"Disparar a un niño costaba el doble": los safaris humanos en Sarajevo que investigan cinco fiscalías
Se publica en España el controvertido libro del italiano Ezio Gavazzeni sobre los occidentales (españoles incluidos) que durante la guerra de Yugoslavia habrían viajado a Sarajevo para 'cazar' seres humanos. Hablamos con él
Por
Irene Hdez. Velasco
15/09/2026 - 00:00
Por disparar contra un niño se pagaba el doble. Es uno de los datos que recoge el escritor y periodista italiano Ezio Gavazzeni en Safaris humanos, el libro que Ediciones Península publica ahora en España sobre los supuestos viajes de occidentales adinerados a Sarajevo para disparar contra civiles durante el asedio de la ciudad. Según los testimonios reunidos por el autor, durante los 1.425 días que duró el cerco, entre 1992 y 1996, algunos occidentales pagaron grandes sumas para acceder a las posiciones de los francotiradores serbobosnios y disparar desde allí contra mujeres, niños, ancianos y adultos, antes de regresar a casa el domingo por la noche como quien vuelve de un fin de semana de caza. I cecchini del weekend ('Los francotiradores del fin de semana') es, de hecho, el título original italiano del libro. Gavazzeni sostiene además que los participantes utilizaban un argot propio: los tiradores eran 'arqueros' y las víctimas, 'ciervos'.
Por ahora no existen pruebas documentales que demuestren que esos safaris humanos ocurrieron: no hay fotografías, contratos ni otros documentos que permitan corroborarlos. La investigación de Gavazzeni se apoya fundamentalmente en testimonios. Aun así, el asunto está siendo investigado por cinco fiscalías europeas: Milán, Viena, Berna, Bruselas y Sarajevo. Gavazzeni considera que España también debería sumarse y abrir sus propias pesquisas, no solo porque, según los testimonios que ha recabado, hubo españoles que participaron en esas cacerías humanas, sino también porque las fuerzas españolas desplegadas en Mostar durante la guerra de Bosnia contaban con una red de informantes sobre el terreno y cree que sus partes podrían contener referencias a estos supuestos safaris.
PREGUNTA. ¿Cuánto tiempo lleva investigando este asunto de los supuestos safaris humanos?
RESPUESTA. Empecé en 2023, aunque la noticia ya circulaba en 1995. El periódico florentino La Nazione llegó a titular en portada "Los toscanos hacen safaris humanos en Bosnia" y antes, en 1993, la fiscalía de una ciudad toscana que no es Florencia ya había abierto una investigación sobre la posible existencia de una persona que reclutaba clientes para enviarlos a disparar a Bosnia. Ahora estamos intentando recuperar el expediente de aquella investigación. En el artículo de La Nazione entrevistaron a un sacerdote italiano que trabajaba para Bienaventurados Pacificadores, una ONG italiana que trabajó mucho en Bosnia, y que declaró sin tapujos que a Sarajevo acudían occidentales a disparar y que ellos lo sabían. Incluso se reunió y habló con uno de esos hombres, un napolitano. Pero entonces aquellas informaciones no se investigaron a fondo.
placeholderCubierta de 'Safaris Humanos', de Ezio Gavazzeni.
Cubierta de 'Safaris Humanos', de Ezio Gavazzeni.
P. Ahora hay cinco fiscalías investigando la posibilidad de que se llevaran a cabo safaris humanos en Sarajevo. ¿Por qué hasta ahora no ha habido pesquisas exhaustivas?
R. No se investigó a fondo porque el asunto cayó en el olvido. El momento adecuado para investigar era 1995, cuando salió a la luz la información. En apenas dos meses aparecieron artículos en Corriere della Sera, La Stampa y La Nazione. Pero, en mi opinión, en aquel momento no se llevó a cabo una investigación porque, aunque Italia no formaba parte aún de UNPROFOR [la misión de cascos azules que la ONU desplegó en la antigua Yugoslavia entre 1992 y 1995, durante las guerras de Croacia y Bosnia], ya colaborábamos activamente en defensa de los bosnios. En ese contexto no habría sido bonito, no habría sido políticamente correcto, que trascendiera que había occidentales, gente de Italia, España, Francia, etc., que viajaba a Sarajevo para disparar contra civiles bosnios. Creo que por eso no se llevó a cabo ninguna investigación, pero es solo una conjetura.
