Autor Tema: Crisis epidémicas  (Leído 57598 veces)

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2600 en: 30 de Septiembre de 2020, 06:46:22 am »
La gente no quiere hacerse las pruebas porque si dan positivo . . . qué? . . . confinados en cuarentena? . . . y todos sus contactos también? . . . y encima les puede caer una multa si se la saltan. . . en resumen, no van y listo. . . y como no se les puede obligar, pués eso. . .

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"No hay hechos, sino interpretaciones" Nietzsche

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2601 en: 30 de Septiembre de 2020, 08:01:34 am »
Efectivamente,  aparte del caos en las citas la gente tiene terror a dar positivo por las consecuencias laborales.

No sé qué pinta un furgón policial en el centro de salud dónde sólo debería haber médicos,  esa imagen es inquietante.

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2602 en: 30 de Septiembre de 2020, 15:23:08 pm »

No sé qué pinta un furgón policial en el centro de salud dónde sólo debería haber médicos,  esa imagen es inquietante.

Apuntar algo, me imagino que apuntan quién va y quien da positivo, a saber..., pero creo que para eso no hacen falta tres policías, podría hacerlo otro personal.


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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2603 en: 30 de Septiembre de 2020, 18:15:21 pm »
Con un auxiliar administrativo bastaba.

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2604 en: 01 de Octubre de 2020, 16:12:15 pm »

Esto es lo que realmente dice la ciencia sobre la efectividad de las mascarillas


JAVIER YANES 01 DE OCTUBRE DE 2020

En el telediario, un representante del equipo español de piragüismo, que participa en un campeonato mundial en Hungría, se muestra indignado porque hay equipos de otros países que no llevan mascarilla. El enfoque del reportaje le da la razón, subrayando cómo en la delegación española se sigue a rajatabla el “protocolo anti-cóvid” (incluyendo, cómo no, la engañosa e inútil termometría ambulante).

Resulta tristemente irónico: el representante del país con más contagios de Europa y sexto del mundo reprocha a los demás que no están haciendo bien las cosas.

Por si a alguien aún se le ha escapado, las medidas adoptadas e introducidas durante los últimos meses para contener la pandemia en España no parecen estar funcionando. Creo que el argumento es dicífilmente discutible cuando multitud de otros países, con medidas menos estrictas que las nuestras, han mantenido durante meses cifras de contagios de un orden de magnitud inferior. Nadie sabe por qué España es el pozo negro de la cóvid en Europa. Desde este blog, me he limitado a decir que yo no lo sé. Por supuesto, conjeturas tenemos todos, pero tampoco lo saben quienes tratan de presentar sus conjeturas como algo más que conjeturas.

Las conjeturas valen muy poco y cada vez menos; solo la prueba científica tiene valor. Y solo los estudios científicos podrán determinar, probablemente con el tiempo y el análisis riguroso de los datos a toro pasado, cuál es realmente nuestro problema. Eso sí, aquí también he traído ese llamativo y brutal contraste con países donde las mascarillas no existen (en otros son de uso voluntario o solo obligatorias en interiores) y les va mucho mejor que a nosotros. Y, sin embargo, este curioso hecho que debería invitar a la reflexión no parece haber sido adecuadamente reflexionado.

Desde este blog se ha apoyado (y se apoya) el uso generalizado de las mascarillas en espacios cerrados desde que las evidencias científicas dieron dos motivos para hacerlo que antes se desconocían, los cuales fueron oídos por las autoridades sanitarias: que la transmisión del virus por parte de personas asintomáticas o presintomáticas era muy frecuente, y que esta cuota de infecciones podía aminorarse en gran medida si estas personas portadoras del virus e ignorantes de que lo son –y todos somos candidatos potenciales a esta categoría– utilizaban un elemento cuya mayor utilidad no es proteger a quien lo lleva, sino retener una gran parte de las gotitas expulsadas para proteger a los demás de los ya contagiados.

Mascarillas. Imagen de PublicDomainPictures.net.
Mascarillas. Imagen de PublicDomainPictures.net.

Pero por algún motivo que también ignoro, quizá porque aquí somos así, pasamos del cero al infinito. Las autoridades no solo impusieron el uso de las mascarillas en interiores, donde se produce la gran mayoría de los contagios, sino también en exteriores, en todo momento, circunstancia y lugar; incluso una persona paseando a su perro a la 1 de la mañana por una calle solitaria (o por el campo, como ocurre junto a mi casa) llevará la mascarilla al menos colocada en la barbilla, dispuesta a ajustársela rápidamente al menor movimiento sospechoso a sus alrededores que delate la aproximación de un policía con una libreta de multas en su bolsillo, o simplemente de un vecino con un repertorio de insultos en su lengua.

En apenas unos meses, para una buena parte de los ciudadanos españoles la mascarilla ha pasado de ser un objeto inútil a convertirse en la alternativa a la muerte, como decía en un vídeo viral una niña cuyas palabras fueron intensamente aplaudidas como “ejemplo de sentido común”. En los telediarios, los reporteros sacan el micrófono a la calle, y los transeúntes culpan de la pandemia a quienes se quitan la mascarilla. En algún programa de televisión de prime time, alguien que se hace pasar por científico monta un número circense mostrando cómo la mascarilla hace algo que no tiene absolutamente nada que ver con la propagación viral, pero que es muy espectacular y arranca las ovaciones del público. Quienes critican la sobreimposición de las mascarillas y las exageraciones sobre su eficacia son tachados de negacionistas. Y sí, probablemente muchos lo sean.

