Autor Tema: 23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE  (Leído 32123 veces)

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #240 en: 08 de Junio de 2019, 11:02:03 am »
Largo es el brazo del franquismo y Monzón no sólo es un fachorrón, es que además tuvo la osadía de ensalzar, públicamente, las virtudes de las piernas de Celia Villalobos, pero su marido no permaneció impasible ante semejante afrenta y fue cesado, ipso facto, con una simple llamada de Génova, este es el botón de muestra de que siempre ha sido un lenguaraz, por la boca perdió la Jefatura de PMM y si en público es capaz de manifestarse de esta manera, miedo me da lo que pueda llegar a decir y a proponer en privado, menos mal que son una raza a extinguir en el ejercito, pero hay que tener en cuenta que cien generales, ahí es nada, firmaron a favor del manifiesto de apoyo a Franco, en pleno siglo XXI, da que pensar, eh?

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #241 en: 08 de Junio de 2019, 11:22:06 am »
Largo es el brazo del franquismo y Monzón no sólo es un fachorrón, es que además tuvo la osadía de ensalzar, públicamente, las virtudes de las piernas de Celia Villalobos, pero su marido no permaneció impasible ante semejante afrenta y fue cesado, ipso facto, con una simple llamada de Génova, este es el botón de muestra de que siempre ha sido un lenguaraz, por la boca perdió la Jefatura de PMM y si en público es capaz de manifestarse de esta manera, miedo me da lo que pueda llegar a decir y a proponer en privado, menos mal que son una raza a extinguir en el ejercito, pero hay que tener en cuenta que cien generales, ahí es nada, firmaron a favor del manifiesto de apoyo a Franco, en pleno siglo XXI, da que pensar, eh?

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Tras ver el progrma cabría hacerse esta pregunta: A día de hoy es España una democracia consolidada o por el contrario hay un "grupusculo" peligroso en el ejército, la policía y la guardia civil?

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #243 en: 23 de Febrero de 2020, 17:36:58 pm »
Donde estaban ustedes hace 39 años?



El intento de golpe de Estado del 23F en Valencia visto desde el cuartel



En la división que ocupó las calles de Valencia algunos mandos salían ciertas noches de "caza" de homosexuales; la de la intentona de 1981, desplegaron a los soldados con la orden de dar el "¡alto!" y disparar a quien no hiciese caso


Los tanques en las calles de Valencia la noche del 23 de febrero de 1981.
Por Carles Marco
22 feb 2020 21:08

El 23 de febrero de 1981 yo era cabo primero en el Cuartel General de la División Maestrazgo 3 del Ejército de tierra en València. Allí vi y sufrí lo indecible a pesar de ser un cuartel de lujo. Porque algunos de los soldados enchufados eran de Fuerza Nueva, el partido de extrema derecha de Blas Piñar. Mis 'compañeros' captaron que yo no era de 'ellos' y me vacilaban e insultaban sin venir a cuento. Minucias para lo que vi que hacían con otros. Cada cierto tiempo, por la noche, salían con un jeep "de caza". Un sargento, un brigada y cuatro o cinco soldados de extrema derecha recorrían las avenidas y calles donde se citaban los homosexuales. Secuestraban a unos cuantos en el jeep militar llevándolos al cuartel. Allí a la fuerza los desnudaban y les daban ostias y patadas mientras los mantenían en la ducha fría durante unos 15 minutos. "¡Maricones de mierda!", "¡hijos de puta, os vamos a cortar los cojones!", les decían. Tras su 'fiesta' los montaban groguis en el jeep y los tiraban por carreteras. De vuelta al cuartel, bebían mucho alcohol 'vomitando' canciones franquistas y confabulándose entre risas para la próxima "cacería".


Un día antes del 23 de febrero nos hicieron formar con subfusiles y fusiles Cetme y avisaron de que al día siguiente tendríamos que salir para una misión importante. El 23 de febrero nos hicieron llamar en cola desde el único teléfono del patio a nuestras familias para decirles brevemente que no sabíamos cuándo volveríamos. Las órdenes eran claras: cada veinte metros tenía que haber un soldado en el puente de Aragón: a cualquier ciudadano había que darle el "¡alto!" y, si no hacía caso, disparar. Teníamos entre 19 y 24 años. Mientras tanto, en el Cuartel General de la División Maestrazgo 3 –que fue la que sacó los carros de combate a las calles de València–, los mandos y oficiales descorchaban botellas y botellas de champán. Estaban eufóricos y convencidos de que el golpe de Estado había triunfado. Ni el general de división, ni el de brigada, ni ningún coronel fue imputado. Solo el capitán general Jaime Milans del Bosch fue procesado y sentenciado a 30 años de prisión por delito de rebelión militar. Nunca se arrepintió. No obstante, solo nueve años después fue indultado y puesto en libertad. Todos los demás generales y coroneles de València que estaban en el ajo y movilizaron los carros de combate se fueron de rositas.



Los tanques recorren las calles de València la noche del 23 de febrero de 1981.
Por lo demás, todos los soldados éramos esclavos: allí no trabajaba ningún militar de profesión. Solo firmaban las instancias, textos, estadísticas… que nos obligaban a hacer, mientras los suboficiales, oficiales y mandos se pasaban el día en el bar. El servicio esclavista era total: los soldados les limpiaban y arreglaban sus coches particulares, les iban a casa como electricistas, fontaneros, pintores, etc. Pero más: los soldados entregábamos a los coroneles y generales en su casa el pan y las demás viandas demandadas por la mañana con el jeep del ejército. Y llevábamos de paisano las bolsas de las compras que las mujeres de estos militares hacían en El Corte Inglés. También sin avisar abrían nuestras taquillas del cuartel: tiraban libros inocentes a la basura.


El exteniente Luis Gonzalo Segura publicó hace pocos años El libro negro del Ejército español. La hoy diputada socialista Zaida Cantera, tras superar por oposición la Escala Superior de Oficiales del Ejército, no paró de denunciar el acoso que sufrían las mujeres en esa institución. Harta… la abandonó.

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #244 en: 23 de Febrero de 2020, 17:49:14 pm »
A las 18.23 Tejero entraría en el Congreso...dentro de 34 minutos de hace 39 años.


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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #245 en: 23 de Febrero de 2020, 20:30:42 pm »
Cómo pasa el tiempo . . . yo estaba en 3º BUP . . .

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #246 en: 24 de Febrero de 2020, 09:17:57 am »



La vida en prisión de Tejero y Milans del Bosch tras el 23F: una condena entre marisco y mayordomos


El Intermedio desveló en 2014 las ventajas con las que contaban en prisión los condenados por el intento de golpe de Estado perpetrado en 1981.


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laSexta.com

  Madrid | 23/02/2020
 
Algunos de los encarcelados por el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 vivieron sus penas en la cárcel rodeados de lujo, con mayordomos, embutidos de primera calidad, vino Rioja gran reserva y marisco gallego. Estos privilegios penitenciarios anómalos se dieron en los años posteriores al 23F, por el que fueron condenadas 30 personas. Sin embargo, el trato que recibieron en prisión fue diferente para unos y otros.

Antonio Tejero y Jaime Milans del Bosch fueron dos de los protagonistas del 23F: el primero, por encabezar el asalto al Congreso de los Diputados durante la sesión de la Cámara donde se decidía la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo. El segundo, por sacar los tanques a las calles de Valencia y decretar el estado de excepción en la Región Militar levantina.

Ambos fueron condenados a 30 años de cárcel y expulsados de sus respectivos cuerpos: Tejero, de la Guardia Civil; y Milans del Bosch, de las Fuerzas Armadas. El primero cumplía condena en la Prisión Militar del Castillo de la Palma en Mugardos (A Coruña) y el exmilitar fue encarcelado junto a Luis Torres Rojas en la Prisión Naval de Caranza, en Ferrol. Sin embargo, los condenados no sufrieron las penalidades propias de la vida carcelaria.

Antonio Tejero disfrutó durante su estancia en la cárcel de inmejorables vistas a la ría, permiso para recibir visitas diarias, barra libre de marisco y una celda sin rejas. Rafael Pillado, vicepresidente de la Asociación Fuco Buxan, contó a laSexta en 2014 que Tejero vivió en "un entorno propio de a quien van a tratar de forma exquisita".

El historiador Enrique Barrero explicó, en el mencionado reportaje, que se hizo una gran inversión para que la cara reconocible del 23F disfrutara de "calefacción, agua caliente, mobiliario", convirtiendo su habitación prácticamente en una suite. El antiguo teniente coronel salió de la cárcel en libertad condicional en 1996.


EL "REPOSTERO" DE MILANS DEL BOSCH EN EL "HOTEL" DE CARANZA
Los detalles de la vida de Milans del Bosch cumpliendo condena se conocen gracias a la entrevista que Gonzo realizó en El Intermedio en 2014 a Manuel Macías. Este ciudadano aseguró haber trabajado como mayordomo para el exgeneral durante su servicio militar.

Destinado a la Prisión de Caranza en los años 80, Macías aseguraba en su entrevista que ejerció como uno de lo dos ‘reposteros’ (lo que vendría a ser ‘mayordomos’ en jerga militar) que servían a los condenados por el 23F. Entre sus funciones se encontraban el hacerles el desayuno, adecentar la habitación y servirles la comida y la cena, tras la que se tomaban "un güisquicito", según contó a Gonzo.

En palabras del entrevistado, disponían de un bar "que ya quisieran muchos". El piso superior de la prisión estaba dotado de muchas otras comodidades: salón comedor, biblioteca, espacios personales, pista de atletismo… Macías aseguraba que "eso, más que una prisión, era un hotel".

Todas las Navidades, los reos recibían a sus familias y celebraban una cena de Nochebuena. El plato principal, según Macías, era sopa de marisco, del que nunca carecían, ya que un armador coruñés les llevaba periódicamente este producto en sus visitas a la prisión. Tampoco les faltaban otros productos de primera calidad: cada dos meses, desde Málaga llegaban provisiones como jamón de pata negra, vino Rioja gran reserva, mojama...

Ambos condenados disfrutaban de otros derechos: Macías recordaba que Milans del Bosch recibía llamadas de Augusto Pinochet y podía realizar las que quisiera. También recibían visitas si habían pedido audiencia previamente.

El que fuera general en Valencia tenía además "una amiga" que le visitaba una vez al mes, según contaba Manuel Macías, y durante el tiempo que pasaba en la cárcel no salían de la habitación. El entrevistado no se explicaba qué hacían en aquellas jornadas, ya que entonces "no existía viagra".

Es cuanto menos curioso que, con todas estas comodidades, el exmilitar solicitara a la Audiencia Nacional el traslado a una prisión "con un poco de dignidad humana", donde pudiera cumplir su condena de 30 años. Estas declaraciones fueron recogidas por El Correo Gallego el 7 de septiembre de 1984. Milans del Bosch salió de la cárcel solo siete años después de haber ingresado en ella. Su compañero, Torres Rojas, tuvo que esperar un año más, pero tampoco llegó a cumplir los 12 a los que había sido condenado.

