaterra, con la de san Miguel Arcángel (patrón de Normandía). Para impartirlo era precisa una larga y compleja liturgia. Días antes a la fecha señalada, los médicos de la corte seleccionaban a aquellos enfermos susceptibles de ser sanados, que habían llegado desde todos los rincones del país en busca de la salud perdida.

La jornada anterior a la ceremonia, el rey se sometía a un ayuno penitencial y se retiraba de toda actividad cortesana. Finalmente, en la fecha designada, se celebraba una misa multitudinaria a la que asistían, además de la familia real y la corte en pleno, los enfermos. Al concluir la Eucaristía, los escrofulosos desfilaban uno a uno ante el rey, que les imponía las manos y hacía la señal de la cruz sobre las lesiones.

A continuación, se leían diversos párrafos del Evangelio relacionados con la curación milagrosa de enfermos por Jesucristo o sus discípulos y se entregaba una limosna a los afectados, que, en los siguientes días, debían peregrinar a Corbeny, a unos treinta kilómetros de Reims, a visitar el sepulcro de san Marculfo, patrón de los escrofulosos.

En Inglaterra, el rito fue muy similar hasta el siglo XV, cuando Eduardo IV (1442-1483) lo modificó al acuñar una moneda de oro en la que aparecía san Miguel Arcángel matando al demonio. El “ángel”, como se denominó a la pieza, se entregaba a los enfermos con la indicación de que la llevaran siempre consigo a modo de protección. Para ello se horadaba con el fin de introducir una cinta que permitiera a los pacientes llevarla colgada del cuello.

Como se ha visto, el paso de los siglos, la desacralización de las monarquías y el imperio de la razón promovido durante el Siglo de las Luces obligaron a espaciar cada vez más la celebración del toque de rey hasta su completa desaparición.

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #981 en: 05 de Mayo de 2023, 09:16:40 am »

"NO ERA RARO QUE SE MEARAN ENCIMA"

Algo huele a podrido en Versalles: por qué los nobles franceses eran tan guarros


Un nuevo libro rescata algunos de los pasajes más escatológicos de la historia y repasa los cambios en la higiene. Moral y capitalismo fueron claves para cambiar la sucia sociedad de Versalles por una industrial más limpia
Foto: 'Les Champs Elisées', del pintor francés Jean-Antoine Watteau. (EFE)
'Les Champs Elisées', del pintor francés Jean-Antoine Watteau. (EFE)
Por Guillermo Cid
05/05/2023 - 05:00
Al filósofo François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, no le gustaba mucho el entorno de Versalles. Tanto, que dejó para la posteridad una frase contundente al hablar de una habitación en la que se alojó, describiéndola como “el agujero de mierda con peor olor en todo Versalles”. Uno podría pensar que el filósofo era un poco delicado, pero no. El gigantesco palacio francés, icono del esplendor de la monarquía parisina, fue en esa misma época un estercolero en el que lo del glamour era algo relativo.

Así se cuenta en Esta historia apesta , un libro escrito por la historiadora y divulgadora murciana Alejandra Hernández y en el que recupera algunos de los episodios más escatológicos de la historia de la humanidad. Desde los baños de leche de burra de Cleopatra a la pocilga de Versalles, pasando por pelucas de reyes hechas con vellos púbicos de sus amantes o enjuagues de orina. Una ristra de extravagancias en las que se demuestra que los términos de ir limpios y aseados que conocemos hoy son mucho más modernos de lo que uno suele imaginar.
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"Tenemos una idea de un mundo muy limpio porque las imágenes que nos han quedado para la posteridad son los cuadros. Y estos tienen mucho Photoshop", explica Hernández en conversación con El Confidencial. De ahí viene, asegura, que pensemos que sectores como la aristocracia eran entornos totalmente pulcros y perfumados, cuando durante siglos fueron todo lo contrario. "En el libro, solo se recogen algunos episodios muy llamativos y que inmiscuyen a grandes personajes, pero la historia está llena de muestras de que la realidad estaba muy alejada de lo que tenemos en mente. Ni los reyes eran tan guapos ni los paisajes eran tan bonitos", detalla. El caso de Versalles es quizás el más llamativo de los que enumera y el que mejor muestra las diferencias entre la imagen que quedó para la posteridad y la realidad del momento. El palacio era un espacio en el que vivían cerca de 2.000 personas y al que se acercaban durante las fiestas hasta 10.000. Unos números altísimos para la infraestructura con la que contaba. Más allá de enormes estancias, incluso escaseaba el agua potable y estaban mal diseñadas hasta las salidas de humos.
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¿Cómo se gestionaba en un macrofestival del siglo XVIII el aseo para todos los visitantes? Era imposible. Las 300 letrinas con las que contaba se saturaban pronto, los criados no daban abasto y los invitados tampoco hacían mucho por mejorar la situación. "Hay visitantes que incluso dejaron por escrito el caso de los rastros que dejaban algunos invitados e invitadas. No era raro que se mearan encima. También hay que decir que no solo lo hacían por falta de letrinas, es que eran muy cómodos y no miraban mucho lo de irse a los jardines", cuenta la historiadora. El texto de esta divulgadora, que compagina su trabajo en un instituto madrileño con sus contenidos en TikTok, es un golpe directo a la imagen de un pasado idealizado. Incluso rompe con la idea generalizada de que la Edad Media era una época oscura y más sucia que las posteriores. Todo lo contrario. "Se suele pensar en la Edad Media como si fuera una época oscura y llena de mierda. Pero en realidad se extendían conceptos como el baño a remojo que se perdieron con el paso a la Edad Moderna. Fue esa época siguiente la que acabó concentrando las peores escenas junto con la primera era industrial", detalla.
placeholderAlejandra Hernández, con su libro. (Imagen cedida)
Alejandra Hernández, con su libro. (Imagen cedida)
Sin ir más lejos, Hernández también habla del caso español. Un país imperial que no paraba de crecer y ganar territorio, pero con un Estado en bancarrota. Sus ciudadanos empobrecidos se apelotonaban en ciudades atestadas, con poca o ninguna organización urbana y pocas posibilidades de llevar a cabo políticas públicas. "Por ejemplo, la gente no podía cambiarse de ropa una vez al día, que es una medida básica de higiene para evitar enfermedades y mejorar el ambiente. Se vivió un éxodo urbano masivo y al vivir en ciudades tenían mucho menos acceso al agua".
Esto no solo se quedaba en los bajos estamentos, ni siquiera entre la nobleza o la burguesía, con muchas más posibilidades, se mantuvo un gran amor por el aseo. "En el libro hablamos del verde isabelino, un color cuyo nombre viene de tres personajes de la aristocracia que pasaron a la historia por compartir nombre y falta de lavado. Esa supuesta falta de aseo fue lo que acercó sus colores a ese verde. Se trata de Isabel I de Inglaterra, Isabel Clara Eugenia e Isabel II".
Más limpios para producir más
¿Cuándo y cómo cambió esto? Con la Revolución Industrial y los movimientos higienistas del siglo XIX. Según explica Hernández, fue en esa época marcada por la Ilustración cuando la gente volvió a pensar en que quizá sería bueno lavarse y que el poder público debía incentivarlo. "El origen está en Inglaterra, como el de otros muchos movimientos surgidos con la Revolución Industrial. Y aunque acabó teniendo un trasfondo bueno para la población, también tuvo una lectura más perversa. En pleno boom del capitalismo industrial, muchos estamentos apoyaron estas decisiones al llegar a la conclusión de que si se mejoraba la salud pública y la higiene, los obreros faltarían menos al trabajo".
Higienistas como Edwin Chadwick unieron fuerzas con las fuerzas del capital y con el sistema establecido y se pusieron manos a la obra. Se incentivó el lavado, se pidió más control en lo que se comía y se bebía e incluso impulsaron medidas para controlar el sexo y evitar al máximo las enfermedades venéreas. Había que centrarse en producir, y en algo también importante, en una salud que evitaría más movimientos revolucionarios. "Piensa que hablamos de la época de las revoluciones liberales y el inicio de los movimientos obreros. Estos higienistas no eran tontos y vieron rápido que si mejoraban las condiciones del pueblo, este tendría menos ganas de rebelarse", cuenta Hernández.
Foto: Detalle de portada de 'Odorama' (Taurus), de Federico Kukso.
El hedor: ¿cuánto aguantarías en un mundo donde nadie se duchara?
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A España, como todo lo que explotaba en esa época, llegó tarde. Y lo hizo tras la vuelta de un rey que no quedó demasiado bien para la historia, Fernando VII. Con su regreso, llegaron a España las ideas higienistas y figuras como el humanista Pedro Felipe Monlau o el exalcalde de Madrid Francisco Méndez Álvaro. Copiando los modelos franceses e ingleses, impulsaron medidas que unían salud con urbanismo y moral. "Hasta el siglo XIX, éramos una sociedad bastante guarra. Y costó corregirlo en un país mucho menos industrializado que los de su entorno y con un desarrollo mucho más lento. Pero se fue haciendo". Para conseguirlo, tiraron de un clásico, la Iglesia. "Si te das cuenta, muchos conceptos como el decoro, que ha llegado a nuestros días, vienen de esa unión entre la moral y lo puramente sanitario. El decoro es ir bien vestido, pero también ir aseado y limpio. Está claro que aprovecharon también la moral cristiana para conseguir que sus ideas calasen en la sociedad", termina Hernández.
« Última modificación: 26 de Mayo de 2023, 15:00:17 pm por 47ronin »

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #982 en: 26 de Mayo de 2023, 08:02:54 am »

Así era la gigantesca red de prostíbulos públicos que levantaron los Reyes Católicos por sus reinos


En Valencia se alzó uno de los prostíbulos más grandes de toda la Europa medieval que, hacia 1501, contaba con «entre 200 y 300» trabajadoras
Prohibir o regular, el acuerdo imposible sobre la prostitución
Burdel (J. Beuckelaer, 1562)
Burdel (J. Beuckelaer, 1562) ABC
CÉSAR CERVERA


23/05/2023
Actualizado 25/05/2023 a las 17:00h.


En los últimos compases de la campaña de Granada, los Reyes Católicos otorgaron al bravo capitán Alonso Yáñez Fajardo la licencia para establecer prostíbulos en los pueblos conquistados y que se conquistasen de Granada, algo así como el 'putero mayor del reino'. Aquella concesión no era un asunto baladí, sino la guinda a la espectacular red de burdeles públicos que se extendía por territorio cristiano. Desde que San Agustín había reconocido que los prostíbulos eran «un mal menor» en la lucha eterna contra la corrupción de las costumbres y los desórdenes sexuales, los reyes cristianos habían decidido mirar a otra parte por toda Europa.

El objetivo de las mancebías, como se llamaban estos espacios, era intentar acabar con la prostitución callejera o clandestina. En Aragón y Castilla ya existían estos espacios reglados, pero los Reyes Católicos subieron la apuesta fomentando a nivel nacional este modelo de prostitución con el envío de órdenes a los distintos concejos, villas o lugares de la monarquía para la creación de casas y la redacción de ordenanzas.


