Autor Tema: Pongamos que hablo de Madrid  (Leído 90341 veces)

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #340 en: 21 de Enero de 2015, 09:14:55 am »
 La historia de la tienda que sostiene los pechos más grandes de España
t. g. rivas@tatianagrivas / madrid
Día 21/01/2015 - 00.44h

Un establecimiento del centro de Madrid vende desde hace 70 años corsetería XXXXL a clientes del mundo de la farándula y del círculo de Almodóvar


La dependienta muestra la talla más grande de sostén que venden: una 140



Una mujer con una talla 140 de pecho y una copa J solo puede comprarse un sostén en Fajas Ruiz. Las fajas de lycra de cualquier tamaño grande también se fabrican aquí y no tienen rival en la competencia que se dedique a tallas tan grandes. Directamente, porque no compensa. El precio medio para un sujetador de las características citadas es de 55 euros, aunque depende del tipo de lencería.

En 1946, la abuela de Ángela Ruiz montó este negocio en la calle Huertas. Después abrieron otro en Magdalena y uno más en Espoz y Mina. Ahora solo les queda el local de la calle Narváez. «Antes tenía sentido estar al lado de la Puerta del Sol. Para cuando llegaban los turistas era un escaparate. Ya no. De Espoz y Mina nos fuimos porque la zona estaba deteriorada», detalla la nieta de la empresaria originaria.

Fajas Ruiz fue pionera en la utilización de la lycra para las fajas. Pronto el reclamo la hizo famosa. A día de hoy su clientela, aunque no del todo fiel, es clásica. Hasta reciben peticiones desde el extranjero para que les elaboren sus fajas a medida, el producto estrella. Argentina y México son dos de los países que más les reclaman, también más allá de las lindes de Madrid.
Rodaje de una película

Entre las anécdotas de este negocio cuenta Ángela que allí se rodó la película de 1975 «¡Ya soy mujer!», donde una madre llevaba a su hija a este lugar a comprarse su primer sostén.

No solo reciben la visita de féminas compradoras, también las de hombres que quieren moldear su silueta, al margen de los travestis, que también acuden. El género masculino cada vez se vuelca más con esta moda, ya que venden fajas para hombres para montar en moto, para el trabajo, o camisetas para llevar debajo. Sin desvelar nombres, narra la dueña que acuden usuarios del mundo de la farándula y del círculo de Almodóvar.

También son muy reclamados por sus fajas terapéuticas, sin llegar a ser ortopédicas. Corpiños, camisones, pijamas, bragas, sujetadores, incluso de la talla 85, también se ofertan en Fajas Ruiz, aunque para estos últimos, manifiesta Ángela, «no podemos ni queremos competir con otras marcas».

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #341 en: 22 de Enero de 2015, 12:38:58 pm »

La casa de Madrid conocida como la de «¡Joder, qué puerta!»


s. l.@abc_madrid / madrid

Día 22/01/2015 - 00.59h

La puerta de entrada del Instituto Cervantes recibió este apodo a principios del siglo XX por los madrileños, deslumbrados por las cuatro esculturas de mujer que hacían de columnas



abc
 .
La puerta del Instituto Cervantes de Madrid, en la calle Alcalá esquina con la valle Barquillo



Quizás hayan paseado en alguna ocasión junto al edificio que ahora alberga al Instituto Cervantes. Pues bien, en la puerta que se ubica en la calle Alcalá esquina con Barquillo se encuentra la entrada que dio apodo a este edificio como «la casa de ¡joder, qué puerta». Así lo recoge la periodista Isabel Gea Ortigas en su publicación Madrid Curioso (de Ediciones La Librería).

Los madrileños, dados a poner mote a todo, quedaban deslumbrados ante la belleza de las cuatro esculturas de mujer que dan forma a las cuatro columnas de entrada.