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #247 en: 03 de Enero de 2021, 06:56:45 am »

40 años después del 23-F, los papeles secretos del golpe siguen ocultos: ¿a quién le interesa?
Un antiguo ministro de Interior afirmó que los audios y documentos jamás verán la luz. Han podido estar guardados en una finca de Ciudad Real.
3 enero, 2021 02:15

Javier Castro-Villacañas

Este 2021 recién estrenado nos trae, además de la vacunación masiva contra el Covid-19, la evocación de varios hechos históricos. Así, por ejemplo, el próximo 14 de abril harán 90 años de la proclamación de la II República española. Y dos meses antes, en febrero, coinciden dos significativos aniversarios: el domingo 28 se cumplirán 80 años del fallecimiento en el exilio (Roma) del Rey Alfonso XIII (el bisabuelo de Felipe VI); y el martes 23 hará cuatro décadas de la intentona golpista liderada por los generales monárquicos Jaime Milans del Bosch y Alfonso Armada.

Fueron las horas más difíciles del recién inaugurado Régimen del 78. A las 18:23 de aquel día, alrededor de 340 guardias civiles a las órdenes del teniente coronel Antonio Tejero asaltaron a tiros el Congreso de los Diputados (donde tenía lugar la segunda votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo, tras la inesperada dimisión de Adolfo Suárez).

Los golpistas secuestraron a todos los presentes (Ministros y Diputados). El objetivo: esperar la llegada de una autoridad “por supuesto militar” que tendría que proponer una salida política a aquella situación violenta: un “SAM (Supuesto Anticonstitucional Máximo)” tal como había sido definido por el CESID (servicio secreto español) meses antes. Pero aquella astracanada, afortunadamente, fracasó.

Los hechos conocidos permanecen presentes en la memoria de todos los españoles. ¿Pero qué ocurre con los sucesos ocultos? ¿Qué pasó aquel 23-F de 1981 que aún, 40 años después, no debamos saber los españoles? ¿Cuáles son y dónde están los documentos, grabaciones de audio y filmaciones de aquellos acontecimientos históricos, en poder del Estado que todavía permanecen clasificados como secretos?

EL ESPAÑOL ha hablado con los mejores especialistas del 23-F, y con dos testigos privilegiados, por su pertenencia al CESID durante aquellas fechas. Nos han aclarado varias cuestiones sobre este tema: los documentos secretos del 23-F existen (o al menos existieron en su momento); los más importantes y con trascendencia histórica serían las grabaciones de las conversaciones telefónicas mantenidas esa noche entre el entonces Rey Juan Carlos I y el general golpista Alfonso Armada (tendrían que existir muchas otras grabaciones y otros documentos escritos); dicha documentación tendría que estar custodiada en organismos oficiales (Ministerios de Presidencia, Interior y Defensa fundamentalmente); y que ningún Gobierno desde entonces, tampoco el actual de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, ha sido partidario de desclasificar.

Decía Sabino Fernández Campos, hace 40 años secretario general de la Casa del Rey, que “cuando se busca la verdad, se corre el riesgo de encontrarla”. Y algo de lo anterior ocurre con la exactitud de aquel día histórico. Quizá conocer la veracidad de lo ocurrido cuestionaría muchos fundamentos de nuestra historia política. Y eso no interesa. Esa al menos es la conclusión de la totalidad de nuestros entrevistados. Por eso, parafraseando el tango de Carlos Gardel: 40 años no es nada y, con toda seguridad, el 23-F seguirá siendo secreto por mucho tiempo para el conjunto de los españoles.

En poder del CNI

“Todo está en poder del CNI”, esta es la opinión de Fernando J. Muniesa, autor del libro La cara oculta del Estado. Historia Crítica de los Servicios Secretos (Editorial Actas, 2020). “En España, los secretos de Estado nunca mueren. Una ley franquista de 1968 es la caja fuerte que hace imposible que salgan a la luz. Con posterioridad, la ley de 2002, reguladora del CNI ha agravado esta situación: todo lo que tiene que ver con la seguridad del Estado es secreto y su divulgación está castigada con penas de cárcel”.

Para Muniesa esta situación es escandalosa y no tiene parangón con ningún país de nuestro entorno: “En la actualidad, los documentos clasificados (así ocurre con los del 23-F) pueden permanecer secretos para siempre; ya que nadie está obligado a desclasificarlos. Esto no ocurre en ningún país democrático, donde se establecen plazos (normalmente 25 años, prorrogables otros 10, máximo 50) pero con la obligación de adoptar una medida sobre los mismos: se puede prorrogar el secreto de un documento pero justificando la razón y haciéndose responsable de esta decisión”.

Para Muniesa, los documentos relacionados con el 23-F, que deberían seguir custodiados por el Estado, serían fundamentalmente todas las conversaciones telefónicas mantenidas aquel día desde el Congreso de los Diputados y el Palacio de la Zarzuela: “El entonces secretario de Estado del ministerio del Interior, Francisco Laína, ordenó grabar todas las conversaciones telefónicas. Y él me reconoció en su momento que las tenía. Escribió un libro, pero no se atrevió a publicarlas. Él sabrá el porqué”.

Quien coincide con esta apreciación es la periodista Pilar Urbano, una de las mayores especialistas del 23-F, publicó su primer libro en 1982 Con la venia. Yo indagué el 23-F (Editorial Argos Vergara) y, desde entonces, no ha dejado de investigar un solo día. Su última aportación, por el momento, aparece en su libro de 2014 “La gran desmemoria: lo que Suárez ha olvidado y el Rey prefiere no recordar” (Planeta).

Respecto al tema de las grabaciones, Urbano tiene datos exactos y nombres precisos de lo que ocurrió: “El delegado del Gobierno en Telefónica en aquel momento era Julio Camuñas Fernández de Luna y, desde el Congreso secuestrado, Salvador Sánchez Terán, que era diputado de UCD y presidente de Telefónica, pudo contactar con él para ordenarle que grabase desde una sede que tenían en la calle Huertas. Y me consta que así se hizo. Se grabó todo lo que se habló desde el Congreso, desde la Zarzuela, desde la Junta de Jefes de Estado Mayor en la calle Vitrubio. Lo que hablaron entre ellos y con las Capitanías Generales. Había líneas de teléfono secretas: la línea verde, la roja y la negra, pero todas podían ser intervenidas por el propio Estado desde Telefónica”.
Jamás verán la luz
El periodista y escritor Jesús Palacios.

El periodista y escritor Jesús Palacios.

Para el periodista Jesús Palacios, el autor que desveló la implicación del CESID en la intentona golpista de 1981 en sus libros “23-F: el Golpe del CESID” (Planeta, 2001) y “23-F, el Rey su secreto” (Libros Libres, 2010), este dato es fundamental: “Porque podríamos acceder a la conversación que mantuvo primero desde la sede de la JUJEM Armada con la Zarzuela, cuando salió rumbo al Congreso para proponerse como presidente del Gobierno (a título personal, según la versión oficial) y, posteriormente, las llamadas telefónicas de Armada desde el Congreso, una vez que Tejero se negó a admitir su Gobierno de concentración con socialistas y comunistas".

Conversaciones que mantuvo con el palacio de la Zarzuela (yo estoy seguro que habló con el Rey, no únicamente con Sabino) y con el capitán general Milans del Bosch en Valencia”. Además para Palacios, la existencia de estas grabaciones es una realidad “A mí me lo reconoció el entonces ministro de Interior, Juan José Rosón, que enfatizó la importancia de su contenido: jamás podrán ver la luz, me dijo”.

Palacios señala como documentos que nunca saldrán a la luz, el conjunto de Decretos, borradores e informes redactados por el CESID destinados a ser utilizados una vez que el general Armada hubiera sido investido “constitucionalmente” como presidente del Gobierno. “Se destruyeron todos” nos aclara, pero tengo la esperanza de que alguien se quedara con copias”, expresa Palacios.

Quienes son más escépticos respecto a la existencia, a día de hoy, de documentos y de grabaciones son los antiguos miembros del CESID, los coroneles Diego Camacho y Juan Alberto Perote.

Diego Camacho era capitán de los servicios secretos hace 40 años y llegó a entrar físicamente en el Congreso de los Diputados aquel 23-F, en su misión de informar respecto a lo que allí estaba ocurriendo. Y así lo hizo: denunció internamente la implicación de mandos y agentes del Servicio de Inteligencia en la intentona golpista. Su acusación tuvo efectos, el CESID se vio obligado a realizar una investigación (una especie de auditoría interna que terminó siento un lavado de cara respecto a la implicación de “La Casa” dentro del Golpe) que se conoció bajo el nombre de “Informe Jáudenes” (nombre del coronel, Juan Jáudenes que lo redactó).

“Ese Informe nunca se ha publicado completo. Durante el juicio, al juez instructor le mandaron una especie de conclusiones que nunca trasladó a las partes y, años después unos periodistas publicaron una versión mutilada. Pero la versión completa, con el testimonio personal de todos los agentes que estábamos adscritos al CESID hace 40 años, nunca ha sido publicada. Yo firmé con mi puño y letra 4 folios con mi testimonio, y al igual que yo lo hicieron el resto de agentes. El Informe completo debería permanecer en los archivos del actual CNI en la carretera de La Coruña y, 40 años después, cuando todos los posibles delitos han prescrito, ya es tiempo suficiente para que los españoles conozcan la verdad de lo que ocurrió. Son hechos muy graves y reveladores de un régimen de poder, y tanto que se habla ahora de memoria histórica, democrática y transparencia en las instituciones, qué menos que conocer la verdad respecto a lo que ocurrió entonces”.

Preguntado Diego Camacho al respecto de sí tiene esperanza de su existencia en la actualidad, se muestra tajante: “Yo creo que lo habrán destruido todo”.
División de criptología
El coronel Juan Alberto Perote.

El coronel Juan Alberto Perote.

El coronel Juan Alberto Perote, permanecía de guardia aquella noche en la sede de la AOME (Agrupación de Operaciones de Misiones Especiales) del CESID y coincide con la tesis de Camacho: “Yo creo que quedarán muy pocas cosas. La mayoría de los documentos habrán desaparecido o las tendrá alguien en su poder para que no aparezcan”. Perote, que publicó en 2001 el libro: 23-F: ni Milans ni Tejero. El informe que se ocultó” (Editorial FOCA) coincide con la tesis de Diego Camacho: “En el Informe Jáudenes que yo publiqué, después de una serie de incidentes judiciales, falta el testimonio personal que realizaron los agentes. Soy muy escéptico respecto a que siga existiendo algo relacionado con lo anterior”.

De lo que sí tiene más detalles el coronel Perote es respecto a lo relacionado con las grabaciones de las conversaciones: “Yo de lo que hizo Laína y el Ministerio del Interior no tengo ni idea. Pero sé que el CESID tenía un Centro de Comunicaciones donde, a través de la División de Criptología del ministerio de Defensa, se podía tener acceso a todas las comunicaciones secretas que se establecían entre el Estado Mayor, la Zarzuela y las Capitanías Generales. Esas comunicaciones si se realizaron a través de ese sistema pudieron haber sido intervenidas”.

Fernando J. Muniesa no tiene dudas al respecto: “El CESID de entonces controlaba todas las comunicaciones que, en concreto, salían del palacio de la Zarzuela. Unas eran a través de un aparato previo al Fax, Radiofonema era su nombre, que dejaba por escrito el contenido de las comunicaciones oficiales orales. De haberse realizado comunicaciones esa noche bajo ese sistema permanecerán archivadas”.

