GC
Chorizos que persiguen a picoletos
CHEMA RODRIGUEZ
La rutina se ha invertido y ahora son los chorizos los que persiguen a la Guardia Civil. Tanto que todos los números del cuartel de Almonte (Huelva) se encuentran de baja. Tienen una tarea más acuciante que la defensa de los derechos de los ciudadanos: han de proteger a sus propias familias. Durante más de un a?o, la plantilla de la Benemérita en esta localidad lindante con el Parque Nacional de Do?ana ha sido víctima de constantes actos vandálicos, de insultos y amenazas directas, algunas de muerte y dirigidas no sólo a los agentes, sino también a sus familias, a sus mujeres y a sus hijos.
Pintadas amenazantes en las paredes del cuartel y de sus casas particulares, coches y edificios, que han sido pasto de las llamas aprovechando la oscuridad de la noche y agresiones verbales de todo tipo han convertido la vida de los tricornios almonte?os en una pesadilla de la que no saben cómo escapar.
Durante un a?o el germen de esta campa?a de hostigamiento ha ido cercenando la paciencia y la capacidad de resistencia de los guardias y sus familiares, hasta el punto de que, todos a una, se han dado de baja por enfermedad. En un día, del que se cumplen hoy dos semanas, los 27 guardias, incluidos sargentos y cabos, que tienen la responsabilidad de garantizar la seguridad en el municipio almonte?o y en el Parque Nacional de Do?ana dejaron el servicio. Todos alegaron problemas de salud. Pero ninguno está en la cama. Hacen un seguimiento, de incógnito, a sus propias mujeres e hijos. Porque están amenazados por los traficantes locales, que se?orean en el pueblo con tanta prepotencia que se atreven incluso a retar abiertamente a la autoridad local.
LA PUERTA DEL CUARTEL EN LLAMAS
Los primeros ataques comenzaron en 2004, pero los más graves se han producido este mismo a?o y, en especial, a partir del 12 de marzo. Ese día, esa noche, unos desconocidos quemaron el vehículo particular de un agente en la puerta de su propia casa, mientras su mujer y sus hijos se encontraban durmiendo. Junto a los restos del turismo apareció una pintada: ?Picoleto cabrón?.Fue el primer día en el infierno.
Algunos meses más tarde, el 19 de noviembre, el fuego volvió a usarse como arma contra los guardias. Un inmueble, propiedad de otro agente, fue forzado e incendiado. Las llamas devoraron ropas, juguetes y otras pertenencias y recuerdos de la familia del uniformado.
Después se produjeron los primeros seguimientos intimidatorios a los hijos de los agentes. Y el 26 de noviembre, el acoso llegó al interior del cuartel de Almonte, ante las puertas de la sede del cuerpo.
Anochecía cuando las llamas volvieron a alumbrar la fachada del cuartel. Un turismo, incautado por los agentes en una operación policial, ardió por completo. El fuego alcanzó los ventanales de los domicilios particulares de los guardias. Y en ese momento se acabó la paciencia de los números.
Sobre todo teniendo en cuenta que sólo unos días antes habían aparecido en la fachada del acuartelamiento pintadas amenazantes contra los mandos y los guardias: ?Estás muerto. Sargento. Fuera.Voy a por ti?. Fue la declaración de guerra total.
Los amenazados pidieron ayuda a la Comandancia de Huelva en un escrito, al que ha tenido acceso este suplemento, en el que advierten de las consecuencias que pueden tener los atentados que padecen.Avisan del peligro de que alguno de ellos se tome la justicia por su mano.
En ese documento, que los mandos metieron en un cajón rápidamente, reclamaban que se garantizase no su seguridad, sino la de sus familias y daban ideas. Como la colocación de cámaras de vigilancia en el perímetro del cuartel y la iluminación de su recinto. Inútil.
