Autor Tema: Pongamos que hablo de Madrid  (Leído 95494 veces)

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #200 en: 02 de Abril de 2010, 16:07:18 pm »
Plaza de Neptuno a?os 80
A los del Atlético se os ha olvidado visitarla. .ca;
Este a?o toca :Moto_vss
jajajajjaja  :partirse pero si se os ha olvidado donde esta   :cul


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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #201 en: 03 de Abril de 2010, 13:59:50 pm »
El lunes la Gran Via cortada de 11 a 14, se van a liar unos atascos del copon

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #202 en: 03 de Abril de 2010, 16:31:29 pm »
Para variar, más cortes  :karateka


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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #203 en: 03 de Abril de 2010, 23:06:56 pm »
Este Fue un proyecto que nunca se llevo adelante de finales de la decada de los 70 "La Gran Via Diagonal"



La Gran Vía Diagonal: el plan que casi acaba con el barrio
11 Enero 2010 escrito por Luis de la Cruz
 
Proyecto de la Gran Diagonal |URBI ET ORBE EN URBANITY.ES

Empezando 2010 a uno se le hace complicado imaginar un plan urbanístico que pueda pasar por encima del barrio destruyendo manzanas enteras de casas y monumentos, pero tal peligro ha pendido sobre Malasaña durante la segunda mitad de siglo XX y casi se lleva a cabo hace sólo treinta años. Hablamos del proyecto de la Gran Vía Diagonal y del Plan Malasaña.

El plan

No se habían iniciado los años cincuenta cuando el peligro de los derribos empezó a acechar al barrio con un megalómano proyecto conocido como Gran Vía Diagonal, que concebía una gran avenida que conectara Plaza de España con Alonso Martinez flanqueada por grandes edificios. En realidad la idea ya se había barajado incluso antes cuando en los años veinte, en plena construcción de la Gran Vía, se barajó la posibilidad de abrir otra vía más al norte.

El plan no llegó nunca a realizarse (lo que nunca cesó fue el continuo deshaucio de vecinos aduciendo la ruina de los inmuebles) pero la idea quedó flotando en el aire para solaz de los especuladores, y de alguna manera se convirtió con los años en el Plan Malasaña, aprobado por el ayuntamiento a principios de 1977 y que de haberse llevado a cabo habría supuesto el desplazamiento de 30.000 vecinos en un plazo de cinco años.

El proyecto pretendía cambiar por completo el tejido urbano del barrio que conocemos, se proyectaba modificar 45 manzanas para levantar una colonia residencial, sin los comercios que caracterizaban el barrio. En definitiva, se quería echar a los vecinos para crear un barrio a medida de una clase media acomodada bajo el pretexto de la descongestión del tráfico y la modernidad.

Una serie de alegaciones consiguieron salvar de los planes de derribo una serie de edificios como el Paraninfo de la Universidad Central, el Ministerio de Justicia o la Iglesia de San Ildefonso, entre otros. Algunos de los que, sin embargo, no tenían una protección integral eran la Iglesia de Santo Justo y Pastor, las Comendadoras de Santiago, el Teatro Lara o la Academia de Ciencias Exactas, entra otros muchos. ¡Casi nada!

El contexto

Aun con los muchos problemas de dotaciones que sufrimos en el distrito centro, la situación es mucho mejor que décadas atrás. A partir de los años sesenta los cascos históricos de toda España sufrieron una gran desvalorización y la huida de los vecinos. Hasta la llegada de los consistorios democráticos en 1979 la constante fue una ausencia total de planes rehabilitadores en los centros históricos de nuestras ciudades, el que los ayuntamientos animaran a la población a huir al extrarradio (el distrito centro pasó de 332.973 habitantes en 1955 a 167.957 en 1980) y una actitud condescendiente para con los propietarios de los edificios a la hora de tramitar situaciones de ruina, que se tradujeron en 500 expedientes de ruina anuales en Madrid durante los años setenta.

