El PP, una vez más, ha vuelto a caer víctima de sus propias expectativas, ha ganado la elecciones, pero mete a la extrema derecha en su gobierno, lo que tenía que ser la alfombra roja para que Feijoo llegara a la Moncloa, se ha convertido en un fracaso de expectativas que abre la puerta a qué en las próximas Generales haya partido. . .
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Aunque ayer Iván Redondo habló de julio de 2027, en mi opinion seran en marzo.
Recuerden ...marzo.
Sánchez se plantea por primera vez adelantar elecciones a principios de 2027
La dirección del PSOE interpreta que el plazo que el PNV ha concedido para negociar las cuentas de 2027
desemboca en una convocatoria durante el primer trimestre del año, antes de las elecciones autonómicas de mayo
Publicado:
18/06/2026 · 18:38 CEST
Pedro Sánchez, este jueves en Bruselas.
Luis Casal
Por primera vez en la legislatura, Pedro Sánchez baraja convocar elecciones generales en los primeros meses de 2027, antes del verano que venía marcando como única meta posible. Así lo señalan esta semana fuentes del PSOE y entre los socios que apuntalan al Gobierno, que atan ese adelanto electoral a la votación de los Presupuestos Generales del Estado a partir de octubre.
Sobre el papel, a esta legislatura le queda algo más de un año, hasta julio de 2027, que es cuando se cumplen los cuatro años desde las elecciones que dieron paso al actual mandato. La fecha de los comicios, sin embargo, sigue siendo una incógnita que sólo Sánchez puede despejar, porque la convocatoria es una facultad que la Constitución reserva en exclusiva al presidente del Gobierno. Él repite que serán en 2027 y que no habrá superdomingo, esto es, que las generales no coincidirán con las municipales y autonómicas previstas para mayo, pero hace tiempo que no afina más. En su propia dirección dan por hecho que podría situarlas en cualquier momento del año que viene antes del parón de verano, sin que el desenlace de los casos judiciales que lo acechan a él y al partido, el de Zapatero y el de Leire Díez, altere ese horizonte.
El razonamiento que circula por el gabinete del presidente parte de ahí. Sánchez ha gobernado todo el mandato con las cuentas de 2023 prorrogadas y promete ahora presentar unas nuevos, aunque casi nadie en su entorno espera que el Congreso se los apruebe. Negociar esos presupuestos, llevarlos a la Cámara y verlos decaer por falta de apoyos consume meses, un recorrido que sitúa el desenlace a finales de año. Un proyecto rechazado le serviría además de coartada para disolver las Cortes y convocar, presentando ante los electores lo que la Cámara le ha tumbado.
El movimiento que abrió esa rendija lo protagonizó el miércoles el PNV. Su portavoz en el Congreso, Maribel Vaquero, condicionó su exigencia de elecciones a que el Gobierno presente y negocie unos Presupuestos Generales del Estado, las cuentas con las que un Ejecutivo fija lo que ingresa y lo que gasta cada ejercicio. Si no consigue aprobarlos, le advirtió, que disuelva las Cortes y llame a las urnas. "Presenten los Presupuestos, es su obligación", le dijo durante la sesión de control. "Pero si no consigue un acuerdo suficiente en esta Cámara, disuélvala y convoque elecciones".
Esa lectura conviene a Sánchez porque le permite estirar el calendario sin enfrentarse de golpe al bloque que lleva semanas pidiéndole que adelante los comicios. Lo componen el PP, Vox, UPN, Junts y, desde el miércoles con matices, el propio PNV, una suma de 185 escaños sobre los 350 del Congreso. Ninguno, sin embargo, puede forzar por sí solo la caída del Gobierno. La única herramienta parlamentaria para echar a un presidente, la moción de censura, exige presentar un candidato alternativo y reunir una mayoría absoluta en torno a él, y los nacionalistas vascos ya han descartado sumarse a cualquier operación en la que figure Vox. La disolución de las Cortes, entretanto, sigue siendo una facultad que la Constitución reserva en exclusiva al presidente.
El margen que el presidente cree tener nace, precisamente, de que puede manejar los plazos a su antojo. La semana que viene el Consejo de Ministros tiene previsto aprobar el cuadro macroeconómico, la previsión de cómo evolucionará la economía, y antes o después la senda de estabilidad, los objetivos de déficit y deuda que marcan cuánto puede gastar cada administración. El paso decisivo llega más tarde, cuando el Gobierno aprueba el proyecto de cuentas y lo remita al Congreso. La Constitución obliga a que lleguen a la Cámara antes del 30 de septiembre, un plazo que Sánchez ha incumplido todos los años. Puede volver a apurarlo o demorarse unas semanas, de modo que el primer debate parlamentario se traslade de octubre a las semanas posteriores y el rechazo previsible llegue ya con el año casi consumido.
Con esa contabilidad de fechas, Sánchez alcanzaría 2027 sin romper con el PNV, el socio al que más cuida y que comparte instituciones con los socialistas en Euskadi. El presidente ha trasladado a los suyos la orden de aguantar hasta encontrar el momento que mejor le permita conservar Moncloa, cuando se vea más fuerte para una campaña que en el partido anticipan a todo o nada. Los socios le marcan condiciones y le fijan plazos, pero el calendario, y el botón que disuelve las Cortes, siguen estando en su mesa.