El último ?toque de atención? lo protagonizaron cuatro guardias, que durante dos días patrullaron por las calles de Almonte con pasamonta?as. Ocultaron sus rostros para no ser identificados por los traficantes que están detrás de las agresiones y amenazas.A pesar de la prohibición expresa de sus superiores. Nunca antes un guardia civil había patrullado en el municipio con el rostro cubierto. Los altamonte?os sólo lo habían visto en televisión.En películas o en reportajes sobre Euskadi.
Los ataques comenzaron sólo unos meses después de que el Instituto Armado diera un impulso a la lucha contra el narcotráfico en la localidad. Numerosas detenciones de narcos locales y un considerable aumento de los alijos incautados precedieron a la campa?a intimidatoria.
?Cuando llegamos fumaban porros en la misma puerta del cuartel?, afirmó uno de los agentes de baja para demostrar hasta dónde alcanza el poder de los traficantes locales, que, incluso, se habían hecho due?os y se?ores de algunas calles.
?NO HAY PRUEBAS CONTRA LOS NARCOS?
Sin embargo, esa situación empezó a cambiar hace algo más de un a?o, cuando se dio un fuerte impulso a la lucha contra el narcotráfico. ?No nos lo han perdonado?, explicó otro de los agentes de baja. ?Quiénes no les han perdonado? ?Esos mismos traficantes? ?Lo sabemos, pero no podemos probarlo?.
Ante la oleada de violencia que se les vino encima, a los agentes sólo los quedó una posibilidad, como explica un portavoz del colectivo: la baja médica. Una especie de huelga encubierta y legal en un cuerpo donde no se permiten reivindicaciones o quejas.
Las consecuencias son evidentes. Tanto Almonte como el Parque Nacional de Do?ana, uno de los espacios protegidos más importantes no sólo de Espa?a, sino de Europa, se han quedado sin vigilancia y están vendidos a delincuentes y malhechores. El tráfico de drogas y la caza furtiva amenazan la supervivencia de Do?ana y, en el casco urbano, la Policía Local, con guardias llegados desde otros pueblos, trata de mantener la seguridad.
Pese a los esfuerzos, y a los intentos del Gobierno y de las autoridades locales por minimizar la crisis, la realidad ha puesto en evidencia la gravedad del problema. Sólo en Do?ana, en una semana se han detectado hasta tres cuadrillas de cazadores furtivos en parajes donde tiene su hábitat el famoso y amenazado lince ibérico.
Hace sólo cuatro noches, José Luis Rodríguez Zapatero se encontraba junto a su familia en Do?ana, y alguien prendió fuego a la caseta del control de acceso de Manecor, cerca de la aldea de El Rocío.Las alarmas se han encendido y hasta la Estación Biológica, que agrupa a los científicos que trabajan en el parque, han mostrado públicamente su preocupación por las consecuencias de la falta de vigilancia. En concreto por el aluvión de hachís que podría estar entrando a través de las desprotegidas playas de Do?ana.
En Almonte, el Ayuntamiento insiste en las tesis oficiales, en que la situación está controlada, pero el miedo es palpable.Aún así, el concejal de Seguridad del pueblo, Jesús María Bejarano, se ofreció el viernes a mediar en el conflicto.
La Comandancia, mientras, se dedica no a investigar los ataques, sino a los guardias huelguistas. El teniente coronel José Antonio Hurtado ha ordenado a su Servicio de Información que interrogue a los policías locales y a parroquianos de la localidad sobre la actuación de los guardias rebeldes.
LOS GUARDIAS VAN AL MÉDICO
No es la única medida adoptada. A los mandos del Instituto Armado no les gustó el plante del acuartelamiento de Almonte y, en lugar de buscar soluciones, el teniente coronel Hurtado ordenó a todos los agentes de baja que se sometiesen a un reconocimiento oficial por parte del Servicio de Sanidad de la Comandancia, una suerte de tribunal médico militar que tenía como objetivo comprobar si la epidemia era real para, en caso contrario, empezar a abrir expedientes disciplinarios a los rebeldes.