Los denunciantes expulsados

A la pregunta de dónde puede guardarse todo esta documentación escrita, sonora o gráfica, los entrevistados no se ponen de acuerdo. Jesús Palacios y Pilar Urbano señalan la sede del CNI en la carretera de la Coruña. Fernando Muniesa indica que primero estuvieron guardados en una Unidad de Contrainteligencia que tenía su sede en la calle Menéndez Pelayo de Madrid y ahora deberían de estar en la sede de la Cuesta de las Perdices.

Camacho y Perote nos dan más detalles: “En los Servicios de Inteligencia existía una División de Archivo. Cuando en el año 1996, tras el triunfo de José María Aznar, regresan al Centro el general Javier Calderón y el coronel José Luis Cortina, nos expulsan a 28 agentes que habíamos denunciado su actuación el 23-F. Entre ellos estaba la encargada del Archivo del CESID. Con eso te digo todo” nos aclara el coronel Camacho.

Perote sitúa otro lugar en el plano de España como posible emplazamiento de la caja fuerte de los secretos del 23-F: “En la provincia de Ciudad Real existe una finca propiedad del ministerio de Defensa donde los Servicios Secretos tienen su almacén y Centro de Archivo. “La casa del doctor” y “La finca de los alemanes” eran sus nombres. Hay que recordar que, hasta dos años después del 23-F, el Centro no empieza a filmar y microfilmar toda su documentación. Antes se guardaban todos los papeles físicamente. De existir algo estará ahí guardado”.

40 años han pasado y más de 40 secretos siguen enterrados bajo siete llaves sobre el 23-F. En junio de 2020 el grupo parlamentario del PNV presentó una Proposición de Ley para reformar la Ley franquista sobre secretos oficiales de 1968. Era su cuarta propuesta en cuatro años. Pero siempre pasa lo mismo, inicialmente se admite pero luego su tramitación choca con todo tipo de obstáculos. En esta ocasión contaron con el voto afirmativo del PSOE, Podemos, ERC, JxCat, Bildu y Más País. PP y Ciudadanos se abstuvieron y únicamente votó en contra Vox. Para Fernando J. Muniesa “Aunque la intención de los nacionalistas vascos se centra en conocer más la llamada “guerra sucia” del Estado contra ETA que el Golpe de 1981, es un paso necesario modernizar nuestra ley de secretos oficiales. Y de paso, conocer toda la verdad de lo que pasó el 23-F”. Ojalá que así sea. Los españoles seguimos teniendo esta asignatura pendiente.


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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #248 en: 03 de Enero de 2021, 12:54:35 pm »
Pués visto lo visto con en Emérito. . . quizás el primer interesado en que nada salga a la luz sea él, Armada no hacía nada no sólo sin su conocimiento, sino sin su autorización. . .

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #249 en: 03 de Enero de 2021, 20:22:46 pm »
También opino lo mismo, en caso contrario hace muchos años habrían salido a la luz pero si perjudican a la Corona y más con la que está cayendo.
« Última modificación: 04 de Enero de 2021, 06:23:40 am por 47ronin »

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #250 en: 27 de Enero de 2021, 06:37:55 am »

Los otros 23-F: todas las conspiraciones civiles y militares que amenazaron la Transición
El historiador Roberto Muñoz Bolaños reconstruye en su nuevo libro las operaciones e intentonas golpistas que se sucedieron desde la muerte de Franco hasta 1986.
27 enero, 2021 02:00

David Barreira @davidbr94

1980 fue el punto de inflexión de la Transición. Adolfo Suárez perdió el respaldo unánime de su partido y el sostén que le brindaba la oposición, encabezada por el PSOE. Su último salvavidas era el rey Juan Carlos I, pero su relación también terminaría por resquebrajarse. A los atentados de ETA y el GRAPO se añadió una crisis social impulsada por una inflación desbocada y un paro galopante. La situación era crítica, y en ese contexto se gestó casi una decena de operaciones civiles y militares diseñadas para derribar al presidente del Gobierno.

Democristianos que conjuraron para hacerse con el control de UCD y expulsar a Suárez, socialistas dispuestos a ofrecer el Ejecutivo a un general liberal como Gutiérrez Mellado, un grupo de coroneles y tenientes coroneles que barajaba un golpe de Estado para establecer una república presidencialista muy nacionalista u otra acción organizada en torno a Antonio Tejero que consistía en tomar el Congreso de los Diputados con una "violencia total" y esperar el respaldo del Ejército al golpe. Una de estas acciones combinaba el apoyo de ambos sectores: fue la "Solución Armada", cuyo objetivo era convertir a ese general en presidente de un Gobierno integrado por todos los partidos del arco parlamentario. Sería el embrión del 23-F.

Pero la neonata democracia española acabó resistiendo todas las embestidas involucionistas de 1980. Así lo había hecho en los años inmediatos a la muerte de Franco y así lo haría ante la amenaza terrorista de grupúsculos residuales que se prolongó desde el 23-F hasta 1986. Fue una década convulsa, de conspiraciones y alianzas, de mucha negociación secreta para reformar el nuevo sistema —o destruirlo—, sobre la que vierte una luz muy nítida Roberto Muñoz Bolaños, doctor en Historia Contemporánea, en su nuevo libro, El 23-F y los otros golpes de Estado de la Transición (Espasa).
Tejero, armado, durante el 23 de febrero de 1981 en el Congreso.

Tejero, armado, durante el 23 de febrero de 1981 en el Congreso.

La obra del experto en historia militar de España ofrece una minuciosa y excelente reconstrucción del papel desempeñado por sectores de las Fuerzas Armadas y de algunos núcleos políticos en las intentonas por instaurar una "democracia limitada" que restringiese los flamantes derechos económicos y sociales. Es una narración académica pero apasionante, que evidencia el dificultoso éxito de la Transición. "Frente a aquellos que opinan que fue la continuación del franquismo y hablan de régimen del 78, lo que demuestra el libro es que el establecimiento del sistema democrático en España de forma permanente fue un proceso muy arduo y que en muchos momentos estuvo a punto de fracasar, sobre todo entre 1980 y 1981", destaca el autor.

El principal culpable de ese triunfo fue Adolfo Suárez. "Él es el héroe, va más allá de lo que inicialmente se le había ordenado: la transformación del franquismo en un sistema democrático en el que se pudiera votar y elegir Gobierno, pero donde el Rey conservara determinados poderes", analiza Muñoz Bolaños. "Fue el verdadero árbitro del proceso y la figura clave, mucho más que la de Juan Carlos".
Todos vs Suárez

La primera conspiración militar se registró a principios de 1976, cuando el proyecto liberalizador de Arias Navarro y Manuel Fraga daba sus primeros pasos. Estuvo liderada por el general Fernando de Santiago y otros militares, que tenían el objetivo de lograr un cambio político ante el deterioro del orden público que se había registrado desde la muerte del dictador. "Es tal vez la que más éxito podría haber tenido porque se produce en un momento en el que todavía no se había iniciado el proceso de democratización. Podían haber presionado al Rey para poner al frente del Gobierno a un militar que hubiese dirigido la transición hacia una democracia limitada", opina Muñoz Bolaños.

El grueso de estas operaciones, no obstante, se registraría ya con Suárez en la presidencia del Gobierno y tras la legalización del Partido Comunista (9 de abril de 1977). En el plano civil, el "Plan A" u "Operación Golpe de Timón", en el invierno de 1977, fue el primer intento de lo que el historiador denomina "transición paralela" —un importante sector de la élite económica, política y militar que pujaba por un "franquismo coronado" para controlar las decisiones que acabó fracasando— para derribar al presidente. También destacan el intento en el verano de 1978 de nombrar a Gregorio López-Bravo, exministro de la dictadura, como vicepresidente de Suárez para ser su alternativa —una operación que se consultó con EEUU— y finalmente la "Solución Armada".
Adolfo Suárez saluda al rey Juan Carlos

Adolfo Suárez saluda al rey Juan Carlos

Más movimiento se registró en los círculos castrenses, todos fallidos por la división de las Fuerzas Armadas y la falta de un militar fuerte al mando. A los acontecimientos del 23-F y el plan golpista de la "Operación Galaxia", Muñoz Bolaños subraya la "Intentona Torres Rojas", liderada por el general africanista Luis Torres Rojas, jefe de la División Acorazada Brunete, nº 1 (DAC) entre junio de 1979 y comienzos de 1980, que buscaba la instauración de un gobierno militar que disolviese el Parlamento e ilegalizase el PCE; y el golpe de Estado del 27 de octubre de 1982, encabezado por coroneles y tenientes coroneles, que estaban dispuestos a poner fin a la monarquía como forma de Estado.

"Luego hay otras operaciones como el 'Manifiesto de los 100' (6 de diciembre de 1981), que quería provocar una rebelión en el Ejército, o el intento de secuestro del Rey en la Zarzuela (junio de 1981), pero fueron mucho más débiles y con menor apoyo", explica el profesor de las universidades Francisco de Vitoria y Camilo José Cela. "Y fuera de esos, los actos terroristas que se intentan poner en marcha en 1985 que buscaban volar a Juan Carlos I y al Gobierno en A Coruña".
El 23-F

En su obra, Muñoz Bolaños también registra una explicación detallada del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y las conversaciones y tejemanejes que condujeron a los disparos de Tejero en el Congreso, episodio del que en algo menos de un mes se cumplen cuatro décadas. "Todas las operaciones civiles y militares para derribar a Suárez confluyen en la operación del 23-F: se busca una unidad para que el golpe tenga éxito. Pero el 23-F no era un golpe de Estado puro y duro. Por eso digamos que se ha oscurecido todo para que no se conozca", lanza el autor, que rebate la versión oficial de los acontecimientos.

"Tejero tenía que dar un golpe de Estado que permitiera presentarse al general Alfonso Armada como salvador de la democracia, con un Gobierno de concentración donde el vicepresidente era Felipe González. Y una vez que se le hubiera votado como presidente, Tejero, a quien no se le había informado de que no iba a tener ningún puesto en el Ejecutivo, tendría que coger un avión con sus oficiales y dinero y marcharse al exilio", narra Muñoz Bolaños, que en 2015 publicó su aplaudida tesis doctoral sobre este tema. El teniente coronel de la Guardia Civil, que quería una Junta Militar, terminaría provocando el fracaso del golpe con su oposición a los planes de Armada.
Juan Carlos I, en su comparecencia pública tras el golpe del 23-F.

Juan Carlos I, en su comparecencia pública tras el golpe del 23-F.

El 23-F y su origen, la "Solución Armada", en palabras del historiador, es un proceso "muy complejo fundamentalmente por quién participa": la CEOE, los partidos políticos o la Jefatura del Estado, con "un papel de conocimiento". "El problema que se plantea cuando fracasa el golpe de Estado es que salgan a la luz pública esos movimientos que ha habido para derribar a Suárez y para modificar el sistema democrático vigente", asegura el investigador.

¿Y qué hay sobre las sombras en torno a la actuación de Juan Carlos I? "El Rey no toma partido contra los golpistas hasta la 1:15, como demuestro en el libro. Hasta ese momento intenta observar y tomar una decisión", responde el experto. "El monarca había avalado a Armada para convertirse en presidente del Gobierno mediante una moción de censura y el 13 de febrero le había autorizado para que reconduciera cualquier operación golpista que se pusiera en marcha. Pero Armada toma la decisión de monitorizar el golpe de Estado de Tejero y comete el error de decirle que lo tiene que hacer en nombre de la Corona, que cuando entre en el congreso diga viva el Rey".