P. ¿Conoce el nombre de alguien que sepa con certeza que participó en esos safaris humanos?
R. No. Lo que le puedo decir es que El Francés, la fuente principal de mi libro, son en realidad dos personas: un mercenario francés y un mercenario italiano que vive fuera de Italia. Les envié preguntas a ambos, pero me respondieron conjuntamente y opté por agruparles en una sola fuente.
P. ¿Usted no tiene ninguna duda de que hubo safaris humanos en Sarajevo? Es que resulta tan increíble…
R. Creo que a estas alturas hemos pasado de pensar que era una leyenda urbana a saber que es un hecho. Ahora hay cinco fiscalías en Europa investigando, tenemos varios testigos y no olvidemos el documental Sarajevo Safari (2022) de Miran Zupanič, con quien estoy en permanente contacto. Sarajevo Safari porque fue el primero en abordar este tema y encontró un testigo clave, un testigo que vio a estos ‘cazadores’ disparar; presenció cómo un grupo de occidentales eran escoltados a las posiciones de los francotiradores y desde allí se pusieron a disparar. Yo luego conseguí el testimonio de El Francés y de otras personas que dejan claro que el fenómeno existió, que los safaris humanos ciertamente ocurrieron.
P. Usted continúa investigando. ¿Ha encontrado nuevas pruebas sobre los safaris humanos?
R. Sí, y la investigación sigue en curso. Mi equipo, que también incluye al exmagistrado Guido Salvini, ha enviado hace apenas unos días un informe a la Fiscalía de Milán con la declaración de una testigo que entrevistamos hace dos semanas.
P. ¿Una mujer?
R. Sí, una mujer. Es la dueña de un bed and breakfast en una localidad cercana a la frontera con Eslovenia. Y esta mujer, sin haber leído mi libro, sin saber prácticamente nada sobre esta investigación, confirma entre el 60% y el 70% de lo que dice El Francés. Nos ha contado que esos grupos de cazadores pararon varias veces en su establecimiento a comer y que algunos se sinceraron con ella y le dijeron que disparaban a mujeres y niños. Nos contó también que esos grupos iban siempre con un acompañante y que este nunca se sentaba a la mesa con ellos, sino que solía comer solo en el coche. Y, sobre todo, nos contó que esa gente no dejaba de hablar de ciervos. La mujer sabía que no era temporada de ciervos y no entendía por qué iban a cazarlos, por no hablar de que había una guerra en curso. Ella terminó entendiendo que era una jerga y que llamaban 'ciervos' a lo que en realidad eran personas.
placeholderEl escritor y periodista Ezio Gavazzeni, autor del libro 'Safaris humanos'. (Cedida)
El escritor y periodista Ezio Gavazzeni, autor del libro 'Safaris humanos'. (Cedida)
P. Esa mujer, ¿ha aportado más datos relevantes?
R. Sí. Yo le pregunté si alguna vez había oído hablar de 'arqueros'. El Francés me había contado que los grupos se llamaban strelci, una palabra serbocroata que significa 'tiradores' y que él había traducido como 'arqueros'. Pues bien, esta mujer nos dijo que los cazadores se llamaban entre ellos strelci, así que nos quedamos de piedra. Yo le pedí entonces que escribiera en un trozo de papel cómo se llamaban entre ellos y ella escribió strelci, exactamente igual que lo había escrito El Francés. Insisto: esta mujer no había leído mi libro.
P. ¿Cómo dio con ella?
R. Me contactó ella porque vio un artículo sobre nuestra investigación en un periódico de Trieste. Su testimonio es muy importante y, una vez más, demuestra, en mi opinión, que no hablamos de leyendas urbanas.
El Francés dice que los clientes de los safaris humanos firmaban contratos pero probablemente nunca se encontrarán; si aún existen, estarán en alguna caja fuerte
P. Su investigación se basa en estos testimonios. ¿No hay ninguna prueba material de estos safaris humanos: un documento, una lista de participantes, una foto, algo?
R. No, no hay documentos. El Francés dice que los clientes de estos safaris humanos firmaban contratos, pero esos contratos probablemente nunca se encontrarán; si aún existen, estarán en alguna caja fuerte.
P. En su libro cuenta que el 'trofeo' que se llevaban los participantes en estos safaris tras abatir a una persona era una bala marcada con distintos colores que permitían identificar qué clase de víctima habían alcanzado: azul (niños y adolescentes varones), rosa (niñas y adolescentes chicas), rojo (hombres), rojo y verde (militares hombres), amarillo (mujeres), amarillo y verde (militares mujeres), negro y azul (ancianos) y negro y rosa (ancianas). ¿Tampoco ha encontrado ninguna de estas balas?
