Autor Tema: Sobre la vocación policial  (Leído 57856 veces)

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Re:Sobre la vocación policial
« Respuesta #661 en: 04 de Agosto de 2019, 16:28:19 pm »
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Re:Sobre la vocación policial
« Respuesta #662 en: 01 de Septiembre de 2019, 21:33:42 pm »



La primera línea de la Policía


"Cuando vean por la calle a uno de esos zetas, pónganse sus botas si quieren juzgar su camino. Y no lo duden: ellos se jugarán el pellejo hasta por el más tonto de los que cuestionan su trabajo".

 Coche patrulla de la Policía Nacional
Coche patrulla de la Policía Nacional | EFE

Manu Marlasca

  Madrid | 01/09/2019
Acaba el verano, comienza para muchos el año real, no el que empieza con la pereza y la resaca que deja el 31 de diciembre y la perspectiva de una semana más a medio gas, de fiestas navideñas que no echan el cierre hasta bien entrado enero. Y el verano, ese fin de año real, ha dejado unos cuantos sucesos que vuelven a dejar claro que para algunos, los días donde las grandes ciudades se vacían son un día más en su oficina. La oficina de la calle, la oficina del coche patrulla.

Hablo de lo que a mí me gusta definir como la primera línea de la Policía, los agentes que pasan los días en un coche zeta, allí donde se forja el prestigio del cuerpo, lejos de salones, de ruedas de prensa y de altos cargos.

La dotación de un coche patrulla fue la que reconoció y detuvo al asesino de la doctora Cardeñoso, la última víctima de la violencia machista en Madrid. Una llamada alertó de su presencia en la calle y dos agentes de la Brigada de Seguridad Ciudadana le reconocieron y le detuvieron. Acababa así una huida que había llevado al Grupo de Homicidios a recorrer todos los albergues de Madrid y hasta una ciudad castellana, donde pensaban que había escapado. Los agentes del Zeta hicieron su trabajo: le arrestaron y le condujeron hasta la Brigada. Un detenido, un palote más, aunque sea un asesino. Una comparecencia en el Grupo de Homicidios y a seguir patrullando.

Apenas unos días después, una patrulla del GOR (Grupo Operativo de Respuesta) de la comisaría de Centro, un distrito con más personal y mucho más trabajo que algunas jefaturas y que muchas comisarías provinciales, salvaba la vida a una mujer que estaba a punto de suicidarse arrojándose desde el viaducto de Segovia, el que fuera destino estrella para los suicidas marfileños hasta que en los años 90 se reforzó la protección. Pese a ello, la mujer estaba a punto de saltar, cuando los agentes la agarraron prácticamente al vuelo, poniendo en peligro sus vidas. No hubo negociadores, no hubo palabras, ya no había tiempo, tan solo la firme decisión de que había que hacer lo correcto y salvar una vida. Y así lo hicieron.

Su jefe, un comisario que ha pasado toda su vida en la Comisaría General de Policía Judicial, en la élite de la investigación, me decía, orgulloso de los suyos: "estoy descubriendo otra Policía".

Esa Policía es la que ve la mujer que llama al 091, harta de los golpes o los gritos de su pareja; la madre que ve como su hijo se está ahogando y requiere la ayuda de la Policía; el ciudadano que acaba de sufrir un robo y para un coche patrulla... Por eso, los zetas, los agentes de Seguridad Ciudadana son esa primera línea, el escaparate que todos ustedes ven de un cuerpo que durante demasiado tiempo ha dejado en la trastienda a uno de los productos más lujosos que tiene: hombres y mujeres muy jóvenes que a veces se ven obligados a tomar decisiones críticas en cuestión de segundos y, encima, han de soportar que desde la comodidad de sus casas o desde sus redacciones, algunos imbéciles juzguen con ligereza su trabajo en las redes sociales o en los medios.

El pasado mes de julio, una de esas agentes de seguridad ciudadana estuvo a punto de morir acuchillada por un delincuente en su primer día de uniforme. Su profesionalidad y la del compañero que disparó al agresor le salvaron la vida. Pocas veces he visto a tantos estúpidos juzgando un trabajo del que no tienen ni la menor idea. Cuando vean por la calle a uno de esos zetas, pónganse sus botas si quieren juzgar su camino. Y no lo duden: ellos se jugarán el pellejo hasta por el más tonto de los que cuestionan su trabajo.