Tejero, por su parte, informó a Milan de Bosch y este a sus mandos de que la operación es en nombre del Rey. "Cuando en Zarzuela se enteran de esto —continúa el historiador—, a Juan Carlos se le crea un problema enorme porque si el golpe de Estado tiene éxito, va a saber mucha gente que estaba auspiciado por él, pero si fracasa, va a haber un juicio, como ocurrió, y va a salir su nombre. Está en una situación imposible, por lo que intenta que no haya ningún enfrentamiento entre militares y acabar con la situación de tal manera que no perjudique a nadie, empezando por la propia Corona. Por eso autoriza a Armada a las 12 de la noche a que vaya al Congreso a proponerse como presidente y al fracasar este no le queda más remedio que hablar por la televisión".
Portada del libro de Muñoz Bolaños.

Portada del libro de Muñoz Bolaños. Espasa

"El Rey no está complicado en el golpe, sino que su actitud es de impasse, de espera por la situación que le ha creado Armada entendiendo su autorización de una forma muy amplia", señala Muñoz Bolaños. "Luego se creó una versión oficial para tapar todos los movimientos que había habido con anterioridad y que fue la que se convirtió en hegemónica hasta nuestros días". En cuanto a los misterios que todavía quedan por resolver, el historiador señala a los prolegómenos del 23-F, la parte más interesante, como el contenido de las conversaciones de Armada políticos como Jordi Solé Tura, Herrero de Miñón, José Luis Álvarez, Pío Cabanillas o Rodríguez Sahagún o el verdadero papel desempeñado por los empresarios, que apoyaban la solución de un general en el poder.

Una historia de conjuras y maquinaciones en la que estuvieron metidos los críticos de UCD, socialistas, comunistas, Coalición Democrática... "De alguna forma, todos son responsables. Eso lo dice Jordi Pujol en sus memorias. Los únicos partidos que no participaron en las conspiraciones fueron Convergència y el PNV, que también se pide contar con ellos y se negaron por razones obvias", añade el investigador. Pero el más avispado de todo el proceso, el que logró consolidar su obra de gobierno a pesar de que para ello fuese forzado a dimitir, fue Adolfo Suárez: "En el diario de Ferrer Salat hay una nota que dice que Suárez está dispuesto a morir antes de permitir un Gobierno en el que haya militares", cierra Muñoz Bolaños. Y lo consiguió.





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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #251 en: 06 de Febrero de 2021, 07:04:28 am »


El TS rechaza la querella contra el ministro Garzón presentada por un sindicato de la Guardia Civil al prevalecer la libertad de expresión


El auto estima que prevalece la libertad de expresión "por más que sean comprensibles las molestias o desazón que pueden producir ese tipo de manifestaciones en boca de un miembro del Gobierno en un colectivo como el representado por la asociación querellante"
El alto tribunal señala que las declaraciones atribuídas al ministro pueden merecer valoraciones negativas o críticas pero recuerda que "no se puede correr el riesgo de hacer del Derecho penal un factor de disuasión del ejercicio de la libertad de expresión"
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Publicada el 05/02/2021 a las 17:19Actualizada el 05/02/2021 a las 17:47FacebookTwitterWhatsappTelegramEnvíalo a un amigoImprimirComentarios
El ministro de Consumo, Alberto Garzón, interviene durante una sesión plenaria celebrada en el Congreso de los Diputados, en Madrid, (España), a 4 de febrero de 2021.
El ministro de Consumo, Alberto Garzón, interviene durante una sesión plenaria celebrada en el Congreso de los Diputados, en Madrid, (España), a 4 de febrero de 2021. Europa Press
La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha inadmitido la querella presentada por la Unión de Oficiales de la Guardia Civil contra el ministro de Consumo, Alberto Garzón, por las declaraciones en las que relacionó a un sector de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado con movimientos golpistas, al estimar que no son constitutivas de delito, según informa Europa Press.

El auto del que ha sido ponente el magistrado Antonio del Moral, al que ha tenido acceso Europa Press, estima que prevalece la libertad de expresión "por más que sea comprensibles las molestias o desazón que pueden producir ese tipo de manifestaciones en boca de un miembro del Gobierno en un colectivo como el representado por la asociación querellante".


En consonancia con el criterio de la Fiscalía, el alto tribunal señala en su auto que las declaraciones atribuidas a Garzón, que tiene condición de aforado ante la Sala de lo Penal de este órgano, pueden merecer valoraciones negativas o críticas e, incluso, censuras en otros escenarios, si bien en este caso debe valorarse si resultan inidóneas para generar responsabilidad penal "a la vista del ámbito político en que se enmarcan y la máxima amplitud que debe reconocerse a quienes participan en la vida pública como representantes de los ciudadanos".

"Al valorarlas desde la óptica penal hay que insistir en el papel preferente que tiene la libertad de expresión en nuestro ordenamiento jurídico lo que lleva a tolerar ciertos excesos para eludir el riesgo de un efecto desaliento que sería letal para el pluralismo político y la libre circulación de ideas y opiniones", insiste el Supremo.


Así lo requiere el pluralismo político, recuerdan los magistrados , "en salvaguarda del cual no se puede correr el riesgo de hacer del Derecho penal un factor de disuasión del ejercicio de la libertad de expresión, que sería indeseable en un Estado democrático".

Anuncian demanda civil


En una nota, y tras conocer el archivo de su querella, la asociación lamenta que un miembro del Gobierno, "en lugar de defender y proteger las instituciones del Estado (que a ese mismo gobierno le corresponde dirigir), se haya dedicado a sembrar dudas y cuestionarlas, por lo que, si es una persona de honor debería disculparse y reconocer públicamente su exceso".

En caso de que no lo haga, anuncian la interposición de una demanda solicitando acto de conciliación previa en el ámbito civil.

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #252 en: 06 de Febrero de 2021, 08:10:26 am »
Ya ya,la independencia de la justicia....si si!!!

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #253 en: 07 de Febrero de 2021, 06:28:14 am »

El 23F no fue solo un golpe militar: el sumario secreto desvela la trama civil

En vísperas del 40 aniversario del golpe militar que marcó la historia reciente de España desvelamos los secretos de un sumario judicial que nunca se hizo público

Por Julio Martín Alarcón
07/02/2021 - 05:00

En cada aniversario del 23 de febrero de 1981, el instante más crucial de la historia de Españ, se repiten los mismos nombres: Tejero, Armada, Milans del Bosch, Cortina. También los de los supuestos héroes: Juan Carlos I, los generales Gabeiras, Quintana Lacaci... Pero nunca aparecen Villar Mir, Luis María Anson o López Rodó. Empresarios, periodistas y ex ministros, no militares. Tampoco los intentos golpistas posteriores enterrados por la democracia: como el de Ynestrillas en el 82 o De Meer en el 85.

No se habla de ello porque no interesa y porque el sumario del juicio militar del 23F nunca ha sido público. No se pueden leer ni los testimonios de los cientos de militares que declararon ni las conclusiones de los fiscales militares. Lo único que se publicó fueron crónicas periodísticas como las de Martín Prieto o Pilar Urbano.

Lo organiza la 'Transición Paralela' que es un grupo de empresarios, políticos y militares

Pero el sumario existe y hay muchas sorpresas. De Sabino Fernández Campo al rey emérito Juan Carlos I por supuesto. Esto no es la anatomía de un instante. Esto es la pequeña crónica de un proceso que empezó ya en el mismo 1977 y terminó en 1985 no en el 81: “Se creó la idea de que habían convergido varios golpes para oscurecer lo que en realidad había pasado. Sólo hay un golpe de Estado que es nada menos que la última de las operaciones que organiza la denominada ‘Transición Paralela’, es decir, empresarios, políticos y militares conservadores que se confabulan a partir de 1977 para deponer a Suárez y especialmente para modificar el proceso de democratización”.

El sumario secreto

Lo explica a El Confidencial Roberto Martín Bolaños, autor de ‘El 23F y los otros golpes de Estado de la Transición’ (Espasa), que sí tiene una de las copias del sumario, la que le dio el abogado de Antonio Tejero y a cuya parte ha tenido acceso este periódico: “La mejor fuente del 23F es el sumario del juicio y es secreto. A mí me lo dio el abogado de Tejero que era amigo de mi familia. Al tener su aval me dio acceso también a entrevistas personales con muchos de los protagonistas del golpe como Armada, Torres Rojas…"

Declaración Milans del Bosch:. El teniente general explica que tras una llamada de Armada se pone en contacto con todos las capitanías que salvo la de Canarias le dan el visto bueno.

En definitiva, un golpe de estado civil y con la participación de los militares, o al revés, pero no un pronunciamiento militar. Atentos a una cuestión que quien haya conocido el entorno del ejército de esa época no le sonará raro. Lo menos conococido es que el teniente general Jaime Milans del Bosch, capitán general de Valencia y el único que sacó esa noche los tanques a la calle, no estaba tan sólo, que el jefe del ejército, el teniente general Gabeiras pintaba poco y que el mayor conspirador de todos, el general de división Alfonso Armada sí que habría contado con el apoyo de La Zarzuela.

Anson y López Rodó pondrían en marcha la 'Solución Armada' que era el verdadero golpe

Así comenzó todo: primero hubo varias intentonas de golpe de Estado, como la ‘Operación Galaxia’, esa primera conspiración del propio Tejero. Nada nuevo. Pero sí lo es que nunca se aclararon las diferentes articulaciones que se intentaron. Sólo la ‘Operación golpe de Timón’ se puso en marcha con la denominada ‘Solución Armada’, que era en gran parte civil y que podría haber partido en un principio con el apoyo de Lopez Rodó y Luis María Anson, entre otros:

"Armada tenía un amigo íntimo, hasta el punto de ser su confidente en La Zarzuela, correligionario, ambos del Opus Dei, que no era otro que López Ródó, probable autor del informe que dispararía la Solución Armada tal y como afirmó Milans del Bosch: 'Me ha llegado el rumor, que no puedo asegurar, de que pudo haber estado redactado por López Rodo'".

Contra Suárez

El informe de López Rodó habría seguido a una serie de charlas que organizaba el periodista Luis Maria Anson y que englobaban a ese grupo, no sólo de militares, sino también de políticos y empresarios, que pilotaban la 'Transición Paralela' y que sentaron las bases del golpe de Estado del 23F que luego ejecutarían el coronel Tejero y los tenientes generales Milans del Bosch y Armada. Según Bolaños:

"Lo que realmente quería este grupo era democratizar el sistema político vigente pero no como pretendía Suárez. Entonces a partir de 1977 se ponen en marcha varios planes para deponer a Suárez: Plan A, Gregorio López Bravo, que fracasa; en 1978-79 que López Bravo fuera elegido vicepresidente y que desde ahí pudiera sustituir a Suárez -recuerden que en el mismo 23F se elegía a su vicepresidente Calvo Sotelo; pero como tampoco sale adelante, ya en esa fecha se decide que se revierta en parte el proceso con un gobierno encabezado por un militar y la figura elegida es Armada”.

La propia dimisión de Suárez dinamita la variante anticonstitucional que implica a los militares

¿Cuándo habría surgido ese grupo? A partir del mismo 1977 cuando se decide la legalización del PCE y Suárez plantea el estado social y democrático de estado de derecho, que no estaba en ninguno de los planes de la Transición. Sin embargo no prospera ninguna de las soluciones políticas, que es lo que dinamita el golpe. Así, el 23F no salió adelante como un pronunciamiento militar, ni mucho menos como una réplica del 18 de julio de 1936, como a veces se ha planteado.

