Autor Tema: Memoria histórica  (Leído 205063 veces)

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Re:Memoria histórica
« Respuesta #2960 en: 16 de Febrero de 2020, 10:49:34 am »


El delito de apología del franquismo sin nuestro Historikerstreit, un error histórico de cálculo y memoria



Es sencillo encontrar la diferencia que existe entre el caso alemán y el español. En nuestro país no ha habido ningún proceso judicial ni condena sobre el franquismo

Ramón Tejero sale del cementerio de Mingorrubio tras el segundo entierro de Franco. FERNANDO SÁNCHEZ
Antonio Maestre
15 feb 2020 20:40

Establecer como delito el enaltecimiento del franquismo y la apología de sus crímenes es un paso en la línea adecuada que nos equipararía con los países de nuestro entorno que establecen como delitos contra la democracia cualquier expresión de odio, de exaltación del nazismo y de negación del Holocausto como elementos fundacionales de sus estados democráticos. Sin embargo, hacerlo hoy en España, en las actuales condiciones jurídicas, sociales y de cultura democrática es un error histórico de cálculo que incide en lo simbólico perdiendo de vista lo estructural. Un camino incapacitante que impedirá una política de memoria efectiva, justa y que sirva para construir un país más digno.


Se han dado multitud de argumentos a favor y en contra de la instauración de este delito. En lo que respecta a la libertad de expresión no hay que perder mucho tiempo, no es el debate para fijar posición al respecto e impide analizar el fondo de la cuestión. En España los delitos apologéticos llevan fijados muchos años. La mayoría de los que ahora se escandalizan han defendido con actuaciones represivas estos tipos penales para silenciar a la disidencia o cualquier opinión discrepante que pudiera encajar en los tipos penales preexistentes de manera intimidatoria.


No es cierto que la instauración de un delito como el de apología del franquismo, respetando los preceptos fundamentales de otras legislaciones, atente contra la libertad de expresión, como no lo hacen los delitos de odio cuando lo que pretenden es defender a colectivos vulnerables. Peor argumento aún es considerar la defensa del genocidio franquista como una opinión más. Porque no todas las opiniones son respetables, como recoge nuestra Constitución. El debate para rechazar la instauración del delito de apología de franquismo es estructural, más profundo y tiene ver con la pésima conciencia democrática y de memoria que existe en la actualidad en España. Una base imprescindible sin la que nada sólido y digno de mantenerse en pie puede subsistir.

Alemania. Siempre Alemania y su política de memoria para traerla al debate público, la mayoría de las veces de forma errada, sin la contextualización necesaria para establecer analogías y referencias comparadas acertadas. La única defensa que el Gobierno ha realizado de la instauración del delito de apología del franquismo ha pasado por hablar de la existencia de un reproche penal similar en Alemania contra la exaltación del nazismo. Es cierto que existe y que en lo que respecta a este aspecto la comparación es equivocada por un problema de fondo. El 20 de noviembre de 1945 comenzaron en Nuremberg los procesos judiciales que llevaron frente a los tribunales a 611 jerarcas nazis y que concluirían en noviembre de 1946. El nazismo fue juzgado y condenado primero, para posteriormente, muchos años después instaurar una serie de medidas que perseguirían la exaltación y apología de sus actos criminales.


Primero se juzga el hecho, y después la defensa pública del hecho. No fue hasta el año 1960, más de 15 años después de los juicios de Nuremberg, cuando la República Federal Alemana recogió en su código penal el artículo 130 que incluía la instigación al odio contra la población como delito. Ni siquiera era un artículo específico contra el nazismo o la negación del genocidio, aunque se presuponía que el objeto del tipo penal iba destinado a tal efecto. Su inclusión se produjo tras la profanación en la navidad de 1959 de la Sinagoga Roonstrasse de Colonia con pintadas de "judíos fuera" dos meses después de haber sido reinaugurada tras su destrucción durante la Kristallnacht. No fue hasta el año 1982 cuando se incluyó específicamente el delito de apología, negación y banalización del Holocausto. Promovido por el incipiente debate que se venía produciendo en Alemania sobre la relación con su pasado y que afloró en todo su esplendor en 1986 con el Historikerstreit o "Disputa de los historiadores".