En el caso de un servidor, me limito a seguir la ciencia y la medicina basada en pruebas (Evidence-Based Medicine o EBM). Y dado el carácter fundamentalista (acepción 3 de la RAE) que ha tomado en este país la opinión pública sobre las mascarillas, me veo en la obligación de traer de nuevo aquí lo que realmente dice la ciencia sobre las mascarillas.

Para ello, parto de lo publicado por el Centre for Evidence-Based Medicine de la Universidad de Oxford (CEBM) bajo el título “Enmascarando la falta de evidencias con política“. Los autores de dicho informe subrayaban cómo el uso de las mascarillas se ha convertido en muchos lugares –y en eso podemos vernos retratados– en una cuestión de filiaciones políticas muy polarizadas, lo que, escriben, “oculta una verdad amarga sobre el estado de la investigación actual y el valor que otorgamos a la evidencia clínica para guiar nuestras decisiones”.

¿Y cuál es ese valor? Poco, al parecer: “Se diría que, a pesar de dos décadas de preparación contra pandemias, hay una considerable incertidumbre sobre el valor de llevar mascarillas”, escriben los autores. “Por ejemplo, las altas tasas de infección con mascarillas de tela podrían venir causadas por los daños causados por las mascarillas de tela, o los beneficios de las mascarillas médicas. Las numerosas revisiones sistemáticas que se han publicado recientemente se basan todas en los mismos estudios, así que no es sorprendente que a grandes rasgos lleguen a las mismas conclusiones. Sin embargo, recientes revisiones utilizando pruebas de baja calidad han encontrado efectividad en las mascarillas, pero al mismo tiempo han recomendado ensayos clínicos robustos y aleatorizados para encontrar evidencias sobre estas intervenciones”.

Esa reciente revisión a la que se refieren los científicos de Oxford se publicó en la revista The Lancet, y ya fue comentada aquí. Los investigadores recopilaban todos los estudios que encontraron válidos sobre la efectividad de la distancia física, las mascarillas y la protección ocular. Esta era la conclusión general: “La distancia física de al menos 1 metro está fuertemente asociada con la protección, pero distancias de hasta 2 metros podrían ser más efectivas. Aunque la evidencia directa es limitada, el uso óptimo de las mascarillas, sobre todo N95 o respiradores similares en los entornos sanitarios y mascarillas quirúrgicas o de algodón de 12 a 16 capas en la comunidad, podría depender de factores contextuales; se necesitan acciones a todos los niveles para solventar la escasez de mejores evidencias. La protección ocular podría proporcionar beneficios adicionales”.

En resumen, de la revisión en The Lancet se desprende esta conclusión: hay pruebas suficientes de que la distancia física es la medida más efectiva para prevenir contagios. Lo cual tampoco debería sorprender a nadie. El hecho de que en distintos lugares se impongan diferentes criterios se debe a que no existe una distancia general que pueda considerarse cien por cien segura; el virus puede detectarse a ocho metros de distancia de alguien infectado. Por ello, las autoridades tratan de encontrar un compromiso entre ocupación de los espacios y reducción del riesgo: 1 metro protege algo, 1,5 metros protegen más que 1, y 2 más que 1,5. Pero ninguna de estas distancias es “de seguridad”, es decir, ninguna reduce el riesgo a cero. Es más, y como ya he contado aquí, los expertos en transmisión aérea de patógenos en interiores alertan de que en recintos cerrados y mal ventilados la única distancia segura es la que le sitúa a uno… fuera del recinto cerrado y mal ventilado.

Ahora bien, en cuanto a las mascarillas, la conclusión es que podrían conferir cierta protección, pero los autores de The Lancet califican los resultados obtenidos como de “baja certeza” por la insuficiente calidad de las pruebas. Tanto los estudios clínicos como los observacionales han arrojado resultados enormemente variables, según repasa el informe del CEBM. Como citan los autores, el Instituto de Salud Pública de Noruega maneja una cifra de reducción de riesgo por el uso de mascarillas en torno al 40%. Es decir, que las mascarillas no reducirían el riesgo de contagio ni siquiera a la mitad. El instituto noruego calcula que, cuando las tasas de infección son bajas, el uso de mascarilla por parte de 200.000 personas evita solo un contagio a la semana (no sería el caso de España, donde la transmisión es alta).

Resumiendo aún más: ¿qué dice realmente la evidencia científica actual sobre la efectividad de las mascarillas?

Respuesta: que aún no hay datos suficientes.

En este punto, es lógico que algún lector se sienta confuso, ya que en algunos medios se ha hablado de estudios científicos según los cuales la mascarilla era prácticamente una garantía contra el contagio, citando datos del 75 y hasta el 90% de protección. Ya expliqué aquí en su día la razón de esta aparente contradicción, que no es tal, sino una errónea interpretación de ciertos estudios, a la que se suma algo de cherry-picking mediático (pregonar los datos que interesan y callar los que no). Algunos de esos datos han surgido de ensayos de laboratorio en los que simplemente se analiza la capacidad de retención de gotitas de las mascarillas, que puede ser muy elevada. Pero cuando se ha analizado la efectividad de las mascarillas (la eficacia se refiere a los ensayos, la efectividad se refiere al mundo real), los datos de reducción de contagios no alcanzan esas cifras ni de lejos; quizá debido a la transmisión por aerosoles, quizá al uso incorrecto de las mascarillas, quizá a otros factores desconocidos, y quizá un poco a todo ello.