Si se quería parecer a algo en un comienzo era a la ‘Operación de Gaulle’ en Francia en 1958 tal y como planteó el periodista Anson en 1979: "una situacion de excepción que pareciese un golpe de Estado. Igual que De Gaulle lo logró en 1958 en Francia". Es decir, un cambio constitucional con un presidente del gobierno de concentración y militar que pudiera revertir, por ejemplo,las autonomías que era uno de los motores del mismo Milans del Bosch.

Tejero, utilizado

La génesis del golpe se comienza a retorcer poco después de que López Rodó promueva la Solución Armada: “Al mismo tiempo se plantea una variante pseudo constitucional que consistía en llevar a Armada a la presidencia del gobierno a través de un golpe de Estado. La primera variante se trunca cuando Suárez dimite, lo que imposibilita una moción de censura. Se forman una serie de contactos para ver si el rey propone a Armada como presidente del Gobierno pero también fracasan y es entonces cuando empieza a cristalizar la variante golpista. Un golpe que Armada reconduzca para proponerse a los diputados como presidente del Gobierno".

Vamos, una conspiración de altas esferas en las que La Zarzuela al menos habría tenido conocimiento. Lo que ocurrió es que fue la última variante de la ‘Solución Armada’, la golpista, y no otra, la que salió adelante. Es en la que siempre declaró haber participado Jaime Milans del Bosch, el único teniente general que sacó los tanques a la calle en Valencia.

Jaime actuaba pensando siempre que el rey estaba detrás, lo decía en las reuniones familiares

El entorno familiar del militar es muy claro con El Confidencial: “Jaime actuaba pensando siempre que el rey estaba detrás y de hecho se decía en las reuniones familiares que habló con él por teléfono y que tenía las grabaciones”. Lo mismo ocurre con el del general Armada aunque éste “protegiera al rey una vez que todo fracasó”. Concuerda con la investigación de Bolaños. Es más, ambos militares, más que franquistas, eran monárquicos.

Parece saberse mucho de casi todo lo que ocurrió durante el golpe, pero muy poco de lo acontecido antes, ni tampoco de lo que se declaró después. Hay muchos agujeros en lo que se ha trasladado a la opinión pública. El mayor de todos es identificar el golpe del 23F como una operación de unos militares franquistas exaltados. Hay más detalles:

“Había mucha más trastienda de la que se ha mostrado y por eso no se ha querido contar. Así, todo el mundo ha aceptado durante 40 años que es un golpe de estado de la extrema derecha, Girón, Carrés…¿Qué militar se iba a a comprometer a llevar a Girón al poder? Armada y Milans pertenecen no sólo a lo más alto del estamento militar si no que además son ricos y de la nobleza. La madre de Milans por ejemplo es la dueña de La Moraleja, habían sido monárquicos 'donjuanistas', pero esa trama no pinta nada ya en el 23F”.

El Confidencial entra de lleno en la disección de esa operación con Roberto Bolaños:

PREGUNTA.- ¿Cómo y por qué entran en contacto los monárquicos conservadores, ya sean militares, periodistas, políticos o empresarios?

RESPUESTA.- Anson es un personaje difuso, muy amigo de Armada, de hecho este último mete a a Anson en la revista Reconquista y a partir de ese momento se empieza a justificar un golpe de Estado… Cómo la variante constitucional se había frustrado con la dimisión de Suárez, aprovechan una nueva conspiración en marcha que conocen, que es la de Tejero que está obsesionado con tomar el Congreso de los Diputados deciden intervenirlo y ahí es donde interviene el famos coronel Cortina del CESID que desde 1977 están en contacto con esos miembros de la Transición Paralela”

P.- ¿Como por ejemplo el coronel Monzón Altolaguirre? [Uno de los hombres del coronel San Martín en el primegenio Seced]

R.- Claro, Monzón y otros del servicio le están enviando informes a Gutiérrez Mellado y le dice que van por mal camino y especialmente desde la ilegalización del PCE. Es decir que aprovechan la conspiración de Tejero para llevar a Armada al gobierno y ahí colabora Milans del Bosch porque éste último había hablado previamente con él. La labor de Milans era crucial porque una vez que se tomase el congreso, si el teniente general sacaba los tanques a la calle tenía que convencer al resto de que hicieran lo mismo y una vez que estuvieran en la cúspide, la JUJEM como cabeza del ejército permitiría a Armada que se propusiera como presidente del gobierno.

P.- ¿Y no se opondría Gabeiras?

R.- Es que Gabeiras ya está convencido, es más lo sabe desde el día 16 de febrero. Ese día se reúnen en casa de Armada además de él, el propio Gabeiras, Mondéjar y Jordi Solé y Tura ¿Por qué fracasa todo? La clave no es el rey la clave es Tejero porque hace una cosa que le han dicho que no haga: que emplee violencia en el Congreso, es decir cuando sus Guardias Civiles disparan aunque sea al techo.

Este es quizás uno de los momentos más sorprendentes del libro de Bolaños: la cronología que se produce inmediatamante después y que concatena varias cuestiones, la primera de ellas que el resto de las capitanías generales no golpistas están plenamente al tanto de la "Solución Armada". No sólo al tanto, sino que la apoyan en tanto y cuanto Zarzuela diera su visto bueno que, tal y como declararían Milans y otros, lo hace:

"Una vez que los guardias civiles de Tejero disparan, el plan tal y como se había propuesto queda congelado entre las seis de la tarde más o menos y las once de la noche. Tras hablar Armada con Zarzuela, se le autoriza a ir al Congreso a proponerse como presidente del gobierno. Es cuando el rey y Sabino Fernández Campo hablan con Gabeiras y con Armada, y dan el visto bueno".

El problema entonces, el impedimento, no fue el rey, si no, quién lo iba a decir, el propio Tejero. Según la interpretación de Bolaños: "Tejero es quien no acepta que Armada hable con los diputados cuando éste le enseña la lista con el gobierno de concentración. En ese momento, Tejero que se da cuenta que le han engañado, porque él pensaba en una junta militar se cierra en banda. Por otra parte la JUJEM con Gabeiras al frente, no van a permitir otra solución que no sea la de Armada y es en ese momento cuando el rey habla por televisión, sólo cuando la Solcuión Armada fracasa. Justamente a la 01:00 de la madrugada"

"Hay que ver los papeles de Quintana Lacaci para ver que a Gabeiras le putean porque además no le respetan, no tiene ningún prestigio porque incluso para hacerle JEM del ejército Gutiérrez Mellado tiene que ascenderle un minuto antes a teniente general",

P.- Quintana sin embargo impide que el golpe triunfe en Madrid...

R.- Quintana obedece las órdenes del rey y para a la acorazada Brunete, sí. Lo más interesante es lo que cuenta él mismo: cómo entre los tenientes generales hablan entre ellos, el resumen es que todos apoyan la Solución Armada. Todos salvo el de Canarias dicen que sí.

P.- ¿Y Quintana?

R.- No, Quintana no dice nada. Sólo se opone González del Hierro, que es el de Canarias porque dice que quiere ser él que tiene más rango que Armada, no por otra cosa. Quintana no se opone al 23F, obedece en todo momento las órdenes del rey y como Armada no llega a proponerse como presidente -según había autorizado Zarzuela- pues entonces paraliza todo en Madrid.

De esta forma en el último suspiro es cuando la operación política para revertir la Transición de Suárez se va al traste, por muy poco. Lo esencial como también mostró hace uno días el hijo del general Fidel Dávila en El Mundo: la trama del golpe fue civil no sólo militar. Muy alejada de esa imagen de militares ultras. En realidad estaban coordinados con los monárquicos conservadores y la propia Zarzuela para dinamitar directamente algunas de las consecuencias políticas de la Transición y la Constitución, como fue la aprobación de las CCAA. Sería este el siguiente problema en causar una rebelión, el denominado 'Procés' de los independentistas catalanes. La diferencia es que en esa ocasión se consideró sedición por el Tribunal Supreno. Además, algunos, como su cabecilla Carles Puigdemont, se habían fugado antes.

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #254 en: 19 de Febrero de 2021, 07:04:18 am »



| 40 años del golpe de Estado
¿Qué ha sido de los golpistas? Del activismo político ultra al discreto intento de reinserción

    infoLibre, con motivo del 40º aniversario del golpe, inicia la publicación de una serie de artículos de información y análisis: comenzamos con un repaso a la trayectoria de los 30 sentenciados en el juicio del 23F
    Cinco de los siete condenados a 10 años o más han fallecido, entre ellos Armada, aferrado a su versión contra viento y marea, y Milans del Bosh, que fue enterrado en el Alcázar de Toledo sin renegar del golpe
    En el Ejército “se los consideraba unos héroes”, afirma un militar retirado, que recuerda frases como "yo hubiera hecho lo mismo" o "los pobres han pagado"
    Indultos, silencios, manifiestos, un partido político, condecoraciones... He aquí las historias de los protagonistas del día en que la democracia tembló

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #255 en: 21 de Febrero de 2021, 06:53:09 am »


El general Armada y Juan Carlos I. E.E

Política 40 AÑOS DEL 23-F

Juan Carlos I y el general Armada: la relación que alimenta las teorías de la conspiración sobre el 23-F
Ante las presiones de Armada y el miedo a una matanza en el Congreso, la Casa Real autorizó al general a proponerse como presidente, pero Tejero lo impidió al enterarse de que pretendía incluir al PCE en su gobierno.
21 febrero, 2021 02:07

Daniel Ramírez @danielramirez99

Juan Carlos de Borbón (1938): Rey. Pese a heredar poderes ejecutivos del franquismo, acaba de apuntalar la Transición a la Democracia. Su relación con Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, se resquebraja. Con la excepción de una minoría radical, la Corona tiene el apoyo del Ejército.

Alfonso Armada (1920-2013): militar. Con 16 años participó en la Guerra Civil de la mano de los sublevados. Después, viajó voluntario a Rusia como miembro de la División Azul. Íntimo amigo del Rey, fue su preceptor y ayudante personal. Encarnó la secretaría general de Zarzuela hasta 1977. No congenia en absoluto con Suárez. En el momento del golpe, es segundo jefe del Estado Mayor. Será condenado a treinta años de cárcel por rebelión militar.

España: no forma parte de las instituciones de la Europa occidental. El país está sumido en una crisis económica atroz. ETA asesina cada vez más. El Gobierno boquea desarbolado. Adolfo Suárez está emparedado entre la oposición y el cainismo de los suyos. La UCD se descompone. Izquierdas y derechas llaman a un cambio de rumbo. En el seno del Ejército, hay varias conspiraciones en marcha. Suárez dimite el 29 de enero de 1981. El golpe se produce durante la sesión de investidura de su sucesor, Leopoldo Calvo-Sotelo.
Especial: 40 años del 23-F

El 23-F cumple cuarenta años. Hoy, igual que en cada aniversario, la estrecha relación entre Juan Carlos de Borbón y Alfonso Armada alimenta rocambolescas teorías de la conspiración.

¿Qué hizo exactamente el Rey aquella noche? Esa pregunta siempre conduce al nombre de Armada. Y cuando el interrogante se refiere al general, acaba apareciendo el monarca. Íntimos amigos, se reunieron hasta en tres ocasiones entre enero y febrero de 1981.

