El Centro Nacional de Inteligencia es la ‘empresa’ española con mayor porcentaje de divorcios
Por su trabajo, pierden identidad, estabilidad y vínculos reales: muchos agentes pasan años fingiendo lo que no son
El CNI aumenta las investigaciones sobre las personas que manejan información clasificada
Apartado del CNI un ex militar por incumplir los deberes de lealtad, discreción y reserva
J.A.A.
27/07/26 | 5:00
El Centro Nacional de Inteligencia va a estar de actualidad de nuevo, cuando se produzca el estreno de la segunda temporada de la serie “El Centro”, que ya se está rodando por Movistar. Y el CNI tiene una peculiaridad muy poco conocida.
El Centro, como suele conocerse al CNI, es la ‘empresa’ española que tiene mayor porcentaje de divorcios entre su personal, según Fernando Rueda, máximo especialista español en asuntos de servicios secretos y espionaje, autor del libro “La Casa”, un clásico ya en ese género.
Integrado en la estructura del Ministerio de Defensa, el CNI fue creado en 2002, como sucesor del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID). Es un organismo público con autonomía funcional y personalidad jurídica propia y plena capacidad de obrar, que tiene como función ser el “máximo asesor” del Gobierno en cuestiones de seguridad nacional e inteligencia.
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El CNI aumenta las investigaciones sobre las personas que manejan información clasificada
Rueda lo afirmó durante la presentación en Madrid de su último libro, la novela “No me llames traidor”, inspirada en la figura del ex espía Roberto Flórez, un miembro del CNI condenado por traición, acusado de vender información a Rusia.
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El mundo de los espías
Según Fernando Rueda, el mundo de los espías, al menos de los espías españoles, es poco novelesco. No llevan una vida glamourosa, no están constantemente en acción espectacular, y su trabajo es más bien discreto, lento y psicológico
Se trata de personas normales pero que tienen existencias complicadas, porque viven bajo una presión constante y muchas veces llevan doble vida, incluso con su familia, dado que no pueden comentar nada sobre su trabajo, y a veces ocultan incluso el lugar exacto donde se desempeñan profesionalmente.
No son superhéroes, sino personas normales, algunos de ellos atrapados en situaciones extremas, donde la verdad, la lealtad y la identidad nunca están del todo claras.
Un precio personal
Esas circunstancias provocan que, en muchos casos, paguen un precio personal, porque afecta a la identidad y a las relaciones.
No se trata de un precio físico, de riesgo para su integridad, sino de consecuencias vitales, puesto que viven con identidades falsas, ocultan su trabajo incluso a su pareja o familia, y mantienen relaciones basadas en la mentira
Eso acaba pasando factura psicológica: pierden identidad, estabilidad y vínculos reales. Muchos agentes pasan años fingiendo quiénes son, incluso emocionalmente.
Sin reconocimiento
Otra de las circunstancias que rodean la labor de los miembros del CNI es que generalmente su trabajo no se reconoce públicamente. Por ejemplo, fue fundamental su labor en la lucha contra ETA y en el desmantelamiento de la banda terrorista y abandono de las armas, pero eso se destaca poco.
El principio general es que no pueden contar lo que han hecho, y por tanto la mayoría de las operaciones nunca se conocen fuera del Centro.
Por así decirlo, el éxito de un espía es precisamente no ser visto ni reconocido. Es un mundo donde el anonimato forma parte del oficio.
Consecuencias emocionales y psicológicas
El estrés constante, la desconfianza permanente, la doble vida que llevan suelen provocar dificultades para volver a una existencia normal.
Apartado del CNI un ex militar por incumplir los deberes de lealtad, discreción y reserva
No pocos, resultan “tocados” para siempre tras misiones largas o infiltraciones. Algunos quedan incluso abandonados por el sistema después de su misión.
Pero, al mismo tiempo, la mayoría están enganchados a ese trabajo y no quieren de ninguna manera dejarlo, ni, por tanto, abandonar el Centro.
Como una consecuencia de todos esos condicionantes, el CNI es, según Fernando Rueda, la ‘empresa’ con mayor porcentaje de divorcios.
Divorcios en España
El año pasado hubo en España 84.424 demandas de disolución matrimonial (divorcios, separaciones y nulidades), y, según datos Instituto Nacional de Estadística, en 2024 se registraron 82.991 divorcios. La duración media del matrimonio antes de acabar en divorcio es de 16 años.
Los datos apuntan que hay más divorcios en trabajos con horarios duros o irregulares, de menor estabilidad económica, más carga física o emocional y menor conciliación familiar.
Policías, guardias civiles
En cuanto a los cuerpos policiales, se estima que hay un 12% – 16% de divorciados/separados, mientras que entre los militares la cuota es de 10% – 14%. En ambos casos, se sitúan por debajo de los niveles más altos de divorcio en España.
Respecto a los militares, tiene que ver con despliegues y misiones en el extranjero, cambios frecuentes de destino y periodos largos de separación.
Entre los cuerpos policiales, la Policía Nacional presenta el nivel más alto de divorcios y aparece como el cuerpo con mayor desgaste familiar. En la Guardia Civil es ligeramente menor, por: más estructura de destinos fijos en cuarteles y vida más “estable” en pequeñas localidades, a pesar de que tienen disponibilidad de 24 horas y destinos rurales complicados.