Autor Tema: Aquellos "viejos tiempos"  (Leído 310907 veces)

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Re: Aquellos "viejos tiempos"
« Respuesta #1300 en: 17 de Octubre de 2025, 17:23:10 pm »
Pues tanta paz lleve. . .

"No hay hechos, sino interpretaciones" Nietzsche

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Re: Aquellos "viejos tiempos"
« Respuesta #1301 en: 27 de Octubre de 2025, 08:52:15 am »

Un libro sobre el Madrid canalla de finales de los 90: "A los porteros búlgaros les llamaban los 'rompecostillas'. Tenían otro concepto de violencia. Pegaban a una tía igual que a un tío"


Iñaki DomínguezMadrid
Madrid
Actualizado Domingo, 26 octubre 2025 - 02:47

El Panamá, el rey de San Blas: skin, heavy, rocker, atracador y enemigo de los Miami
Copas, mafia y muerte en Costa Polvoranca, el polígono de la fiesta en Alcorcón
Las siete vidas del Juli, el nervio de Las Matas

Cuando la heroína irrumpió en el centro de Madrid

Isabel de Navascúes y de Urquijo ha escrito y publicado un libro llamado La insolente juventud. Reflexión y crónica urbana en el Madrid de fin de siglo: AMOR, sexo, drogas y música electrónica (2025) que retrata el Madrid canalla que va de 1999 a 2001. Cuando empleamos la palabra 'canalla' en este contexto lo hacemos en referencia al ámbito 'pijo-canalla', algo a tomar por descontado si atendemos a los apellidos de su autora.

Su libro, una novela autobiográfica, retrata "un Madrid en el que salías entre semana igual que salías los fines de semana", comenta ella.

"Entre semana molaba más porque era más variopinto y no estaba todo tan masificado. Uno tenía la oportunidad de ir a bares cualquier día de la semana. A nosotros nos gustaba uno en el que ponían lo que nosotros llamábamos 'música antigua', que era techno-pop, EBM, synth pop... ese popurrí de músicas que se ponía en la Ruta del Bakalao. El garito al que íbamos entre semana era el Cava, un bar pequeño en la calle Castillo, cerca de Olavide. Ahí pinchaba Álvaro Scratch, un tipo que tenía discos muy especiales, exclusivos".


Otra de las zonas de ocio en esas noches de entre semana era Chueca, donde había numerosos bares. "En esa época todavía había mucho yonqui", recuerda la escritora. "Después del Cava a menudo íbamos al Mitos, en Chueca, o al piano bar, en calle Almirante [Toni 2]. Otras zonas en las que alternar entre semana eran Moncloa y los bajos de Orense, donde estaba el Specka [que sigue abierto a día de hoy]. Después del Specka, tenías el Fun Factory y luego el Racha y el Roxy, que ambos eran afters". Se daban entonces unas condiciones institucionales que permitían salir de otra manera. Según Isabel: "Había un vacío legal entre el horario de cierre y el de apertura. Existía una licencia de cafetería para abrir a las seis de la mañana, lo que permitía al local operar como after".

A la hora de vestir, en esos años no había tanta variedad como hoy. "Para vestir más puntera", recuerda Isa, "había que ir al Rastro o a tiendas vintage. Una tienda de referencia que sigue abierta era El templo de Susu, en Malasaña. Era una tienda de ropa vintage, que entonces se llamaba 'de segunda mano'. Con la llegada del Mercado de Fuencarral hubo un cambio en las formas de ocio y, gracias a ello, la música electrónica se hizo más mainstream. Hasta entonces, la Ruta del Bakalao había dado muy mala prensa a la música electrónica. Aunque esta estaba ligada al consumo de ciertas sustancias, hoy vemos que casi todo el ocio nocturno está ligado a cierto tipo de consumos".

La tienda de Malasaña el Templo de Susu.
La tienda de Malasaña el Templo de Susu.QUIQUE FIDALGO
Una figura omnipresente en la novela de Isabel es el pijo chungo. Ella estima que este arquetipo es producto del cine quinqui de los años 70 y 80: "Yo creo que este tipo de cine romantizó la pequeña delincuencia, y ese fenómeno se fue destilando para acabar convirtiéndose en una moda. Debías tener cuidado y no dejarte las llaves puestas en la moto porque te dabas la vuelta y la moto no estaba. Y te hablo del mundo pijo. Estaba lleno de listillos buscando su oportunidad para delinquir. Yo recuerdo ir caminando por la calle Padre Damián, bajarse un tío de la moto y robarme las Ray-Ban Balorama. Me las quitó y se las llevó".