R. No. Debe entender que yo no puedo realizar registros. Pero sé que la Fiscalía de Milán sí los ha realizado, aunque obviamente no nos ha dicho qué ha encontrado. Sabemos que se han realizado registros. Si encontraran una de estas balas, sería sin duda una gran noticia.
P. El Francés y Nermin Kahriman —un guía turístico bosnio nacido en 1995 que asegura haber oído durante años historias sobre aquellos cazadores de personas— ofrecen cifras muy diferentes sobre las tarifas que pagaban los participantes en estos safaris humanos. ¿Cómo explica esa diferencia?
R. No, no dicen cosas diferentes. Nermin habla de 100.000 euros y El Francés habla de 100 millones de liras italianas de 1992. Si actualizamos esos 100 millones de liras de 1992, nos sale una cifra muy cercana a 100.000 euros de hoy en día, así que no hay mucha disparidad; las cifras son esas. Domagoj Margetić, un controvertido periodista croata, afirma haber encontrado documentos pertenecientes a los chetniks [milicias paramilitares ultranacionalistas serbias que tomaron parte activa en el sitio de Sarajevo] con las tarifas por matar a un niño, a una mujer o a un hombre, y esas tarifas coinciden con las que yo encontré. No puedo avalar el trabajo de Margetić porque ha tenido problemas de credibilidad en el pasado y tiene fama de ser algo sensacionalista. Pero el periodista Tom Kington, corresponsal de The Times en Roma, fue a ver a Margetić hace un par de meses y este le enseñó esos documentos. Si los documentos son reales o falsos, yo no lo sé, pero las tarifas que aparecen en ellos coinciden con las que encontré yo.
Estoy absolutamente seguro de que hubo españoles en esos safaris humanos. Participaron personas de todo Occidente
P. En su libro cita a un tal Toni C., un español que le cuenta que su padre tenía un amigo millonario que en alguna ocasión fue a cazar elefantes a África y que la persona que organizaba esos viajes, un catalán, también organizaba viajes a la entonces Yugoslavia para cazar seres humanos y le ofreció participar. ¿Cómo consiguió ese testimonio?
R. Me llegó por correo electrónico, pero a través de una dirección de correo que pasados unos días dejó de existir. Lo que le puedo decir es que, igual que en Sarajevo estaban desplegadas fuerzas francesas de paz de la ONU, en Mostar había cascos azules españoles. Recientemente descubrí —y aún estoy tratando de investigarlo más a fondo— que los españoles en Mostar habían creado una red de informantes en la zona y que esa red los mantenía constantemente al día de todo lo que sucedía. Así que probablemente haya informes e incluso evidencias entre los documentos españoles relacionados con UNPROFOR, especialmente en los informes entregados por esos informantes.
P. ¿Cree realmente que hubo españoles que participaron en safaris humanos en la antigua Yugoslavia?
R. Absolutamente. Participaron personas de todos los países occidentales, pero ojo, me refiero al Occidente de 1992, a lo que entonces quedaba a este lado del antiguo Muro de Berlín y fuera del Pacto de Varsovia. Ciudadanos de todos los países occidentales —Alemania, Francia, España, Italia, etc.— participaron en esas cacerías humanas.
Espero que con la publicación de mi libro la opinión pública exija una investigación también en España
P. ¿Cómo puede estar seguro de que hubo españoles en esos safaris humanos?
R. Bueno, los testimonios dicen que había cazadores de todos los países occidentales... Yo me centré en los italianos, porque la Fiscalía de Milán investiga a italianos, no a españoles. Pero espero que con la publicación de mi libro en España la opinión pública exija una investigación también en España, sobre todo porque, como ya le he dicho, tengo indicios de que los servicios secretos españoles presentes en Mostar tenían informantes sobre el terreno y que estos informantes reportaban a un grupo operativo. Me gustaría mucho leer esos informes; me gustaría saber qué hay escrito en ellos.
P. Habla de exactamente 230 italianos que tomaron parte en esos safaris humanos. ¿Cómo ha llegado a una cifra tan precisa?