En Valencia se alzó uno de los prostíbulos más grandes de toda la Europa medieval que, hacia 1501, contaba con «entre 200 y 300» trabajadoras. No era un edificio como tal, sino que estaba formado por varias calles alrededor de las cuales se levantaban diferentes hostales (unos quince en las mejores épocas del lupanar). El flamenco Antonio de Lalaing se asombró con un macroburdel que «es grande como un pueblo pequeño» y elogió su organización: con porteros que controlaban la entrada, médicos pagados por la ciudad para realizar inspecciones semanales a las mujeres y todo tipo de servicios.

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Lo excepcional del caso español era el estrecho celo que se ponía en que las mujeres fueran sometidas a controles sanitarios y a la insistencia de las autoridades religiosas por sermonearlas, aunque fuera de Pascuas a Ramos, para que dejaran aquella mala vida y se entregaran a la oración. En cuaresma, fray Hernando de Talavera solía encerrarse en su palacio con las prostitutas de Granada para agotarlas a homilías.


Fernando e Isabel fomentaron estos burdeles pensando en la salud espiritual de las mujeres, pero también en sus bolsillos. El modelo repercutía en un gran beneficio para los concejos a través de la llamada «renta de la mancebía» o «renta de la putería», que estaba integrada no solo en lo que pagaba a las arcas del concejo el arrendador de la mancebía, sino también por el llamado «derecho de perdices», un antiguo privilegio que cobraban los alguaciles de los distintos lugares del reino por la protección que brindaban a las prostitutas. En Córdoba, directamente los burdeles estaban en terrenos alquilados por la catedral.

Bajo vigilancia y atención médica
Ya en tiempos de Felipe II, se expidieron pragmáticas para que todas las grandes ciudades de Castilla contaran con una «mancebía», especialmente las que se hallaran cerca de un puerto o de una universidad, por ser los marineros y los estudiantes dados a estos centros. Según la ley, la joven que quisiera dedicarse al oficio debía acreditar ante el juez de su barrio ser mayor de doce años, haber perdido la virginidad, ser huérfana y no ser noble. Aun así, el juez trataba de disuadirla de su propósito con una plática moral que, en caso de no surtir efecto, dejaba paso a una autorización por escrito para que ejerciera el oficio más antiguo del mundo.

'La rendición de Granada', por Francisco Pradilla.
'La rendición de Granada', por Francisco Pradilla. ABC
Un médico visitaba el burdel de vez en cuando para certificar que estuvieran sanas, y en caso de encontrar una posible infección se prohibía ejercer el oficio a las afectadas. La prevención contra la sífilis eran prioritaria, como así advierte un pregón general para «la buena gobernación de esta corte» fechado en 1585:

«Otrosí mandan que ninguna mujer enamorada que haya estado, o esté enferma de bubas, si fuese vecina desta Villa no gana en ella ni en la mancebía, so pena de cien azotes, y que para que no fuera vecina ni natural, no gane, y se vaya luego de la Corte, so pena de cien azotes».

Felipe IV, atormentado por su propia mala conciencia y por la nueva moral salida del Concilio de Trento, cerró de golpe estos burdeles y viró las leyes hacia la prohibición

En el periodo de Felipe IV, hombre conocido por su interminable legión de hijos ilegítimos, la cifra sobrepasaba las 800 casas públicas en la noche madrileña, según cifras recogidas por José Deleito y Piñuela en su libro 'La mala vida en la España de Felipe IV'. Sin embargo, este Monarca, atormentado por su propia mala conciencia y por la nueva moral salida del Concilio de Trento, cerró de golpe estos burdeles y viró las leyes hacia la prohibición, las grandes damnificadas fueron otra vez ellas, forzadas a la clandestinidad y a ser recluidas en las llamadas Galeras de Mujeres, «para expiar su culpa y apartarlas del mal».

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«Las infelices que se hacen prostitutas son llevadas a las cárceles, cuando se les antoja a los alguaciles», anotó Goya en uno de sus Caprichos siglos después.

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #983 en: 26 de Mayo de 2023, 18:00:06 pm »
Pues hemos vuelto a los tiempos de Felipe IV, a la prohibición, cuando, curiosamente, los Reyes Católicos, optaron por la regulación, sobre todo sanitaria. . . da qué pensar, eh?. . .

"No hay hechos, sino interpretaciones" Nietzsche

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #984 en: 04 de Junio de 2023, 06:29:11 am »

¿Envenenó Isabel la Católica a su hermano Enrique IV?

 
El programa Los pilares del tiempo accede a la tumba del rey Enrique IV. ¿Qué enigma guarda? #LosPilaresDelTiempo: jueves a las 22:00 horas en La 2 | Todos los programas disponibles -gratis y online- en RTVE Play

01.06.2023
RTVE

El Monasterio de Guadalupe, en Cáceres, ha guardado, y sigue guardando, uno de los enigmas más importantes de la historia de España. Fue uno de los lugares más emblemáticos en la vida de Isabel I de Castilla y en su trayectoria política. Isabel lo frecuentó cuando, siendo aún una joven infanta, vino con su hermano, el rey Enrique IV. Fue tal la importancia que la reina Isabel le dio al Monasterio de Guadalupe, que ordenó que su testamento fuera custodiado por los monjes jerónimos.

Ante la fachada del Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe (Cáceres)
El Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, en Cáceres, era uno de los lugares favoritos de Isabel la Católica. RTVE

“Lo que hoy llamaríamos un animal político, eso era Isabel”
La vida de Isabel estuvo muy marcada por las disputas por el derecho a la corona, que consiguió finalmente, a pesar de ser tercera en la línea de sucesión al trono, por detrás de sus hermanos Enrique y Alfonso.

Enrique IV, murió en 1474 y fue enterrado en Guadalupe, pero nadie conocía el lugar exacto. La momia estaba escondida en el Altar Mayor de la iglesia del monasterio. Fue en 1946, casi cinco siglos después, cuando por azar, se encontró su tumba en una pequeña cavidad tras el retablo. Aparecieron dos ataúdes que contenían las momias del rey Enrique IV y de su madre, María de Aragón.

El médico y escritor Gregorio Marañón, y un equipo de expertos, estudiaron la momia del monarca para intentar despejar dos dudas históricas: la primera, si fue envenenado el rey por orden de Isabel y Fernando como sostenía su hija, Juana de Castilla. La segunda duda, si Enrique IV era el padre biológico de Juana, a la que llamaban la Beltraneja por la sospecha de que era fruto de la relación adúltera entre la reina y el valido del rey, Beltrán de la Cueva.

Accedemos a la tumba del rey Enrique IV
En contadas ocasiones se ha retirado el cuadro del altar mayor. Juana la Beltraneja acusa a Isabel de asesinar al rey Enrique IV.

Accedemos a la tumba de Enrique IV
Enrique IV, murió en 1474 y fue enterrado en Guadalupe, pero nadie conocía el lugar exacto. La momia estaba escondida en el Altar Mayor de la iglesia del monasterio. RTVE

 

María Jesús Fuentes, profesora de Historia Medieval, encontró en una biblioteca de Harvard la copia de un manifiesto firmado por Juana la Beltraneja en el que denuncia las manipulaciones de Isabel y la culpa de envenenar a su padre, el rey Enrique IV.

Recorremos el Archivo de Guadalupe
Recorremos los fondos documentales que guarda el archivo del Monasterio de Guadalupe. RTVE

En este documento Juana la Beltraneja acusa a su tía de ser una mujer codiciosa y soberbia. “Posiblemente fuera solo propaganda política”, apunta la profesora María Jesús Fuentes.

“El arsénico, el veneno que posiblemente mató a Enrique IV”
En el estudio que realizó Gregorio Marañón a la momia de Enrique IV, apuntaba la posibilidad del arsénico como causa de la muerte del rey. Era el veneno más usado en la época. El científico no pudo dar una respuesta certera y continúa este gran enigma histórico.

Descubre la figura de Isabel la Católica y todas las curiosidades que esconde el Monasterio de Guadalupe en el programa Los pilares del tiempo. Lugar clave para la reina en su vida y al que ella consideraba su “paraíso”.

Isabel la Católica fue la primera gran reina de Europa, y su boda con Fernando de Aragón, daría lugar a la unión de las dos coronas más poderosas de la península.


El matrimonio de los Reyes Católicos: cómo y dónde se gestó

El legado de su reinado en forma de patrimonio nos lleva hasta el Palacio que la vió nacer en Madrigal de las Altas Torres, en Ávila. O los Monasterios de Guadalupe y San Juan de los Reyes, donde desplegó su profunda religiosidad. Y por supuesto la Catedral de Granada y su capilla Real, donde descansan los restos de esta reina ambiciosa y oportuna.


Desconectado sergio87

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #985 en: 08 de Junio de 2023, 10:19:07 am »
Yo les venía a informar de esta curiosidad que descubrí el otro día. Pues resulta que se ofrecen regalos solidarios para todos aquellos que quieran hacer un regalo y ayudar a la vez a una causa social. Yo he encontrado estos y la verdad es que me parecen muy interesantes. ¿Alguien se anima?

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #986 en: 13 de Junio de 2023, 06:56:43 am »
Placer, pecado, abusos y prácticas extravagantes: así fue el sexo de la Edad Media


La historiadora Katherine Harvey derriba los mitos en torno a la relaciones sexuales en el Medievo en un libro divertidísimo y lleno de episodios picantes y estremecedores, como curas copulando con el demonio.
13 junio, 2023 02:44

David Barreira  @davidbr94

En el imaginario popular la conexión entre sexo y Edad Media conduce a un escenario marcado por la violencia, la misoginia y la depravación. Lo han fomentado películas como Braveheart y el recurrente —pero falso— derecho que tenían los señores medievales de tomar la virginidad de una novia en su noche de bodas. Otra creencia arraigada es que en esta época todo el mundo estaba reprimido debido a la influencia de la Iglesia, y que los maridos celosos recurrían al cinturón de castidad —otro mito— para que sus esposas no mantuvieran relaciones adúlteras mientras estaban fuera de casa.

Un relato iluminador sobre la sexualidad medieval, sin estereotipos, es lo que presenta la historiadora británica Katherine Harvey en Los fuegos de la lujuria (Ático de los Libros). El ensayo, riquísimo en anécdotas crudas, desternillantes y pornográficas, bebe de la información recogida en una gran cantidad de tratados médicos, leyes y sentencias que constituyen una sugerente inmersión en los secretos de alcoba de Europa occidental entre los años 1100 y 1500, aproximadamente.