Un debate historiográfico entre Ernst Nolte, próximo al revisionismo histórico, y Jürgen Habermas. Nolte defendía en un artículo publicado en el Frankfurter Allgemeine Zeitung que el nazismo no fue una singularidad alemana, sino una reacción apartada del camino alemán como respuesta al imperialismo estalinista y que sus crímenes eran mucho menores que los ocasionados en la URSS. En definitiva, defendía que el nazismo fue una reacción defensiva al estalinismo. Jürgen Habermas fue el principal autor contrario a estas ideas, ya que mantenía que el revisionismo de Nolte era una estrategia política servida al gobierno conservador de Helmut Köhl para construir un orgullo nacional que necesitaba excluir al nazismo de su propia identidad.

Es sencillo encontrar la diferencia fundamental de base que existe entre el caso alemán y el español. En nuestro país no ha habido ningún proceso judicial ni de condena sobre el franquismo ni sobre cualquiera de sus responsables, ni al más alto nivel ni a nivel accesorio. Nuestra democracia nace de una ley de punto final como la que fue la ley de Amnistía. Las víctimas del franquismo anteriores a 1968 aún no tienen el estatus jurídico de víctima y siguen vigentes las sentencias franquistas y los tribunales sumarísimos de la dictadura, así como los efectos derivados de leyes infames como la de responsabilidades políticas. Es necesario comenzar por los cimientos, construir una memoria digna y olvidar por el momento el reproche penal a opiniones o celebraciones que defiendan hechos o actores históricos que no han tenido ninguna sanción legal.


Aún así, todas estas diferencias fundamentales y profundas no son las más severas para considerar un error la instauración del delito de apología del Franquismo. La diferencia más importante es que en España no nos hemos dotado de nuestro propio Historikerstreit. No existe memoria colectiva democrática que no haya sido precedida de un debate largo y complejo que instaure en la sociedad una verdad histórica como parte de su ideario moral y de justicia social.

Antes de que pensemos en medidas como la instauración del reproche penal es preciso iniciar un debate académico profundo sobre la memoria de nuestro país en el que participen las instituciones de forma activa con medidas concretas de educación y restitución. Alemania, durante su Historikerstreit, construyó el gran Monumento del Holocausto en Berlín. Tenemos la oportunidad de replicarlo en Cuelgamuros con medidas que no sean un insulto a la inteligencia como cambiar una orden monástica por otra, como pretende el Gobierno. Existe el modo, aunque sea más lento.

Un país que todavía no ha acuñado su propia verdad histórica y no ha construido su identidad colectiva hacia su pasado más dramático yerra de manera radical penalizando una cosmovisión particular privilegiando una interpretación colectiva inconclusa de un periodo dramático de nuestra historia. A día de hoy la conciencia colectiva mayoritaria sobre la Guerra Civil y la dictadura es la de una lucha fratricida que equipara a ambos bandos y oculta las atrocidades sistémicas del régimen franquista para instaurar una visión dulcificada de la dictadura basada en el progreso económico y que ha generalizado la concepción histórica que instaura el franquismo sociológico. En estas condiciones introducir un tipo penal específico para penar la opinión de una inmensa mayoría de la población española es un error de difícil cálculo para el futuro.

Piénsenlo mejor, reflexionen. Comiencen a dar pasos que doten de justicia y reparación a las víctimas, de reparación moral, conmemorativa y educativa antes de tomar medidas de tipo penal que en el futuro solo garantizarán una regresión en materia de memoria que muchos de los pocos supervivientes ya no tienen tiempo para permitirse. Nuestra memoria oral se está muriendo y es necesario preservarla y avanzar hacia su reparación antes de iniciar procesos de represión penal. Esperen. No es el momento.

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Re:Memoria histórica
« Respuesta #2961 en: 17 de Febrero de 2020, 07:06:20 am »

Atisbos de luz en el asesinato de Vicente Cuervo
Se cumplen 40 años de uno de los atentados ultraderechistas más desconocidos de la Transición, ocurrido durante un mitin ilegal de Fuerza Nueva en Vallecas

Miguel Ezquiaga Fernández

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Madrid 15 FEB 2020 - 22:09 CET   


Blas Piñar entonaba un enérgico Cara al Sol. El fundador de Fuerza Nueva era diputado en la primera legislatura de la Democracia y convocaba un mitin que el Gobierno Civil había prohibido tras el reciente asesinato de Yolanda González, disparada a bocajarro por un escuadrón ultra que la tenía por etarra, pero en realidad era militante del Partido Socialista de los Trabajadores, un pequeño grupo trotskista aún ilegal. La policía evitó que el centenar de asistentes entrara al Cine París, donde estaba previsto un discurso del líder. El hecho tensionó las calles y aquella mañana de domingo, 10 de febrero de 1980, la muerte visitó Vallecas.