Tal vez el caso más clamoroso de mala interpretación de un estudio fue uno muy citado en los medios, según el cual el uso generalizado de mascarillas podía eliminar la expansión del virus. El error de interpretación consistía en que, en realidad, aquel no era un estudio de campo sobre la efectividad de las mascarillas, sino una simulación epidemiológica que estimaba cómo el uso de las mascarillas podía influir en la expansión de la pandemia, suponiendo una efectividad concreta de las mascarillas como condición de partida; los epidemiólogos autores de aquel estudio predecían una eliminación de la transmisión del virus mediante el uso generalizado de mascarillas cuando asignaban a estas como condición de partida una efectividad del 75%. Que es irreal. Es como decir que el número de muertes en carretera descendería a cero si todos los coches se movieran a una velocidad de 0 km/h.

Al menos, parece que la Organización Mundial de la Salud (OMS) sí se atiene a las recomendaciones nacidas de la evidencia científica. Este organismo señala que las mascarillas son parte de una estrategia más general, porque “el uso de una mascarilla por sí solo no es suficiente para conferir un adecuado nivel de protección contra la COVID-19”, insistiendo en la necesidad de la distancia física. Y añade:

Muchas personas están utilizando mascarillas no médicas de tela en lugares públicos, pero hay evidencias limitadas sobre su efectividad y la OMS no recomienda su uso general entre el público para el control de la COVID-19. Sin embargo, para áreas de amplia transmisión, con capacidad limitada para implantar medidas de control y especialmente en lugares donde una distancia física de al menos 1 metro no es posible –como en el transporte público, tiendas u otros entornos cerrados o multitudinarios– la OMS aconseja a los gobiernos que alienten el uso de mascarillas de tela no médicas para el público en general.

Con todo esto, queda claro que la obligatoriedad de las mascarillas al aire libre en todo lugar y circunstancia que se ha impuesto en España NO sigue las recomendaciones de la OMS ni, aún más importante, la evidencia científica que las inspira. Es una medida basada en el principio de precaución, no en pruebas científicas, por mucho que trate de presentarse de otro modo. Y aún más curioso, resulta que el primer país de Europa en contagios y sexto del mundo es también el país de un total de 26 donde mayor porcentaje de la población utiliza mascarilla, el 89%.

Cabría preguntarse si quienes culpan de la pésima situación en España a la irresponsabilidad del 11% restante cumplen con su propia responsabilidad de limitar su vida social, restringir su movilidad y quedarse en casa. El pasado fin de semana, alguna celebrity de esas que no se sabe muy bien por qué lo son subrayó el hecho, aplaudiéndolo, de que en Madrid los restaurantes, las tiendas, las calles y las terrazas estaban abarrotadas. Y creo que basta salir a la calle o entrar en un comercio para comprobar que el distanciamiento –lo que incluye no salir de casa salvo que sea imprescindible– no se está respetando. Por lo que se ve, para muchos aquello de la “nueva normalidad” se ha quedado en “lo mismo de antes, pero con mascarilla”. El criterio no es “¿es prudente?”, sino “¿está permitido?”.

Llama la atención que no parezca entrar en el ánimo de las autoridades la reflexión de que solo una evidencia científica concluyente debería guiar la decisión de embozar de forma obligatoria y permanente a toda la población de un país, mientras al mismo tiempo se barre bajo la alfombra la evidencia científica más concluyente que sí avala la necesidad de imponer medidas drásticas de distanciamiento físico cuando la propia población no asume por sí sola esta responsabilidad.

Y, por cierto, algunos expertos ya están advirtiendo de que las mascarillas podrían perjudicar el desarrollo emocional y social de los niños. Quizá por el momento sea solo una conjetura; pero ¿por qué en este caso no sirve el principio de precaución? ¿Tendremos que esperar a que los estudios demuestren daños irreparables para concluir que habrá que elegir entre quitar las mascarillas a los niños o cerrar los colegios? Y no, adoctrinarlos en el “mascarilla o muerte”, aparte de ser una barbaridad pseudocientífica, tampoco tiene visos de ayudar demasiado a su desarrollo emocional y social.

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2605 en: 01 de Octubre de 2020, 16:44:17 pm »
Es verdad,  se saca de quicio el tema,  en espacios abiertos es absurda la mascarilla

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2606 en: 01 de Octubre de 2020, 20:55:34 pm »
El vaticinio de un catedrático sobre lo que viene ahora impacta a Susanna Griso: "Nos está preocupando mucho"
"Pues me alegro mucho de que se preocupen", ha replicado él en 'Espejo Público'.
 01/10/2020 12:06 CEST | Actualizado Hace 5 horas
Redacción El HuffPost

Ignacio López Goñi, catedrático de microbiología de la Universidad de Navarra, ha dejado preocupada a Susanna Griso tras una entrevista en Espejo Público en la que ha anticipado que viene “una hecatombe seria” por culpa del coronavirus.