Marihuana y hachís
Continúa: "Por entonces también era muy común tener varios amigos que grameaban [vender gramos de cocaína] o que vendían porros. En los 90 se fumaba ficha [hachís más duro y de peor calidad] hasta que muchos jóvenes comenzaron a bajarse al moro a comer huevos de hachís. En cuanto a la marihuana, hasta el 2000 no era muy común verla, excepto entre gente que la cultivaba en su casa".

La Joy Eslava en la Nochevieja de 1997.
La Joy Eslava en la Nochevieja de 1997.PEDRO CARRERO
Isa recuerda que "en el parque del bar Skinny Jim [parque de Sangenjo] se podía pillar de todo". El consumo de éxtasis era común en esos años con pastillas como los tapones estrellados, los pajaritos, los rombos, las pastillas ovaladas, las esmaltadas, etc. Otro local de la época al que iban Isa y sus amigos era el Fresh, en Alberto Aguilera. "Ahí pinchaba una gente, que luego pincharía en el Quick", recuerda Isabel, "que es el garito del que más hablo en mi novela.

El Quick lo llevaba Israel Bayón, que ahora lleva el Fortuny. Otro local mítico era Oh Madrid, en la carretera de la Coruña, que se suponía era territorio de los Miami. Alguna de mis amigas estuvo con uno de ellos. De hecho, un símbolo de estatus para muchas chicas de la época era tener un novio malote. El Quick era un garito de pijos malotes donde se pinchaba dance electrónico, cantaditas... La gente iba bastante puesta. Bajabas unas escaleras, había una barra a la izquierda, una pista grande en medio con sofás alrededor...".

En torno a esa época llegaron los Búlgaros, también conocidos como los rompecostillas. "Llevaban las puertas de varios garitos y eso era verdaderamente acojonante", sentencia ella. "Era gente que venía de Europa del este y tenían otro concepto de lo que era la violencia. Le daban un manotazo a una tía igual que a un tío y cosas por el estilo... En esos años se fumaba en las discotecas y había quien aprovechaba para hacerse un porro. Pero, como te pillase un búlgaro, te daba un manotazo y te echaba del lugar"

La insolente juventud (2025) es un texto indispensable para cualquier persona interesada en el Madrid canalla de finales de siglo, un texto realista y crudo sobre la capital en esos años que no dejará indiferente a nadie.

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Re: Aquellos "viejos tiempos"
« Respuesta #1302 en: 09 de Diciembre de 2025, 07:42:24 am »
Hoy se cumplirán 45 años de la entrada en la Academia de Conde Duque de la llamada primera promoción de la Policía Municipal de la democracia ...500 plazas para 25000 opositores de las que finamente se cubrieron 408, hoy algunos han fallecido, pero creo que todos los  que estamos vivos somos jubilados pues a pesar de que fue uba promoción que permitió el acceso con tan solo 18 años, 45 son muchos para que a estas alturas quede alguien en activo

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Re: Aquellos "viejos tiempos"
« Respuesta #1303 en: 22 de Diciembre de 2025, 07:45:25 am »
Garitos y bandas en las 'placitas' del barrio del Pilar: "Unos heavys que eran de Ultras Sur destrozaron el Wendy's de La Vaguada. Menuda movida"


Iñaki Domínguez
Actualizado Sábado, 20 diciembre 2025 - 00:11

Finanzas, bakalao y reguetón en el distrito financiero

Una zona del barrio del Pilar donde el macarrismo ha tenido cierta preponderancia han sido las llamadas placitas, ubicadas entre las calles Melchor Fernández Almagro y la Avenida de Monforte de Lemos. Probablemente sea una de las secciones más obreras de un barrio que cuenta con bastante segmentación socioeconómica en su seno.

Para hablar de la zona hablo con un vecino nacido en 1968: "En las placitas estaba el J., uno de los primeros moros en venir a Madrid. Era un tío peligroso, era un delincuente. Tiraba muy fácil de navaja. Un chaval de aquí, un tal Negro, tenía una cicatriz que le había hecho el J. También estaban el Cuqui, el Casero, el Lucky...".