Según narra este libro, este edificio fue construido en 1918 por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi para albergar la sucursal en España del Banco del Río de la Plata. En 1947 se fusionó con el Banco Central y se construyó la ampliación en la calle Barquillo. A finales del XX estaba ocupado por el Banco Central Hispano. En 2003, el Ayuntamiento cedió el edificio al Estdo a cambio del Palacio de Comunicaciones de Cibeles. En 2006 aterrizó el Cervantes.

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #342 en: 22 de Enero de 2015, 12:49:53 pm »
Un paseo por las terrazas de Madrid en el último siglo y medio.


http://www.abc.es/fotos-madrid/20150122/siglo-medio-vida-terrazas-162136537525.html

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #343 en: 24 de Enero de 2015, 08:45:39 am »
El misterio caníbal de los lamentos de la Puerta de Moros en Madrid
s. l.@abc_madrid / madrid
Día 24/01/2015 - 00.40h


Hubo un tiempo en que los madrileños decían que se escuchaban gritos y lloros fantasmales en este lugar


La placa de cerámica de la Plaza de los moros

La leyenda madrileña cuenta en numerosas publicaciones que en la plaza de Puerta de Moros (barrio de La Latina), al caer la luna se escuchaban misteriosos lamentos, aullidos y gritos que los ciudadanos atribuyeron al alma de un moro que murió allí al ser bautizado.

Intentaron quitar la maldición un grupo de cristianos colocando una cruz sobre la puerta. A los pocos días, residentes de la zona aseguraron haber visto pasar por la puerta tres espectros que decían el nombre de una persona a la que culpaban de su muerte.

Se descubrió que se trataba de un armenio que había asesinado a sus tres hijos para comérselos. El parricida confesó su delito y murió azotado. Con él desaparecieron los lamentos en torno a la Puerta de Moros.

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #344 en: 24 de Enero de 2015, 11:24:15 am »

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #345 en: 26 de Enero de 2015, 07:16:05 am »
Un jarrón fue el origen de uno de los crímenes más famosos de Madrid
s.l.@abc_madrid / madrid
Día 26/01/2015 - 03.45h

La señora Luciana Borcino fue asesinada y quemada en 1888 en un escabroso suceso que involucró a su sirvienta, su hijo y el director de la cárcel Modelo de Madrid

El Crimen de la calle de Fuencarral, historia negra de Madrid.

Un fuerte olor a quemado despertó a los vecinos del número 109 de la calle Fuencarral la mañana del 2 de julio de 1888. El humo se mezclaba con un fuerte hedor a carne chamuscada y petróleo en un portal que hoy, cabe destacar, no existe, y en cuyo lugar se ubica el 1 de la glorieta de Bilbao. Cuando la policía acudió a la llamada vecinal, se encontró con el cuerpo de Luciana Borcino, viuda de Vázquez Varela -como se la conocía en el barrio-, tendido sobre el suelo, con varias puñaladas y ardiendo por los trapos empapados en petróleo que la cubrían. En una habituación contigua, yacían dormidos Higinia Balaguer, su criada, y un perro Bulldog.

El suceso, conocido popularmente como «El crimen de la calle de Fuencarral», abrió desde su misma consecución un amplio abanico de posibilidades en torno a su autoría. Higina, que rompió a llorar cuando fue reanimada y vio el cadáver del ama de la casa, fue considerada siempre como uno de los principales sospechosos, aunque ella acusó a José Vázquez Varela, el hijo de la asesinada. Conocido como el «Pollo Varela», éste era célebre por su vida desordenada y sus idas y venidas con la justicia, y para zafarse de la justicia en tal caso contaba con la coartada de estar preso en la cárcel Modelo de Madrid, dirigida por José Millán Astray, hijo del fundador de La Legión.
Crimen mediático

El crimen, que alcanzó una gran expectación mediática, se convirtió en una especie de enfrentamiento entre las clases trabajadoras, que apoyaban a Higinia y sostenían la total impunidad con la que contaban los «señoritos» de las clases elevadas, y la burguesía, que defendía la inocencia de Varela por la seguridad de que Higinia quería robar a la viuda de Vázquez Varela. Las complicaciones en el caso llegan porque era sabido por todos la libertad que los presos tenían durante la gestión de Millán Astray, lo que le comprometía gravemente, y que el «Pollo Varela» mantenía una relación con Dolores Ávila, apodada «Lola La Billetera», amiga de la criada.