El sexo en la Edad Media discurría entre lo simple —se consideraba que lo fundamental era que los hombres llevasen a cabo la penetración y las mujeres la recibiesen— y las aguas pantanosas, entre la reproducción, el placer y el pecado. Harvey indaga en los preceptos morales que gobernaban las relaciones prematrimoniales, cómo se abordaban las violaciones —en el Dijon del siglo XV hubo una epidemia de ataques grupales perpetrada por jóvenes jornaleros e hijos de la burguesía— y los abusos infantiles o los mecanismos para perseguir la homosexualidad, denunciada como sodomía.

Si bien en la narración abundan casos extremos —un arzobispo que tuvo 65 hijos o un cura que murió tras supuestamente masturbarse setenta veces seguidas pensando en una joven—, la autora reconoce que la mayoría de experiencias sexuales medievales deben situarse entre la diversión y la violencia. "La mayoría de los testimonios recogidos corresponden a condenas y escándalos de la vida pública, además de a textos moralizantes contra el pecado. Pero todo apunta a que la mayoría de las parejas transitaban sin mayores sobresaltos del altar a la tumba con una vida sexual seguramente aburrida".

La única postura aprobada por la Iglesia para la reproducción era la del misionero —las otras se creía que podían provocar discapacidades físicas en el feto—. Un manual de conducta alertaba que acostarse con una fémina durante la menstruación podría engendrar "hijos leprosos".

En cuanto al adulterio, en las ciudades eslavas, por ejemplo, la muerte fue el castigo habitual hasta el siglo XV, cuando se sustituyó por el destierro y los castigos corporales. En 1432, la esposa de un sastre fue atada al "caballo", un instrumento de torutura triangular que podía dañar de manera grave los genitales, marcada en el rostro con un hierro candente, azotada y expulsada de la misma ciudad. En otros lugares la consecuencia más habitual para las féminas era la amputación de la nariz.

La falta de intimidad fue una de las principales características de la Edad Media. Había familias enteras que vivían en una sola habitación, y de ahí que los juicios por adulterio estén llenos de testigos. Masturbarse estaba peor visto que mantener relaciones sexuales con una madre o una hermana. El sexo oral apenas se practicaba. "Es posible que esto pareciera repugnante en especial para una sociedad que asociaba la parte superior del cuerpo con Dios y la moralidad, y la inferior, con la suciedad y el pecado; poner la boca en contacto directo con los genitales era mancillar un órgano hecho para cosas mejores", escribe Harvey.

En el apartado de métodos extravagantes, algunas fuentes sugerían que el hombre debía untarse el pene con ungüentos o incluso pimientos masticados para provocar en la mujer un "increíble deleite". Para recuperar la virginidad perdida, ellas debían colocarse sanguijuelas o intestinos de paloma en la vagina. Durante las epidemias que asolaron Europa los siglos XIV y XV, los médicos advirtieron que un exceso de sexo abría los poros e incrementaba la vulnerabilidad de los hombres.

La transgresión máxima consistía en mantener relaciones sexuales con el demonio. En el siglo XII un clérigo relató el caso de un joven monje que había perdido su virginidad a manos de uno de estos seres: cada vez que intentaba rezar, "un espíritu maligno se le acercaba, ponía sus manos sobre sus órganos genitales y no dejaba de frotar su cuerpo con el suyo hasta que se agitaba tanto que se contaminaba con una emisión de semen".

Pero probablemente el episodio más exagerado del libro —todo el rato sobrevuela la pregunta de qué es verosímil y qué no— es el de Simón, un artesano de Venecia acusado de tener acceso carnal con su cabra. En el juicio alegó que "no había podido mantener relaciones sexuales con una mujer ni masturbarse durante más de tres años debido a un accidente". Un equipo de médicos y cirujanos lo examinaron y comprobaron que era capaz de tener una erección, pero "tenía un defecto en los testículos que le dejaba poca sensibilidad y, en consecuencia, no podía emitir esperma ni curarse". Incluso se llamó a dos prostitutas para que "realizaran numerosos experimentos" con el fin de probar la defensa del hombre. ¿El fallo? Fue calificado de sodomita pero se salvó de la pena de muerte. A cambio, lo marcaron, golpearon y le cortaron una mano.

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #987 en: 14 de Junio de 2023, 06:59:32 am »
Desodorantes del medievo: técnicas de higiene que (por suerte) quedaron en el pasado


Cuando no había tantos productos comercializados en torno a la higiene, la gente utilizaba el ingenio y echaba mano de lo que podía. Poco a poco, la industria fue acercándose a esta tarea con ingredientes bastante peligrosos

Por C. Macías
14/06/2023 - 05:00
Si algo ha podido trazar las formas en que la humanidad se ha observado a sí misma es la higiene. Unos cuantos gestos que se repiten a diario, casi como si vinieran incrustados en nuestro cerebro, recorren la historia social hasta sus comienzos, pero son tan mecánicos como mutantes: lavarse las manos es como un acto reflejo y ya lo era hace siglos, pero nada tiene que ver el lavado de manos de entonces al de ahora, por ejemplo. De lo personal a lo político, el aseo, con sus rutinas, es en sí mismo una narrativa que funciona como espejo, ese al que nos miramos para concretar que estemos listos para asomar al mundo, que el proceso de preparación para ello haya merecido la pena: cómo oler, cómo colocar el pelo, cómo presentar las uñas, o los dientes, o cualquier parte, en realidad, de un cuerpo que se entiende al fin y al cabo como escaparate de nosotros mismos.

En esa narrativa, algunos momentos de nuestra historia se presentan con epitafios bastante desfavorables a su imagen. Pensamos, así, en la Edad Media en términos de una suciedad que parecía impregnarlo todo entonces. Al siglo XIX, sin embargo, lo entendemos más bien desde la extrañeza de una pulcritud peligrosa, pero solo porque hoy tenemos constancia de ese peligro. Los mitos funcionan también a través del concepto de higiene. Quizás, de hecho, existan porque el propio concepto de la higiene cambia, y es lógico que lo haga. Más allá de ellos, y tampoco hay que irse muy lejos en el tiempo, algunas formas de conseguir esa sensación de limpieza propia que alguna vez tuvieron nuestros antepasados y antepasadas son, cuanto menos, curiosas.

Flores, flores… Que es lo único que tenemos

Hubo una vez en la que el desodorante no existía. Pero eso no quiere decir que la idea de controlar el olor corporal tampoco. Antes de que unos pocos productos se fabricaran y se estandarizaran para esta tarea, las personas echaban mano de lo que tenían. ¿Y qué hay a nuestro alrededor que huela bien de manera natural? Claro, las flores.

Llevar un ramito de flores encima, o un pequeño manojo hierbas te sacaba del paso. Lo cierto es que parece que tampoco lo hicieron tan mal si tenemos en cuenta que ahora cada vez más productos para el sudor tienden a reducir los ingredientes químicos de su composición en busca de "lo natural". En la mano, en el bolsillo, enganchados en la ropa con un alfiler… o simplemente atados a la muñeca, estos ramilletes eran un perfume agradable y gratis (no es poco), que al menos durante un rato enmascaraban olores. Poco a poco, las mujeres con mucho dinero podían comprar perfume o colonia, sin embargo, era más barato comprar un poco de polvo perfumado, que también funcionaba para absorber la humedad. Para el caso de los hombres, el aroma más común era el ron de laurel, un olor único que la mayoría de la gente nunca ha llegado a disfrutar (aunque todavía lo hacen). El ron infundido con especias y perfumes fue inventado exactamente con el propósito de enmascarar el olor corporal de los marineros en el siglo XVI.

Mejunjes para los dientes

Se cree que la primera pasta de dientes fue creada por los antiguos egipcios entre el 3.000 y el 5.000 a.n.e. Ya por entonces tenían en cuenta la higiene bucal, pero claro, aquella pasta era literalmente una pasta hecha de polvo de pezuñas de buey, cáscaras de huevo y otros ingredientes mezclados con agua.
placeholderTarros de las primeras pastas de dientes comercializadas. (Wikimedia)
Tarros de las primeras pastas de dientes comercializadas. (Wikimedia)
Las versiones griega y romana tampoco mejoraron mucho. Para la primera usaron conchas de ostra trituradas, y para la segunda se cree que usaron sesos de ratón en puré. Ya en la Edad Media, la pasta de dientes se hacía con hierbas y especias (para que luego digan), es decir, al menos empezó a ser un poco más apetecible, pero la pasta de dientes con menta fresca, tal como la conocemos, no apareció hasta mediados de la década de 1870.

Detrás de los peinados imposibles

De aquellos años, también conocidos como la época victoriana, tampoco hace tanto, pero en términos de aseo el siglo XX y su aceleración de la industria nos sitúa lejos. Si de media hoy nos lavamos el pelo al menos un par de veces a la semana, hace poco más de un siglo lo hacían mucho menos. Y si hablamos del pelo hablamos, inevitablemente, de la construcción sistémica de la imagen femenina. El pelo era uno de los símbolos de la feminidad, cuanto más largo, mejor. Para que aguantara, las mujeres la lavaban solo de tanto en tanto Los peinados de las mujeres eran entonces elaborados. Por supuesto, esos rodetes y esos volúmenes tenían truco: con un hábito de lavado solo semanal o, incluso, mensualmente. El pelo era uno de los símbolos de la feminidad escrita por los hombres, el encanto suprema. Por lo tanto, cuanto más largo, mejor. Pero en el día a día, cualquiera aguanta tanta melena, es por eso que ideaban todo tipo de recogidos que permitieran mantenerlo saludable o, bueno, eso creían.

Algunos libros sobre higiene y belleza de finales del siglo XIX sugerían que las personas con cabello graso debían lavarse el cabello cada dos semanas más o menos y las personas con cabello normal una vez al mes. Además, el champú tampoco era todavía común, así que la gente usaba jabón para todo. Otra fórmula era amoníaco primero y aceites después. Nada bueno podría salir de ahí… Décadas más tarde, ya en los años 20, los peinados de moda tampoco permitieron a las mujeres pensar en un cuidado más acertado del cuero cabelludo: llegaron las tenacillas, pero no las que existen hoy, sino varillas redondas de hierro con mangos de madera que calentaban directamente sobre brasas antes de liar el pelo en ellas. Ya te puedes imaginar.

Depilación con rayos X

Pero el de la cabeza no era el único pelo a tener en cuenta. El vello corporal, en general, parecía complicar la salud pública a principios del siglo XX. Eliminarlo ayudaba a evitar infectarse de piojos y otros parásitos, especialmente para aquellos que vivían en lugares cerrados y que tenían acceso limitado a un baño diario. Por ello, "afeitarse bien" se entendió como principio de higiene básica. Cuando fabricaron las primeras maquinillas, las comercializaron vinculándolas con un aumento en el atractivo, la masculinidad o la feminidad No obstante, las preocupaciones sobre la apariencia personal también jugaban un papel fundamental para que esta práctica se normalizara. Las mismas preocupaciones que se han utilizado con frecuencia a lo largo de la historia para crear y reforzar la identidad y las normas de género. Cuando empezaron a fabricar las primeras maquinillas, las empresas las comercializaron vinculando el uso del producto con un aumento en el atractivo, la masculinidad o la feminidad. ¿Y si una maquinilla no era suficiente? Ya estaban los rayos X para eliminar el vello corporal del todo. El único problema de este tratamiento de depilación era que muchos pacientes acababan con cáncer.

