Luis Manuel García Mañá: “El policía no debe ser enemigo del delincuente, sino del delito”
“La muerte de mis compañeros en la Playa del Orzán me produjo un dolor terrible” // “Hay que usar todas las armas y saberlas dosificar en función de quien tienes enfrente”
ENRIQUE BEOTAS
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Honorato de Balzac, que conoció a Eugène-François Vidocq, sabía bien que los gobiernos caen y los sistemas cambian, pero que la policía permanece. Es más, su función se hace indispensable para que la civilización y el caos se mantengan a una distancia saludable.
La historia, que a veces se comporta como una madrastra terrible, nos ofrece unas cuantas paradojas que acaban siendo del gusto de más de uno. Los regímenes que nacieron con vocación de erradicar a la policía acabaron creando las bofias más terribles e implacables. Ocurrió en la Francia del Comité de Salvación Pública o en aquella inmensa y desvencijada prisión que fuera la Unión Soviética. Resulta contradictorio que, en nuestros días, mientras la policía se ve abocada a "defender" del pueblo las sedes de los representantes del pueblo, todavía quede tropa que considere posible un mundo sin gura. Están tan convencidos de ello como de que el hombre es bueno por naturaleza y de que sobran quienes, de manera profesional y rigurosa, se preocupan de mirar de vez en cuando las cuentas bancarias de los esquiadores, o los cuadernos de notas en que la miseria urde su gran sinfonía de vómito, bolsos de Louis Vuitton, payasos engominados y globos de cumpleaños, empañando el buen nombre de quienes se dedican al noble, honesto e imprescindible ejercicio de la res pública.
Mi cita gallega de hoy es, por tanto, con Luis García Mañá, un "poli" de los de investigación e inteligencia en astillero. Nos hemos emplazado en La Penela de María Pita, el templo coruñés de la tortilla de Betanzos que regenta esa dama de los fogones que es María Barallobre, la niña de Coirós que hizo del trabajo sendero, del esfuerzo rumbo y del éxito destino. María, que sabe tanto del sufrimiento como del amor, tiene siempre a bien reservarme el rincón más idóneo para las confidencias en voz baja. Allí nos ha sentado, frente a frente, policía y periodista...
Mi amiga Elena Espinosa me había venido hablando de este licenciado en Derecho y Magisterio, especialista en Toxicología Forense y Antropología Cultural, que ejerció como comisario jefe de Policía en Madrid, Vigo y Ourense, hasta ser nombrado jefe superior de Policía de Galicia. Miembro del Instituto de Estudios Vigueses, del Consejo de la Fundación Otero Pedrayo, de la Fundación Faustino Santalices y vocal de la Fundación de los amigos de la Universidad de Vigo, Luis Garcia Mañá es, por aquello de seguir siendo un hombre en constante actividad intelectual, juez honorario del Couto Mixto…
"Nacemos desnudos, Beotas, y desnudos deberíamos volver a disolvernos en la tierra. Ninguno nacemos siendo policía".
¿Cuándo te hiciste contrachapado?
Cuando conocí la auténtica esencia de la profesión.
¿Cómo llegaste?
De rebote, aunque en el momento en el que empecé a conocer esta dedicación me apasioné por ella.
Así que la vocación de guindilla se construye…
Y de tal manera que seré policía hasta que me muera.
¿Cuándo te sentiste policía del todo?
Estando en el Gabinete Central de Identificación, en Madrid, en la Puerta del Sol. Aquel destino lo obtuve gracias a mis buenas notas... Es allí donde realmente comencé a ver la parte más deductiva de nuestro trabajo…
Aparentas ser un poli duro, de esos que se pintan en El Halcón Maltés o El sueño eterno…
Hay muchas visiones de mi profesión. Una de ellas es la romántica, esa que nos suele llegar a través del cine o la novela negra, y que no es cierta, por incompleta.
¿El balance?
Pese a que he tenido momentos malos, la mayor parte de los vividos han sido sublimes, pues me han dado la oportunidad de conocer personajes de una humanidad inmensa.
¿El más duro?
