La Policía Nacional toma Lavapiés: el macrooperativo sorpresa de cerca de 100 agentes se salda con cinco detenidos y 90 identificados
Los agentes mandan un doble mensaje: de amparo a los vecinos y de aviso a los delincuentes
Así fue el macrooperativo sorpresa de la Policía en Lavapiés que se saldó con cinco detenidos
Noche de tensión en Lavapiés tras una reyerta multitudinaria que acabó con nueve detenidos y cuatro policías heridos al ser agredidos a golpes y pedradas
Tres arrestados durante una reyerta con un joven apuñalado grave en Lavapiés
Daniel Somolinos
Luis F. Durán | Madrid
27/10/2025 00:09
Facebook
Twitter
Whatsapp
- Ahora mismo está en situación irregular. Delegación de Gobierno le revocó su permiso de residencia en 2023... Nos tenemos que quedar con la tarjeta.
- ¿Ha caducado?
- Creo que usted no quiere enterarse. Se lo quitaron porque, muy posiblemente, posea antecedentes penales. Tenía 15 días para abandonar el país, pero no lo hizo. De hecho, vemos que hasta solicitó la nacionalidad después de aquello.
Plantado de pie contra una pared, conformando una larga hilera de subsaharianos y con un dominio del castellano pobre pero comprensible, un joven senegalés intentaba rehuir torpemente de las preguntas que varios agentes le interpelaban. A escasos metros, otro compatriota, visiblemente más violento, se resistía a ser detenido. "No me voy a relajar ni me voy a ir con vosotros, me estáis chuleando", gritaba, mientras era llevado a la fuerza a uno de los numerosos furgones policiales que este jueves inundaron la plaza de Nelson Mandela, en el corazón de Lavapiés del distrito Centro de Madrid.
Este enclave, uno de los puntos calientes de la capital en cuanto a conflictividad se refiere, fue el escenario de una macrooperación en la que se desplegaron cerca de 100 efectivos de seguridad, extranjería, participación ciudadana y policía judicial de la comisaría de Policía Nacional del distrito Centro, apoyados por agentes de la UPR. Al frente del operativo el propio comisario de Centro, Jaime Burgos, junto a sus mandos de máxima confianza. El objetivo era mandar un doble mensaje: por un lado, en señal de amparo a los vecinos, que durante los últimos meses han intensificado sus protestas, con caceroladas incluidas, por la más que notable degradación de la zona; y, por otro, a los maleantes, advirtiéndoles que van a ser, a partir de ahora, mucho más vigilados.
Serpenteando por las estrellas calles de Lavapiés, una procesión de vehículos oficiales y de sirenas azules hipnotizaban a los viandantes. No sonaban La Cabalgata de las Valkirias de Wagner, pero la escena tenía pinceladas de Apocalypse Now. Por entonces, este diario ya se había empotrado en el vistoso operativo, acompañando a los agentes durante el desempeño de su cometido.
Gran parte del dispositivo policial, el jueves, en Lavapiés. J. BARBANCHO
La plaza de Nelson Mandela fue tomada en cuestión de minutos. Grupos de policías bloqueaban todas las vías que desembocaban en la zona, evitando las entradas y, sobre todo las salidas. Dentro, decenas de agentes se dedicaban a filiar a todos los presentes. Solo cuando se comprobaba que su identidad se correspondía a los registros oficiales, se podían marchar.
Entrada ya la noche cerrada, otro uniformado escudriñaba, linterna en mano, los recovecos de los bancos, los alcorques de los árboles cercanos y una pequeña área infantil. Fue debajo del suelo acolchado de este último espacio, rajado por varios puntos, donde el oficial hizo su primer hallazgo: dos dnis, muy probablemente, "tirados ahí porque pertenecían a carteras robadas".