Así, se consuma la hipótesis de que fue un golpe organizado a tres bandas, donde Higinia recibió la ayuda de al menos dos personas para perpetrar el asesinato. Además, se incluye la relación entre Millán Astray e Higinia Balaguer, ya que éste era amigo de Evaristo Abad Mayoral, alias "El cojo Mayoral", que tuvo una relación con la criada y regentaba una cantina junto a la cárcel.
Condenada a Garrote vil

El juicio, que arranca en marzo de 1889, resolvió aparentemente todas las dudas. Higinia Balaguer, que apenas llevaba seis días trabajando en la casa, reconoció querer robar desde el primer momento en el que fue contratada, al igual que confesó ser la autora del asesinato. La señora, de un carácter insoportable, la reprendía continuamente, y el aquel día la mató con un cuchillo porque estaba muy nerviosa, ya que la viuda de Vázquez Varela se había enfadado mucho con ella por romper un jarrón cuando estaba limpiando.

La sentencia condenó a Higina al garrote vil por robo y asesinato, siendo ejecutada con 28 años ante 20.000 personas, entre ellas Benito Pérez Galdós, que tiempo después escribió sobre el escabroso suceso. El «Pollo Varela» y José Millán Astray, por su parte, fueron absueltos, mientras que «Lola la Billetera» fue condenada a 18 años de prisión en calidad de cómplice.

Las crónicas de entonces alegan que la sentencia no fue más que una venganza de la burguesía contra una criada; y que, realmente, los hechos nunca fueron esclarecidos del todo. Un ejemplo de ello puede ser la frase, nunca justificada, que Higinia gritó antes de su ejecución: «¡Dolores, catorce mil duros!».


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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #346 en: 26 de Enero de 2015, 07:20:22 am »
El primer coche que circuló por Madrid debía dar prioridad a los caballos
M. isabel serrano@misabelserrano / madrid
Día 26/01/2015 - 03.45h
Lo trajo en 1898 el conde de Peñalver en un largo viaje desde París


archivo histórico abc
Alfonso XIII, amante de los coches, conduce el suyo, un 30-40 HP en junio de 1913

El primer coche que circuló por Madrid, y por España, lo trajo rodando el conde de Peñalver, que fue alcalde de la ciudad, desde París, cuenta María Isabel Gea en su «Madrid curioso». Ocurría en 1898. Está documentado que, a su paso por la Puerta del Sol, causó una expectación inusitada y algunos problemas: espantaba a los caballos que tiraban de los carruajes.

Poco a poco, los vehículos a motor se fueron instalando por las calles madrileñas. Empezó a haber muchos. ¿Les suena? Y así, el 12 de junio de 1903 se publicó el Reglamento para la Circulación de Automóviles, algo novedoso y necesario. Los primeros coches circulaban sin matricular hasta 1907.

Ese reglamemto era muy respetuoso con los caballos. «Siempre que los conductores observen que se produce espanto en las caballerizas -decía el texto en su artículo 14-, ya sea por la vista del automóvil o por el ruido que producen, están en absoluto obligados a parar el carruaje, evitando en lo posible el ruido, y sólo podrán emprender la marcha después de que hayan pasado las caballerizas».

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #347 en: 29 de Enero de 2015, 18:18:18 pm »

El «cambio de sexo» del Oso y el Madroño


m. r. domingo @ABC_Madrid  / madrid 

Día 27/01/2015 - 10.17h
 
La figura heráldica que representa el escudo de Madrid y cuya escultura tuvo que ser invervenida por una grúa del Ayuntamiento para reparar su pedestal, es en realidad una osa

El célebre y castizo osoque desde hace 800 años se alimenta de un madroño pudo, sufrir hace siglos, «un cambio de sexo». La figura heráldica que representa el escudo de Madrid y cuya escultura tuvo que ser intervenida este lunes por los operarios del Ayuntamiento para reparar su pedestal, es en realidad una osa.