La sentencia situó a Alfonso Armada y Comyn como cabeza pensante del golpe. Maquinó un plan estilo De Gaulle: forzar una situación de alto voltaje -el asalto al Congreso- para intervenir como mesías salvador al frente de un “Gobierno de concentración” que corrigiera el desventurado rumbo de España. Dicho de manera más prosaica: activar un golpe para “reconducirlo” él mismo y alcanzar la presidencia del país.

Encuesta: ¿Cree que en España existe libertad de expresión plena?

Armada sabía -y actuó consecuentemente- que sólo mencionando el apoyo de Juan Carlos I conseguiría que el golpe produjera un efecto dominó en el Ejército. Desde el principio, transmitió a sus cómplices que Zarzuela estaba al tanto de todo. Y eso era verosímil para el resto de militares: el jefe del Estado mantenía una profunda amistad con el general.

El argumento es todavía más claro si se le da la vuelta: sólo Juan Carlos I podía parar el golpe. A la hora de la verdad, el Rey empleó su carisma para hacer justo lo contrario a lo deseado por Armada: convenció a los capitanes generales para que no se sublevaran. Así murió el 23-F.

En aquel Ejército, el grueso de altos cargos había hecho la guerra con Franco. Estaban esperando una señal, incluso un asomo de duda en Zarzuela, para acompañar a Milans del Bosch y sacar las tropas a la calle. Pero Juan Carlos I, en el instante clave, no dudó: abortó el golpe. Sin embargo, ¿cuáles fueron los errores del hoy Emérito en aquellos meses de 1980 y 1981? Porque los hubo. Y graves.

"El apoyo del Rey"

Siempre “dentro de la Constitución” y con “el apoyo del Rey”. Esas fueron las dos grandes bazas con las que decía contar Armada. De hecho, la totalidad de los militares que participaron en la operación aseguró haberse alzado porque Armada les mentó el apoyo del Rey.

La sentencia reitera que el general tenía pensado presentarse en Zarzuela al poco de la toma del Congreso para aprovechar su ascendencia sobre el monarca y hacerse con la presidencia. El 23-F, se mire por donde se mire, fue un acontecimiento que empieza y acaba en estos dos protagonistas.

Antonio Tejero fue, en cierto modo, un actor secundario. El guardia civil puso la pólvora, pero no dirigió la orquesta. El reportaje que sigue bebe de varios trabajos publicados al respecto, entre ellos Anatomía de un instante, de Javier Cercas (Literatura Random House), Golpe de timón (Editorial Comares), publicado por Alfonso Pinilla; y El 23-F y los otros golpes de Estado en la Transición (Espasa), de Roberto Muñoz Bolaños.

El principio

Vayamos al principio: Antonio Tejero, teniente coronel de la Guardia Civil había sido condenado en 1980 a siete meses de prisión y suspensión de empleo y sueldo por la conocida como Operación Galaxia. El plan consistía en secuestrar Moncloa con el Consejo de Ministros reunido en su interior.

El guardia civil no cesa en su empeño y concibe un nuevo golpe. Como bien indica Javier Cercas, esta vez Tejero no comete el error de "compartir su secreto con tanta gente": "Reduce su núcleo de confianza. Sabía que el plan anterior se frustró porque alguien se fue de la lengua".

El pronunciamiento del teniente coronel es uno de los más rupturistas de los que hay en marcha. Un año antes del 23-F, el CESID elabora un informe que recoge muchas de las conspiraciones nacientes.

Paralelamente, en octubre de 1980, el general Armada envía al Rey otro informe: propone una moción de censura contra Suárez en la que el candidato alternativo no sea el jefe de la oposición, sino una figura independiente.

Habla de un historiador de prestigio, un catedrático o un general, aunque todavía no da nombres. Reitera que el gobierno de concentración naciente debe ser “plenamente constitucional” y “votado por el Congreso”. Así lo recogen los profesores Pinilla y Muñoz Bolaños.

La unión de los golpes

Tejero entra en contacto con Jaime Milans del Bosch, monárquico, militar de prestigio, carismático, comprometido con la dictadura y, por ello, con mucha capacidad de arrastre en el Ejército. Milans se entrevista con Tejero y le empuja a detener toda operación que no cuente con el beneplácito de la Corona. Ahí entra en juego Alfonso Armada.

Según Pinilla, la llamada Operación Armada consistiría, entonces, en aplacar a los militares duros y convencerlos de la necesidad de que el golpe de Estado fuera más bien un “golpe de timón” que -a su juicio de sus instigadores- “reconduciría la situación y salvaría la Corona”. “Dentro de la Constitución”.

Incluso los políticos comienzan a oler lo que se cuece en el Ejército. Importantes dirigentes de PSOE y UCD se muestran proclives a un Ejecutivo de concentración antes de que se concrete un golpe militar.

Cercas, en este punto, diagnostica la llamada "placenta del golpe": todos esos coqueteos de los partidos -y también del Rey- con la posibilidad de que irrumpiese un "gobierno de concentración". "Esto no quiere decir que las organizaciones políticas formaran parte del golpe, sino que, con sus especulaciones, generaron un clima propicio para él", señala el escritor. Un caldo de cultivo perfecto.

3 de enero de 1981: Alfonso Armada visita a Juan Carlos I en Baqueira. Según Pardo Zancada -otro militar implicado en el golpe-, el Rey le dice al general que está harto de Adolfo Suárez. También le anuncia que está a punto de nombrarle segundo jefe del Estado Mayor, lo que supondrá la mudanza de Armada de Lérida a Madrid.

Siete días más tarde, el 10 de enero -así lo establece la sentencia del Consejo Supremo de Justicia Militar- tiene lugar una reunión entre Armada y Milans en Valencia: hablan -narra el profesor Pinilla- de “reconducir el resto de las acciones militares”. Con ese objetivo, acuerdan ver en Madrid a sus impulsores. El plan comienza a tomar forma.

Armada, tiempo después, cuando se le preguntó al respecto, no fue demasiado concreto: aseguró que era consciente de que “las cosas iban a cambiar por decisión de la superioridad” y que lo transmitía a sus amigos para tranquilizarles. Una vez más, utilizaba la sombra del Rey.

La reunión clave

Milans es -tal y como describen los profesores Muñoz Bolaños y Pinilla- el encargado de paralizar el golpe de Tejero y otras conspiraciones en marcha para dar prioridad a la Solución Armada. Después de charlar con él, suele enviar a un hombre de confianza para que mantenga al tanto a Armada. Paradójicamente, el nombramiento de este general como segundo jefe del Estado Mayor tenía como objetivo informar al Rey de lo que sucedía en el Ejército.

6 de febrero de 1981: Armada y el Rey vuelven a verse en Baqueira. Estiran la sobremesa hasta altas horas de la madrugada. La Reina Sofía se ha marchado a Madrid poco antes porque su madre está muy enferma -fallecerá poco después-. Juan Carlos de Borbón se queda en Baqueira.

Una semana más tarde, el 13 de febrero, diez días antes del golpe, se produce el último encuentro. El más importante de todos. Esta vez en Zarzuela y a petición del Rey. Especifica el profesor Pinilla que el general avisa al Monarca de la “preocupación” y el “descontento” que palpita en las Fuerzas Armadas.

Muñoz Bolaños, en conversación con EL ESPAÑOL, va más allá: “Mi hipótesis es que, aquel día, el Rey autorizó a Armada a reconducir cualquier situación golpista que se produjese. Es decir, pone en marcha la Solución Armada para acabar con la crisis que provocaría un golpe”. Sin embargo, no existen pruebas documentales al respecto.

Sobre la última reunión de Zarzuela, también existe el testimonio del propio Armada, recogido en un libro de conversaciones con el general publicado por el profesor José Manuel Cuenca Toribio. En esas páginas, el militar insiste en que contó al Rey que Tejero podía tomar el Congreso. “¡Desleal yo al Rey! Conté todo cuanto sabía (…) Nunca he ocultado nada a mis superiores”, dirá también Armada en su libro Al servicio de la corona.

Los errores del Rey

El general siempre trató de presentarse en escena como un hombre tan fiel a la Corona como para guardar silencio a costa de su propia condena. La sentencia, en cambio, lo retratará como un militar ventajista que fraguó un plan para ganar en cualquier caso: si prosperaba el golpe, presidiría un gobierno de “concentración nacional”; si fracasaba, se presentaría en la Cámara como el artífice de la solución.

Resulta prácticamente imposible que el Rey barajara proponer a Armada como presidente de un Gobierno de concentración. Tuvo la posibilidad para hacerlo, y la descartó. Fue tras la dimisión de Suárez. Pero en lugar de elegir al general, cumplió con la Constitución y postuló a Leopoldo Calvo-Sotelo.

No obstante, a finales de 1980, tal y como reveló Cercas en la presentación de su libro hace ya once años, el Rey cometió sus errores más graves: "Actuó con temeridad, fue imprudente e indiscreto". De manera coloquial, pidió a muchas personas que le "quitaran de encima a Suárez" porque creía que aquel gobierno iba a arruinar la democracia e indirectamente la monarquía. Más combustible para el golpe.

El golpe

Llega así el 21 de febrero por la noche. Un piso de la calle pintor Juan Gris -lo que ahora se indica fue revelado por Tejero y negado por Armada-. El general le dice al guardia civil -la referencia es el libro de Pinilla-: “Esta es una operación en nombre de la democracia y del Rey”. Armada insiste a Tejero en que no debe derramarse sangre y en que, una vez asalte el Congreso, debe “esperar indicaciones”. La sentencia aludirá a este episodio, pero no lo considerará un hecho probado.

22 de febrero, veinticuatro horas antes del golpe. Esta vez es Milans del Bosch quien declara: el capitán general de Valencia cruza una llamada con Armada. Según Milans, Armada le dice que, en cuanto se asalte el Congreso, él irá a Zarzuela para hacerse cargo de la situación. “¿Has hablado con el Rey?”, pregunta Milans. “En las últimas horas, no”, responde Armada. El plan sigue adelante.
El desenlace

Ahí va el desenlace. Antonio Tejero, como estaba previsto, irrumpe en el Congreso junto a sus hombres. Disparan al techo, forcejean con el vicepresidente Gutiérrez-Mellado. Los diputados -salvo Suárez y Carrillo- se tiran al suelo. La democracia, amordazada. Tejero y los suyos llaman a la calma. Insisten en que está a punto de llegar la “autoridad militar”.

Armada, en el Cuartel General del Ejército. Se ofrece a su superior para ir a Zarzuela a “explicar al Rey lo que sucede”. En la Casa Real desconfían. Minutos antes ha llamado el general Juste -responsable de la División Acorazada Brunete- para preguntar por Armada, lo que suena “muy raro”. Sabino Fernández Campo, secretario general de Zarzuela, responde con la ya mítica frase: “Ni está ni se le espera”.

Pasan las horas, pero el Rey no se pronuncia. Otra circunstancia que alimenta la hipótesis que aquí se baraja: ¿esperaba el Rey a Armada? Sin embargo, esa tardanza tiene que ver con los contactos entre Juan Carlos I y los capitanes generales de las regiones. Quería testar su parecer y evitar que se sumaran al pronunciamiento. Eso explicó Francisco Laína, jefe del gobierno provisional aquella noche, en una entrevista con este periódico.