“Ni la ciudadanía, ni la clase política en general, porque no se salva nadie, e incluso los medios de comunicación, no nos damos cuenta de que la situación es muy grave, que ha habido más de un millón de muertos en el mundo y que es un problema global que solo la cooperación, la ciencia y el conocimiento nos van a sacar de ésta. Hay que poner por encima el conocimiento científico a las decisiones políticas. Y la hecatombe va a ser seria”, ha asegurado el experto.

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“Le veo muy preocupado y nos está preocupando también mucho, ¿eh?”, ha reaccionado Susanna Griso, ante lo que López Goñi ha replicado: “Pues me alegro mucho de que se preocupen”.

El catedrático ha recordado que estamos “en las mejores condiciones” desde el punto de vista de la ciencia y de la cooperación para abordar una crisis como esta, pero ha lamentado que en esta segunda ola hay “un problema de gestión” que es “muy preocupante”.

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López Goñi ha afirmado que “probablemente esto sea lo más parecido a una guerra que hemos vivido la mayoría de nosotros” y ha criticado que no tiene ningún sentido la guerra de competencias entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno central porque “al virus le da exactamente igual”.

“No nos damos cuenta de que nos estamos enfrentando a un enemigo sutil, silencioso y él va avanzando”, ha recordado el experto antes de insistir en que la situación, tanto económica como sanitaria, es “muy grave”. “Y es imprescindible que haya un gran pacto de Estado para solucionar esto porque mientras están discutiendo el virus sigue avanzando y la hecatombe va a ser tremenda”, ha advertido.

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2607 en: 02 de Octubre de 2020, 20:54:52 pm »
Corregidme si me equivoco....

Ósea que si uno de Villaverde no podía salir de un barrio confinado, ahora puede ir a sol a tomarse un café.
Eso sí!! No puedes salir de Madrid, pero puedes venir de visita por vía aérea etc etc.

Ahora se oyen aplausos y antes dedos abajo!!!
De verdad, que ni unos ni otros no saben lo que hacer, los datos son los que son, tanto en muertes y contagios, como en una economía que se hunde cada día más.
Podéis seguir defendiendo a la izquierda y a la derecha, pero aquí nadie tiene solución para nada.
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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2608 en: 03 de Octubre de 2020, 06:01:09 am »
Corregidme si me equivoco....

Ósea que si uno de Villaverde no podía salir de un barrio confinado, ahora puede ir a sol a tomarse un café.
Eso sí!! No puedes salir de Madrid, pero puedes venir de visita por vía aérea etc etc.

Ahora se oyen aplausos y antes dedos abajo!!!
De verdad, que ni unos ni otros no saben lo que hacer, los datos son los que son, tanto en muertes y contagios, como en una economía que se hunde cada día más.
Podéis seguir defendiendo a la izquierda y a la derecha, pero aquí nadie tiene solución para nada.

La tienen, estar confinados sin salir seis meses o 1 año, pero eso sería la ruina económica.

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2609 en: 03 de Octubre de 2020, 10:50:27 am »
Corregidme si me equivoco....

Ósea que si uno de Villaverde no podía salir de un barrio confinado, ahora puede ir a sol a tomarse un café.
Eso sí!! No puedes salir de Madrid, pero puedes venir de visita por vía aérea etc etc.

Ahora se oyen aplausos y antes dedos abajo!!!
De verdad, que ni unos ni otros no saben lo que hacer, los datos son los que son, tanto en muertes y contagios, como en una economía que se hunde cada día más.
Podéis seguir defendiendo a la izquierda y a la derecha, pero aquí nadie tiene solución para nada.

La tienen, estar confinados sin salir seis meses o 1 año, pero eso sería la ruina económica.
Corregidme si me equivoco....

Ósea que si uno de Villaverde no podía salir de un barrio confinado, ahora puede ir a sol a tomarse un café.
Eso sí!! No puedes salir de Madrid, pero puedes venir de visita por vía aérea etc etc.

Ahora se oyen aplausos y antes dedos abajo!!!
De verdad, que ni unos ni otros no saben lo que hacer, los datos son los que son, tanto en muertes y contagios, como en una economía que se hunde cada día más.
Podéis seguir defendiendo a la izquierda y a la derecha, pero aquí nadie tiene solución para nada.

La tienen, estar confinados sin salir seis meses o 1 año, pero eso sería la ruina económica.
Esa sería la solución fácil para el nivel de nuestros políticos.
La pregunta es.....por qué nos está afectando tanto está pandemia con respecto a otros países?? Por incompetencia política generalizada?? Por mala suerte??

Como diría Mourinho.....por qué?
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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2610 en: 03 de Octubre de 2020, 13:26:45 pm »
Nadie puede dar una explicación y saber por qué Italia estuvo más disparada que España y logró doblar la curva y mantenerla...mientras que España no ha conseguido ese mantenimiento.

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2611 en: 03 de Octubre de 2020, 14:32:21 pm »
Nadie puede dar una explicación y saber por qué Italia estuvo más disparada que España y logró doblar la curva y mantenerla...mientras que España no ha conseguido ese mantenimiento.

Parece que están haciendo bien, lo que aquí hacen mal a nivel de Gobierno Central y Autonómicos.

Confinamiento más largo y rígido, rastreadores, comité de expertos, medidas de verdad en fronteras, etc...