En las famosas placitas del barrio del Pilar [la Plaza de Carballo, de Padrón, etc] paraba mucha gente: "Donde está el anfiteatro [Marta Rodríguez-Tarduchy]", comenta él, "había unos billares donde había mucha chusma, como dos hermanos muy famosos, que vivían en la calle Ribadavia. Te estoy hablando de finales de los 70 y principios de los 80. Yo nací en el 68 y un año y medio antes habían acabado los edificios de La Bañeza, que era la Fase 2. En esa época desde las placitas se veía el colegio La Salle, en Cardenal Herrera Oria y algunos edificios de Lacoma. La Vaguada y todos los alrededores eran campo. De hecho, aquí había pastores".

De los malotes estaba Nícar, que también era de las plazas. "Con él paraba un tal Gato", recuerda, "que era rubio con gafitas. En esa época había una discoteca en el cine Barrio del Pilar, donde ahora está el Ahorramás de la Avenida de Betanzos. Muchos paraban ahí. Ya a finales de los 80 y en los 90 estaba la Banda de los Heavys, que paraban en Ultras Sur. Eran muchos, venían de Maspalomas, que fue de las primeras calles del barrio. Eran 20 o 30 e iban todos los viernes a la sala Canciller, la sala Argentina, y siempre andaban a hostias con los heavys de otros barrios".

Continúa: "También iban a conciertos heavys en el pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Eran jodidos. Paraban en un bar al lado de unas oficinas de la Telefónica que había por Melchor Fernández Almagro. Donde estamos ahora era la Plaza del Butano, porque había unas oficinas donde la gente pagaba y le traían el butano al día siguiente. Esos heavys destrozaron el Wendy's de La Vaguada porque tuvieron una movida con los seguratas. Menuda movida. Eso salió en la tele. Los seguratas de La Vaguada eran bravos, algunos se creían policías. Uno de los primeros skins del barrio fue el Fran, que paraba con el Misha, el Juanote y otros skins en Porrones, en la zona de Moncloa".


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Re: Aquellos "viejos tiempos"
« Respuesta #1305 en: 18 de Enero de 2026, 11:15:01 am »

El San Fermín de las Grecas, el Jaro y los atracos: "Robamos un banco Atlántico con 13 años, las armas las sacamos de una armería de La Latina"


Iñaki Domínguez | Madrid
17/01/2026 12:15

Mario es un hombre de Toledo que vivió una infancia muy dura. De hecho, llegó a formar parte de la Banda del Jaro, cuya vida inspiró Navajeros (1980), película dirigida por Eloy de la Iglesia. Mario llegó al barrio de San Fermín con su familia en 1969. Su padre era conductor de autobús y su madre ama de casa.

"San Fermín era un barrio muy complicado", comenta. "No solo era San Fermín, sino todo lo que estaba alrededor: la Avenida de los Poblados, Orcasitas, el Rancho, la Celsa. [El Rancho estaba] entre San Fermín y San Cristóbal. Había ahí un cine americano donde echaban películas de kárate. Nos colábamos [y las veíamos]".

"En la Avenida de los Poblados dirección Carabanchel a mano derecha había tiendecitas y también poblados chabolistas o de casas pequeñas. En esos años construyeron el Hospital 1 de Octubre, que hoy es el 12 de Octubre. Cuando estaba en obras, jugábamos en la zona. También había un descampado enorme en Villaverde donde conducíamos coches robados. En Puente de Vallecas estaba el bar Level".


Mi entrevistado y sus amigos también frecuentaban las alcantarillas, que empleaban para escapar de la policía. Un punto caliente en el seno de las mismas estaba situado justo debajo de la zona de Legazpi; muchos jóvenes guardaban ahí mercancías robadas, etc.

En San Fermín había figuras de la época como el Chino, el Mono, el Villa, al Guille, el Gasolina, el Jero (de los Chichos). "El Jero bajaba al barrio," recuerda él. "Se dedicaba a vender ajos (hay quien dice que su nombre viene de ahí, de "ajero"). Recuerdo que mi madre le compraba. También conocí a Las Grecas, bajaban desde Carabanchel. Cantaban en los bares [del vecindario]".

Otro personaje conocido era el propio Jaro, que, a pesar de vivir en la zona norte, se acercaba a San Fermín. Según Mario, "llegó un día a Orcasitas con otros dos y nos pusimos a hablar. Él era de Toledo y yo también, por eso cogimos confianza. Yo tendría 10 años y él 12. Era un chaval normal, pero cuando fue creciendo se empezó a hacer conflictivo".