El betún, puro veneno

Aunque no esté directamente relacionado con la higiene del cuerpo, el betún no podía quedarse fuera de esta lista. A principios del siglo XX, la mayoría de los betunes para zapatos se fabricaban con un ingrediente llamado nitrobenceno. Aquello permitía que los zapatos fueran más brillantes, señal de limpieza, pero resulta que también podía hacer que te desmayaras si inhalabas sus toxinas. Por si los desmayos frecuentes no fueran suficientemente peligrosos, también se mezclaba nitrobenceno con alcohol: la muerte asegurada. Incluso el betún para zapatos moderno que usamos hoy puede ser mortal si se ingiere en grandes cantidades.

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« Respuesta #988 en: 17 de Junio de 2023, 07:10:28 am »

La colonización europea de América mató a tantos que enfrió el clima de la Tierra


Historia de dw.com • Ayer a las 21:36

Una investigación reveló la magnitud de los trastornos que siguieron al "descubrimiento" de América por Colón en 1492.

En los 100 años que siguieron a la llegada de los europeos a finales del siglo XV, la población indígena de América se redujo de 60 millones a solo 6 millones, debido a oleadas de epidemias, guerras y hambrunas. Y las consecuencias de la colonización fueron tan profundas –lo que se conoce como la "Gran Mortandad"– que transformaron el medio ambiente y provocaron el enfriamiento del clima de la Tierra, según una investigación de 2019 publicada en Quaternary Science Reviews.

En concreto, el equipo de científicos encargado del estudio, del University College de Londres (Reino Unido), afirmó que las perturbaciones que siguieron a la colonización europea provocaron que una enorme franja de tierras agrícolas abandonadas fuera reclamada por árboles y otra vegetación de rápido crecimiento. Esto arrastró suficiente dióxido de carbono (CO₂) a la atmósfera como para enfriar el planeta –la temperatura media descendió 0,15 °C a finales del siglo XVI y principios del XVII–, contribuyendo a lo que se conoce como la Pequeña Edad de Hielo, un periodo entre 1300 y 1870 aproximadamente en el que los inviernos en Europa congelaban el Támesis en Londres.

"La Gran Mortandad de los pueblos indígenas de las Américas provocó el abandono de una cantidad suficiente de tierras desbrozadas como para que la absorción de carbono terrestre resultante tuviera un impacto detectable tanto en el CO2 atmosférico como en las temperaturas globales del aire en superficie", afirma el autor principal del estudio, el doctorando Alexander Koch (Geografía de la UCL).

"Gran Mortandad": descenso de los niveles de CO2

La estimación del equipo del University College de Londres de que la población nativa americana en 1492 d.C. era de 60,5 millones se basó en registros históricos como el tamaño de los ejércitos, datos censales y hallazgos arqueológicos. Calcularon que, durante el siglo siguiente, los agentes patógenos recién introducidos acabaron con el 90 % de la población.

En cuanto a la franja de tierras agrícolas abandonadas, según los cálculos del equipo, 56 millones de hectáreas quedaron en desuso en ese tiempo.

En el registro de los núcleos de hielo de la Antártida –las burbujas de aire atrapadas en estas muestras congeladas muestran un descenso en su concentración de dióxido de carbono–, los investigadores observaron un descenso del CO2 en la época de la Pequeña Edad de Hielo. El equipo cree que las tierras en desuso podrían explicar el descenso de los niveles de CO2 entre 7 y 10 partes por millón (ppm).

El equipo afirma que la perturbación que siguió a la colonización europea hizo que una enorme franja de tierras agrícolas abandonadas fuera reclamada por árboles.

"Lo que se desprende de este estudio es la magnitud de lo que se necesita para mitigar el cambio climático. La Gran Mortandad hizo que se reforestara una superficie del tamaño de Francia y eso solo nos dio unas pocas ppm. Esto demuestra que la reforestación puede ayudar a atajar el futuro cambio climático, pero solo hasta cierto punto", dijo el Dr. Chris Brierley (Geografía UCL), coautor del estudio. "Ese tipo de reducción equivale quizá a solo dos años de emisiones de combustibles fósiles al ritmo actual", agregó

"Para ponerlo en el contexto moderno, básicamente quemamos (combustibles fósiles) y producimos unas 3 ppm al año. Por tanto, estamos hablando de una gran cantidad de carbono que se absorbe de la atmósfera", declaró, por su parte, a la BBC el profesor Mark Maslin, coautor del estudio.

Colapso de la población indígena

Según explicó a BBC Ed Hawkins, profesor de climatología de la Universidad de Reading, que no participó en el estudio, los científicos han entendido convencionalmente que la llamada Pequeña Edad de Hielo fue causada por varios factores, como un descenso de los niveles atmosféricos de dióxido de carbono, grandes erupciones volcánicas, cambios en el uso de la tierra y una disminución temporal de la actividad solar.

Pero el estudio, agrega Hawkins, demuestra que el descenso del CO2 se debe, en parte, al asentamiento de las Américas y el consiguiente colapso de la población indígena. Esto, asegura, permitió el rebrote de la vegetación natural y demuestra que las actividades humanas afectaron al clima mucho antes de que comenzara la revolución industrial.

"En esa época (1500/1600) se produce un enfriamiento acusado que se denomina Pequeña Edad de Hielo, y lo interesante es que podemos ver que los procesos naturales dan un poco de enfriamiento, pero en realidad para conseguir el enfriamiento completo –el doble de los procesos naturales– hay que tener esta caída de CO2 generada por el genocidio", dijo, por su parte, Maslin.

Editado por Felipe Espinosa Wang.

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #990 en: 27 de Junio de 2023, 07:00:44 am »
¿Por qué las jóvenes ya no hacen toples?

Ayer a las 15:41


Descuelga el teléfono mientras va en coche -no conduce ella- y la cobertura a veces falla. Es verano y está de vacaciones, pero no solo responde, sino que lo hace con amabilidad. "Estamos acostumbradas a que nos busquen por estas fechas; el nuestro es un tema muy de verano”, bromea Mariona Trabal, cofundadora de Mugrons Lliures, plataforma creada hace unos años en L’Ametlla del Vallès para denunciar la prohibición del toples en las piscinas municipales. Su lucha, basada en evidenciar lo machista de no permitir a los mujeres lo que sí se permitía a los hombres: enseñar el pecho, llevó al ayuntamiento de su localidad a organizar una consulta sobre la normativa. Venció el sí. “Ganamos, pero cada verano voy a la piscina y soy la única que hace toples”, reflexiona la activista de 69 años. Subraya que empezaron luchando por las piscinas públicas porque “las playas ya estaban ganadas”.

El objetivo de la llamada es precisamente hablar sobre ese derecho ganado pero poco ejercido y los motivos que hay detrás. “Yo voy poco a la playa, pero tengo conocidas que me dicen eso, sí. ‘Vosotras batalláis por las piscinas, pero en las playas, que se puede, cada vez se hace menos'”, afirma Trabal, a quien no le preocupa tanto que las chicas de 14 años no hagan toples - “siempre ha sido así, a esa edad”-, sino que no lo hagan las de 24.

De taparse a casarse

A ojos de Trabal, ese retroceso en la práctica del toples en las playas en las mujeres veinteañeras se enmarcaría en una tendencia hacia el conservadurismo que, obviamente, va más allá de cómo toman el sol. “Es lo mismo con las chicas jóvenes que se casan organizando grandes bodas”, ejemplifica la fundadora de Mugrons Lliures, cuya gran victoria fue lograr que el Ayuntamiento de Barcelona permitiera el toples en sus equipamientos municipales y quien tiene claro que seguirán luchando hasta que este derecho lo tengan todas las catalanas, vivan en el municipio en el que vivan y decidan ejercerlo o no.

Uno de los motivos que algunas chicas citan cuando se paran a pensar sobre por qué no hacen toples -la realidad en gran parte de las playas textiles catalanas en los últimos años es que esta no es una práctica generalizada entre las jóvenes- es la violencia tecnológica, fenómeno que esta generación tiene mucho más interiorizado que sus madres, tías o hermanas mayores.

Pérdida de libertades

La investigadora especializada en seguridad en internet Gemma Galdón pone sobre la mesa una idea inquietante: “Por primera vez en la historia olvidar es más difícil que recordar”. “La gente joven es mucho más consciente del descontrol del registro digital. Existe un salto cualitativo importante. Las imágenes que nos pueden tomar en toples en la playa pueden circular de una forma que no controlamos”, apunta la socióloga, convencida de que ante la pérdida de privacidad que hemos sufrido en los últimos años, lo que hace la gente es autoprotegerse y eso pasa por perder libertades. “Cómo no puedes controlar los dispositivos, te controlas a ti”, resume Galdón, lamentando que eso pase por dejar de ejercer derechos.

“Hemos desarrollado las tecnologías sin pensar en sus impactos”, concluye la experta en seguridad.

Miedo al acoso

Más allá del terreno digital, algunas chicas apuntan también otra cuestión importante: el temor a ser agredidas. Laura García, universitaria barcelonesa de 23 años, opina que hay jóvenes que no hacen toples en la playa por miedo a ser acosadas, “sobre todo por hombres”. “Que te miren mucho, que te molesten, que te griten algo…”, expone la joven. García destaca el hecho de que a su generación la han “bombardeado” con imágenes sobre qué tipo de mujeres pueden enseñar su cuerpo “y es cierto que muchas chicas de mi edad no lo muestran por pura inseguridad”.

"El toples fue una gran conquista, pero la libertad pasa por mostrar lo que se quiera. Ahora se lleva enseñar los glúteos", señala Charo Mora, experta en moda

La actriz y activista por la liberación corporal Júlia Barceló, a punto de publicar el libro 'Operació biquini', apunta en varias direcciones. Por un lado, recuerda que las playas nunca han sido lugares seguros: “¿Cuántas veces hemos escuchado a mujeres explicar que un hombre se les ha acercado en la playa a masturbarse o les han hecho fotos…?”. Hecho ese apunte inicial, Barceló se muestra optimista. No cree que las mujeres jóvenes estén más avergonzadas de sus cuerpos por culpa de Instagram, aunque sí está convencida de la violencia estética ejercida por la industria del porno, en el que prácticamente todos los pechos que aparecen son operados. “No es una línea recta. La presión estética existe y existirá”, concluye la actriz subrayando además que esa presión es infinitamente mayor en las playas textiles que en las nudistas, ya que los colectivos nudistas han hecho un gran trabajo en la defensa de que todos los cuerpos pueden ir a la playa.