El papel de los vecinos

Si para algo sirvió el Plan Malasaña fue para aglutinar a los vecinos. Los finales de los setenta supusieron el depegue del movimiento vecinal en Madrid, y el Plan Malasaña en concreto fue la excusa para que cuajara en nuestro barrio, con la creación de la Asociación de Vecinos de Malasaña. El nombre de Malasaña se imponía en estos años como “marca” por la que la gente conocía la barriada y aquel movimiento de oposición tuvo su parte de culpa en ello.

El final del sueño del especulador

Moncho Alpuente glosaba el triunfo en una crónica de 1988 en El Pais desenmascarando la falsa idea de progreso que justificaba la maniobra :

“Ya no era posible presentarse a bombo y platillo como adalides del progreso y la modernidad que, con la mente puesta en los graves problemas urbanísticos, proyectaban espaciosas avenidas sobre las exiguas cuadrículas del plano de Texeira, avenidas flanqueadas de modernas torres de acero y cristal en sustitución de los anticuados edificios, casas de renta baja y escasa envergadura, sacos de hacinamiento abandonadas por sus caseros, insatisfechos con los parcos alquileres de sus humildes inquilinos”.

La movilización ciudadana y la llegada al ayuntamiento de Tierno Galván acabaron definitivamente con el Plan Malasaña y el fantasma de la Gran Vía Diagonal en 1980. Sería el comienzo de una nueva filosofía de rehabilitación del centro histórico que no llegaría a tomar cuerpo hasta finales de la década y que aún hoy tiene muchas cuentas pendientes con las viejas calles del centro de Madrid.



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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #204 en: 04 de Abril de 2010, 22:03:00 pm »

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #205 en: 04 de Abril de 2010, 22:06:35 pm »

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #206 en: 04 de Abril de 2010, 22:08:24 pm »

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #207 en: 07 de Abril de 2010, 21:09:07 pm »
El tonto de bici.
WRITTEN BY: HILARION ON ABRIL 7, 2010    NO COMMENT
Dos nuevas especies de bípedos implumes crecen imparablemente en Madrid ocupando rápidamente todos los espacios. Son los perroflautas y los tontos de bici. De estos últimos tenía noticia hace tiempo pero no de su denominación de origen, denominación que debemos al genial artículo de Ignacio Ruiz Quintano en ABC que ya enlacé aquí con gran cabreo de alguno que debió darse por aludido. Me he acordado de aquel artículo esta Semana Santa, porque esperando la salida de la procesión del Cristo de los Alabarderos frente al Palacio de Oriente, los allí presentes fuimos honrados con la visita de un tonto de bici que ni corto ni perezoso se metió por el tramo de Bailén que había de recorrer la procesión, esta aun no había empezado, hasta que llegado a un punto en que no podía ir más allá, debido a la molesta presencia de una compacta muchedumbre que se lo impedía, cogió la bici en volandas por encima de su cabeza y de esta guisa atravesó la muralla humana, cuyos componentes miraban con algo más que prevención el bamboleo de la máquina por encima de sus cabezas, ya que amenazaba con caerles encima de un momento a otro. Finalmente el tonto de bici puso está sobre la tierra y pedaleando cruzó la Plaza de Oriente en dirección a Arenal, siendo molestado su pedaleo por la aglomeración de viandantes que con torpeza, o mala intención vaya usted a saber, no se apartaban con la suficiente diligencia a su paso. Así que se me ocurrió contar brevemente qué es un tonto de bici y como funciona.
Hay dos clases de ciclistas: los normales, que suelen pasar inadvertidos en la ciudad, y los tontos de bici. Estos últimos consiguen la titulación el día que descubren que aquella frase de la Biblia de “Creced y multiplicaos” está trucada, porque durante siglos de oscura conspiración nos han ocultado que la frase completa es “Creced, multiplicaos e id en bici por donde os plazca”. Así pues y dado que su legitimidad es de origen divino, piensan con toda la razón que los usos terrenales, tales como el sentido común y el respeto a los demás no les son aplicables, ni tampoco las leyes de los hombres que, obviamente, están por debajo de las celestiales, por lo que semáforos, aceras, direcciones prohibidas, zonas infantiles, calles peatonales y demás trabas terrenales no pueden ser obstáculo para el ejercicio de su inalienable derecho a ir en bici por donde les pete, ya sea el recorrido de una procesión, un vagón de metro abarrotado, o cuatro bodas y un funeral. Es evidente que para ejercer este derecho divino sin que les multen o les incauten la bici necesitan la colaboración necesaria de otro tonto: el tonto de alcaldía, señor al que se elige cada cuatro años para que preserve los derechos de los tontos de bici.