R. Le pregunté a El Francés cuántos italianos habían participado en esos safaris humanos y me dijo que 230. A mí me pareció una cifra un tanto desproporcionada, así que le pregunté si era una cifra exacta o una estimación. Y él me respondió que podía estar equivocado en una o dos personas, pero no más. Incluso para mí se trata de una cifra alta; 230 italianos me parecen muchos, pero ¿qué podía hacer yo? El Francés me dio esa cifra y yo la incluí en el libro atribuyéndosela a él. El Francés asegura que en los safaris humanos participaron 230 italianos y que hubo aproximadamente otros tantos cazadores procedentes de otros países, así que estaríamos hablando de al menos 400 personas. Me parecen muchas, pero creo que tenía el deber de recoger la cifra que me dio mi fuente. Espero que las investigaciones puedan aclarar cuántos fueron realmente los participantes.
P. ¿Confía usted en El Francés, su principal testigo?
R. Confío en El Francés porque su testimonio fue examinado y mediado por Sin Nombre. Sin Nombre [otra de las fuentes del libro] trabajó en los servicios secretos italianos en la década de 1990, estuvo sobre el terreno durante toda la guerra de los Balcanes, era una especie de agente secreto que trabajaba sobre el terreno. Sin Nombre es una persona de confianza que, en mi opinión, no tiene ningún interés en mentir. Y puedo añadir que acudió inmediatamente a la Fiscalía de Milán para corroborar todo lo que me había contado a mí, así que dio la cara. Fue Sin Nombre quien me puso en contacto con El Francés y quien estaba en medio, leyendo las preguntas y las respuestas y diciéndome que las respuestas eran correctas. No sabemos si El Francés exageró la cifra de participantes en los safaris humanos, pero no es una fuente a la que yo llegara por casualidad. Además, le repito que junto a El Francés había un italiano que no vive en Italia, sino en otro país europeo. Ese italiano también es un mercenario, como El Francés, y ambos respondían a las preguntas, aunque, como las respuestas me llegaban como si procedieran de una sola persona, opté por atribuirlas a una única fuente a la que llamé El Francés.
Ahora que hay una investigación en marcha quizás alguien entre en pánico y cometa un error, ojalá
P. Si tuviera que convencer con una sola prueba a un escéptico de que estos safaris humanos tuvieron lugar, ¿qué prueba elegiría?
R. Los numerosos artículos de periódico publicados en 1995 y los testimonios de sacerdotes y trabajadores humanitarios. Es evidente que, después de 30 años, reconstruir cómo funcionaba la organización, de dónde partían los cazadores, etcétera, es sumamente complejo. Si la investigación se hubiera llevado a cabo en 1995, las cosas habrían sido muy diferentes. Quizás se habría identificado a las personas que estaban en los bares recibiendo a los clientes de los safaris humanos; se habría podido dar con el hombre toscano que recibía a sus potenciales clientes en un pequeño hotel todos los sábados por la mañana. A estas alturas, yo solo puedo aportar los testimonios; son los fiscales quienes tienen que encontrar las pruebas, porque cuentan con herramientas que yo no poseo. Los fiscales pueden registrar domicilios, intervenir teléfonos, leer correos electrónicos y acceder a ordenadores. Ahora que hay investigaciones en marcha, quizás alguien entre en pánico y cometa un error.
placeholderUn ex soldado muestra la posición que ocupaban los francotiradores en 1993 durante el sitio de Mostar. (Marco Secchi/Getty Images)
Un ex soldado muestra la posición que ocupaban los francotiradores en 1993 durante el sitio de Mostar. (Marco Secchi/Getty Images)
P. ¿Cómo le gustaría que terminara la investigación de la Fiscalía de Milán?
R. Me gustaría que llegara a juicio. Obviamente, no podremos tener 230 acusados, pero quizás tres, quizás cuatro. Ese sería un gran resultado.
En la Fiscalía de Milán ya hay cinco personas investigadas; en Austria hay dos
P. ¿Cree que podremos saber los nombres de algunos de los investigados por haber participado supuestamente en esos safaris humanos?
R. La Fiscalía de Milán ya tiene cinco investigados; en Austria hay dos. Por ahora no sé nada de los demás países.
P. ¿Es posible que en otros lugares donde ahora mismo hay guerras haya también safaris humanos?
R. En Ucrania no, porque es una guerra tradicional, una guerra entre dos ejércitos, y es muy difícil infiltrarse allí en medio. Pero he visto que había una agencia en Tel Aviv que por 1.800 euros permitía a turistas ir con prismáticos a observar cómo Gaza era destruida y cómo disparaban contra personas. Si alguien va allí para ver cómo se derrumban edificios con gente dentro y cómo mueren niños, no es solo un observador; en mi opinión, también es cómplice de lo que está ocurriendo. Y sí, creo que en las guerras olvidadas, como las de Sudán o Sudán del Sur, guerras en las que mediáticamente no hay equipos de televisión, periódicos ni apenas medios de comunicación, no es difícil dar rienda suelta a las propias perversiones.