Inspección del pavimento acolchado de una zona infantil. D. Somolinos
Aunque el descubrimiento más impactante ocurrió en la otra punta de la plaza. Detrás de unos armarios metálicos de suministro eléctrico, bastante bien escondido, se encontró un cuchillo, de considerables dimensiones, dentro de su propia funda. "Si te atacan con esto ya puedes tener suerte...", valoraba otro de los policías.
Al mismo tiempo que se llevaban a cabo todas estas labores, otra parte del operativo se centraba en los locales más próximos a la plaza, incluidas sus trastiendas. Principalmente se intentaba comprobar si todos los trabajadores estaban de manera legal en España, las condiciones de salubridad de aquello alimentos puestos a la venta y, sobre todo, comprobar que el material electrónico que poseían, como patinetes o móviles, no fuera robado.
Cuchillo incuatado durante el operativo.
"Esto tendrían que hacerlo todos los días, porque los vecinos no podemos más. Es un trasiego constante de toxicómanos y de gente peligrosa. Y no sólo por la noche... Tienen tomada la plaza, parece que nosotros no tenemos derecho a disfrutar de ella", explicaba una vecina que reside en un bloque de viviendas en la propia plaza.
Finalmente, la operación se saldó con 90 identificados, dos actas levantadas por drogas, el cuchillo mencionado incautado y cinco detenidos: uno acusado de receptación (cuando una persona, sin haber participado en el delito original, adquiere, oculta o ayuda a beneficiarse de los efectos de un delito patrimonial a cambio de un beneficio económico); dos detenidos por los miembros de Extranjería ya que carecían de permiso de residencia; uno por tráfico de estupefacientes; y el último, tras estar reclamado por la justicia a causa de un robo.
Uno de ellos, el último al que le pusieron las esposas, tuvo que ser reducido por entre cinco agentes ya que era un viejo conocido de los calabozos. "Hay que tener mucho cuidado con éste... Le gusta morder a los policías. Y si te engancha, no te suelta...", valoraban antes de engrilletarle. En esta ocasión no se resistió y pudo ser introducido en el coche patrulla sin mayores complicaciones.
"Sobre todo me da miedo por mis hijas, que juegan en ese parque infantil. Ahí esconden armas, drogas.. Tenemos que revisar bien que no haya nada que les pueda hacer daño por si se caen. Hacen falta más medidas de este tipo para conseguir echar a esta gente, que cuando está drogada se altera mucho, lo más lejos posible de Lavapiés", apuntaba un comerciante de origen indio, cansado de los problemas de la zona.
Inspección de un local, el jueves, en la plaza Nelsón Mandela. D. Somolinos
Los problemas en el barrio se han recrudecido, principalmente, desde septiembre de 2022, cuando se cerró el narcoedificio okupa La Quimera. Dentro se hacían talleres de teatro, se ofrecían clases de español, de danza... Pero entonces "llegó la droga, y lo cambió todo", tal y como cuenta una residente de esta demarcación de Lavapiés. La clausura de La Quimera hizo que los estupefacientes, que antes solo se vendían y consumían dentro del inmueble, afloraran en las calles.
Desde entonces, las riñas y trifulcas se han sucedido, siendo una de las más notorias la acontecida en verano, cuando un intento de robo terminó en una paliza donde la víctima recibió un golpe con una botella en la cara. Ésta tuvo que ser atendido por los facultativos del Samur-PC, que consiguieron contener las heridas sangrantes que le había provocado el ataque.
En esta ocasión, como suele ser ya "la norma", el afectado optó por no denunciar. "Los vecinos no queremos problemas con nadie, solo vivir lo más tranquilos posibles. Pero tras salir de tu portal y dar dos pasos, ya ves grupos de gente que gritan mucho y nos asustan", desliza otra residente que vive muy cerca de Nelsón Mandela. Por el momento, la Policía ya les ha transmitido que conocen "la situación real" de la plaza, y que harán todo lo que está en su mano para "que la violencia cese". El mismo despliegue policial se repetirá de forma repentina en Lavapiés durante los próximos meses.