Fue tres días antes de mi cese como Jefe Superior de Policía de Galicia. La muerte de mis compañeros en la Playa del Orzán me produjo un dolor terrible. Esos tres héroes, a pesar de ser conocedores del riesgo, fueron capaces de jugársela por alguien a quien no conocían… Cuando tuve que abrazar a sus viudas, a sus madres y hermanos, ¿qué les podía decir…? ¿Dónde podrían encontrar consuelo…? Fue y sigue siendo terrible…
Muchos lo olvidan…
Este oficio no es fácil. Estando destinado en Madrid, ETA mató a varios de mis compañeros y tuve que dar la noticia a sus familiares. También recuerdo aquel crimen en Nigrán en el que había compañeros implicados… Esas cicatrices se llevan siempre, créeme, jamás se borran.
¿Es posible recuperar la felicidad?
Sin duda, el nacimiento de mi nieta fue uno de esos momentos.
¿Qué es la felicidad, pasma?
No tener todo lo que quieres, sino disfrutar de lo que puedes.
¿Siempre al lado de la ley?
Es curioso, pero hay algunos personajes bien valorados por la sociedad que, cuando rascas el barniz que recubre su vida, por debajo encuentras algo infame.
¿Llegaste a comprender al delincuente?
He llegado a entender que tras el delincuente hay un ser humano. Reconocer tal condición no significa que no deba perseguirlo, detenerlo y apartarlo.
¿Eres su enemigo?
El policía no debe ser un enemigo del delincuente, sino del delito. Esa concepción redunda en un trabajo más profesional y más aséptico.
¿El lugar del policía?
Aquel que te permite estar a disposición de la ciudadanía desde un concepto del derecho pragmático y teórico.
¿Dónde depositas tu confianza?
En el sistema, entendiendo y respetando las competencias entre los tres poderes.
¿Es fácil mantenerse en medio de una legislación tan garantista?
Como a cualquier ciudadano, te puede doler que se deje en la calle a alguien que sabes que es culpable, pero de ahí no debe pasar. Quien así no actúe es un mal policía.
¿Se os reconoce vuestra labor?
Las encuestas del CIS revelan que la policía se encuentra entre las instituciones más valoradas por la sociedad.
¿Por…?
Porque respondemos a la confianza que la ciudadanía ha puesto en nosotros, sin movernos del lugar que nos corresponde.
¿Y cuando Bolinaga, la mafia china o Correa salen de la trena y un panchito que ha afanado se queda?
El artículo catorce de la Constitución dice que todos somos iguales. Pero no todos tenemos las mismas oportunidades. Eso está fuera del alcance de un policía. Tiene que ver con otras cosas… Y ahí me quedo…
Gasta barba descuidada con esmero, blazer azul marino y un impecable nudo de corbata que delata su precisión milimétrica. Me consta que este policía ourensano ha roto unos cuantos clichés. Lo comprobé en su discurso al ser elegido por este periódico Gallego del Año en el 2000 y cuando se convirtió en pregonero del día de las Letras Gallegas en Vigo un año antes. Académico correspondiente de la Real Academia Galega, defiende con pasión la lengua de su madre. Autor de libros deliciosos, como O lume de Santo Antón y Couto Mixto: unha república esquecida, está en posesión de distintas condecoraciones y grados de las órdenes del Mérito Civil, Mérito Policial, San Raimundo de Peñafor, Mérito Naval, Protección Civil, Guardia Civil, Eixo Atlántico… Así hasta completar un total de veintiuna. Hoy ejerce como Vocal do Consello Asesor da Dirección Xeral da Policía. Culto y dueño de un pensamiento forjado en lo racional, es un tertuliano perfecto de sobremesa, un pagano entretenido y torrencial que constantemente genera esa clase de ideas que nunca acaban en la papelera…
"He sido siempre Luis, tan sencillo como eso. Mi segundo nombre es el de mi padre, originario de Taramundi, la tierra de los cuchillos y las navajas. Mi madre nació en Randín, entre las tierras de Barroso y el Letes, el río del olvido".
¿Tus recuerdos de Manuel?