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Re:Sobre la vocación policial
« Respuesta #663 en: 17 de Septiembre de 2019, 07:20:00 am »

La soledad del policía
September 16, 2019|


Poco se habla del policía y de sus miserias, siempre se recuerdan aquellos aspectos mas llamativos y positivos de la profesión, aunque para muchos de nosotros sea mas una vocación que una simple profesión. Es común oír eso de "que bien vivís los funcionarios", o aquello de "todo el día paseando con el coche y haciendo cafés", o otras frases como, "vosotros no tenéis que preocuparos con vuestros sueldos de millonarios", o "vivís como reyes",... en fin, un sinsentido de frases que nada tienen que ver con hacer de policía, o mejor dicho ser policía.

Pocos ven el lado mas oscuro de nuestra profesión, o pocos quieren reconocerlo. Ahora, estos días, embarcado en un proyecto personal, he recordado uno tras otro, miles de servicios en los que he sido participe durante todos mis años de carrera policial, que ya son mas de dos décadas. Sentía en cada recuerdo, en cada linea que dejaba escrita de ese momento, un escalofrío que me recorría todo el cuerpo, y pensaba si la mayoría de ciudadanos sabe de nuestras miserias y de nuestra soledad, que no se paga con un sueldo y que se lleva a cuestas toda la vida.


Porque os aseguro que hasta el policía mas "duro" ha tenido que vivir algún servicio o alguna situación que le ha removido el estomago y el alma, y se ha tenido que ir a su casa solo, en silencio, guardándose para si aquel mal momento vivido. ¿O acaso el ciudadano puede creer que vivir los diez peores minutos de muchas familias, vivir las mas retorcidas situaciones, o compartir la tristeza de ciertos momentos, no afectan a los policías? ¿Acaso no somos personas? ¿Acaso no tenemos sentimientos? Describiendo un servicio tras otro, se que muchos de los lectores entenderán que ser policía va mas allá de pasear con el vehículo policial, tomar café y cobrar el sueldo. Y por eso les lanzo esta pregunta, ¿estaría usted dispuesto como tantos policías, a enfrentarse a armas de fuego, enfrentarse a armas blancas, aguantar insultos y amenazas, convivir  con situaciones de abusos o agresiones sexuales, ver menores desamparados, acudir a servicios de fallecidos, atender a personas con graves lesiones, comunicar muertes de fallecidos, ver asesinados o mutilados, ver aberraciones con bebes y niños, entrar en incendios para salvar vidas, ser agredido por delincuentes, atender suicidios de todo tipo, vivir incidentes de familias desestructuradas, atender mujeres rotas por el dolor físico y psíquico, lidiar con jefes, abogados, jueces, fiscales, ciudadanos, ...?

¿Estaría dispuesto? y lo digo porque nosotros los policías lo aceptamos, y ,si, estamos dispuestos, y nos reconocemos valedores de nuestro derecho a luchar por un mundo mejor, ya no se si mas justo, pero al menos mejor. Pero eso si, los policías somos conscientes que la factura que pagamos por todo ello es sumamente importante. Esa factura se llama soledad, la soledad del policía. Soledad al no ser reconocido nuestro trabajo por la sociedad que defendemos, soledad por no poder contar nuestras penas mas que a nuestros propios compañeros (porque nadie las entiende), soledad por no tener un apoyo real ante ciertas situaciones que vivimos, soledad por no ser entendidos por nuestras acciones, soledad por ser humillados constantemente por llevar uniforme, soledad por llevarnos los peores momentos de tantas y tantas personas en nuestra alma, una soledad que muchas veces lloramos sentados en un banco, delante de nuestras taquillas, al acabar el servicio.

Estamos solos, si, y lo sabemos, pero me pregunto si merecemos esa soledad, si no seria mas normal que la ciudadanía diera valor a todo el trabajo que hacemos, si no seria mas lógico que se nos brindara el respeto que merecemos, si no seria mas normal que la sociedad (el rebaño) diera mas reconocimiento y apoyo a sus perros pastores (los policías) que luchan cada día para salvarlos de las garras del lobo (los delincuentes). Espero que dejemos pronto de estar solos en esta lucha por un país y un mundo mejor, sinceramente espero que pronto dejemos de estarlo. Y siempre, siempre, seremos la delgada linea azul que separa la sociedad del caos, incluso en nuestra mas absoluta soledad.