Las arengas y los cánticos sucedieron finalmente en la plazoleta del cine, preñada de brazos levantados, gafas de aviador y guantes de cuero. En frente, otro grupo de vecinos reaccionaba a la contra. Entre ellos estaban Vicente Cuervo y su novia Paz León, junto a tres más de la pandilla. Las tiranteces se agravaron en el momento en que desaparecieron los miembros más mediáticos del bando azul. El cordón policial que separaba a unos de otros se quebró a empujones. Durante el cuerpo a cuerpo volaron cuchillos y cadenas. Cuando sonaron varios tiros al aire los cinco amigos corrieron en distintas direcciones: Paz y otro colega herido fueron a refugiarse a la calle de Carlos Martín Álvarez, parapetados tras un vehículo aparcado que terminó como un colador. Les auxilió un Seat 1.500 color gris que circulaba por la calzada. Pero Vicente no tuvo la misma suerte.

Lo encontraron tendido en la acera frente al bar Dones, en el número 11 de esa misma vía: “Le subimos al coche y aún respiraba”, cuenta Paz, hoy una sexagenaria de cabello plateado. Ha pasado casi media vida, pero esta es la primera vez que relata lo ocurrido fuera de su círculo más íntimo. Tuvo que mudarse a Galicia para superarlo. Con su testimonio quiere hacer jirones el telón del olvido. Iluminar unos hechos muy desconocidos, que ya entonces se contaron mediante versiones contradictorias. Ella no vio el momento exacto del tiro que entró por el tórax de Vicente y salió a través de su lumbar. Tampoco conoce a nadie que estuviera allí mismo. Lo que sí puede esclarecer es el contexto: los antecedentes y las consecuencias de todo aquello. Porque sostuvo a su novio mientras este agonizaba.

El único medio que publicó entonces un relato presencial fue EL PAÍS. Una fuente anónima aseguraba que antes del disparo Vicente le asestó varias puñaladas a un ultraderechista. “Es imposible, nosotros no íbamos armados”, sostiene Paz. El testigo también decía que la Policía Municipal retiró de la calle el cuerpo tiroteado, por lo que ella le resta veracidad a su testimonio. Coincide, sin embargo, en que alguien disparó al joven a muy poca distancia. Tal vez apoyó el arma contra su pecho. No se trataba de una bala perdida, sino de un tiro certero que le atravesó de arriba a abajo. Tras recogerlo de la acera, llevaron a Vicente al centro quirúrgico de Vallecas, cerca de la Avenida de la Albufera. Desde allí los servicios médicos lo trasladaron al hospital, donde fue intervenido y perdió la vida poco después. Paz conservó durante años el plumífero azul ensangrentado de su novio, que tenía solo 21 primaveras.

La ultraderecha hizo correr el bulo de que los vallecanos confundieron a Vicente de bando y le tirotearon desde una altura. Antonio Assiego, dirigente de Fuerza Nacional del Trabajo, un sindicato vinculado al partido de Blas Piñar, declaró lo siguiente a la Agencia Efe: “Pudimos ver cómo se nos disparó con armas de fuego desde ventanas o balcones (…) Debieron confundirle con uno de nosotros, porque iba relativamente bien vestido”. Assiego aparece en las escuchas del sumario del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, pues estuvo en contacto con la familia del teniente coronel Antonio Tejero mientras este se encontraba en el interior del Congreso. Un año después, el sindicalista fue detenido por tenencia ilícita de pistolas, metralletas y granadas de mano.

Militancia ácrata

Paz se pregunta cómo iban a conseguir armas de fuego los vecinos del barrio. Los ultras de aquel tiempo sí tenían acceso a ellas por su cercanía con los sectores más reaccionarios del ejército y la policía, como se demostró en el caso de Yolanda González. Además, la semblanza que ella hace de su pareja no se corresponde con la de alguien acicalado: “Gastaba vaqueros acampanados, llevaba barba y el cabello greñudo”, anota. También botines y camisas de cuello Mao: una apariencia de rockero de los setenta. En el chaleco o la solapa de la cazadora solía prender una chapa: la A circulada blanca sobre un fondo negro, el símbolo ácrata.