Casas bajas y chabolas en el barrio de San Fermín, en Villaverde. EP
Mario cree que el Jaro tenía algún problema mental que le venía de familia. Se cree que una de sus hermanas, de hecho, está actualmente en una institución psiquiátrica. Nuestro entrevistado conoció a dos hermanos y dos hermanas de su amigo. La familia vivía en una corrala en cuyo exterior había montones de tierra en torno a los que jugaba con sus amigos.

El nombre de Jaro le venía por su familia. Era delgado y alto, aunque "poca cosa". Tenía un lunar y era castaño tirando a pelirrojo. "La madre era guapa. Tenía problemas con el alcohol y fue abandonada por su marido", rememora. "Dicen que hacía la calle. En esos años había mucha prostitución. Yo recuerdo estar en San Fermín y llegar un Mercedes conducido por un chófer trajeado, bajar este del coche, hablar con un niño gitano y llevárselo. Pasaban unas horas y volvía el gitanillo con mil pesetas en el bolsillo, que entonces era mucho dinero".

Robos y violencia
En los primeros tiempos el Jaro, Mario y sus amigos se dedicaban a jugar. Pero, posteriormente, comenzaron a ejercer otro tipo de actividades. "Fue una transición de necesidad", explica Mario.

"Tú veías a otros chicos que tenían bastantes cosas y tú no tenías nada. El primer robo que hicimos fue en la churrería de San Fermín. Entramos seis o siete y cogimos una lata de conservas donde el dueño guardaba el dinero suelto. Era una época en la que no había mucha vigilancia. Todo eso empezó viendo películas de chinos, viendo mucha violencia...".

Continúa: "Además, los 13 años de entonces no eran los 13 de ahora. A lo mejor, un chaval de 13 de antes era como uno de 20 de ahora. [Hoy en día] los chicos parece que están aniñados... Yo recuerdo atracar un banco Atlántico en la calle Antonio López a esa edad, más o menos. Eso fue un atraco a mano armada. Las armas las conseguimos entrando de noche en una armería de la zona de La Latina. Jaro era un líder nato. Nosotros no teníamos miedo. A nosotros nos han disparado, nos han hecho de todo."

Un antiguo médico alcohólico era quien los curaba cuando alguien era herido, aunque el tipo vivía en condiciones de gran miseria.

Entre los enemigos del Jaro estaba el Chino, otro joven conflictivo de La Ventilla. Según Mario: "Se llevaban mal. Una vez en unos billares de Madrid saltaron chispas. Tuvimos una pelea contra él y su banda en la UVA de Fuencarral, donde recibí una puñalada en la rodilla. Al marcharme, iba manchando la calle con mi sangre".

En los atracos de la banda los participantes se repartían los botines y luego cada cual hacía lo que quería con su dinero. Había quien se lo gastaba en droga. Mario recuerda la llegada de la heroína a partir de 1974, que era comprada a familias como los Jiménez o los Gordos.

"La heroína era muy cara, de 25.000 a 30.000 pesetas el gramo", recuerda él. Mario solía guardar su dinero en un agujero al lado de un pequeño puente de madera que había sobre el Manzanares. "[Por el puente] pasábamos desde mi barrio a Entrevías, que estaba enfrente, junto con varias cuevas donde vivían personas". Mario llegó a guardar en su escondite hasta 300.000 pesetas de la época. Hoy es un próspero empresario.

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Re: Aquellos "viejos tiempos"
« Respuesta #1306 en: 25 de Enero de 2026, 19:54:03 pm »

La ruta de los bares de la droga en la Transición: "En el Quinto Toro había menudeo de hachís, tripis, caballo... Para quitarnos el mono nos íbamos a la Sierra de Gredos"

 
Iñaki Domínguez | Madrid
25/01/2026 17:13

Antiguamente no era raro que en algunos bares y locales de ocio madrileños ciertos sujetos se dedicasen al trapicheo de sustancias estupefacientes. En la zona de Moncloa puntos clave fueron El Quinto Toro, La Eslava y el Dóberman.

Hablamos de los últimos 70 y primeros años 80. Nacho, un vecino del barrio, conoció esos entornos de primera mano: "El Dóberman era un bar de cañas que sólo funcionaba por la mañana. Ahí vendía mucha gente. El Dóberman era un bar de los 80, pero antes hubo otros, por ejemplo, La Eslava (en calle Hilarión Eslava). Éste era una especie de pub para jóvenes, con música, etc. Ahí, principalmente, vendía la Banda de los Muchachos".