Para entonces, detalla Muñoz Bolaños, el Rey empieza a intuir -a través de varios militares- que Armada no es sólo el hombre que reconduce el golpe, sino quien está detrás de él. Por eso camina con pies de plomo y sólo acepta comunicarse a través del teléfono. Le cierran las puertas de Zarzuela.

Armada, al límite

Tiempo después, Armada -a través de Milans- se propone presidente del Gobierno a los capitanes generales de las regiones. Pero le hace falta la autorización de Zarzuela. Había dicho al resto de conspiradores que contaba con ella, pero no era cierto.

Bien entrada la noche, la Casa Real da permiso a Armada para ir a hablar al Congreso con el teniente coronel de la Guardia Civil y proponerse presidente del Gobierno. Pero Zarzuela le deja claro: “No lo hagas en nombre del Rey”.

¿Cómo lo consiguió Armada? Vía telefónica, desde el Cuartel General, presionó con el alto riesgo de que el Ejército se dividiera -entre los sublevados y los fieles al Rey- y que se produjera un enfrentamiento armado -millones de españoles habían vivido la guerra-. También alertó del peligro de que Tejero se descontrolara y hubiera una masacre en el Congreso. Javier Cercas hace un relato pormenorizado de esta escena en Anatomía de un instante.

Sabino Fernández-Campo, militar y secretario general de Zarzuela, reconoció que se autorizó a Armada a ir al Congreso como solución in extremis.

Muñoz Bolaños recurre para explicarlo a lo que le contó el propio Armada. “Me dijo: ‘Una misión a título personal es una misión donde no puedes decir el nombre de la persona que te envía. ¿Tú crees que alguien que va al Congreso a título personal viaja vestido de uniforme y en coche oficial?’ Creo que está claro”, reitera este profesor de Historia.

Armada llega al Congreso de los Diputados a eso de las 23:50. Tal y como explica Alfonso Pinilla, el general ordena a Tejero que retire a los guardias del hemiciclo para poder proponerse como presidente del gobierno de concentración.

De acuerdo a las declaraciones de ambos militares manejadas por Muñoz Bolaños, el guardia civil comienza a alterarse cuando escucha que, si el plan sale adelante, deberá exiliarse. En ese caso, el Gobierno entrante proporcionaría a Tejero los medios para salir y vivir fuera de España.

La tensión alcanza su punto álgido cuando Tejero pregunta quiénes van a formar el nuevo Consejo de Ministros. Cuando se da cuenta de que aquello no es su soñada Junta Militar, se encierran a discutir.

Tejero monta en cólera. Viene a decir que él no se ha jugado el tipo para meter en el Gobierno “a los rojos y a los comunistas” y que la propuesta es una “chapuza”. No hay manera de convencerle. A partir de ese momento, el teniente coronel de la Guardia Civil queda abandonado a su suerte. Milans le dice a Tejero que haga caso a Armada, que es la única solución posible, pero él no atiende a razones.

Después de numerosos intentos para que deponga su actitud, a las 10:30 del 24 de febrero, se rubrica el pacto del capó. Tejero exige que los suboficiales y los guardias que le acompañan queden sin responsabilidad. También pide salir en coche y entregarse en la Dirección General de la Guardia Civil. Por parte de los supuestamente no sublevados firma… el general Armada.

Cuentan que Juan Carlos I rompió a llorar cuando se cercioró de que su gran amigo, profesor y preceptor le había traicionado: se había dado cuenta de que Alfonso Armada no había intentado simplemente reconducir el golpe militar mediante un Gobierno de concentración nacional; él mismo había planeado la asonada.



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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #256 en: 21 de Febrero de 2021, 17:43:00 pm »
Pués puede ser así. . . lo que está claro es que el Emérito sabe mucho más del 23F de lo que cuenta, quizás, algún día, sepamos toda la verdad, pero eso será otro día, hoy no. . .

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #257 en: 21 de Febrero de 2021, 20:56:26 pm »
Andrés Cassinello: «Si hubiera advertido a la Policía, en lugar del Cesid, el 23 F quizá se hubiera parado»

Jefe de la 2ª Sección de Estado Mayor de la Guardia Civil
En una de las pocas entrevistas que ha concedido a lo largo de su vida, el general Cassinello relata a ABC cómo alertó sobre Tejero días antes del golpe, y sus advertencias no fueron escuchadas

https://www.abc.es/espana/abci-andres-cassinello-si-hubiera-advertido-policia-lugar-cesid-23-f-quiza-hubiera-parado-202102210127_reportaje.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #258 en: 22 de Febrero de 2021, 06:15:19 am »

El misterio de las cintas del 23-F que desaparecieron del Ministerio de Interior

La Policía Nacional custodió 92 horas de grabaciones del día del golpe de Estado. La mayor parte de ellas corresponden a llamadas desde el Congreso. Sin embargo, tras el juicio se perdieron de vista

 
Antonio Rodríguez


Publicado 22/02/2021 04:45Actualizado 21/02/2021 23:25   

"Ya estamos aquí". Habían pasado 39 minutos desde la irrupción a tiro limpio de 200 guardias civiles en el Congreso de los Diputados. La voz del teniente coronel Antonio Tejero en aquel 23-F de hace 40 años era un torrente de adrenalina contenida. El destinatario de la llamada tampoco podía ocultar la ansiedad. Se trataba de Juan García Carrés, falangista y uno de los protagonistas de la trama civil del golpe de Estado.

"Bien -enfatiza Carrés- pues hay que llamarle a este señor. Estemos en contacto continuo. Dame tu teléfono para que te pueda localizar. ¿Hay alguna baja?", le pregunta como si hubiera sido un ataque bélico. Tejero duda unos instantes y replica con una obviedad: "Mira, estamos aquí, en las Cortes". Su interlocutor insiste: "Pues dame el teléfono de las Cortes". Y Tejero brama desde el otro lado: "Pero, ¿tú no lo sabes?". A lo que Carrés responde encogiendo los hombros: "Yo no lo sé, coño...".

Esta conversación, más propia de una película de Berlanga o de un chiste de Gila, es una de las pocas grabaciones sonoras que se tiene del 23-F y fue gracias a que la Policía tenía pinchado el teléfono de Carrés desde semanas antes del golpe. Algunos fragmentos se dieron a conocer por El Mundo y Antena 3 en 2003.

Durante las seis primeras horas de la asonada militar, este antiguo dirigente de los sindicatos verticales entabló conversaciones con la mujer de Tejero; con el periodista Emilio Romero -"No has creído nunca", le soltó Carrés al incrédulo periodista-; o con el coronel Diego Ibáñez, que fue quien redactó los bandos militares del general Milans del Bosh. Incluso, tuvo una breve conversación con el capitán general de Valencia, al que recomendó "echar marcha atrás" cuando salió el Rey en televisión.

Esos minutos atropellados, que en ocasiones parecen una improvisación detrás de otra, suponen solamente una pequeñísima parte de los cientos de minutos que fueron grabados en el Congreso de los Diputados y otros centros neurálgicos por orden de la Comisión Permanente de secretarios de Estado, que aquella tarde asumió el papel de Gobierno en funciones al estar secuestrado el Ejecutivo de Adolfo Suárez en la Cámara baja.

En varias publicaciones se habla de 92 horas grabadas con las que se desentrañarían algunas de las incógnitas que faltan por resolver del puzzle del 23-F. Una de estas conversaciones, por ejemplo, es la que escucharon Juan Carlos I, Suárez y el resto de miembros de la Junta de Defensa Nacional en La Zarzuela en la tarde del 24-F y que provocó que al Rey emérito se le saltasen las lágrimas, al comprobar el grado de implicación de Alfonso Armada, su antiguo preceptor.

Las cintas nunca se escucharon en el juicio del 23-F y cuando el PSOE llegó al poder en 1982 ya no estaban en la Dirección General de la Policía bajo el control del entonces jefe de Información, Manuel Ballesteros. Si alguien ordenó destruirlas tras el juicio de Campamento, se desconoce quién fue.

Último intento con las cintas del 23-F

El último intento por desenredar esta madeja de las cintas perdidas del 23-F se produjo en 2009 tras la publicación del libro Anatomía de un instante de Javier Cercas. El entonces diputado y secretario general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, entendió que las grabaciones telefónicas podían ser una de las claves de bóveda para comprender todo lo acontecido durante el golpe.

"¿Dónde están y quién custodia las grabaciones de las conversaciones telefónicas que tuvieron lugar durante la tarde y noche del 23 y la mañana del 24 de febrero de 1981 entre los ocupantes del Congreso de los Diputados y el exterior del edificio?", preguntó Llamazares.

"¿Tiene el Gobierno la voluntad de hacerlas públicas y ponerlas a disposición de los investigadores", prosiguió el líder IU en una pregunta parlamentaria. No hubo respuesta inmediata y Llamazares perdió toda la esperanza. Hasta que un año después, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero dio la última versión sobre las cintas.

"En relación con la cuestión interesada, (...) se señala que el Ministerio de Defensa no tiene constancia de la existencia de las citadas grabaciones y, por lo tanto, ninguna información sobre su situación", indicó el Ejecutivo en su respuesta por escrito.
23-F Antonio Tejero Ministerio del Interior   

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Re:23 F, JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE
« Respuesta #259 en: 23 de Febrero de 2021, 06:27:59 am »


40 AÑOS DEL ASALTO AL CONGRESO

Historia de un golpe de Estado: los 25 días más salvajes que llevaron al 23-F

El 23-F fue la fecha clave. Pero el golpismo venía de lejos. Nadie escuchó el ruido de sables desde la dimisión de Suárez. Fueron los 25 días más terribles de la democracia española

Por Carlos Sánchez
23/02/2021 - 05:00 Actualizado: 23/02/2021 - 06:20

Todos los golpes de Estado contra la democracia tienen, al menos, tres lugares comunes. Por un lado, suelen presentarse como la única solución para salvar, precisamente, la propia democracia. La segunda característica aparece como un eximente en todos los códigos militares: la obediencia debida, una figura jurídica que a menudo es esgrimida por los implicados para librarse de la condena judicial. El tercer lugar común es un clásico en toda regla: es el pueblo quien lo pide y los golpistas, siempre atentos a las demandas de los ciudadanos, no son más que salvadores de la patria.

La sentencia de Campamento (15 meses después de la intentona golpista) desmontó uno a uno todos los argumentos. En primer lugar, la democracia se defiende por los cauces constitucionales y no con proclamas militares; en segundo lugar, no puede haber obediencia debida cuando no había un “superior jerárquico” (el famoso elefante blanco) que pudiera obligar a los golpistas a asaltar el Congreso de los Diputados, y, en tercer lugar, el pueblo se pronuncia a través de las urnas, y, por lo tanto, nadie está autorizado para interpretar su posición política.

Lo que no pudo analizar aquella sentencia, lógicamente, porque no le correspondía, es lo que pasó antes del 23-F. O, lo que es lo mismo, cuál era el contexto político inmediatamente anterior al asalto, y que refleja una democracia todavía débil, incluso muy vulnerable, acosada desde todos los ángulos: terrorismo, profunda crisis económica y social, descomposición interna de la Unión de Centro Democrático (UCD) y, por supuesto, militares ultras que querían retrasar el reloj de la historia a noviembre de 1975, cuando muere el dictador.