Vicente, nacido en Vallecas, estuvo afiliado a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), una organización anarcosindicalista basada en los principios de la democracia directa. Pertenecía al ramo del metal y era el enlace en Telefunken, la firma alemana pionera en el desarrollo de ingeniería electrónica cuyo televisor tecnicolor iluminó las salas de estar españolas. Representaba al sindicato en la fábrica de la calle Antonio López, donde se diseñaban y articulaban modernos transistores o teléfonos. El Estatuto de los Trabajadores estaba todavía tramitándose y los libertarios no participaban en el comité de empresa, al que consideraban una “estructura corporativista”. Se organizaban en asambleas obreras, imprimían propaganda y convocaban paros y huelgas.

Esta adscripción política no trascendió después del asesinato. Ningún partido de izquierda reclamó a Vicente: “Claro, él era anarquista”, recuerda Manuel Cuervo, su hermano de 59 años. Aquella militancia se omitió en las crónicas de la época y la familia no quiso clarificarlo. Lloraron la pérdida del primogénito en silencio. El miedo estrechó las paredes del hogar. Su padre, un escaparatista autodidacta, prefirió callar y evitar que se intensificaran las llamadas amenazantes. El gobernador civil Juan José Rosón le sugirió que no se significara, rememora Manuel: “Quería evitar un entierro masivo como el de Yolanda, celebrado una semana antes. Se ofreció a financiar el sepelio si tenía lugar en la más absoluta intimidad. Se hizo de tapadillo, al día siguiente. Ni mi madre ni los más allegados pudimos asistir”. Su padre y su tío rezaron a solas con el sepulturero.
Especial de Ajoblanco sobre fanzines madrileños en el que participó Vicente Cuervo
Especial de Ajoblanco sobre fanzines madrileños en el que participó Vicente Cuervo

Manuel estaba de permiso en el servicio militar cuando asesinaron a su hermano. Le comunicaron lo ocurrido cuando fue a Vallecas a visitar a la familia aquel mismo día. Hoy este funcionario, enfundado en un traje pardo al salir de la oficina, señala el lugar que obró un cambio definitivo en Vicente: “Se politizó en la Escuela Técnica de Ingeniería de Embajadores”. Allí cursó durante un lustro la maestría industrial de electrónica. Conoció un discurso acorde a su ánimo indómito. La CNT se legalizó en 1977 y atrajo a muchos jóvenes desencantados con la política tradicional. En un año dobló la afiliación, que el informe de gestión presentado por la Secretaría de Organización cuantificó en 200.000 en todo el país. El sindicato se convirtió en algo más que un refugio para nostálgicos. Bajo sus siglas Vicente desataba una energía creativa.

Prólogo de La Movida

El joven compaginaba la actividad política con una inquietud profesional y cultural. En su casa de la calle Calatrava, a donde se mudó junto a Paz, experimentaba con cachivaches electrónicos. Fabricó una pieza que pitaba cuando la bañera iba a rebosar. Y las luces del dormitorio se encendían mediante dos palmadas. Los cables, baterías, placas y chips no le impidieron cultivar la literatura. Puso voz a una generación con ideas, pero sin medios de expresión. Escribía en Ajoblanco, la revista agitadora del momento. También se prodigó en las páginas de Hermano Lobo, un semanario que llevó la sátira cáustica a los quioscos. Allí publicaban sus viñetas El Roto y Forges; Manuel Vicent firmaba una columna fija, y Rosa Montero dio a conocerse como entrevistadora. Todos ellos pasaron después por EL PAIS.

Los textos de Vicente no eran ensayísticos, sino relatos cortos de ficción. La fantasía permite imaginarse a uno mismo y a otros de manera diferente. Sus ilustraciones a plumilla se regían por la misma máxima y evocaban sueños o utopías. Pasó muchas horas frente a la mesa de dibujo de un ático de la calle Augusto Figueroa, base de operaciones de los Laboratorios Colectivos Chueca: La Cochu. El local fue la antesala de La Movida Madrileña. Sirvió de paraguas para un montón de proyectos contraculturales entre 1977 y 1980. Desde allí se producían numerosos fanzines que después recalaban en El Rastro. Impulsaron a grupos musicales como Tequila, Burning o Kaka de Luxe y fueron pioneros en el diseño de cartelería y portadas de discos.