Citar
Después de la tormenta, Italia ahora es modelo de control del virus en Europa

Primera modificación: 12/08/2020 - 23:33

De epicentro de muerte por el Covid-19 en marzo pasado a ejemplo de la contención del virus. Esta, en las últimas semanas, ha sido la trayectoria de Italia, país que en la actualidad exhibe unas de las cifras más bajas de contagiados en todo el continente.

Datos recogidos por el Centro Europeo para la Prevención y Control de las Enfermedades señalan que, al 12 de agosto, la incidencia acumulada de contagios en la población italiana (el número de casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días) es de 7,9, una cifra inferior a la gran mayoría de los países de la Unión Europea (UE).

En concreto, según esta fuente, el dato italiano es mejor que el de Francia (30,4), Alemania (14,0), Reino Unido (18,2), Grecia (15,5) y Croacia (20,0) —dos países, estos últimos, que en un primer momento parecían haber controlado el virus—, y hasta 10 veces más bajo que el de España (98,0), Luxemburgo (141,2) y Rumanía (86,1), que son ahora las peores situaciones del club europeo.

Cifras mejores que las de Italia solo las tienen Finlandia (4,0), Hungría (2,9), Letonia (4,3) y Liechtenstein (5,2).

Pese a un ligero repunte en los últimos días, puesto que el país llegó a tener a comienzos de agosto una incidencia acumulativa de 5, la tendencia positiva ha permanecido estable en las últimas semanas. Al 12 de agosto, el número de casos activos es de 13.791 (de los cuales solo 49 están en terapia intensiva), lo que mantiene a los hospitales de todo el territorio italiano lejos de situaciones de saturación.

Una circunstancia que remite también a que la mayoría de casos actuales “son de menor importancia clínica, puesto que pocos requieren de hospitalización y la edad promedio de los contagiados ha bajado hasta los 40 años (era 64 en marzo)”, dice Giorgio Palú, prestigioso virólogo de la Universidad de Padua y unos de los asesores de de Véneto, una de las regiones que en la pasada primavera fue duramente golpeada por la pandemia.

De hecho, en la actualidad, “solo cinco de cada 1.000 individuos terminan en las terapias intensivas y corren el riesgo de morir, si tienen más de 75 años”, añade Palú.   

Además de ello, gran parte de los rebrotes "no han superado el centenar de personas", según explicaba recientemente a esta periodista Giuseppe Ruocco, secretario general del Ministerio de Sanidad de Italia.

Prudencia italiana mientras los países vecinos sufren nuevos brotes

¿Cómo lo lograron? Hasta la fecha, la comunidad científica y las autoridades italianas han sido muy prudentes a la hora de explicar el secreto de este éxito y también en dar dilucidaciones sobre si se trata de una situación temporal o una tendencia establecida, en momentos en los que los países vecinos parecen estar sufriendo una segunda ola.

Algunos han apuntado a que el confinamiento italiano ha sido muy rígido y largo, así como el uso de las mascarillas tras la desescalada, que ha sido extendido y normalizado entre la población. Dicho esto, otra explicación que en las últimas semanas ha sido ventilada por parte de algunas fuentes, ha sido que las restricciones al ocio nocturno impuestas por el Gobierno nacional serían un factor significativo.

Lo cierto es que estas limitaciones fueron ya parcialmente levantadas en los últimos dos meses por parte de numerosas administraciones regionales, que son las que controlan este sector y, en los últimos días, la prensa italiana ha publicado numerosas imágenes de jóvenes abultados en discotecas ubicadas en distintas partes del país.

Tanto así que tan solo esta semana la administración de la isla de Cerdeña (centro) decidió permitir la apertura solo de los espacios al aire libre de las discotecas, con un aforo limitado, luego de que detectaran 16 casos de jóvenes que habían ido a una fiesta en la localidad de Carloforte.

Continúa el estado de emergencia y la asesoría permanente de un comité científico

Por otra parte, lo que sí ha seguido en vigor desde el 31 de enero, cuando por primera vez se impuso, es el estado de emergencia; un régimen que autoriza al Gobierno italiano a promover medidas sin la autorización del Parlamento, lo que reduce los tiempos de actuación de estas iniciativas.

De hecho, esta condición, que le permite al Gobierno de revisar más rápidamente sus medidas —también basados en las indicaciones dadas por un comité científico creado ‘ad hoc’ que asesora al Ejecutivo—, que caducaba el pasado 31 de julio pero que a finales de ese mes fue prorrogado hasta el 15 de octubre.

Otro punto es que Italia ha sido bastante restrictiva en abrir sus fronteras. En la actualidad, el país mantiene una “lista roja” de países considerados de alto riesgo, que incluye Chile, Brasil, Panamá, Perú, República Dominicana, Armenia, Bosnia, Serbia, Montenegro y Kosovo. Aquellos que hayan estado en alguno de estos Estados en los últimos 14 días no pueden entrar a Italia. 

Desde finales de julio también se exige que las personas que hayan estado en Bulgaria y Rumanía hagan una cuarentena de 14 días. El confinamiento se mantiene también para los países que no son parte de la Unión Europea y que no pertenecen al espacio Schengen. Además, todos los que han estado en otro Estado y tienen derecho a regresar, están obligados a firmar un documento que certifica su lugar de origen y su estado de salud.

