Se califica rápido y mal y luego pasa lo que pasa...
La desgracia de Nordin, el influencer madrileño injustamente encarcelado por yihadismo a causa de la música de ocho stories de Instagram
La Audiencia Nacional le encarceló durante 111 días en aislamiento acusado de radicalización salafista
Nordin Workout, el influencer encarcelado injustamente por yihadismo.
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Daniel J. Ollero | Madrid
Reda B. Slafti (Vídeo)
25/11/2025 00:03
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«El 22 de enero fui detenido por un grupo de la Guardia Civil, expertos en antiterrorismo, que tiraron la puerta de mi casa a las seis y algo de la mañana, y me vi inmediatamente envuelto en una acusación de supuesto adoctrinamiento de carácter salafista yihadista». Así arranca Noureddin el relato de una «kafkiana» experiencia que lo apartaría de su casa durante los tres meses y medio que pasó en módulos de aislamiento de distintas cárceles españolas: Soto del Real, A Lama, Valdemoro... Hasta ese día, este joven era simplemente conocido por ser Nordin Workout, un influencer de fitness con más de medio millón de seguidores en YouTube y más de 100.000 en Instagram.
Hasta aquel fatídico día, la historia de Nordin era similar a la de otros creadores: una empresa de márketing digital, una línea de ropa deportiva -"de conjuntos para motomamis como Rosalía y el mono viral de Kim Kardashian", según la definió EL MUNDO en un reportaje en 2022-, colaboraciones con entrenadores personales y youtubers, un vídeo practicando krav magá con más de tres millones de reproducciones o reportajes en revistas de estilo de vida como parte de una campaña entre la marca Reebok y la revista Yo Dona. Pero todo se derrumbó en segundos, cuando el ariete destruyó su puerta.
«Yo soy un chaval normal y corriente. No tengo nada que ver con esto de lo que me acusaba la Guardia Civil», repite. Sin embargo, a las pocas horas estaba en la Audiencia Nacional, escuchando al fiscal hablar de «tres terabytes de material yihadista». ¿3.000 GB? «Soy creador de contenido. Tengo mis vídeos de redes en discos duros. No era nada yihadista. Pero lo presentaron así», lamenta.
Ante el aparente aluvión de pruebas, el juez decretó prisión provisional sin fianza el 24 de enero de 2025. Empezó entonces un periplo que lo enviaría de presidio en presidio: Soto del Real, A Lama (Pontevedra), Valdemoro... Algunas a cientos de kilómetros de casa, bajo primer grado y en aislamiento, el régimen más duro de la normativa penitenciaria.
«Me dieron un chándal como el de El juego del calamar. Estuve dos semanas sin poder cambiarme de ropa. Lavaba mi camiseta con el gel de ducha y salía al patio con unas zapatillas que no valían para el frío».
Los funcionarios -según cuenta- lo reconocían de YouTube. «Ostras, Nordin, ¿qué haces aquí?», le dijeron los primeros. Pero minutos después, las buenas formas se acabaron: «Lo siento, muchacho. No está el director. Hay un protocolo europeo. Te toca aislamiento».
Allí lo esperaban celdas sin calefacción, un régimen de apenas dos o tres horas de patio y, a veces, la compañía de internos perturbados o especialmente violentos. «He compartido patio con personas que habían descuartizado cuerpos, con un tío que se escapó de Picassent... y yo ahí, por ocho stories de Instagram».
El detalle no es menor: la única prueba de cargo que sobrevivió tras 16 meses de investigación fueron ocho stories[publicaciones efímeras que duran 24 horas] en las que sonaban unos nasheed, cánticos religiosos que estaban disponibles en Spotify España y que el propio Instagram sugiere automáticamente cuando alguien (en función de las modas y los contenidos que siga) sube un story. Nordin lo explica sin rodeos: «Instagram te sugiere la música más viral [almacenada en Spotify]. Un día puede ser Bad Bunny y otro un nasheed en árabe. Yo le daba a la canción y ya».
Aquellos audios, «habituales en ediciones de artes marciales o vídeos motivacionales con 25 millones de visitas o 40 millones de visitas a manos de otros creadores de contenidos», recuerda, se transformaron en la única base de una acusación que lo mantuvo 111 días encerrado. «Dicen que yo adoctrinaba de forma pasiva por poner música de fondo mientras entrenaba o comía macarrones. Que si subía un vídeo de boxeo y sonaba un nasheed, ya era adoctrinamiento».
Él insiste: «No entiendo ese árabe medieval y mis seguidores tampoco. La mayoría no son musulmanes». Y añade: «Esto es como poner un canto gregoriano y decidir que eres sospechoso. Entonces te pinchan el teléfono, te siguen, intervienen tus llamadas...».
En paralelo, en prisión, cada petición -un libro, una llamada, un abrigo- era denegada en autos donde aparecía un alias inventado: «el soldado de Alá». «Yo nunca he dicho esa frase en mi vida. Pero utilizaron la cuenta en redes de otro usuario para atribuirme la autoría».
El 12 de mayo de 2025, más de tres meses después, salió de prisión en Valdemoro. Sin embargo, no era completamente libre: le retiraron el pasaporte, lo obligaron a firmar cada 15 días y regresó a su casa en Leganés. «El problema es que tus vecinos te han visto salir esposado, piensan que convivían con un yihadista. Y tú vuelves allí con miedo a que te tiren otra vez la puerta», se lamenta.
El fin de la pesadilla total llegó el 10 de julio de 2025 gracias a su defensor, Rubén Vaquero, socio director de Stans Abogados. Entonces, el Juzgado Central de Instrucción número dos archivó el caso por no apreciar delito alguno en el análisis del material. Pero para entonces, dice, «la condena ya estaba cumplida antes del juicio».
Tras su salida, tuvo que ir al psicólogo, sufrió estrés y se sintió desconcertado. «Sales de cero a 100. Nadie te resarce ni te ofrece ningún tipo de asistencia o acompañamiento». Previamente, los agentes responsables de su arresto pasaron 16 meses investigándolo: búsquedas en internet, llamadas, amigos... «Yo tengo una vida normal: voy a la oficina, entreno y vuelvo a casa. Me decían: 'guarda un perfil bajo, sospechamos que esconde algo'. ¿Qué escondo? Si no encontraron nada».
Hoy el procedimiento está cerrado y la causa, archivada. Pero Nordin insiste en la pregunta que le golpea desde entonces: «¿Qué me garantiza que todo esto no me volverá a pasar?».