De toda esa eclosión se acuerda Andres Krakenberger, de 62 años. El expresidente de Amnistía Internacional de España ahora reside en el País Vasco, pero compartió con Vicente aquella estancia destartalada en la que sucedía de todo: “Era un currante. Hizo cientos de carteles para conciertos. Tenía un estilo un tanto tembloroso y apenas utilizaba tramas como todos los demás. Prefería trabajarse las sombras, en plan artesanal, con pequeños puntos de rotring”. Aquello fue una suerte de comuna conformada por dibujantes, poetas, críticos de arte, músicos y locos por la tinta. Una sacudida hizo temblar la oficina cuando el telediario informó del asesinato: “He sentido el aliento de la muerte en el cogote dos veces. La primera, el día que crucé la calle de Claudio Coello solo media hora antes de que explotara el coche bomba de Carrero Blanco. La segunda, cuando me enteré de que habían matado a Vicente a tiros”.

Una sospecha

Nunca hubo imputados por el asesinato de Vicente. Tras la manifestación de Fuerza Nueva en Vallecas se efectuaron diez detenciones, incautando cuchillos de doble filo, cadenas y dos pistolas, según informó Diario16. Sin embargo, ninguna de las armas de fuego encontradas se relacionó con el disparo de la calle Carlos Martín Álvarez. El Gobierno Civil anunció en los meses posteriores estar tras las pistas definitivas del autor, pero sus huellas se perdieron en el curso de la historia. Juan Carlos Cuervo, el hermano menor, de 53 años, intuye que la refriega pudo esconder un atentado premeditado: “A Vicente lo estaban buscando. Era alguien que no pasaba inadvertido. Hablaba mucho y daba siempre su opinión”.

La misma escuela de electrónica que inoculó en Vicente la inquietud política pudo ser su perdición. Por allí circulaban los acólitos de Emilio Hellín, condenado a 43 años de prisión en 1982 por asesinar a Yolanda González. Era ingeniero y dirigía una academia del sector. Durante el registro, la policía halló en su despacho un revolver Walther y otro Star, un subfusil Comando, un bolígrafo pistola y abundante munición. Hellín compadreaba con personal y alumnos de la escuela de Embajadores. De igual modo que era amigo de Rodrigo Lial, director del Centro Nacional de Formación Profesional donde Yolanda cursaba sus estudios. Lial pudo facilitar información sobre la estudiante vasca al batallón que le dio muerte. Quizá otros ojos vigilaron los movimientos de Vicente con el mismo fin. Agazapados detrás de una insignia con el yugo y las flechas; esperando el momento adecuado para asestar un golpe mortal.


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Re:Memoria histórica
« Respuesta #2962 en: 18 de Febrero de 2020, 07:28:04 am »

Seis años sin sentar en el banquillo a Martín Villa, el único imputado en la querella argentina dispuesto a declarar


El exministro está acusado de delitos de homicidio agravado durante la Transición por matanzas como las de los Sanfermines del 78 y los sucesos de Vitoria
Juan Miguel Baquero
17/02/2020 - 21:04h

En 2014, la jueza María Servini ordenó detener a Rodolfo Martín Villa. El exministro de Franco está acusado de delitos de homicidio agravado en un contexto de crímenes contra la humanidad. Pero el tiempo corre y el único imputado en la querella Argentina dispuesto a declarar no acaba de sentarse en el banquillo para responder por los sucesos de Vitoria o de Sanfermines 78.

El último episodio quedó cerrado en falso en los últimos días. La magistrada María Servini de Cubría iba a viajar a España para tomar declaración indagatoria el 20 de marzo a Rodolfo Martín Villa en la embajada argentina en Madrid. Un plan que, al parecer, de momento se ha frustrado.

El Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina ha acusado a España de poner trabas a esta declaración. Según Argentina, el Ministerio de Justicia considera que el "medio idóneo" para efectuar este requerimiento "no es un oficio judicial" sino "una Solicitud de Asistencia Internacional (un exhorto internacional)". Sin embargo, el Ministerio de Exteriores español niega que esto haya sucedido, y asegura que ignora "en qué información oral o escrita ha podido basarse" el país suramericano para realizar "esa errónea aseveración". Y aclara: "La solicitud de asistencia fue remitida por las autoridades argentinas el 28 de enero y se encuentra todavía pendiente de contestación, lo que debería acontecer en breve".