Fractura generacional

También se muestra optimista la antropóloga feminista Livia Motterle, quien tampoco interpreta el retroceso del toples como un giro conservador de las nuevas generaciones. Motterle habla de una fractura generacional. “Para las madres o hasta las abuelas de estas chicas, hacer toples era una forma de transgredir, pero cuando algo provocador se convierte en moda y se naturaliza deja de ser un escándalo”, argumenta la antropóloga. Insiste también que el toples no es un hecho aislado. “Formó parte de un proceso feminista de liberación en los 70, cuyo resultado fue que sea una práctica permitida. Una vez se llegó a eso la lucha feminista puso la atención y la fuerza en otros temas”, añade.

No es una línea recta. La presión estética existe y existirá

En la misma línea que Motterle, la especialista en cultura de la moda Charo Mora parte de la premisa de que la moda es “un reflejo de la realidad”. Argumenta que no se puede leer el hecho de no hacer toples como un retroceso en la liberación de las mujeres exponiendo otra evidencia: “No enseñan los pechos, pero sí los glúteos”. “La moda ha ido evolucionando. En los años 80 el toples era una práctica prácticamente generalizada. Era la primera vez en la historia occidental que de una forma masiva la mujer podía optar por mostrar el cuerpo casi totalmente. Una de las grandes conquistas de las mujeres en el siglo XX fue el derecho exhibir su cuerpo y el toples se vivió casi como una epifanía”, explica la investigadora, convencida de que nunca es solo una cuestión estética, es también ideológica y moral. Pero los años 80 quedan ya muy lejos. "El toples es algo que ya no interesa a las chicas más jóvenes", concluye Mora quien, además, en la línea de lo apuntado por Galdón, tiene claro que las nuevas generaciones son mucho más conscientes de los peligros tecnológicos de mostrar sus cuerpos en lugares no seguros. 

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #991 en: 18 de Julio de 2023, 13:41:17 pm »

Macabro hallazgo: matar a recién nacidos en Europa hace 400 años era más común de lo que se pensaba


Una investigación sugiere que el 'aborto posparto' podría haberse dado hasta en un tercio del total de niños nacidos vivos y que no era delito.
17 julio, 2023 10:41
 EUROPA HISTORIA INFANCIA INVESTIGACIÓN
   
 
Fernando Díaz de Quijano  @FDQuijano
El infanticidio "rutinario" de recién nacidos por parte de padres casados en la Europa moderna temprana fue una práctica mucho más extendida de lo que se pensaba anteriormente, según una nueva investigación académica.

Este hallazgo se encuentra en el libro Death Control in the West 1500–1800: Sex Ratios at Baptism in Italy, France and England (Control de la muerte en Occidente 1500-1800: proporciones de sexo en el bautismo en Italia, Francia e Inglaterra), escrito por el profesor Gregory Hanlon y otros investigadores y publicado en inglés por la editorial Taylor & Francis.

Este historiador del comportamiento, formado en Francia y especializado en la historia de la Europa moderna temprana, explica: "En la mayoría de los casos, el infanticidio era un delito que no dejaba a ninguna parte agraviada buscando venganza si se cometía de inmediato. Podía pasarse por alto y olvidarse con el paso del tiempo".

Infanticidio generalizado
Hanlon, que es Profesor Distinguido de Investigación en la Universidad de Dalhousie en Canadá, llama la atención sobre el alcance limitado de la investigación existente hasta ahora, que nunca se ha centrado en las proporciones de sexo de los bebés llevados al bautismo dentro de horas o días después de su nacimiento.

Estos registros revelan aumentos sorprendentes en el número de bautismos masculinos después de las hambrunas o enfermedades.

Las víctimas podrían haber constituido hasta un tercio del número total de nacimientos vivos, en la ciudad y el campo, entre católicos y protestantes, según el estudio.

Hanlon señala: "Los historiadores en Occidente se han basado casi exclusivamente en registros de juicios penales en los que madres solteras o mujeres casadas que llevaban hijos no engendrados por sus esposos ocultaban sus embarazos y mataban a sus recién nacidos solas o con cómplices femeninas. Las madres casadas infanticidas pueden haber sido cien veces más numerosas".

La investigación de Hanlon sugiere que en la Toscana rural en el apogeo del infanticidio, las víctimas podrían haber constituido hasta un tercio del número total de nacimientos vivos.

Utilizando registros bautismales y censos eclesiásticos de decenas de parroquias en Italia, Francia e Inglaterra, Hanlon muestra patrones similares de infanticidio tanto en la ciudad como en el campo, tanto para católicos como para calvinistas y anglicanos.

En la Toscana rural del siglo XVII en Italia, Hanlon sugiere que los padres parecían estar dispuestos a sacrificar a un niño si era gemelo, optando por quedarse solo con uno de los recién nacidos. En la ciudad italiana del norte de Parma, Laura Hynes Jenkins encontró que los padres de clase trabajadora preferían las niñas en lugar de los niños.

El colaborador Dominic J. Rossi encuentra un claro patrón de preferencia por las niñas en la ciudad francesa de Villeneuve-sur-Lot después de 1650.

Rossi, uno de los cinco exalumnos que contribuye al libro, plantea la idea de que "las familias de estatus inferior querrían casar a sus hijas al mismo tiempo que las condiciones económicas les permitieran hacer planes a largo plazo para el movimiento social".

Mientras tanto, Evan Johnson, otro colaborador, encuentra evidencia para demostrar que los padres de clase alta en Mézin rural mostraban una clara preferencia por mantener a los recién nacidos varones.

Así actuaba la justicia

El libro de Hanlon y sus colaboradores arroja luz sobre los muchos bebés cuya existencia no fue registrada y cuyas muertes quedaron impunes.

Hanlon llama la atención sobre las medidas punitivas laxas tomadas por los delitos de infanticidio y señala: "Los tribunales actuaban casi exclusivamente contra las madres solteras, pero solo si mataban deliberadamente al recién nacido. El simple abandono no era un delito comparable".

Los roles del Estado y del sistema de justicia penal se examinan rigurosamente en el estudio, junto con las realidades de la pobreza y las estructuras de clase social. El libro establece paralelismos entre las historias de infanticidio y las discusiones actuales sobre los derechos reproductivos.

"El infanticidio es asesinato, por supuesto, pero la gente no consideraba este asesinato como un delito", explica Hanlon, quien dice que "la mayoría de las personas podían vivir con ello como un hecho desagradable de la vida".

Como señala la editorial, Hanlon y sus colaboradores invitan a los lectores a enfrentarse al infanticidio como objeto de estudio más allá de un enfoque moralista, para comprender las ramificaciones de esta práctica social en nuestros tiempos actuales

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #992 en: 26 de Julio de 2023, 07:15:26 am »
Los falsos mitos que rodean la figura de Cleopatra, una 'femme fatale' que nunca lo fue


La faraona más famosa también es uno de los personajes históricos más desconocidos, debido en gran medida a que la mayor parte de su vida la escribieron sus enemigos
Por E. Zamorano
26/07/2023 - 05:00

Se trata de una de las mujeres más famosas de toda la historia. Si todavía se habla de ella, pese a haber habitado en un mundo muy antiguo (del 69 al 30 a. C.), es por algo: fue la última reina de la dinastía ptolemaica, que emergió con el mismísimo Alejandro Magno, y gobernó Egipto durante 22 años trayendo riqueza como nunca se había visto. Se cree que su poder e influencia se lo ganó gracias a sus dotes para seducir a los hombres, lo cual no es cierto, ya que la mayoría de sus crónicas históricas fueron redactadas por sus enemigos. Por eso mismo, hay un aura de misterio que rodea siempre a su figura. Los escritores árabes la tienen como una erudita, como menciona la historiadora Mary Hamer en un artículo de la BBC, y si asociamos otras dotes o atributos a su figura es por la propaganda negativa que posteriormente hicieron de ella. Al final, al ser históricamente una de las mayores enemigas del Imperio Romano al casarse con dos grandes generales (Marco Antonio y Julio César), ha perdurado en el inconsciente colectivo occidental la idea de "femme fatale" sobre su figura. "Conversar con ella tenía un encanto irresistible, y su presencia, y su forma de comportarse con los demás tenía algo de excitante" Algunas historiadoras, de hecho, no la consideraban ni bella. Prudence Jones, profesora de historia de la Universidad Estatal de Montclair y autora de un nuevo libro sobre su historia, ha hablado con el medio How Stuff Works para desmentir algunos de los grandes mitos que vienen asociados a ella y son remotamente falsos. En primer lugar, lo más básico y que está demostrado a pesar de que en ocasiones lleve a la confusión: Cleopatra no era egipcia. Era la última de una larga lista de reyes y reinas griegos macedonios que gobernaron Egipto tras la conquista de Alejandro Magno hace 300 años.

Fue después de la muerte de dicho conquistador cuando su general, Ptolomeo I, fue coronado como rey, empezando a gobernar el territorio desde la capital helenística de Alejandría. Cleopatra no era egipcia según la etnia, pero sí que se apropió de algunos de los símbolos culturales y religiosos de antaño, como la diosa Isis. Ah, y fue la primera de toda su dinastía que hablaba la lengua egipcia de verdad.

No era bella, sino muy inteligente

Como decíamos anteriormente, sus enemigos hablaron muy mal de ella, considerándola una especie de femme fatale que hechizó a hombres de renombre como Julio César y Marco Antonio valiéndose de su atractivo físico. Plutarco, uno de los más grandes historiadores romanos, dijo de ella que su apariencia "no era tan perfecta como para impresionar tanto a quienes la veían", según apunta Jones. "Cleopatra era muy consciente de que para que Egipto siguiera siendo independiente necesitaba un poderoso protector" "Conversar con ella tenía un encanto irresistible, y su presencia, combinada con el carácter persuasivo de su discurso y su forma de comportarse con los demás, tenía algo de excitante", escribió Plutarco. Vamos, que no es que fuera bella, sino muy inteligente y, encima, dominaba las artes del flirteo. "Había dulzura en su tono de voz y su lengua parecía un instrumento de cuerda, podía hablar cualquier idioma que quisiera, de modo que cuando se entrevistaba con los bárbaros no necesitaba intérprete". Además del griego y el egipcio, Cleopatra dominaba al menos otros seis idiomas. Podemos hacernos una idea solo con eso de su enorme bagaje cultural y habilidades cognitivas. "Cleopatra era famosa por su intelecto, a diferencia de Marco Antonio, que dominaba el arte militar", apunta Jones.

No lo llames amor, llámalo interés

Cuando Cleopatra subió al trono, con tan solo 18 años, heredó un reino en decadencia debido a que Roma era la potencia ascendente y amenazaba con conquistar Egipto. Por aquel entonces, era muy común que los distintos reyes formalizaran alianzas a partir del matrimonio, de ahí que Cleopatra debió pensar que no había mejor forma de evitar el ascenso imparable de Roma que casándose con su mayor general, Julio César. Por ello, para mantener la independencia política de Egipto y seguir en el trono, selló la alianza con el gobernador romano y tuvieron un hijo al que llamaron Cesarión ("Pequeño César").