¿Hasta cuando consentiremos que se pisoteen los derechos de los tontos de bici?
El tonto de bici es el que más chillón, chillón como los colores de su atuendo, y activo se muestra en la defensa de sus derechos divinos, derechos que solo se satisfacen cuando se eliminan los de los demás. Así exigirán la eliminación de carriles de aparcamiento y de circulación en las calles, y que en ellos se construyan carriles-bici, derecho que según hayan terminado de pedir será inmediatamente satisfecho por el tonto de alcaldía. El tonto de bici rara vez circulará luego por estos espacios que le están reservados, pues los pide solo para dar testimonio de sus divinos derechos y porque su credo le impone circular por donde haya mayor aglomeración de viandantes, ya que el mandamiento principal de este credo es conseguir la democratización del riesgo de atropello, hasta ahora monopolio de las clases pudientes que pueden tener coche, para que las clases populares y los más desfavorecidos puedan también atropellar.
Así que querido lector no te extrañe si paseando un día plácidamente por una zona peatonal, te pasan a escasos centímetros, a toda velocidad y generalmente viniendo por tu espalda, uno o varios tontos de bici de no menos de 80 kilos de peso en canal, por lo que al no verlos puede que en el instante crucial te de por desviarte un palmo, con lo que el atropello estará asegurado y con un poco de suerte solo saldrás con una costilla, un brazo o la cadera rotos. Naturalmente que al tonto de bici esto le tiene que importar una higa, pues al fin y al cabo él pasa por allí porque le apetece y como le apetece ¡A ver por qué no va a poder hacerlo! Y una vez atropellado la única indemnización que obtendrás será la de acordarte de toda su familia, viva y difunta, porque la bici es de los pocos vehículos, si no el único, a cuyos propietarios no se les exige seguro obligatorio y mucho menos para circular por las aceras. Eso sí, si haces tal cosa demostrarás una falta total de concienciación y compromiso con la preservación de la Naturaleza, ya que el tonto de bici va por donde quiere, aparte de como ya hemos dicho para universalizar el derecho al atropello, para conservar la Tierra para nuestros descendientes aunque sea a costa de romperle las costillas a los terrestres.
Y así es a grandes rasgos un tonto de bici, especie solo comparable al tonto en patines o en skateboard, pero de esos hablaremos otro día.

Grupo de viandantes entorpeciendo en actitud incalificable e intolerante  la marcha de un tonto de bici ¿Para cuando un carril-peatones para que estos dejen de fastidiar a los tontos de bici?

"No hay hechos, sino interpretaciones" Nietzsche

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #208 en: 07 de Abril de 2010, 21:10:46 pm »
Cruzando la calle Alcalá en 1902


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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #209 en: 07 de Abril de 2010, 21:12:04 pm »
Cruzando la calle Alcalá en 1902



Vaya "cacatúas".