Más aún, a causa de los fuertes rebrotes en países como España, Croacia, Malta y Grecia, algunas autoridades regionales —entre ellas, las de Apulia, Emilia-Romaña, Campania y Sicilia— también han anunciado tests rápidos para detectar en los aeropuertos, puertos y fronteras terrestres, a posibles infectados que regresan de países con altas tasas de contagio.

El rastreo de contagios, fundamental en la lucha contra el virus

En total, el número de rastreadores suman 1 funcionario por cada 10.000 habitantes, algo que permite que el rastreo se desarrolle en un plazo medio de entre 24 y 48 horas, según una aproximación de las autoridades.

De hecho, según un estudio del Instituto Superior de la Sanidad (ISS) sobre una muestra de 2.746 individuos infectados y detectados entre el 6 y 19 de julio, Italia identificó los casos porque la persona tenía síntomas (29%) fue contactada por un rastreador (24%), o porque se hizo la prueba de manera voluntaria por ser grupo de riesgo, por motivos personales o de trabajo (43%).

El esfuerzo del sistema sanitario italiano está siendo mayúsculo. En total, hasta el miércoles 12 de agosto, el número de casos testados supera los 4,3 millones y 223.000 infectados habían sido identificados a partir de un sospechoso de Covid-19, según cifras del Ministerio de Salud, con base a datos enviados por las regiones.

Por el contrario y a diferencia de países como España, Italia no exige que se lleve la mascarilla en lugares abiertos si se puede mantener el distanciamiento social. En cambio, su uso continúa obligatorio en lugares cerrados. 

Pero también hay quienes dudan de si Italia lo está haciendo realmente bien. Por ejemplo, Andrea Crisanti, un virólogo que ha ganado fama en el país durante la pandemia, ha levantado la sospecha de que tal vez no se esté buscando a los infectados en los lugares correctos.

No todos coinciden. Por ejemplo, Massimo Clementi, de la Universidad San Raffaele de Milán, subrayó que es un hecho que la carga viral de virus que circula ahora en Italia es “muy baja” y hay “muchos” asintomáticos.

El Gobierno italiano ha dejado claro que continuará tomando medidas restrictivas si lo considera importante y las circunstancias lo justifican.

Tanto que este mismo miércoles el ministro de Salud de Italia, Roberto Speranza, anunció la propuesta de introducir tests rápidos para aquellos que regresan de viajes en España, Grecia, Malta y Croacia. Una decisión que ha sido justificada para mantener los buenos datos italianos. 


https://www.france24.com/es/20200812-italia-control-virus-covid19-europa-pandemia

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2612 en: 03 de Octubre de 2020, 21:06:44 pm »
Luego hay quién se pregunta porqué desde el Gobierno no se plantean hacer públicos los nombres de los funcionarios de Sanidad que asesoran en la Pandemia,  para después tener a una horda de fanáticos acosandoles.

Vox difunde un vídeo en el que Abascal tira a Fernando Simón por un barranco de una patada

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2613 en: 03 de Octubre de 2020, 21:38:08 pm »
Hombre según el MINISTRO de SANIDAD, el señor Illa, sale diciendo en cadena Ser que lleva meses sin reunirse con el comité científico, y que no sabe..... sí el señor Simon lo habrá hecho....

En un país con dos dedos de frente, lo que tenía que hacer es dimitir.....me parece muy grave que pase esto,  por tener el cargo que tiene.
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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2614 en: 03 de Octubre de 2020, 21:39:30 pm »
Eso sí....seguro que a final de mes, cobra un buen dinero.
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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2615 en: 03 de Octubre de 2020, 23:40:58 pm »
Hombre según el MINISTRO de SANIDAD, el señor Illa, sale diciendo en cadena Ser que lleva meses sin reunirse con el comité científico, y que no sabe..... sí el señor Simon lo habrá hecho....

En un país con dos dedos de frente, lo que tenía que hacer es dimitir.....me parece muy grave que pase esto,  por tener el cargo que tiene.

Y no se pone ni colorado el sinvergüenza. 

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2616 en: 04 de Octubre de 2020, 13:12:38 pm »
Ante el subidón de casos que se está produciendo en Cataluña, que hará el Sr. Illa??

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2617 en: 04 de Octubre de 2020, 23:13:56 pm »
Los datos del INE dejan en evidencia a Sánchez: España supera los 56.000 muertos por coronavirus

La comunidad con menor tasa de mortalidad en la segunda ola es la Comunidad de Madrid

https://okdiario.com/espana/confinamiento-madrid-ultimas-noticias-del-del-coronavirus-directo-6230019

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2618 en: 04 de Octubre de 2020, 23:30:19 pm »

Conectado 47ronin

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Re:Crisis epidémicas
« Respuesta #2619 en: 05 de Octubre de 2020, 06:56:38 am »

La mascarilla obligatoria no frenó al virus: el doble error de priorizar medidas individuales y el bajo uso en escenarios de riesgo

    Las medidas de protección personales son necesarias, nadie lo duda, pero a España, país número uno en Europa en el uso de mascarillas, no le han bastado
    Los expertos critican la tentación en la que han caído políticos y ciudadanía: creer que era lo más importante mientras se descuidaban los factores estructurales de la transmisión
    Tampoco las usamos del todo bien ya que su empleo decae en terrazas y espacios cerrados de hostelería donde el papel de este instrumento es esencial