La relación posterior que tuvo con Marco Antonio (el segundo al mando después de Julio César) se entiende como una aventura amorosa debido a la famosa obra de teatro Antonio y Cleopatra de William Shakespeare, pero según Jones esta infidelidad también tuvo un propósito político muy claro. "Cleopatra era muy consciente de que para que Egipto siguiera siendo independiente necesitaba un poderoso protector", recalca la historiadora. Tras el asesinato del César, Roma cayó en un vacío de poder con dos candidatos al trono: Octavio, el heredero legítimo y sobrino, y Antonio, el ambicioso político y general. Ambos disputaron una guerra civil en la que Octavio era claro ganador al recibir el apoyo financiero del Senado. Entonces, Cleopatra vio un filón y ayudó financieramente a Marco Antonio para que disputara el poder de Roma contra Octavio. "Marco Antonio necesitaba dinero y Cleopatra era la mujer más rica del mundo. A cambio, se convirtió en su aliado y defensor de Egipto contra la invasión romana y le dio tres herederos más", sostiene Jones.

Su muerte no está clara

En cuanto a su muerte, Plutarco cuenta que Marco Antonio y Cleopatra se suicidaron tras ver que iban a perder la guerra contra Octavio, que es precisamente el final que escogió Shakespeare para su obra. Según el escritor griego, el esposo cree que Cleopatra ha fallecido tras una derrota en una batalla naval contra Octavio. Al parecer, cae accidentalmente sobre su espada y finalmente muere en los brazos de su mujer a causa de la herida. Entonces, Cleopatra ve venir su final, un final muy doloroso y vergonzante, ya que desfilaría por todas las calles de Roma como prisionera de guerra. Por ello, hace pasar a sus aposentos mediante el contrabando una serpiente venenosa que recoge entre sus brazos para que la pique.

Esta versión de su final no es cierta o incluso el mismísimo Plutarco, después de narrarla, duda de que Cleopatra muriera así. "Nadie sabe la verdad del asunto, porque también se dijo que llevaba veneno en un peine hueco que ocultaba en su cabello", admite. Los eruditos modernos, concluye Jones, sostienen que el veneno habría sido una vía rápida y simple de morir, aunque no está confirmado que muriera por esta razón. Tras la muerte de Cleopatra, Egipto se convirtió en provincia del Imperio Romano y Octavio fue nombrado emperador. Toda una tragedia griega sobre la que a día de hoy existen muchas lagunas.

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #993 en: 27 de Julio de 2023, 07:40:26 am »
Quizás lo pidió el muerto antes de fallecer, no sé.

https://twitter.com/LorenzoCaballer/status/1684089611985862656

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #995 en: 16 de Agosto de 2023, 09:06:45 am »


EN EL SIGLO X

Historias de papas: Formoso, exhumado para llevarlo a juicio, condenado y sentenciado al olvido


Fue llevado ante el tribunal con sus ornamentos sagrados, la mitra papal sobre la cabeza casi esquelética donde los gusanos pululaban en las vacías cuencas
Foto: Jean-Paul Laurens, "El papa Formoso y Esteban VI" (1870). (Museo de Bellas Artes de Nantes)
Jean-Paul Laurens, "El papa Formoso y Esteban VI" (1870). (Museo de Bellas Artes de Nantes)
Por Paola Emanuet
15/08/2023 - 13:05
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Nueve meses después de su muerte, el cadáver del papa Formoso fue exhumado, vestido con los atuendos papales y amarrado a una silla para un juicio eclesiástico póstumo celebrado en la Basílica de San Juan de Letrán de Roma. Se cuenta que el cadáver tenía las cuencas de los ojos vacías y partes del rostro descarnada. "Un hedor terrible emanaba de los restos cadavéricos. A pesar de todo ello, se le llevó ante el Tribunal, revestido de sus ornamentos sagrados, con la mitra papal sobre la cabeza casi esqueletizada donde en las vacías cuencas pululaban los gusanos destructores, los trabajadores de la muerte", según se describe en el Concilio Romano del 898.
En el año 891, durante el Siglo Oscuro de la Iglesia y tras la muerte de Guido III de Spoleto, Formoso tomó el pontificio convirtiéndose en el 111º papa. Nombrado obispo de Oporto bajo el mandato del papa Nicolás I, uno de los papas más importantes de la Edad Media ya que comenzó a afianzar la doctrina que defendía que el poder espiritual de Roma, encarnado en la figura del papa, se encontraba por encima de cualquier otro poder incluido el civil representado por el emperador. Formoso fue conocido por ser un gran evangelizador, recto y austero, que, a pesar de haber sido mencionado como un "obispo de gran santidad y ejemplares costumbres" en la biografía de Nicolás I, no supo desvincularse de los conflictos de poder político de la época. Le amputaron los tres dedos de la mano derecha con los que había impartido bendiciones Para esos años, el papado estaba bajo el dominio de los duques de Spoleto, una familia italiana tan poderosa que con su influencia pudieron poner a varios papas según su conveniencia. El Emperador Guido de Spoleto intentó coaccionar al pontífice para consagrar a su hijo Lamberto como próximo monarca; sin embargo, Formoso no le veía un buen cristiano por múltiples ofensas a la iglesia y se negó a dicha petición.
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 En busca de ayuda para derrocar a la poderosa familia romana y sus tentáculos de poder, el papa acudió al rey de la Francia Oriental, Arnulfo de Carintia. Así, nada más fallecer el emperador Guido, las tropas de Arnulfo se adentraron hasta Roma atravesando los Alpes y expulsaron a los Spoleto. En agradecimiento, Formoso coronó a Arnulfo emperador en la basílica de San Pedro.
placeholderOtra ilustración del macabro juicio
Otra ilustración del macabro juicio
Lamberto se enemistó de por vida con Formoso por sus actividades papales y resentido buscaría la venganza hasta después de muerto. Con Arnulfo en el poder, solo quedaba que este conquistase la parte del Imperio Occidental de las manos de Lamberto, cosa que no hizo falta pues cayó en una parálisis que le impidió continuar con su trabajo y se retiró de Italia dejando a sus dos peores enemigos gobernar. El papa Formoso falleció en abril del año 896 envenenado, según la leyenda. Tras su muerte adquirió el pontificio Bonifacio VI quien solo dos semanas después murió. Los registros oficiales enumeran su causa de muerte como gota, que es un tipo de artritis que causa dolor e inflamación severos, aunque se cree que fue asesinado por miembros del Ducado de Spoleto. Fue sucedido por el arzobispo de Anagni, Esteban VI, quien, por influencia de Lamberto de Spoleto, convocó el denominado Concilio cadavérico.
La sentencia del cadáver
Acusado de perjurio, de haber accedido al papado ilegalmente y de nombrar emperador a un extranjero, Formoso fue declarado culpable y su papado fue sentenciado retroactivamente nulo. A los clérigos que fueron ordenados por Formoso se les exigió su renuncia por escrito.
Sin embargo, lo peor de su condena fue la llamada damnatio memoria (condena a la memoria) a la que fue sometido destruyendo y eliminando cualquier archivo, documento y otros vestigios de su paso por el mundo. Se trata de una sanción propia del derecho romano que consistía en borrar todo recuerdo del condenado. Esto incluía la demolición de monumentos, el retiro de inscripciones y, en algunos casos, incluso la prohibición de la mención de su nombre. No era una práctica exclusiva de Roma, también había sido puesta en práctica en el antiguo Egipto.
placeholderEl rey Arnulfo de Carintia, aliado del Papa Formoso
El rey Arnulfo de Carintia, aliado del Papa Formoso
Durante todo el proceso judicial se obligó a un diácono a permanecer junto al cadáver putrefacto del papa para que ejerciese de abogado de oficio y declarase en nombre del acusado. Una vez acabado el juicio le amputaron los tres dedos de la mano derecha con los que había impartido bendiciones y su cadáver fue arrojado a una fosa maldita en la que yacían los cuerpos de varios condenados a muerte para luego ser lanzado al río Tíber. Sin embargo, sus restos serían recogidos por un ermitaño quien le dio una sepultura digna.
Lo peor de su condena fue la 'damnatio memoria', que destruía cualquier archivo, documento y otros vestigios de su vida para que no fuese recordado En 897, parte del pueblo romano que apoyaba la labor de Formoso entró violentamente en el Vaticano para vengar la injusticia de Esteban VI contra el difunto papa. Así, fue desnudado y arrojado por la turba a una prisión subterránea, donde poco después fue estrangulado. Unos días después, el pueblo enfadado y violento sentó en la silla papal al Cardenal de San Pedro in Vincoli, muerto a los cuatro meses. Le sucedió Teodoro II, quien fue asesinado tres semanas después de ser elegido papa. Teodoro, al menos, tuvo tiempo para resucitar la memoria de Formoso devolviendo sus derechos a los eclesiásticos ordenados por él después de eliminar el rastro del dantesco proceso judicial ordenado por Esteban VI. Teodoro, además, organizó una procesión para buscar los restos de Formoso, desenterrados de donde el ermitaño le había dejado y reubicados al Vaticano entre las tumbas de los papas.
El Siglo Oscuro
El Siglo Oscuro para la iglesia (saeculum obscurum) fue una época en la que el catolicismo se vio envuelto en muchos conflictos de poder -más que de costumbre- como nepotismo, fuertes influencias aristócratas y por la pornocracia, cuando las concubinas, sin importar el género o sexo, ejercían gran influencia en los asuntos de poder en la iglesia.
Durante estos años negros, se sucedieron más de 40 papas y antipapas pertenecientes a las poderosas familias romanas Durante estos años negros, se sucedieron más de 40 papas y antipapas pertenecientes a las poderosas familias romanas. Esta crisis inicia con la inesperada y misteriosa muerte del papa Juan VIII (882), que se cree que fue envenenado por algún allegado, pero como la sustancia tardaba en hacer efecto recibió un golpe de un martillo. El periodo finalizó, de igual forma, con una muerte, la de Juan XII en 964. Parece que asesinado de un martillazo en la cabeza por un marido que había sorprendido al papa en el lecho de su mujer. Otra versión dice que murió de apoplejía en pleno acto sexual.

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #996 en: 22 de Agosto de 2023, 11:08:13 am »

Francisco Leona, el asesino de Almería que dio origen a la leyenda del hombre del saco


En 1910 el crimen de un niño de siete años para beberse su sangre sacudió a la sociedad almeriense
Por
Gastón Trelles
21 Ago, 2023 05:06 a.m. ESP

Al igual que hacían cada tarde después de comer, Bernardo González y sus tres hermanos salieron de su humilde casa para jugar por los campos de Gádor, un pequeño municipio a 15 kilómetros de Almería. Era el 28 de junio de 1910 y Bernardo, de 7 años, decidió alejarse del resto de los niños para recoger higos de un árbol algo apartado. Ese fue el último día que su familia lo vio con vida.