Al hilo del enésimo aplazamiento, la Coordinadora estatal de apoyo a la Querella Argentina contra crímenes del franquismo (CeAqua) denuncia que el Gobierno de España "se niega" a que tenga lugar esta toma de declaración. Y que, de este modo, "ampara a criminales franquistas".

Justicia niega la mayor. Aunque la disputa trasatlántica entre Servini y el Estado español está salpicada por los regates y el boicot a la única causa en el mundo que intenta juzgar los crímenes del franquismo. Mientras, una veintena de investigados sigue disfrutando de impunidad. Y entre ellos el único que quiere declarar, el exministro Martín Villa.
Cronología de una declaración frustrada

La primera orden de detención internacional con fines de extradición contra Martín Villa quedó dictada en octubre de 2014 por la titular del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº1 de Buenos Aires, María Servini de Cubría. El mandato afectaba a ocho exministros franquistas, como José Utrera Molina por la sentencia de muerte de Salvador Puig Antich, un excapitán, siete expolicías, dos antiguos jueces, un ginecólogo y un abogado.
Jueza argentina espera tomar la declaración a Martín Villa en España en octubre

La jueza argentina María Servini de Cubría. | EFE

La sección argentina de Interpol solicitó días después a Madrid el arresto preventivo de los exfuncionarios y políticos acusados. Interpol España, en cambio, alegó ante su Secretaría General con sede en Lyon (Francia) para no tener que detener a los reclamados.

El entonces ministro de Justicia, Rafael Catalá, tardó poco en anunciar que España no atendería la extradición solicitada por Argentina. Pero Villa aseguró que no se iba a "esconder": pidió declarar ante Servini y comparecer ante el Congreso de los Diputados para dar explicaciones sobre este asunto "si hay cauce" para hacerlo, subrayó en declaraciones a Radio Nacional.

La jueza Servini dio otra vuelta de tuerca al proceso a inicios de 2015 y anunció su voluntad para tomar declaración en España al ministro de la dictadura de Francisco Franco. El Consejo de Ministros dejó claro el boicot a la Querella Argentina confirmando que no detendría a los franquistas imputados. El Gobierno de Mariano Rajoy justificó en una respuesta parlamentaria que sobre estas órdenes prima el derecho interno de cada país.
"Viendo a los que me acusan, estoy muy tranquilo"

Servini, como respuesta a la negativa de extradición, cursó en 2016 una primera comisión rogatoria (auxilio judicial internacional) para tomar declaración indagatoria a Martín Villa en tribunales españoles. España ganó tiempo pidiendo a Argentina las preguntas que haría a los imputados. Y en septiembre acabó tramitando el exhorto al darle salida a juzgados territoriales. Pero el Juzgado de Instrucción número 28 de Madrid rechazó la cuestión en octubre y un segundo pedido sufrió el mismo varapalo por el Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional.
Martín Villa recibe la medalla de manos del rey.

Martín Villa recibe una medalla de manos del rey Felipe VI.

En este último auto la Audiencia Nacional indicaba al juzgado argentino que "en lugar de utilizar el exhorto internacional podía utilizar distintos mecanismos para tomarle declaración a Martín Villa compareciendo en lugares dependientes de la soberanía argentina en España como el consulado o la embajada", recuerda CeAqua. Justo al contrario del "medio idóneo" aludido días atrás por el Ministerio de Justicia para aplazar la comparecencia ante Servini, según el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina.

Martín Villa ha dicho en numerosas ocasiones que quiere declarar ante la justicia argentina. "Viendo a los que me acusan, estoy muy tranquilo", llegó a decir. "No hay nada de verdad en las acusaciones que hacen contra mí", sostiene el exministro del Interior y que en junio de 2017 fue condecorado por el rey Felipe VI junto a los exparlamentarios que conformaron las Cortes Constituyentes en 1977.
El triunfo de la impunidad

Un mes después, Martín Villa sumó un nuevo triunfo: podría ir a declarar al país austral sin riesgo a ser detenido. La Cámara Criminal y Correccional Federal de Argentina atendió su recurso y revocaba la orden internacional de busca y captura dictada contra él por la jueza Servini de Cubría, obligando a revisar su imputación.