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Javier Martínez
jmartinez@infolibre.es @javiskan
Publicada el 05/10/2020 a las 06:00

La mascarilla como medida de protección ante el virus ha sido una de las grandes protagonistas del día a día español desde que al SARS-CoV2 le dio por cruzar nuestras fronteras. En las primeras semanas, antes y después del estado de alarma, las autoridades tanto estatales como supranacionales insistieron en que su uso no debía ser generalizado: solo para sanitarios, personas contagiadas o de riesgo. Pero con la desescalada y la llegada de la nueva normalidad cambió el criterio: todos debíamos taparnos la boca y la nariz en espacios públicos. Primero cuando no se pudiera garantizar la distancia: y posteriormente en casi todos los escenarios que se desarrollaran de puertas para afuera del domicilio habitual.

A pesar de que el mensaje de la Salud Pública siempre ha sido claro, insistiendo en que no basta una mascarilla para contener una pandemia, es inevitable hacerse la pregunta: ¿Cómo es que somos líderes en incidencia en el continente durante la segunda ola del covid-19 si somos el país europeo que más las usa, al menos de cara a la galería? La rápida escalada de casos de las últimas semanas, sin llegar al colapso de marzo y abril, nos deja varias lecciones, según los expertos. En primer lugar, hay situaciones de riesgo en las que no las estamos utilizando. Y en segundo lugar, centrar la conversación en la responsabilidad individual quita el foco a la única vía de escape a una crisis sanitaria: una respuesta colectiva, común y profundamente política, en el sentido amplio de la expresión.

España usa mucho la mascarilla. Es un hecho. Relacionado indisolublemente con su obligatoriedad, la más estricta de Europa. Un estudio del grupo de investigación Biocomsc de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), basado en observaciones a más de 3.000 personas en Barcelona, refleja que el 71% la lleva por la calle, un porcentaje que se eleva al 94% en el caso de supermercados. No hay atisbo de una tasa similar en ningún país de nuestro entorno, tampoco en los más castigados. Italia cuenta con una normativa similar a la vigente en España hasta el último endurecimiento generalizado por parte de las comunidades autónomas: obligatoria en espacios cerrados y abiertos siempre que no se pueda cumplir la distancia de seguridad. En Irlanda e Inglaterra se deben poner en el transporte público, en áreas comerciales y en otros espacios como museos, teatros y bibliotecas: pero Escocia, Gales e Irlanda del Norte solo se insta a su uso en metros, trenes o autobuses. Francia, por su parte, obliga únicamente en espacios cerrados.

Enric Álvarez, uno de los investigadores principales a cargo del estudio –financiado por la Comisión Europea–, explica a infoLibre que el trabajo es una parte de una investigación completa que intenta responder a la pregunta del millón: ¿por qué estamos peor en España? Analizando no solo las medidas de protección individual, también el ritmo de la desescalada, la efectividad de la vigilancia epidemiológica y los factores socioeconómicos. Cuatro patas para una mesa que se tambalea. "La bibliografía que analizamos", afirma Álvarez, "insiste en que si todo el mundo toma medidas de protección, no puede haber subida de casos. Así que nuestra pregunta era: ¿España pone en duda que esto sea así?". Sin embargo, se han encontrado que en escenarios en la vía pública en los que no se respeta habitualmente la distancia de seguridad de metro y medio o dos metros no se suele usar la mascarilla cuando se debería: las terrazas.

La normativa autonómica establece que, en estas terrazas, se debe usar la mascarilla cuando no se esté comiendo o bebiendo. Sin embargo, en base a la observación del equipo de la UPC en Barcelona, solo el 2% se quita la mascarilla para ingerir alimentos y luego se la vuelve a poner. "Era algo que veíamos cada día", asegura Álvarez. "Más de un tercio del tiempo lo pasas esperando la consumición", y en ese lapso una exigua mayoría se pone el también llamado tapabocas. Y la evidencia, tanto desde un punto de vista estrictamente virólogo como uno más amplio, relacionado con la epidemiología, es clara: las reuniones sociales –con amigos o familia–, sobre todo en espacios cerrados pero también en espacios abiertos, son el gran foco de contagio, junto a las situaciones derivadas del puesto de trabajo. Y tanto la transmisión por gotitas que expulsamos al hablar o solo respirar como los aerosoles –aire con carga viral que permanece durante horas– son el principal enemigo a combatir. Muy por encima de otros riesgos, como tocar una superficie contaminada por el SARS-CoV2. Por lo tanto, nos quitamos la mascarilla justo cuando más falta hace: cuando estamos más de quince minutos a menos de un metro y medio de otras personas. En un espacio cerrado, como un bar o restaurante sin terraza o un domicilio, la mascarilla se convierte en esencial.

Es un asunto complejo. La mascarilla no impide realizar casi ningún tipo de trabajo, ni dar un paseo, ni comprar ropa u otro tipo de producto, más allá de la evidente molestia. Pero sí que impide comer y beber: no solo la actividad social favorita de la mayoría de los españoles, también la base de un modelo de negocio, la restauración, que representa casi el 5% del Producto Interior Bruto. "Es muy difícil cambiar nuestras costumbres sociales. Tenemos ciudades densas, donde la interacción social es mayor. Y tenemos querencia a los bares y restaurantes", considera uno de los científicos de referencia de Castilla-La Mancha contra el covid-19, el catedrático de Sanidad Animal Christian Gortazar. "Sin embargo, Italia y Portugal están mejor, por ahora", por lo que la explicación cultural no basta. Allí también se tiran cañas, allí también se quiere la gente. Tampoco vale la respuesta individual en solitario: es necesario priorizar y poner el foco del debate público la respuesta colectiva a la crisis sanitaria.