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #210 en: 08 de Abril de 2010, 01:37:41 am »
........Y ahora todas como locas por ponerse morenas.
333

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #211 en: 21 de Junio de 2010, 18:06:41 pm »
La moda, a veces, la carga el diablo.
WRITTEN BY: HILARION
El 23 de marzo de 1766, domingo de Ramos, a eso de las cuatro de la tarde, se inició una algarada en la plazuela de Antón Martín. La algarada se convirtió en motín, duró varios días con un resultado de unos cuantos muertos, palacios y templos saqueados, y se acabó extendiendo por toda España. El rey Carlos III, asustado, huyó a Aranjuez y no volvió a Madrid hasta que la cosa estuvo muy, pero que muy tranquila, tras hacer venir al ejército de Levante a Madrid. ¿Qué había pasado?
El origen de este episodio, conocido en la Historia como El Motín de Esquilache, se achaca a dos factores. Uno económico, pues los precios de los alimentos habían sufrido una subida espectacular, y otro político por el rechazo del pueblo a que los ministros de Carlos III fuesen extranjeros en su mayoría. Carlos III había decidido acometer una profunda modernización de España, empezando por la capital, y para ello y como cualquier entrenador de fútbol de ahora, se trajo el equipo gobernante que había tenido en Nápoles, equipo en el que destacaba su hombre de confianza, Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache.
No le fue mal a Madrid con Esquilache, pues pavimentó las calles, que hasta entonces no sabían de tales lujos, instaló un alumbrado público que permitía andar de noche sin muchos sustos, construyó pozos sépticos en los barrios, gracias a los cuales desaparecieron de las calles gran cantidad de molestos y olorosos excrementos, e inició la construcción de los monumentos que han llegado hasta nuestros días convertidos en santo y seña de la ciudad. Pero esto en la opinión del pueblo no valía nada, pues era extranjero y, aun peor, ministro de Hacienda.
Además era un esteta, lo que fue su ruina. Estando ya la gente con los nervios a flor de piel, no se le ocurrió otra cosa que meterse a creador de tendencia y modernizar a aquellos casposos madrileños, pues sentía malestar de verlos con unas vestimentas tan alejadas de la moda y glamour europeos y tan poco acordes con el nuevo Madrid que estaba pergeñando. Así decretó la sustitución del extendido uso del sombrero chambergo y la capa larga, por el del sombrero de tres picos y la capa corta, bajo pena de cortar las prendas a las dimensiones establecidas por el señor marqués, multa y cárcel. ¡Por no ir a la moda! La excusa fue que ambas prendas favorecían el bandolerismo urbano, la una porque permitía ocultar el rostro, la otra porque servía de escondite a todo tipo de arma. Aunque no dejaba de ser cierto, no era más que lo dicho: una excusa, pues lo que quería era imponer la modernidad europea a golpe de decreto (a que suena a algo).
El Domingo de Ramos citado dos crudos de Lavapiés se paseaban provocadores ante el cuartelillo de los alguaciles en Antón Martín, embozados tras chambergo y capa larga. Salieron los alguacilillos y al requerirles la razón de aquella vestimenta tan antiestética contestaron con un recio “porque me da la gana”. Se oyó a continuación un silbido en la plaza tras de lo cual apareció de improviso por todas las bocacalles una riada humana armada con palos, navajas y cualquier cosa que pinchase. Huyen los alguaciles, las masas asaltan el cuartelillo y se hacen con los fusiles y espadas que allí había. Recorren la ciudad dirigiéndose a la casa del de Esquilache, la de las Siete Chimeneas, con el propósito de decirle, cívica y pacíficamente, lo que pensaban de su look. No le encuentran, acuchillan a un criado, que, al no estar al tanto de modas y tendencias, pretendió cerrarles el paso y destrozan la mansión. Luego, y sin duda poco satisfechos con su diseño, destrozan los faroles que había hecho colocar el marqués por toda la ciudad. Al día siguiente las cosas no se calman y habiéndose corrido el rumor de que estaba en Palacio se dirigen allí. La Guardia Valona se pone nerviosa y dispersa la manifestación a tiros. Se producen los primeros muertos. La masa consigue finalmente que un fraile entregue en palacio un memorial, donde entre tras cosas piden el destierro de Esquilache, la disolución de la Guardia Valona, ministros españoles (indicio de ingenuidad política), bajada de precios y, sobre todo, poder seguir usando chambergo y capa larga. Casi nada.
Sale Carlos III al balcón y en un sentido discurso les dice que sí, que acepta concederles todo lo que le piden. La gente se va tranquila… hasta el día siguiente, en que descubren que el rey, algo más que acongojado, ha aprovechado la noche para coger a la familia y huir subrepticiamente a uña de caballo a Aranjuez. La huída se toma como una muestra de que el rey no piensa cumplir lo pactado, así que el tranquilo pueblo se da al saqueo de almacenes y cuarteles y, cosa habitual en estos casos, abre las puertas de la cárcel. Los desórdenes se extienden a otras ciudades y al rey no le queda más remedio que cesar a Esquilache, y mandar una carta apaciguadora a los madrileños donde, no obstante, les dice al final que:
… Y mientras tanto no den pruebas de dicha tranquilidad, no cabe el recurso que hacen ahora, de que Su Majestad se les presente.
O sea, que hasta que no se les pasen los nervios, que no le esperen en Madrid. Además llama al Conde de Aranda, capitán general de Valencia, para que venga a Madrid urgentemente con todo su ejército.
Aranda consigue calmar la situación y, lo que es aun mayor mérito, imponer el uso de la capa corta y sombrero de tres picos sin pegar un tiro. Primeramente convenció a nobleza y Gremios Mayores de lo actuales que iban a estar con las nuevas prendas. Con el pueblo no habló, pues no dejaba de ser numeroso y era un latazo, pero sutilmente le convenció: dispuso que los verdugos en el ejercicio de su oficio llevasen chambergo y capa larga. Mano de santo. Ya nadie quiso volver a vestir estas prendas.