La Audiencia Nacional rechazó que Argentina tomara declaración al exministro franquista en octubre de 2018. El juez José de la Mata argumentó, entre otros motivos, que según la legislación española los delitos que le atribuye habrían prescrito y que se vulneraría la Ley de Amnistía. Aunque el propio Martín Villa nunca ha pedido ampararse en estos supuestos, porque no ha cometido ningún delito, según el juez.

También exponía De la Mata que el imputado se puso a disposición de Servini para declarar en Argentina y ella lo ha rechazado. La jueza volvió a reclamar la toma de declaración indagatoria el 28 de marzo de 2019, tras una reunión con la eurodiputada Ana Miranda (BNG).

El exministro del Interior acusado de homicidios durante la Transición respondió el mismo día anunciando que iría en septiembre a Buenos Aires para declarar ante la titular del juzgado que tramita la Querella Argentina. La última petición de Servini ha quedado en vía muerta.
Cargas de los 'grises' contra estudiantes. | CENTRO DE ESTUDIOS ANDALUCES

Cargas de los 'grises' contra estudiantes. | CENTRO DE ESTUDIOS ANDALUCES
Las matanzas imputadas a Martín Villa

La justicia argentina busca al alto cargo franquista desde 2014 por 12 homicidios, crímenes contra la humanidad cometidos en un "ataque sistemático" para eliminar opositores. Como la "matanza" de Vitoria de 1976, asesinatos cometidos por ultraderechistas o los sucesos de Sanfermines de 1978.

Cinco obreros caen muertos por disparos de la Policía Armada, en una iglesia previamente "gaseada". Ocurre en Vitoria el 3 de marzo del 76. La represión contra los trabajadores deja más de 100 personas heridas, la mayoría por armas de fuego. Martín Villa es Ministro de Relaciones Sindicales y ordena junto a Adolfo Suárez –ministro interino de Gobernación por viaje oficial de Manuel Fraga a Alemania– el envío de refuerzos y que un mando único dirija el operativo.

Ese mismo año, los llamados 'guerrilleros de Cristo Rey' matan a una mujer en Santurce, año 76. El grupo ultraderechista estaba "protegido por la policía", según la denuncia en manos de la jueza Servini. En 1977, muere un estudiante en una manifestación que pide amnistía para los presos políticos de la dictadura franquista. Hay otros tres fallecidos, uno tras "trece días de dolorosa agonía" por torturas policiales.

Los Sanfermines del 78 viven uno de los episodios más violentos de represión policial durante la Transición Española. El detonante es el despliegue de una pancarta en favor de la amnistía total. Un estudiante recibe un tiro en la frente, y hay más de 150 heridos. Los incidentes se extienden por la ciudad, y de Pamplona, al resto de Navarra y Euskadi. Otro joven cae asesinado días después en Donostia.

Martín Villa, en estos casos, está a cargo de las fuerzas de Seguridad del Estado como ministro de Gobernación o del Interior. Servini busca conocer si los asesinatos están enmarcados en "hechos puntuales" o son delitos cometidos en España entre 1936 y 1977 "en el marco de un decidido plan de ataque sistemático y preconcebido para eliminar a todo oponente político". Los crímenes de lesa humanidad imputados al exministro son sancionables "con las penas de reclusión o prisión perpetua" según la legislación argentina.
Los nombres de los asesinados

Todos los nombres de los asesinados son: Pedro María Martínez (27 años), Francisco Aznar (17), Romualdo Barroso (19), José Castillo (32) y Bienvenido Pereda (30), en Vitoria. María Norma Menchaca (Santurce, julio del 76), José María Zabala (Hondarribia, septiembre del 76), Arturo Ruiz (Madrid, enero del 77) y Rafael Gómez (Rentería), José Luis Cano (Pamplona) y Francisco Javier Núñez (Bilbao), los tres en mayo del 77. Además de Germán Rodríguez (27 años), en Sanfermines 78, y Joseba Barandiaran (18), en una manifestación días después en San Sebastián.


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Re:Memoria histórica
« Respuesta #2963 en: 19 de Febrero de 2020, 07:30:52 am »
Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena

El consistorio decidió resignificar el memorial eliminando los 3.000 nombres que lo formaban y sustituyéndolos por una frase que los familiares de las víctimas consideran "errónea, tendenciosa y vacía"

https://www.eldiario.es/madrid/Ayuntamiento-acompanar-memorial-franquismo-Almudena_0_995651265.html