En mi opinión habrá elecciines antes del mes de mayo.
Sánchez activa cinco señuelos que ya usó en el pasado para adelantar las elecciones generales
Moncloa encadena movimientos que en el pasado anticiparon adelantos electorales, a pesar de negarlo en público y en privado
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Vozpópuli
Luis Casal
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Política
Publicado: 22/11/2025 ·04:45
Actualizado: 22/11/2025 · 04:45
Pedro Sánchez repite estos días la misma idea que desde hace meses: no habrá adelanto electoral, la legislatura está pensada para durar hasta 2027. Pero, si no fuera porque miembros de su gabinete insisten en la misma tesis en público y en privado, cualquiera pensaría que la intención es precisamente la contraria.
Desde la vuelta del verano, pero muy especialmente en las últimas semanas, el Gobierno ha empezado a desplegar una coreografía que su entorno conoce bien. Un aumento brusco de la publicidad institucional, un techo de gasto récord sin mayoría para aprobar Presupuestos, nuevas comparecencias en el Congreso para reivindicar a España como potencia económica y una campaña para humanizar al presidente. Son movimientos que, en otras etapas, funcionaron como prólogo de un adelanto electoral.
Sánchez no es un presidente acostumbrado a agotar los plazos. En 2019, cuando ERC y el PDeCAT —ahora Junts— se sumaron al PP y Ciudadanos para tumbar sus Presupuestos, el Congreso certificó el final de la legislatura y el Gobierno abrió la puerta a las generales del 28 de abril. En 2023, tras el batacazo socialista del 28-M, volvió a romper el calendario y adelantó las elecciones al 23 de julio, previstas inicialmente para diciembre. La experiencia dentro del PSOE es que, cuando la política se encalla o el desgaste se acelera, el botón de las urnas ha sido una salida recurrente.
Publicidad y Presupuestos
El primer aviso siempre está en el BOE. El Consejo de Ministros aprobó a comienzos de año el mayor plan de publicidad institucional de los últimos 18 años, y en las últimas semanas ha reservado otra partida significativa para reforzar las campañas antes del cierre del ejercicio. Formalmente, se trata de anuncios de servicios públicos, convocatorias y programas europeos. Políticamente, son una herramienta para fijar marco: crecimiento económico, empleo récord, inversiones verdes, becas, vivienda. Es el tipo de mensaje que el PSOE querría ver en marquesinas y radios si la legislatura se acorta. El patrón recuerda al de otros gobiernos que han comprimido el gasto publicitario en los meses previos a una campaña.
El segundo movimiento discurre por la senda fiscal. Esta semana el Ejecutivo ha aprobado un techo de gasto histórico para 2026, la antesala de unos Presupuestos que, a día de hoy, nadie confía que verán la luz. Junts ha formalizado su ruptura con Moncloa y ha anunciado que votará en contra de "todas las leyes" del Ejecutivo y de cualquier proyecto presupuestario. La aritmética deja al Gobierno sin la misma mayoría que le permitió superar la investidura.
Aun así, Hacienda mantiene la maquinaria en marcha: reuniones con comunidades, objetivos de déficit, negociaciones técnicas y mensajes sobre las consecuencias de no aprobar las cuentas. Para muchos dirigentes socialistas veteranos, la escena es un déjà vu de 2019, cuando la caída de los Presupuestos fue el pistoletazo de salida de las generales. La diferencia es que ahora el Gobierno insiste en que puede gobernar con prórrogas y decretos, y que adelantar elecciones con el bloque de derechas por delante sería una apuesta mucho más arriesgada.
Comparecencias y relato de "potencia económica"
Otro indicio está en la agenda parlamentaria del propio presidente. Tras años dosificando sus comparecencias, Sánchez ha regresado a las Cortes para presentar planes estratégicos —el de Defensa, el industrial, el tecnológico— envueltos en un discurso recurrente: España como "potencia económica y europea" que no quiere quedarse atrás en la nueva etapa geopolítica.