"La mascarilla se usó para desviar el discurso de lo colectivo a lo individual"

Nadie con un mínimo de conocimiento sobre la crisis del coronavirus niega la importancia de la responsabilidad individual a la hora de enfrentar la pandemia. Mascarilla, higiene de manos, distancia física y respeto a las medidas de confinamiento dictadas por las autoridades políticas, así como a la cuarentena dictada por los responsables sanitarios en caso de dar positivo o haber tenido un contacto estrecho con un caso. Sin embargo, el experto en Salud Pública y coautor de Epidemiocracia Pedro Gullón cree que esa necesidad de actuar correctamente ha servido a la clase política para desviar el foco tanto de sus obligaciones como de las reformas de carácter estructural necesarias. "La mascarilla, políticamente, se usó para desviar el discurso de lo colectivo a lo individual", asegura. Pone el ejemplo de Cataluña: fue una de las primeras comunidades en imponer la mascarilla obligatoria, con o sin distancia, mientras los casos crecían rápidamente debido a los brotes asociados a temporeros.

Gullón entiende que la mascarilla obligatoria puede ayudar a su "normalización": siendo más estrictos podemos lograr que una persona que no la llevaba en el anterior escenario se la ponga ahora. Sin embargo, considera que "se ha generado un círculo vicioso de respuestas individualistas": como sociedad, ponemos el foco en que, si estamos tan mal, es porque no hacemos caso, señalando al que no lleva la mascarilla. Cuando, tal y como analiza el estudio de la UPC, hay otros factores que influyen con más fuerza. El segundo de los trabajos del equipo se centra, explica Álvarez, en si la desescalada fue demasiado rápida, y la conclusión es clara: en España se abrió considerablemente antes que la mayoría de los países de nuestro entorno, y es "una hipótesis, como mínimo, razonable" asegurar que estamos peor por, entre otras razones, esa precipitación, empujada por el comienzo de la temporada turística y el impacto económico del confinamiento. La vigilancia epidemiológica ha sido también cuestionada: comunidades con brotes graves, como Aragón, Cataluña o Madrid, contaban con una Atención Primaria escasamente reforzada y un número muy bajo de rastreadores. "Se decía, cuando Madrid no impuso la mascarilla obligatoria, que los casos estaban subiendo por eso", apunta Gullón: un análisis, como mínimo, simplista.

Hay ámbitos, sin embargo, en los que la responsabilidad individual y colectiva influyen. Es el caso de los espacios cerrados: interior de bares y restaurantes, comercios, centros comerciales, cines, teatros, domicilios... Todas las recomendaciones sanitarias insisten en que aquí, la mascarilla es más que esencial y marca la diferencia. Pero, opinan los expertos, las administraciones deberían insistir más en la ventilación. Tanto en los hogares, como en los recintos destinados al ocio, como en los puestos de trabajo. "Hay muchas empresas que están pensando en ello, pero todavía no está totalmente asumida la importancia de la ventilación", opina Gortazar. Apuesta por un modelo mixto: abrir las ventanas, también en invierno, cuando la ocupación del espacio sea baja, y renovar el aire con aparatos específicamente diseñados para ello, como filtros HEPA portátiles, cuando sea alta y haga frío. Y teletrabajo siempre que sea posible, claro.

"Tengo varios amigos en Manhattan y están todos en casa. Pero la Castellana está hasta arriba", lamenta Gullón, con respecto al teletrabajo. El experto en Salud Pública quita hierro al debate que mantiene la comunidad científica, con rectificación del Centro de Control de Enfermedades estadounidense de por medio, sobre si la vía "principal" de transmisión es por gotitas o por aerosoles. Es decir, si el coronavirus se contagia de una persona a otra por las pequeñas secreciones de saliva al hablar, o si la vía preferente no es esa sino la carga viral que dejamos en el aire y que puede contagiar, como si fuera una especie de humo. "Es una lucha de egos científica", considera: da igual cuál sea la vía preferente del coronavirus, hay que actuar teniendo en cuenta que sí sabemos que es una transmisión mixta.

Por lo tanto, explica el epidemiólogo, debemos evitar los espacios cerrados siempre que sea posible y, si no queda otra, usar mascarilla. Eso depende de nuestra responsabilidad individual. Pero debemos asumir que determinadas cuestiones no son "nada fáciles", no interviene solo la Salud Pública: también la economía. "A los empresarios les molesta la incertidumbre. Y muchos no pueden permitirse tener terraza", por lo que Gullón apuesta por un gran paquete de ayudas para el sector que les ayude a afrontar el trago de clausurar sus interiores. Sin olvidar una apuesta ambiciosa por el teletrabajo, apoyo sociosanitario para la cuarentena de los sectores más vulnerables y una educación pública que no renuncie a la presencialidad, pero tampoco a la seguridad. Porque no todo depende de la mascarilla.