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A la tarde del día siguiente, cuando los padres de Bernardo ya habían denunciado su desaparición y varios vecinos se habían sumado a las tareas de búsqueda, Julio Hernández, apodado cruelmente “el Tonto” por padecer cierta discapacidad mental, se presentó en el cuartel de la Guardia Civil del pueblo para avisar de que había hallado el cadáver de un niño mientras cazaba perdices, por lo que los guardias, junto a gente del pueblo, acompañaron a Hernández, de 27 años, hasta el barranco del Pilar, ubicado a cinco kilómetros de Gádor. Cuando llegaron se encontraron con una escena espeluznante.


Efectivamente se trataba de Bernardo, pero su cuerpo estaba totalmente mutilado: cráneo fracturado, peritoneo extraído y el vientre deshecho. Sin embargo, el cadáver del pequeño presentaba claros indicios de que su muerte se había producido en otro lugar.

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A los pocos días, un vecino denunció que había escuchado al Tonto recriminarle a Francisco Leona, un curandero de 74 años del pueblo con una fama no del todo buena, haber matado al niño golpeándolo con una piedra en la cabeza. Rápidamente ambos fueron detenidos y no paso mucho tiempo para que confesaran su vínculo con los hechos: Hernández había delatado al curandero porque este no le había pagado las 50 pesetas prometidas por participar del crimen. Las investigaciones pronto revelaron que había mucha más gente involucrada en el asesinato del pequeño Bernardo.

Un enfermo de tuberculosis
De acuerdo al testimonio de los dos acusados, Hernández fue el encargado de entretener al niño mientras Leona lo atacó por la espalda para acto seguido meterlo dentro de un saco, dando origen a la leyenda del personaje que hasta el día de hoy los padres emplean para asustar a sus hijos y conseguir que se comporten. Una vez con su presa, se dirigieron a la de la madre del Tonto, Agustina Rodríguez, famosa en toda la comarca por sus pócimas curativas. La curandera había sido la mente siniestra detrás de la muerte de Bernardo ya que le había prometido a su adinerado cliente Francisco Ortega un remedio infalible para curar la tuberculosis que le aquejaba desde hacía tiempo al módico precio de 3.000 reales: la sangre de un niño.

Según relatan Eladio Romero y Alberto de Frutos en su libro En la escena del crimen, una vez sujeto por la fuerza el niño, Agustina le levantó el braxo derecho y Leona le clavó en la axila su navaja para recoger la sangre con una olla, mientras Ortega bebía del líquido mezclado con azúcar siguiendo las instrucciones de la curandera. Meses más tarde, al ser indagado por la justicia, el adinerado cliente reconocería haber ingerido la sangre del pequeño “pero dos dedillos nada más”.


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Una vez terminado el ritual, los asesinos vendaron al pequeño y lo metieron nuevamente en el saco. Una vez en el barranco del Pilar, el Tonto, Agustina y Leona lo mataron a golpes de piedra para luego cortarle el vientre y extraerle la grasa que usarían para hacer un cataplasma para una segunda parte del tratamiento de Ortega.

Al conocerse los pormenores del asesinato de Bernardo el caso tomó tal relevancia que inclo la prensa internacional se hizo eco de la noticia. Periodista de todas partes de Europa llegaron a Almería para seguir el juicio, que se celebró un año más tarde, mientras que la comarca exigía justicia con una furia sin precedentes hasta entonces. La Audiencia condenó a Agustina, Ortega y al Tonto a pena de muerte, Leona había muerto durante su estadía en prisión por una supuesta gastroenteritis. El hijo de Agustina fue finalmente indultado por su condición y amnistiado en 1927, aunque moriría encerrado en un manicomio dos años después.


La sentencia se ejecutó el a las seis de la mañana del 7 de septiembre de 1913, minutos más tarde de que el verdugo Áureo Fernández arribara desde Madrid a la estación de trenes de Almería, donde lo aguardaba desde la víspera una multitud de vecinos eufóricos.

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #997 en: 31 de Agosto de 2023, 09:45:53 am »

Ni placer ni ternura: el sexo en Roma era cuestión de poder y jerarquía


La historiadora Patricia González Gutiérrez desmonta mitos sobre cómo era la sexualidad de los romanos en su libro 'Cvnnvs'. Pista: todo giraba en torno a penetrar o ser penetrado
 I d.C.).
Por Irene Hdez. Velasco
30/08/2023 - 05:00

Falos pintados por doquier, orgías, matronas vestidas con sugerentes túnicas transparentes, emperadores lujuriosos, Mesalina compitiendo con las prostitutas de un burdel para ver quién conseguía acostarse con más hombres… Esa es la imagen estereotipada sobre la sexualidad en la antigua Roma en que machaconamente han incidido películas y series de televisión.

Aunque también las ruinas de Pompeya han hecho bastante daño. "Pompeya era el Benidorm de la época, el Magaluf de aquel entonces, un lugar de nuevos ricos. Nosotros hemos elevado a norma lo que ocurría en Pompeya, cuando en otros muchos lugares del Imperio romano la realidad era muy distinta. Es como si hoy comparamos Magaluf con un pueblo de Soria", asegura la historiadora Patricia González Gutiérrez. Esta experta en el mundo antiguo ha decidido desmontar algunos de los numerosos mitos y falsos tópicos que rodean al sexo en la antigua Roma. Lo hace en Cvnnvs. Sexo y poder en Roma (Desperta Ferro), un ensayo que además evidencia cómo muchos de los prejuicios romanos sobre la sexualidad aún colean en nuestros días.
placeholderPortada de 'Cvnnvs. Sexo y poder en Roma', de la historiadora Patricia González Gutiérrez.
Portada de 'Cvnnvs. Sexo y poder en Roma', de la historiadora Patricia González Gutiérrez.
Lo primero que hay que dejar claro es que para la mentalidad romana el sexo nunca era una relación entre iguales. “No iba de complicidad y de ternura, no iba de obtener y procurar placer. El sexo en Roma no era un diálogo, era un monólogo. Se basaba en el poder, siempre era una relación entre un superior y un inferior, entre una persona activa y una persona pasiva. Era una cuestión de jerarquía”, nos cuenta González Gutiérrez.
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 El ser superior, según la concepción romana del sexo, era el que penetraba; el inferior, el penetrado. Las mujeres se consideraban, según ese razonamiento, siempre inferiores. Y en las relaciones homosexuales, el que adoptaba el papel pasivo era asimismo despreciado. De hecho, la homosexualidad pasiva se conocía en Roma por términos derivados del griego como pathicus, cataminus o cineaedus, no fuera que alguien pudiera pensar que se trataba de un invento de los viriles romanos. Es revelador que pathicus, derivado del verbo griego que significaba sufrir, se empleara tanto para designar a los hombres pasivos como a las mujeres. “Para los romanos, si en el sexo no eras la parte viril y activa, no disfrutabas y te tocaba sufrir”, en palabras de Patricia González Gutiérrez.
placeholderLámpara con escena erótica. (Thorvaldsens Museum/Ole Haupt)
Lámpara con escena erótica. (Thorvaldsens Museum/Ole Haupt)
En las relaciones homosexuales, el pasivo no podía ser en ningún caso un miembro de derecho y honorable de la sociedad romana. Pasivos solo podían ser aquellos hombres que hubieran caído en la infamia y los esclavos, considerados estos últimos puros objetos sexuales. Y qué decir del lesbianismo. “Pasivo más pasivo: a los romanos esa idea les hacía explotar la cabeza”, señala la autora de Cvnnvs. Quizá por eso crearon un neologismo del griego para designar a las lesbianas: tribades, que significaba frotadoras. El lesbianismo para los romanos era "pasivo más pasivo: esa idea les hacía explotar la cabeza" Esa rígida división entre activos y pasivos colocaba a las mujeres muy por debajo de los hombres. Algo que, entre otras cosas, se manifestaba dejándolas eternamente fuera de los juegos políticos, reservados en exclusiva a los hombres. Las mujeres se tenían que conformar con estar a la sombra de personajes con poder, nunca eran poderosas por ellas mismas. Y, como mujeres, lo habitual es que les colgaran el sambenito de madres o esposas ejemplares (como hicieron con Antonia o Livia) o el de ninfómanas irresponsables (como en el caso de Mesalina o Julia).
placeholderPolifemo y Galatea, en un fresco pompeyano (siglo I d.C.). (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles)
Polifemo y Galatea, en un fresco pompeyano (siglo I d.C.). (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles)
Ya en su Política, Aristóteles subrayaba que los gobernantes y sus familias debían tener una irreprochable conducta sexual. Y eso afectaba principalmente a las mujeres. Lo dijo Plutarco en sus Vidas paralelas: “La mujer del César no solo debe serlo, sino parecerlo”, una frase célebre de la que se haría eco el propio César. “Para los romanos, tener una conducta sexual moderada y discreta era tan importante como ser un dirigente justo o un administrador capaz”, señala González Gutiérrez. Eso hacía que la sexualidad se concibiera como un arma política. Y cuanto más se subía en el escalafón social, con más fuerza lo era. César y Marco Antonio, por ejemplo, fueron acusados por sus enemigos de haberse prostituido y de haber prestado de jóvenes servicios sexuales pasivos a cambio de favores políticos. Sobre César estaba muy extendido el rumor de que había mantenido relaciones con el rey de Bitania. Suetonio recoge que en medio del Senado, Cicerón le espetó a César que todo el mundo sabía lo que había dado y recibido de Bitania. Y también hay fuentes que recogen que Curión le llamó “prostituta bitinia”. Las más afectadas por las acusaciones sexuales eran las mujeres. Para desprestigiarlas y para tapar sus posibles intereses y ambiciones Nunca sabremos qué había de realidad en esas acusaciones. Es verdad que hay fuentes que las recogen, pero tampoco hay que olvidar que en los textos primaba lo escandaloso a lo cotidiano, y el desenfreno sexual siempre ha generado alboroto. Sin embargo, es muy revelador que César no fuera acusado de adulterio ni de mantener relaciones homosexuales: lo que se le recriminaba era haber tenido una actitud pasiva en sus relaciones con otros hombres.
Pero, sin duda, las más afectadas por las acusaciones sexuales eran las mujeres. Con un doble objetivo: para desprestigiarlas y para tapar también sus posibles intereses y ambiciones políticas. Ahí está por ejemplo Mesalina. “Puede que la suya sea una de las historias más injustas y crueles, sobre todo por el impacto que ha tenido a lo largo de siglos”, subraya González Gutiérrez.
placeholderMesalina (interpretada por Sheila White) y Claudio (Derek Jacobi), en un fotograma de la serie 'Yo, Claudio'.
Mesalina (interpretada por Sheila White) y Claudio (Derek Jacobi), en un fotograma de la serie 'Yo, Claudio'.
Mesalina la insaciable, la degradada, la adúltera, la prostituida, la ninfómana, se repite desde hace 2.000 años sobre la tercera esposa del emperador Claudio. No se incide tanto en que Mesalina tenía 13 años cuando se casó con Claudio, que este le sacaba 30 años, que tuvo con él dos hijos legítimos, que fue una mujer que manejó los hilos del poder y que precisamente por eso se orquestó una fuerte campaña de descrédito contra ella. "Es significativo que tanto Mesalina como Julia fueran presentadas como ignorantes en lo político y muy experimentadas en lo sexual", destaca Patricia González Gutiérrez. "Los romanos tenían miedo de la solidaridad femenina, de la posibilidad de que las mujeres se aliaran. Por eso, de las intrigas políticas femeninas se hablaba muy poco".
"Los romanos tenían miedo de la solidaridad femenina, de la posibilidad de que se aliaran" Era muy habitual que, como en el caso de Mesalina, los maridos fueran mucho mayores que sus esposas y que contrajeran nupcias siendo ellas preadolescentes. Las niñas podían casarse a los 12 años, aunque con frecuencia eran enviadas a casa del que iba a ser su esposo antes, con 10 u 11 años. Y si un amigo del futuro marido las violaba, no era delito… para ellas. El consentimiento no existía en la sexualidad romana. Esas jóvenes no eran castigadas por adulterio si eran violadas, porque aún no estaban casadas. Los hombres solo eran adúlteros si mantenían relaciones con una mujer casada, con la posesión de otro hombre. Las mujeres casadas lo eran siempre. "Pero eso, el adulterio diferencial es algo que en la legislación española se ha mantenido hasta el año 1978", asegura la historiadora.
placeholderAmuleto en forma de falo. (EFE)
Amuleto en forma de falo. (EFE)
Las leyes augusteas elevaron posteriormente el adulterio de crimen privado a crimen público, permitiendo que el marido o el padre matase a la adúltera sin sufrir castigo alguno por ello. "Algo que la legislación en España también se consentía hasta 1963", recuerda Patricia González. El consentimiento no existía en la sexualidad romana. Esas jóvenes no eran castigadas por adulterio si eran violadas La pederastia estaba bastante aceptada. En el Satiricón de Petronio hay por ejemplo un hombre que se queja de una niña que es demasiado pequeña para tener relaciones sexuales, y la mujer que se la ofrece le dice que ella empezó aún antes. También hay fuentes que hablan de unos niños que corretean desnudos en la boda de Augusto y Livia. Y, por supuesto, están los famosos pececillos que se dice que tenía Tiberio en Capri, niños de tierna edad que jugaban en la piscina a excitar al emperador lamiéndole y mordisqueándole tanto entre las piernas como en los pezones.
Por suerte, estaba también la sexualidad cotidiana. "Ahí había de todo: pasiones absolutas, poemas de amor escritos en las paredes, sexo despreocupado, prostitución, matrimonios por dinero, gente que se quería… Esa sexualidad se acerca mucho a la nuestra", concluye la autora de Cvnnvs.