Sobre este grabado de la Biblioteca Nacional puede verse con detalle a una cuadrilla de alguaciles que con la cooperación de un pelotón de sastres (a la izquierda) adaptan las prendas a los cánones establecidos por la legalidad vigente. Obsérvese lo fashion del atuendo de los alguaciles, frente a lo casposo y retro de la indumentaria de los incívicos antisistema.

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #212 en: 21 de Junio de 2010, 18:08:43 pm »
La Casa de Fieras.
WRITTEN BY: HILARION
Los menores de 38 años que paseen por el Paseo de Coches del Retiro no han conocido, ni probablemente hayan oído hablar de ello, que esos jardines situados a la derecha, según se camina desde la Glorieta del Ángel Caído en dirección a la calle de Alcalá, fueron en su día un zoológico: la Casa de Fieras del Retiro.
Ya en otra ocasión se ha hablado de ese recinto aquí, pero desgraciadamente el artículo se perdió junto a otros varios en las mudanzas de servidores, por lo que me siento autorizado moralmente a repetirme. Dije en aquella ocasión que, como cualquier niño de ahora cuando le llevan de visita al Zoo de la Casa de Campo, para el Hilarión niño el día de visita a la Casa de Fieras era de grandísima alegría y jolgorio, y eso que aquello no era nada del otro jueves. Tampoco lo era del otro miércoles. Recuerdo que nada más pasar por la obligada visita a la taquilla y acceder al interior se alineaban a la izquierda una serie de enormes jaulas (a un niño de mi edad le parecían enormes. A los animales me temo que no tanto) donde estaban los grandes felinos y demás bichos peligrosos. En esta foto vemos como un león compone su impresionante melena al modo del icono de la Metro y permite que se fotografíe junto a él la familia dominguera.