El problema para Moncloa es que esas comparecencias ya no se consumen en clave de política exterior o modernización, sino bajo el ruido de la corrupción. En las últimas sesiones, la oposición ha utilizado el debate para ligar la imagen internacional de España con los casos que cercan al PSOE, desde la trama Koldo hasta las investigaciones en tribunales que afectan a antiguos cargos socialistas. La condena del fiscal general, a dos años de inhabilitación, ha reforzado esa narrativa y ha colocado al Gobierno a la defensiva.
Subida a los funcionarios
En paralelo, el Ejecutivo ha puesto sobre la mesa un acuerdo salarial para los empleados públicos que se estira más allá del horizonte razonable de la legislatura. Tras una primera oferta del 10%, Función Pública ha elevado al 11% la subida acumulada entre 2025 y 2028 para los 3,5 millones de funcionarios. El coste total ronda los 20.000 millones y buena parte del esfuerzo quedaría en manos del Gobierno que salga de las próximas generales.
El mensaje que se lanza al funcionariado es claro: estabilidad salarial, mejoras progresivas y compromiso de largo plazo. El mensaje implícito al resto del sistema político también lo es: quien gobierne a partir de 2028 recibirá una herencia condicionada por las decisiones de este Ejecutivo. Es una fórmula clásica de final de ciclo, pero también una forma de fijar la agenda social si se llega a una campaña.
Operación indie
El último señuelo es el más visible. En las últimas semanas, el presidente ha desplegado una campaña de "humanización" que recuerda a otras fases preelectorales. Ha visitado por sorpresa un programa de Radio 3, se ha quitado la corbata, ha hablado de música, festivales y de su alter ego indie. También ha intensificado su presencia en TikTok con un tono más desenfadado.
En Moncloa nadie lo describe como una precampaña, pero en los partidos aliados lo leen como un giro calculado hacia el voto joven, el mismo segmento que ha ido desertando hacia la abstención o hacia otras opciones en las últimas encuestas. El patrón, de nuevo, es reconocible: cuando el horizonte electoral se acerca, el presidente abandona el traje de puro gestor y se acerca a un personaje más pop, moldeado para la conexión emocional.
Las variables incontrolables
En todo este tablero hay una pieza que no maneja el Gobierno: los tiempos judiciales. La condena al fiscal general del Estado ha sido un aviso de que parte del desgaste llega por vías que ni controla Moncloa ni se pueden ordenar al ritmo del calendario político. A eso se suman las causas abiertas que salpican a antiguos altos cargos socialistas y la presión de barones y alcaldes, que hace meses deslizan en privado que quizá sea mejor adelantar las generales a 2025 o 2026 que llegar a 2027 con un goteo de casos y una "conjunción electoral" que arrastre a todo el poder territorial del PSOE.
Hay, sin embargo, un dato que frena a Sánchez. Madrid será la sede de la próxima Cumbre Iberoamericana en noviembre de 2026, un escaparate internacional en el que el presidente quiere ejercer como anfitrión. Convocar elecciones demasiado pronto podría poner en riesgo esa foto o, al menos, dejarla en manos de otro Gobierno. En el entorno del presidente no creen que vaya a arriesgarse.
Nadie en política convoca elecciones para perderlas. El PSOE ha recortado distancias con el PP en algunos barómetros, pero el bloque de derechas sigue por delante en votos y escaños. Por eso, más que un calendario cerrado, lo que hay hoy es un catálogo de movimientos que Sánchez ya utilizó antes de otros adelantos. Publicidad institucional, techo de gasto sin mayoría, gestos hacia los funcionarios, comparecencias solemnes y un presidente que se deja ver en la radio de los jóvenes.
Si son simples mecanismos de supervivencia en minoría o el preludio de unas generales adelantadas no lo decidirán los mensajes de Moncloa, sino el punto en que se crucen las encuestas, los tribunales y la paciencia de su propio partido.