Mi padre murió hace años. Me emociona recordarlo, porque fue un hombre de bien que, dentro de sus limitaciones, supo entender que los hijos teníamos que abrirnos al mundo de otra manera. Gracias a él, tanto mi hermana como yo, fuimos al conservatorio de música y estudiamos una carrera. Recuerdo bien su seriedad, lo mucho que tuvo que trabajar en su taller para sacarnos adelante. Reía pocas veces. Era cumplidor y llevaba al extremo el sentido del deber.
¿Lo heredaste?
El único capital que me dejó fue ese afán por intentar cumplir siempre con las obligaciones hasta el final. Se trata de un legado que no tributa ante Hacienda y que nadie me puede quitar.
¿A tua nai?
Todavía vive y está a punto de cumplir un siglo. Es una mujer increíble, poseedora de la mayor capacidad que he conocido para contar y fabular. Creo que esa es una condición innata de quienes nacen en ese mundo de la frontera hispano-lusa. Es curioso, pero cuando estudié Derecho Internacional, me di cuenta de que las cosas que mi madre me había contado de niño, adquirían razón objetiva, como el famoso "Couto Mixto".
Aquella república entre Portugal y España es más leyenda que posibilidad…
Lo cierto es que perduró hasta mil ochocientos sesenta y cuatro, hasta el Tratado de Lisboa. Mi madre supo fabular sobre todo ello, pero nada de lo que me contó estuvo fuera de la verdad.
¿El pragmatismo paterno y la fantasía de tu madre definen tu forma de ser?
Todos tenemos algo de ello, sí.
¿Se adelantaron a su tiempo?
Al igual que ocurre con los niños de ahora, ellos nos ponían todo tipo de actividades. Recuerdo ayudar en misa hasta que empecé el bachillerato, ir a al conservatorio y al día siguiente a la escuela de artes y oficios para dibujar. Nunca nos faltaron cariño, comida, abrigo, techo y educación.
¿El sentido de la justicia?
Lo aprendí de muy niño. Hay una especie de derecho natural que se va cultivando a medida que vives y vas comprendiendo las cosas.
¿Y quienes llegan a la profesión sin haber vivido previamente la vida?
Son gentes que carecen de ese sentido, porque ese derecho no se aprende en la facultad, sino en casa, con tu grupo de amigos, no siendo ajeno a lo que ocurre a tu alrededor. Se trata de una cuestión que tiene mucho de intuición. Es ese instinto natural que nos hace decir ante lo injusto: "No hay derecho".
¿La mejor escuela?
Haber hecho inspecciones oculares, comprobado muchas identidades de detenidos e investigado hechos de naturaleza criminal que se daban en aquel Madrid de los setenta. Pero también vi cosas que no me gustaron nada.
Eran años de tormenta…
Me sirvieron para concienciarme. Según pasó el tiempo, esos aspectos fueron quedando atrás y se difuminaron a favor de los valores de una policía democrática.
¿Y en Derecho?
En aquella facultad me encontré con otro tipo de personas, gentes que nada tenían que ver con aquel mundo del franquismo que todos habíamos vivido hasta entonces.
¿De qué te valió?
Sobre todo, para saber lo que quería ser como policía.
¿Te ejercitaste en la comprensión?
Los policías, como los periodistas o los curas, tenemos que comprender al ser humano. No puedes conseguir una confesión si no conoces cómo funciona la mente de la persona.
¿Cómo se logra?
En lo mío hay varias herramientas, pero lo esencial es la inteligencia. Al margen de ella, es fundamental la palabra, algo que sabe cualquier psicólogo y, por supuesto, un buen policía.
En lo mío, la comunicación gestual es esencial.
Cierto. A veces no necesitamos la palabra, nos basta con la mirada. Transmitir confianza es muy importante para romper la barrera que existe entre el detenido y tú.
A fin de cuentas, tenéis que saber de casi todo…
Hay que usar todas las armas y saberlas dosificar en función de quien tienes enfrente.
¿El secreto?
Ser siempre oportuno y discreto.
¿Se aprende?
Te lo da la intuición, que también es hija de la experiencia. A veces tienes que ser tierno y otras más pillo. Es algo que vale para todas las facetas de la vida.