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #998 en: 31 de Agosto de 2023, 13:47:22 pm »
Largo es el brazo del derecho romano que en España estuvo vigente hasta 1978. . . da qué pensar, eh?

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Re: CURIOSIDADES
« Respuesta #999 en: 10 de Septiembre de 2023, 08:31:59 am »
EL CÓDIGO DEL SAMURÁI

Cuando el suicidio era honorable: la historia del harakiri japonés


Desde los samuráis a Yukio Mishima, los pilotos kamikazes o Madame Butterfly, muchos eligieron una muerte tremendamente dolorosa antes que una vida de deshonor


Recreación de un Seppuku en una obra de la Era Meiji. (Wikimedia commons)

Por Ada Nuño
09/09/2023 - 05:00

El 25 de noviembre de 1970, el famoso escritor japonés Yukio Mishima envió a su editor la última parte de la que habría de ser su última obra en vida: El mar de la fertilidad. Después, junto a otros compañeros de la milicia Tatenokai, a la que pertenecía desde hacía tres años, visitaron el cuartel general en Tokio del Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensa, con el pretexto de que querían hacer una visita al comandante. Dentro, cercaron con barricadas el despacho y ataron al comandante. A continuación, Mishima salió al balcón para dirigirse a los soldados que se reunían abajo y les dio un discurso que pretendía inspirarlos para que dieran un golpe de Estado y restituyeran el poder del emperador. Al no ser capaz de hacerse oír, regresó a la oficina del comandante y llevó a cabo su seppuku, lo que en Occidente conocemos mejor como harakiri (hara de vientre, kiri de kirimasu, cortar).

Aunque Mishima fue una de las últimas personas en llevar a cabo este suicidio por desentrañamiento, en realidad el ritual formaba parte del bushidō, el código ético de los samuráis. Estos lo realizaban de forma voluntaria, para morir con honor cuando estaban a punto de caer en manos del enemigo y ser torturados. Pero también se estableció como pena capital para aquellos japoneses que habían cometido serias ofensas y solía ser ordenado por el señor feudal. En estos casos, los condenados tampoco vacilaban mucho en hacerlo, porque de lo contrario su familia heredaba su deshonor, lo que se traducía en que era despojada de su patrimonio y perdía la pertenencia a la casta samurái, lo que en muchos casos era lo mismo que acabar muriendo de hambre. Otros samuráis optaban por quitarse la vida arrojándose a las aguas con armadura o tirándose de su caballo con una espada en la boca Al fin y al cabo, Yamamoto Tsumemoto ya lo decía en su Código del samurái: "El camino del samurái es la muerte". Era deber de todos ellos suicidarse antes de aceptar la rendición, lo que significaba que además del harakiri había en Japón otras prácticas para huir y enfrentar la muerte con honor: lanzarse a las aguas con la armadura puesta con el propósito claro de ahogarse, o tirarse del caballo en marcha y con la espada en la boca. Pero el seppuku o harakiri fue la práctica más común de todas, con el primer caso documentado hacia el siglo XII. Se aplicó hasta el final de la época de los samuráis, en 1871. Era extremadamente doloroso, pero eso lejos de alejar a los samuráis los invitaba a llevarlo a cabo, pues se veía como la mayor muestra de coraje posible.

"El camino del samurái es la muerte"

El ritual del seppuku, en muchas ocasiones, tenía un intrincado proceso: primero se debía beber sake y se componía un poema de despedida que se escribía en el dorso del abanico de guerra. Después, debía ponerse de rodillas en la posición conocida como seiza, se abría el kimono, que era blanco como el de los cadáveres, se metía las mangas debajo de las rodillas para que el cuerpo no cayese de manera "indecorosa", envolvía la hoja de su daga en papel de arroz y se la clavaba en el abdomen haciendo un corte horizontal, comenzando por el lado izquierdo hacia la derecha y después terminando con un corte vertical hasta el esternón. Aunque algunas mujeres también se hicieron el harakiri, en sus casos se le llamaba simplemente suicidio, y en lugar de clavarse la daga en el abdomen se rajaba la garganta, seccionándose la arteria carótida. Primero bebía sake, componía un poema de despedida y después se hacía un corte horizontal en el abdomen El samurái, sin embargo, no moría instantáneamente, sino que sufría una agonía de varias horas bastante desagradable y macabra. Por ello, quizá, en muchas ocasiones se ponía a su disposición un ayudante que debía permanecer de pie a su lado y decapitarlo con determinación en el momento más apropiado. En el caso de Mishima, asignó a Masakatsu Morita, otro miembro de la Tatenokai, para que lo decapitase. Pero Morita no había entrenado nunca con la espada, por lo que realizó varios intentos fallidos y no fue capaz de terminar la tarea, así que terminó cediendo su puesto a otro de los miembros, Hiroyasu Koga. Koga terminó el trabajo con Mishima y, después, también decapitó a Morita, que a su vez había llevado a cabo su propio seppuku debido a la vergüenza de no haber podido cumplir su tarea con Mishima. Un desastre en toda regla.
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El regreso de los rōnin, por Utagawa Hiroshige.

Una de las historias más famosas, referentes al harakiri, es la de los 47 rōnin, un evento histórico semilegendario del Japón antiguo, del que no hay muchas dudas de que realmente es auténtico, aunque en la actualidad está considerado una leyenda nacional en el país por lo famoso que se hizo. Sucedió aproximadamente en 1701 y ejemplifica a la perfección el código de honor samurái. Las mujeres también lo practicaban, pero en su lugar en vez del abdomen se rajaban la garganta La leyenda es así: un grupo de samuráis se ven obligados a convertirse en rōnin (samurái sin señor), después de que su señor feudal se vea obligado a su vez a cometer seppuku por haber agredido a un alto funcionario del gobierno. Con la muerte de su señor, los vasallos deciden vengarlo y asesinar al alto funcionario. Esperan un año y medio y, el día acordado, acuden solo 47 samuráis de todo el clan, asaltan la casa del funcionario, lo asesinan y llevan su cabeza al templo Sengaku, donde está enterrado su señor. Después se entregan a las autoridades y son sentenciados a cometer seppuku. Además de haberse llevado al cine, hoy en día se pueden visitar las tumbas de Asano (el señor feudal) y los 47 rōnin en el templo Sengaku en Tokio, donde los japoneses siguen venerando su memoria.

El seppuku ha marcado irremediablemente la historia posterior de Japón. Durante la Segunda Guerra Mundial, los pilotos kamikazes, la mayoría de ellos jóvenes estudiantes ultranacionalistas dispuestos a morir por su país y su emperador, se inspiraron en el código de honor de los samuráis para afrontar su muerte con dignidad. Ellos también seguían su propio ritual que los preparaba hasta la muerte, y al final de la contienda hasta 4.000 japoneses se habían sacrificado por la causa. "Me han regalado la fantástica oportunidad de morir", escribía Isao Matsuo, uno de aquellos pilotos. "Este es mi último día, caeré como la flor de un cerezo". Un kamikaze durante la guerra: "Me han regalado la fantástica oportunidad de morir, este es mi último día, caeré como la flor de un cerezo" El seppuku fue oficialmente prohibido en 1873, pero su práctica no ha desaparecido por completo y muchas personas lo han realizado voluntariamente desde entonces. Aunque Mishima es el más famoso de todos ellos, no hay que olvidar algunos casos como el de 1895, cuando varios militares lo efectuaron como protesta por la devolución de un territorio conquistado a China. Muchos soldados también prefirieron morir a aceptar la rendición tras la Segunda Guerra Mundial. El judoka Isao Inokuma, que participó en los Juegos Olímpicos en el 65, también eligió este camino en 2001 con 63 años, convirtiéndose en la última persona registrada en llevar a cabo este suicidio. Incluso hay un occidental en la lista: el escritor italiano Emilio Salgari, en 1911, después de que su esposa fuera ingresada en un psiquiátrico.