Aunque está demostrado que prácticamente desde el día siguiente a la legalización del PCE (9 de abril de 1977) el búnker militar conspiró a favor de un golpe de Estado (ahí están la operación Galaxia o las presiones sobre Gutiérrez Mellado), hay una fecha que marca un antes y un después, y que el tribunal que condenó a los golpistas no identificó con precisión en la sentencia.
placeholder El entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez (i), intenta socorrer al vicepresidente y teniente general Gutiérrez Mellado (2i), zarandeado por un grupo de guardias civiles en presencia del teniente coronel Tejero. (EFE)

Asalto al Congreso

En un día no determinado de julio de 1980, es decir, siete meses antes del 23-F, se reunieron en Valencia Antonio Tejero, Juan García Carrés, dirigente del sindicato vertical franquista, y el entonces teniente coronel Pedro Mas Oliver, a la sazón ayudante de Milans del Bosch, por entonces capitán general de Valencia. Fue en aquella reunión donde se decidió el asalto al Congreso. Tejero sería el encargado de la logística.

Para hacer una evaluación cabal del contexto político en el que se celebró el encuentro de los golpistas, hay que tener en cuenta que tras aprobarse la Constitución en diciembre de 1978, el célebre consenso de la Transición languidecía.

Suárez había ganado sus segundas elecciones y había logrado salvar la moción de censura que en mayo de 1980 le había presentado Felipe González, pero el presidente del Gobierno estaba más solo que nunca —y mira que era difícil— en medio de una crisis económica galopante (segundo choque petrolífero) y de un terrorismo verdaderamente brutal (incluido el siempre extraño comportamiento del Grapo en los momentos más delicados para la democracia). Por lo tanto, un caldo de cultivo verdaderamente propicio para una intentona golpista.

Es en este contexto en el que se celebra un almuerzo que a la postre iba a alumbrar —aún lo hace— todo tipo de teorías de la conspiración. Aquel almuerzo se celebró el 22 de octubre de 1980 —apenas tres meses después de la reunión de Valencia para preparar el golpe y cuatro meses antes del 23-F—, en el domicilio del alcalde socialista de Lleida, Antoni Siurana, y entre los asistentes estaban el también dirigente socialista Enrique Múgica y el general de división Alfonso Armada, a la sazón gobernador militar de la provincia. También acudió Joan Reventós, primer secretario del PSC.
Un extraño Gobierno de concentración

De lo que se habló allí se han escrito ríos de tinta que podrían colapsar la biblioteca del Vaticano, y el propio Múgica ha dicho hasta la saciedad que allí nadie planteó un Gobierno de civiles de amplio espectro presidido por un militar. Nadie ha demostrado lo contrario.

Pero lo cierto es que a partir de entonces los acontecimientos políticos se precipitan. Y aunque, como dicen los economistas, correlación no significa causalidad, lo relevante es que entre aquel encuentro y el 23-F se aceleran los preparativos del golpe, y Suárez, para los insurrectos, es el problema para imponer una 'solución militar'. Como se ha dicho, está acreditado judicialmente que el 10 de enero de 1981 se reunieron en Valencia, como precisa la sentencia, Armada, Milán del Bosch y un grupo de coroneles golpistas. Justo una semana después de que el rey despachara con Armada (antiguo preceptor del rey y apartado por Suárez) en Baqueira, donde necesariamente tuvo que ser informado del clima en los cuarteles. Y justo el mismo día en que, según algunas versiones, el rey se presentara en Moncloa de improviso para hablar con Suárez, de quien empezaba a alejarse políticamente.

Es más, tan sólo unos días después, el 18 de enero, ya en Madrid, se vuelven a encontrar los mismos asistentes al encuentro de Valencia, pero en esta ocasión se suma a la reunión el general de división Torres Rojas, antiguo jefe de la Acorazada Brunete —una unidad de intervención inmediata— y en ese momento gobernador militar de A Coruña. El 29 de enero, sin embargo, ocurre algo que determinaría la fecha del golpe y aceleraría los preparativos.

El suceso inesperado fue, sin duda, la dimisión en aquel contexto de ruido de sables de un Suárez abandonado por todos

El suceso inesperado fue, sin duda, la dimisión en aquel contexto de ruido de sables de un Suárez abandonado por todos y, sobre todo, por muchos dirigentes de su propio partido.

Unos preparaban su aterrizaje en el PSOE (el ala socialdemócrata) y otros (los democristianos) pensaban que la democracia había ido demasiado lejos, incluyendo las discusiones dentro de UCD sobre la legalización del divorcio, lo que supuso casi la excomunión de Fernández Ordóñez. Y sobrevolando todo, una enorme crisis económica. En el primer trimestre de 1981, la tasa de paro era equivalente al 13,4% de la población activa, lo que a la luz de los ojos actuales puede parecer, incluso, moderado (el desempleo está hoy en el 16,4%), pero hay que tener en cuenta que en el segundo trimestre de 1977, cuando se celebraron las primeras elecciones tras la dictadura, el paro representaba el 4,78%, lo que refleja el dramático empeoramiento de la situación económica.

Lo que ocurrió entre la tarde del 29 de enero de 1981, cuando Suárez, en una comparecencia ante la radiotelevisión pública, anunció su dimisión como presidente del Gobierno, y las 18:23 del 23 de febrero, cuando un pelotón de guardias civiles al mando del teniente coronel Tejero entra en el Congreso de los Diputados, precisamente cuando se celebraba la sesión de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo y el diputado socialista Manuel Núñez Encabo iba a dar un no que a la postre iba a ser el más sonoro de la democracia, fue un momento irrepetible en la historia del España. Sin duda, los 25 días más difíciles —al margen del horroroso crimen de los abogados de Atocha— de una democracia todavía cogida con alfileres en la que el propio Rey —capitán general— era vilipendiado por muchos militares.

Errores de bulto

Y es que el golpe, como a veces se ha querido hacer creer, no cayó del cielo. Se había dejado crecer un caldo de cultivo que lo hacía, de alguna manera, inevitable. O, al menos, previsible en un clima político irrespirable. Aunque la historia de la Transición salió bien, y en definitiva es lo que cuenta para un país políticamente atribulado durante dos siglos y con dificultades para construir el Estado-nación, el camino estuvo plagado de errores de bulto que propiciaron o, al menos, no fueron útiles para acabar con la amenaza golpista, cuyos promotores estaban infiltrados en el aparato franquista. En buena medida, por aquella época, todavía incólume.

Fueron poco más de tres semanas. Un total de 25 días —600 horas— que vinieron precedidos de, al menos, tres fechas clave

Fueron poco más de tres semanas. 25 días —600 horas— que vinieron precedidos de, al menos, tres fechas clave. La ya citada del 22 de octubre de 1980 (reunión en Lleida de Armada con los dirigentes socialistas), las del 10 y el 18 de enero (encuentros en Valencia entre Tejero, Milans del Bosch y Armada para hacer los preparativos del golpe) y la del 6 de febrero de 1981, cuando comienza en Palma de Mallorca el congreso de UCD (precedido de una huelga de controladores aéreos) que a la postre mostraría cómo el partido en el Gobierno se abría en canal en público. O lo que es lo mismo, cómo las luchas internas dentro de UCD le habían hecho perder el sentido de la realidad. Al menos, y como dijo en su día Martín Villa, lo que enseñó aquel golpe más propio del XIX que de la segunda mitad del XX era que carecía de todo apoyo popular. Nunca se demostró que hubiera una verdadera trama civil.

Retar al Rey

El 4 de febrero, dos días antes del Congreso de Palma, que ya era en sí mismo un polvorín, diputados de Herri Batasuna (segunda fuerza política en el País Vasco) habían entonado el Euko Gudariak ante el rey Juan Carlos en la Casa de Juntas de Guernica provocando un formidable revuelo político. No era para menos, por la carga simbólica que tiene el lugar para el nacionalismo vasco y, sobre todo, por lo que suponía retar al Rey en medio de los zarpazos del terrorismo.

No hay que olvidar que unos días antes, el 29 de enero, ETA había secuestrado a José María Ryan, ingeniero de la central nuclear de Lemóniz, a quien asesinaría unos días después, el 6 de febrero, coincidiendo, precisamente, con el congreso de UCD, lo que supuso un auténtico mazazo para la España de entonces, en buena medida, similar al del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Lo que pedía ETA a cambio de salvar la vida del ingeniero era parar las obras de construcción de Lemóniz. Tan solo en 1980, ETA asesinó a 93 personas.

La propia sentencia de Campamento (el acuartelamiento en el que se celebró el juicio) habla de que incluso una semana antes del 23-F, el día 16, se reunieron en Madrid Armada, el coronel Ibáñez y Tejero. Por entonces, ya era público que el candidato a sustituir a Suárez sería Calvo-Sotelo, con Alberto Oliart como ministro de Defensa. Todo estaba preparado para asaltar el Congreso el viernes, 20 de febrero, pero Tejero dijo que siendo fin de semana tendría dificultades para reclutar guardias civiles.

En esa reunión, alguien dijo que como en primera instancia Calvo-Sotelo no saldría elegido presidente, la votación se repetiría el lunes, 23

Fue en esa reunión cuando alguien dijo que, como en primera instancia Calvo-Sotelo no saldría elegido presidente, la votación se repetiría el lunes, 23. Y así fue. En aquel fin de semana anterior al asalto del Congreso, se multiplicaron las reuniones, con viajes a Valencia. Nadie vio nada raro. Ni siquiera cuando en la mañana del 23-F, sobre las 11, Tejero se presentó en el Parque de Automovilismo de Madrid para reclutar guardias civiles. Se trataba, dijo Tejero, de “servir al Rey”. Una patraña como cualquier otra.

Es evidente que la inesperada dimisión de Suárez en ese contexto solo podía dar lugar a todo tipo de teorías de la conspiración. Entre otras razones, porque en aquellos días (a poco más de una semana del congreso de su partido), el propio presidente del Gobierno, en sus alocuciones públicas, nunca dio explicaciones convincentes sobre las razones que le llevaron a tomar esa decisión. Un verdadero vacío de poder que se hizo más evidente cuando el 31 de enero, dos días después de la dimisión de Suárez, el secretario general del PSOE, Felipe González, planteó al Rey la posibilidad de articular una salida a la crisis de gobierno en torno a su partido, solución trazada por la ejecutiva socialista como alternativa a UCD y para evitar elecciones anticipadas.

Es verdad que el ruido de sables nunca llegó a dejar de escucharse durante los momentos clave de la Transición, y por eso la salida de Suárez sin explicaciones convincentes, más allá de las puramente personales vinculadas a su cansancio físico tras casi cuatro años agotadores, no era más que una mentira piadosa. Sobre todo a la luz de la profunda división sectaria dentro de UCD y en unos momentos en que comenzaba, tras la aprobación de la Constitución, del despliegue de las autonomías, un auténtico trágala para los militares que nunca aceptaron la Constitución.

No es de extrañar, por lo tanto, que la dimisión de Suárez se vinculara a la amenaza golpista. Entre otras cosas, porque los servicios de inteligencia debían estar al tanto de aquellos encuentros entre militares que añoraban el franquismo, alguno de ellos, como el propio Tejero, implicado ya en la operación Galaxia. El propio ministro de Defensa, Agustín Rodríguez-Sahagún, tuvo que salir a desmentir presiones militares, lo que era una manera de decir que, efectivamente, el ruido de sables se podía escuchar con solo afinar el oído. Nadie, que se sepa, y con capacidad de mando, lo hizo.