Hacia la derecha, y por tanto frente a estas jaulas se abría una suerte de jardín donde aquí y allá había jaulas donde estaban los animales menos peligrosos y más pequeños. Bueno o más grandes como vamos a ver.
La Casa de Fieras tenía sus “estrellas”, los animales favoritos de la chiquillería. Estos eran sobre todo los monos, el oso polar y Perico el elefante. Sobre este último ya conté, y lo vuelvo a hacer ahora, que tenía una cierta habilidad que había puesto en explotación asociado con el cuidador. Consistía esta en que distinguía las monedas de curso legal de entonces: diez céntimos, cincuenta céntimos y una peseta. Los visitantes le arrojaban cualquiera de estas monedas que él cogía con la trompa y entregaba al cuidador. No gratuitamente por supuesto, sino a cambio de mendrugos de pan a razón de uno por cada diez céntimos. Así si se le arrojaba una moneda de 50 céntimos devoraba cinco mendrugos y si una peseta, diez. El cuidador de vez en cuando, y para alegría de la chiquillería, le sisaba un mendrugo o dos, cosa que Perico no le toleraba pues inmediatamente le empezaba a dar empujones con su trompa hasta que se le daba lo que era justo. Ni un mendrugo de más ni de menos. Era un animal muy pacífico al que solo vi enfadarse una vez y fue cuando un grupo de gamberretes le hizo rabiar por algo que no recuerdo. Como era de esperar no dijo nada, sino que dio media vuelta se metió en su “casa” y volvió a salir, solo que… había cargado su trompa de agua que proyectó contra los gamberros dándoles un merecido, y quizá necesario, baño. Luego abrió su enorme bocaza y yo hubiera jurado que era porque se reía.

Aquí le vemos con su “casa” al fondo. La foto está en el Archivo Fotográfico de la CAM, donde vi estupefacto que se referían a él como el elefante “Pedro”, lo que me causó la misma impresión que el oír a esas señoras que, queriendo parecer ilustradas, hablan de Bilbado y bacalado en lugar de Bilbao y bacalao, porque dicho así les parece una vulgaridad.
¡Perico, señor funcionario de la CAM, Perico!

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #213 en: 26 de Julio de 2010, 01:05:39 am »


  Joder amigo que recuerdos....................................................... gracias,

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #214 en: 05 de Septiembre de 2010, 17:55:43 pm »
La victoria alada del edificio Metropolis, aunque hay gente que lo confunde con el ave Fenix

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #215 en: 26 de Octubre de 2010, 16:06:28 pm »
Comitiva por la Gran Vía camino del cementerio
WRITTEN BY: GONLOR
Tienen en sus pantallas la foto de D. José López Pelegrin, policía madrileño que fue asesinado por Constantino Rojo, un comunista que hacía honor a su apellido. El asesinato ocurrió el 4 de mayo de 1935 cuando el policía se disponía a cachear al que llamaban en la prensa del momento, extremista.
Desconozco el trato que tuvo el asesino de D. José encontrándose tan cercano el inicio de la Guerra Civil, pero es evidente por las fotos que aparecieron en los diarios que su asesinato causó una fuerte impresión. La comitiva que acompañó sus restos hasta el cementerio de La Almudena pasó por el centro de Madrid encabezada por el entonces ministro de la Gobernación, Portela Valladares, otras autoridades de gran postín y un gran número de compañeros del desgraciado policía.
En aquellos años no era infrecuente que las comitivas funerarias pasaran por la Gran Vía.








El asesino,  Constantino Rojo Alarcón


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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #216 en: 26 de Octubre de 2010, 16:08:54 pm »
Accidente de aviación en Cuatro Caminos
WRITTEN BY: GONLOR
En marzo de 1935 tuvo lugar un terrible suceso en los Cuatro Caminos, como indicaba la revista Mundo Gráfico: una avioneta cayó sobre una casa de la calle Las Carolinas con tal mala suerte que el motor del aparato se introdujo en el edificio donde se encontraba un colegio de párvulos, matando a una niña y dejando heridas a otras dos de gravedad.
El resto del aparato cayó sobre un solar contiguo a la casa. Los dos ocupantes de la avioneta también fallecieron. En las fotos se puede ver primero los restos de la avioneta, el motor que cayó sobre la pobre niña, el boquete que hizo en la pared el impacto y una de las niñas que resultó herida en el hospital llamada Antonia Rivera.











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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #217 en: 12 de Diciembre de 2010, 16:54:12 pm »

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #218 en: 12 de Diciembre de 2010, 16:57:00 pm »
Guardia de asalto de la II República

« Última modificación: 12 de Diciembre de 2010, 17:02:09 pm por 47ronin »

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #219 en: 12 de Diciembre de 2010, 16:58:41 pm »