¿Cómo llevas eso de tener que ocultarte?
Cuando tienes una edad, todo el mundo te conoce. Eres como eres y no tienes por qué avergonzarte. Si has cumplido y estás conforme con tu identidad, es que has sabido usar correctamente tus herramientas.
¿Lo más importante es la información?
Lo imprescindible es la capacidad de análisis, porque la síntesis es la inteligencia. La información es como la madera. El buen analista, que sabe desbastarla a modiño, saca lo mejor de ella.
¿Y qué haces con las virutas?
Tener mucho cuidado de cómo las dejas y a quién se las dejas.
Dicen de ti que no das puntada sin hilo…
En realidad soy un indio de todas las tribus, esa posición me asegura cierta independencia.
¿Como se consigue eso?
Siendo flexible y no condenando. Eso no significa que haya que tragar con todo. Por ejemplo, soy galleguista y no radical. Disfruto con todas las culturas, pero valoro especialmente la mía, la cuido y animo a los míos a que lo hagan con especial esmero, porque sé que ningún otro cuidará de lo nuestro.
¿Qué es ser galleguista?
Estar enamorado de tu tierra y mantener la capacidad de enamorarte de otras, como en el bolero.
¿La rigidez?
Algo que nos lleva siempre a la tragedia.
¿Lo implacable?
Algo que no va conmigo, soy de los que meditan…
¿Qué es Galicia?
Una tierra mágica y milenaria, que nos ha dado un idioma propio y unas formas de estar en el mundo determinadas. El lugar donde me gustaría desvanecerme cuando llegue el momento…
Atisbo que en el fondo eres un policía emocional.
Cuando tuve cargos operativos, siempre le decía a mi equipo que teníamos que saber unir la palabra con el ritual y con la música, única manera de llegar a la emoción. Algo parecido a lo que hiciera Neruda en Isla Negra, donde coleccionó las cosas más dispares: botellas, zapatos, pantalones, piedras… Todo ese conjunto, aparentemente inconexo, provoca una única y extraña emoción.
Finalmente te has instalado en el mundo de la palabra…
Y eso que me encanta dibujar… Tal vez por ello me gusta escribir a mano y construir lentamente cada palabra.
No hemos hablado de ella…
Utilicé mis artes policiales para hacerme con su teléfono. La llamé varias veces hasta que accedió a quedar conmigo.
¿Qué tal fue la cosa?
Pues se trajo carabina, aunque, después de todo, conseguí ligármela con palabras y dibujos.
¿No sería más bien que ella te ligó a ti?
Seguramente cruzó algún disparo de esos que no hacen sangre, pero dejan herida.
¿En gallego o en castellano?
Sostengo con Piñeiro que somos gallegos por nación, españoles por historia y europeos por vocación. Soy producto de la civilización cristiana y me siento de donde piso y hago la vida. Me emociono en Ourense, en Estambul o en Dublín…
¿Sabes que hay quien fue capaz de ser secretario de Líster y escribirle los discursos a Fraga?
La primera gramática gallega la hizo el secretario de un capitán general que hubo en Galicia de infausta memoria, Nazario Eguía, que reprimió ferozmente a los gallegos después del trienio constitucional. En las caras de las personas suelen darse cita el ángel y el diablo. Lo he visto muchas veces. Por eso siempre hay que estar alerta, Beotas…
El país va apagando sus luces poco a poco. Son las siete y media de una tarde en que nos hemos enterado de que una fundación sin ideas pagaba a tres mil pavos cada sainete sentimental y golfo, algo tan antiguo como la tormenta. Mientras atravesamos María Pita, la tarde fluye por Chautebriand y Otero Pedrayo, David Lean y Joan Manual Serrat… Ambos coincidimos en que, ante lo inevitable del comportamiento humano, hay que comprender, pero no transigir. No es que así vayamos a ser mejores, pero los que son peores lo tendrán un poco más complicado. Así es la historia y, si no les gusta, ya saben lo que decía la irónica canción de los Smiths:
"¿Amor, paz y armonía?