P. La exalcaldesa de Sarajevo, Benjamina Karić, también presentó una denuncia para que se investigaran estos supuestos safaris humanos, ¿no es así?
R. Sí, la exalcaldesa Benjamina Karić fue la primera que, en 2023, presentó una denuncia ante la Fiscalía de Sarajevo. Sin embargo, su denuncia no fue atendida y la Fiscalía de Sarajevo no abrió ningún procedimiento penal hasta este año cuando, después de los procedimientos de Milán, Viena, Berna y Bruselas, la fiscalía de Sarajevo abrió también uno. Sabemos que allí la situación es bastante compleja. Yo tenía previsto ir a Sarajevo por invitación del alcalde y del Ministerio de Refugiados los días 17, 18 y 19 de septiembre, pero acabo de recibir un correo electrónico en el que me dicen que la situación es complicada tras la muerte de [Ratko] Mladić [exjefe militar de los serbios de Bosnia, condenado a cadena perpetua por genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad] y que cancelan mi viaje. No sé si sabe que la ciudad de Sarajevo, representada por su nuevo alcalde, el que sucedió a Benjamina Karić, se ha personado como parte civil en el procedimiento penal de Milán y ha designado a mis abogados para que la representen.
P. Hay quienes han criticado su investigación, diciendo que no está bien fundamentada y que tiene lagunas importantes…
R. La principal crítica vino de Balkan Insight [un medio digital en inglés especializado en los Balcanes y el sureste de Europa], que publicó un artículo donde me criticaban por haber utilizado fuentes anónimas. Es verdad que en el libro empleo apodos para mis fuentes, pero la Fiscalía tiene sus nombres y apellidos. Además, el 70% de las personas que dio su testimonio para mi libro fue después a la Fiscalía a declarar, así que dieron la cara. Pero los periodistas de Balkan Insight, que en mi opinión tenían ciertos prejuicios, continuaron hablando de testimonios anónimos y luego, para desacreditar a mis fuentes, recurrieron a dos fuentes que a mí no me parecen fiables. Una es un general bosnio destituido en 1992, antes de los safaris humanos, por lo que no podía saber nada de ellos. La segunda es Marko Lugonja, un antiguo general serbobosnio que escondió a Mladić en su casa cuando estaba prófugo. Dígame usted si esas son fuentes autorizadas. Preguntarle a Lugonja por los safaris humanos es como preguntarle a Eichmann si alguna vez oyó hablar de los campos de exterminio nazis. ¿Qué cree que respondería Eichmann? Se lo digo yo: que nunca había oído hablar de ellos, y eso justo lo que asegura sobre los safaris humanos el hombre que escondió a Mladić en su casa.
P. Si no me equivoco, su libro también ha recibido críticas en Alemania, ¿no?
R. Salió un artículo de un tal Martens en Alemania, pero ese artículo de Martens [Michael Martens, corresponsal del Frankfurter Allgemeine Zeitung para el sureste de Europa y uno de los periodistas alemanes que más tiempo lleva cubriendo los Balcanes] es un insulto a nivel personal. Me critica porque dice que en el pasado escribí thrillers, cosa que es verdad. ¿Es que no se pueden escribir thrillers? A mí me gusta escribir thrillers, pero también he hecho tres investigaciones. Hice una investigación sobre las masacres mafiosas de 1992 con la ayuda de Salvatore Borsellino, hermano de Paolo Borsellino y fundador del movimiento Agende Rosse en Italia. Me ayudó en mis pesquisas para mi libro La furia de los hombres, algo que, según me consta, nunca había hecho por nadie. Luego, en 2025, publiqué una investigación sobre el atentado contra el papa Juan Pablo II del 13 de mayo de 1981, basada, entre otras cosas, en más de 500 documentos de los servicios secretos italianos que encontré y que, en mi opinión, permiten reinterpretar completamente aquel atentado. Y ahora he publicado esta investigación sobre los safaris humanos. No tengo ningún problema en decir que me gusta escribir thrillers; de hecho, espero escribir más en el futuro, pero no creo que eso sea un defecto ni que desacredite mis investigaciones.