Los originales de este grupo fueron cinco o seis, pero con el tiempo se amplió el grupo. Algunos de ellos fueron el Carpio, el Poe (de Poeta). Como comenta Nacho: "El Poe era un primigenio de la banda y se llamaba Antonio. Era un buen tío. Los Muchachos eran del Parque Móvil, hijos de chóferes y conductores. Eran más de clase obrera. Esas familias vivían en el propio Parque Móvil. Hay un gran garaje que da a Cea Bermúdez, por la parte de atrás hay un patio, una iglesia, y todo eso son viviendas".

El primer local de la zona donde se vendía era "un bar de cañas con futbolín que se llamaba El Quinto Toro", recuerda Nacho. "Estaba en la calle Benito Gutiérrez, al lado de Princesa. Originalmente fue el típico bar de viejos, pero a finales de los 70 estaba lleno de chavales. Ahí había menudeo de hachís, tripis, caballo, etc. La gente dejaba el hachís debajo de los parachoques, que entonces eran de hierro y tenían un hueco interior. Si venía la policía no te podían encalomar la mercancía porque no la tenías encima. Había otro bar donde había un movimiento de la hostia que se llamaba el Amok. Estaba en la calle Gaztambide. Amok es una palabra árabe".

Como hemos visto, los Muchachos se convirtieron en los principales proveedores de caballo en el vecindario. "Empezarían en 1977", explica Nacho. "Se pusieron el nombre ellos mismos, porque eran unos chavales, unos muchachos. Al principio eran chavales normales, rockeros, macarrillas... Pero lo que funcionaba en esa época era vender droga. Ellos empezaron a hacer sus viajes para traer tema y venderlo. Empezaron a vivir bien de lo que sacaban. Pero todo tiene un precio: si andas tocando un material, al final acabas enganchándote".

El impacto del 'caballo'

Continúa: "Aunque al principio eran muy reacios a pincharse, una vez se engancharon, comenzaron a atracar, porque es más rápido sacar dinero atracando. Esta gente era muy brava. A causa de ello, acabaron cayendo y entrando en la cárcel. El Poe se murió de alguna enfermedad; al Carpio lo perdí de vista, creo que se fue de Madrid. Desapareció. Mi trato con ellos fue bueno. Otra banda famosa eran unos rockers. Había un tío que se llamaba Charlie. Era hermano de Rocky, que era un tío cojonudo".

Durante una época Nacho iba diariamente al barrio de Valdezarza para comprar drogas a un camello llamado Antonio. "En esa época dominaba el menudeo de camellos independientes", comenta. "Ya en los 80 llegó el Poblado de las Bañeras [también conocido como Los Focos] en la zona de San Blas. Se decía lo de las bañeras porque ahí se vendían bañeras, retretes y lavabos. En ese mismo momento la policía empieza a desmantelar a los camellos de los barrios".

Sigue con su relato: "Esto ocurrió, por ejemplo, en el bulevar de Vallecas, donde se vendía mogollón. A partir de cierto momento, los camellos clásicos de los barrios empiezan a desaparecer y aparecen negros en la Plaza de España. Estos vendían bolsitas de heroína. Antes de eso había papelinas. Una forma clásica de repartir era que un tío con una papelina gorda cogiese una navajita para echar la heroína en otra papelina que le comprabas. No la pesaba, lo hacía a ojo".

Nacho acabó recalando en El Patriarca, unos centros de desintoxicación desperdigados por el mundo que fueron muy activos durante los años 80. Se integró en uno de sus establecimientos en 1983. Pasó por centros de España, Francia y Bélgica, aunque se escapó en varias ocasiones. No obstante, Nacho logró la desintoxicación definitiva sin ayuda de nadie.

Según confiesa: "Algunos nos íbamos a la Sierra de Gredos a pasar el mono, yo allí lo dejé. Descubrí la naturaleza y todo cambió para mí. Fui a pasar unos días al raso y descubrí un mundo fantástico, el mundo al que pertenecemos. ¿Tú has visto la película Trainspotting (1996)? Hay una escena en que uno lleva a los adictos al campo... Les hace ver todo un mundo fantástico, pero a un toxicómano eso no le vale. Para un adicto solo vale pillar. Yo ahí rompí ese rollo. Al principio fue duro, porque no tenía amigos, mi salud era muy precaria... Me tuve que recuperar físicamente, me tuve que recuperar anímicamente, tuve que recuperar a mi familia, a mis amistades, tuve que hacer nuevos amigos... No sé cómo, pero lo logré. Y aquí estoy".