La cita fue 72 horas después de la baja médica general. El médico enviado por la Comandancia, acompa?ado de un oficial, examinó a los 27 guardias, que se prestaron al reconocimiento y poco más. Todos, sin excepción, guardaron silencio ante el interrogatorio del que fueron objeto. En un escrito que coincidieron en presentar como única respuesta, los afectados calificaron el reconocimiento como medida de ?presión? y destacaron los efectos negativos que esto podía tener en su recuperación.
?DESNUDAR A UN SANTO, VESTIR A OTRO?
El primer comunicado oficial de la Comandancia tardó varios días en llegar. Pero el mensaje era muy claro: no hay ni habrá contemplaciones con los guardias rebeldes. Además, la seguridad queda ?garantizada? en Almonte y Do?ana, aunque, eso sí, a costa de recortar la vigilancia en los pueblos de alrededor: ?Desnudan a un santo para vestir a otro?, resume un portavoz de los huelguistas.
La crisis no sólo no se ha resuelto en esta semana, sino que ha alcanzado tintes de escándalo nacional. De ello se ha encargado la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), que ha puesto el caso en manos del Ministerio del Interior, a través de un escrito enviado al secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho. La AUGC habla de ?persecución? clara contra la plantilla almonte?a, por lo que ha pedido al departamento de José Antonio Alonso que actúe y evite represalias ante lo que los mandos no dudan en considerar como indisciplina.
El conflicto está tan enquistado que el Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, se ha ofrecido como mediador y está dispuesto -de momento es el único- a recibir a los agentes y a sus mujeres para conocer, de primera mano, el calvario de la Benemérita almonte?a.No irán, esta vez, con pasamonta?as.
LA BENEMERITA , A LA CALLE
ANIBAL MALVAR
En los últimos meses, la Asociación Unificada de Guardias Civiles (24.000 afiliados en un colectivo de 70.000) ha promovido una serie de movilizaciones para presionar al Gobierno socialista.Con la dificultad de que el reglamento de la Benemérita prohibe ?reuniones y manifestaciones con posible finalidad reivindicativa a los números?. Zapatero se había comprometido en campa?a a democratizar y desmilitarizar el Cuerpo. Pero todavía, denuncian, no ha hecho nada. El sindicato denuncia que la presión laboral a la que se ven sometidos los agentes en las condiciones actuales es la causa del elevado número de bajas psicológicas: en 2000 fueron 1.650 y el pasado a?o fueron 2.566. Éstas son algunas de las reivindicaciones de los guardias:
1.- Desmilitarización; desvinculación de Defensa, adscripción única a Interior. Nombramiento de un civil como director general
2.- Homologación con el Cuerpo Nacional de Policía y reconocimiento de los derechos constitucionales para los agentes.
3.- Equiparación salarial con el resto de fuerzas de seguridad: un patrullero que empieza, cobra 200 euros menos que un policía novato.
4.- Jornadas laborales y turnos dise?ados con un mes de antelación para conciliar vida familiar y profesional.
5.- Productividad lineal: el reparto de los complementos lo hacen los mandos discrecionalmente. Piden que sea lineal, por objetivos.
6.- Igualdad de la mujer: representan un 10% del Cuerpo. Pero no se tienen en cuenta situaciones como el embarazo para asistir a labores que entra?an riesgo.
7.- Ley de Riesgos Laborales: no se aplica.
8.- Fin de privilegios para los mandos provenientes del Ejército.
9.- Ingresos en prisión: 234 guardias pasaron por cárceles militares entre 1990 y 2004 ?por motivos que en otros cuerpos apenas tendrían sanciones de un mes de suspensión?. También demandan la supresión de los arrestos domiciliarios y el derecho a defenderse con letrado.
10.- Readmisión de los agentes expulsados por realizar actividades sindicales o asociativas y sobreseimiento de los seis expedientes abiertos a representantes de la AUGC