[ARRO.01]

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Re:Sobre la vocación policial
« Respuesta #664 en: 17 de Septiembre de 2019, 07:26:23 am »
Estamos construyendo día a día funcionarios lloricas y quejicosos que necesitan de un respaldo y sobretodo de un reconocimiento continuo por parte de la ciudadanía.

En estos días de labores de rescate en zonas anegadas he leído no pocas inserciones sobre si se ha olvidado a este o aquél en las distintas menciones públicas, cuando lo importante es sentirse bien con uno mismo con independencia de si luego vienen a pasarte la mano por el lomo.

"La soledad del policía" se eligió cuando accedimos a esta profesión y en ella va implícita el rechazo, la indiferencia, la agresión y también...el reconocimiento, pero no podemos exigir ese reconocimiento en cada paso que damos, que es lo que hacen algunos funcionarios en esa diábolica máquina de esparcir odio que es Twitter.

O lo aceptan...o cuelguen el uniforme y dediquense a otra cosa.

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Re:Sobre la vocación policial
« Respuesta #665 en: 27 de Noviembre de 2019, 07:23:38 am »

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Re:Sobre la vocación policial
« Respuesta #666 en: 14 de Marzo de 2020, 07:38:13 am »
Llegan días dificiles y los servicios de emergencia en general se van a tensionar...es el momento de dar la talla y estar ahí.


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Re:Sobre la vocación policial
« Respuesta #667 en: 31 de Marzo de 2020, 10:37:25 am »

TRABAJOS SUCIOS


Vocaciones

"Estos días he hablado con muchos policías, guardias civiles, agentes locales, mossos y militares, que me han demostrado una vez más la pasta de la que están hechos"...

Manu Marlasca
  Madrid | 30/03/2020

Quique es inspector jefe de la Policía Nacional y uno de los mejores investigadores que conozco. En su hoja de servicios hay infinidad de crímenes resueltos, unos años en la Comisaría General de Información, donde combatió al terrorismo yihadista, y hasta una estancia en la embajada de un país del centro de África. Estos días anda entre cabreado y melancólico, enviando a sus amigos canciones de Led Zeppelin. Acude a diario a su despacho de la Brigada de Policía Judicial de su ciudad, desde donde habla con compañeros que tienen a sus padres ingresados y se interesa por los policías a los que ha alcanzado el virus. Allí, confinado detrás de su mesa, mira de reojo el uniforme que acumula polvo en el armario y que luce solo en actos oficiales: "Estoy jodido por no poder ayudar más. Deseando que me lancen a la calle con el uniforme, como han hecho en muchas comisarías con los que trabajan en policía judicial".

Víctor es inspector y ha pasado la mitad de su vida en una Brigada de Policía Judicial, retirando de la circulación a atracadores de bancos de todo pelaje. Hace pocos años, decidió cambiar radicalmente de vida y comenzó a enseñar lo que sabía a otros policías. Estos días trabaja desde casa y calma su ansiedad recorriendo cientos de kilómetros ficticios con su bicicleta acoplada a un rodillo: "He pedido a los jefes que me manden a un zeta (coche patrulla), que estoy sin poder hacer nada por la gente cuando la gente más nos necesita".

Quique y Víctor se cambiarían de inmediato por Macu, una inspectora destinada en la Unidad de Prevención y Reacción (UPR). Estos días trabaja en la calle, sobre una motocicleta: "No quiero pasar un minuto en casa, quiero estar en la calle quitando de en medio a los imbéciles y haciendo compañía desde la calle a los peques, pero sobre todo a las personas mayores... No te haces idea de lo que supone ver esas caras de alegría cuando te paras a preguntarles cómo están y les das las gracias por quedarse en casa".

Probablemente, José Luis se cambiaría por cualquiera de los tres. Se jubiló hace unos años y dejó una carrera jalonada de éxitos y medallas: "Estoy triste, viendo tanto dolor y pena a mi alrededor. Y me siento un inútil, un trasto viejo, sin poder ayudar".

Estos días he hablado con muchos policías, guardias civiles, agentes locales, mossos y militares, que me han demostrado una vez más la pasta de la que están hechos y, sobre todo, su vocación de servicio. No he oído en ellos ni una solo queja sobre la gestión política de la pandemia –"ya llegará el momento", dicen–. Ninguno es partícipe del griterío, el ruido y las trincheras que tantos se empeñan en cavar sin ni siquiera haber abierto aún el duelo por tantos muertos a los que no se puede ni enterrar.
Manu Marlasca