En los documentos antiguos figura una osa, pero se desconoce cuándo y por qué motivo, el animal pasó a ser del género masculino. La osa del escudo de la capital tienen su origen en las siete estrellas de la constelación de la Osa Mayor. En el siglo XVI, Juan López de Hoyos, el ilustre preceptor de Cervantes, en su «Declaración de las Armas de Madrid» describía así la heráldica de la capital:

«Tienen las armas de por orla siete estrellas en campo azul, por las que vemos junto al Norte, que llamamos en griego Bootes, y en nuestro castellano, por atajar cosas y fábulas, llaman el Carro, las cuales andan junto a la Ursa, y por ser las armas de Madrid osa, tomó las mismas estrellas que junto a la Ursa, como hemos dicho, andan, por razón de que como en tiempo de don Alfonso VI viniendo a ganar este reino de Toledo, el primer pueblo que ganaron fue Madrid, y para denotar que así como aquellas siete estrellas que andan alrededor del Norte son indicio de la revolución y del gobierno de las orbes celestiales, así Madrid como alcázar y casa real y primeramente ganado, había de ser pueblo de donde los hombres conociesen el gobierno que por la asistencia de los reyes y señores de estos reinos de Madrid había de salir, y también porque este nombre Carpetano, como abajo declaramos, quiere decir Carro, por eso tomó las siete estrellas que en el cielo llamamos Carro».

La Enciclopedia Libre Universal en Español, que describe el escudo como «una osa de sable apoyado en un madroño de sinople frutado de gules con bordura de azur cargada de siete estrellas de plata de seis puntas y al timbre una corona real abierta», explica que desde el año 1211 el rey Alfonso VIII usaba para sus campañas lanzadas desde Madrid una enseña con un «oso prieto en campo de plata», animal muy abundante en los campos de la zona. En esta época, no tenía ni estrellas ni árbol ni corona.
 
La enciclopedia alude al pleito entre el Concejo y la Clerecía que cita la asociación de mujeres y explica que ambos organismos se disputaban «el disfrute del monte y tierras de pasto de los alrededores de Madrid hasta la sierra». Tras 20 años de lucha, «llegaron por fin a un acuerdo en los siguientes términos: se daría a la Villa de Madrid todos los pies de árbol y la caza y al Cabildo eclesiástico todos los pastos». Para que el acuerdo quedara bien sellado y para memoria de todos se acordó que el escudo de la Villa «llevaría el oso (u osa) con el añadido de un árbol», y el escudo del Cabildo «llevaría el mismo animal paciendo en unos pastos».

Los libros de historia y heráldica para afirmar que «en 1222 la Clerecía (la cúpula eclesiástica) y el Concejo (el brazo militar y civil) cambian la «osa paciente» en un caso y la «osa rampante» en otro, por un oso.

Desde el Patrimonio Cultural del Ayuntamiento aseguran que historia del escudo de Madrid es un poco mítica y tiene poca documentación. A principios del Siglo XVI aparecen en el escudo siete estrellas, de las que no ha quedado claro su origen. «Pueden ser siete como los siete castillos que rodeaban Madrid o por las siete estrellas de la Osa Mayor. De ahí nace lo de la osa, pero no hay una certeza histórica».

Escultura de Sol

La estatua que luce la Puerta del Sol es obra del escultor Antonio Navarro Santafé y se inauguró en 1967. Fue promovida por la sección de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, que quiso representar monumentalmente los principales símbolos heráldicos de la ciudad y de España. En 1984, el Oso y el Madroño fue ubicado en la confluencia de la calle del Carmen con la Puerta del Sol, prácticamente en el centro de la plaza, pero fue en octubre de 2009 cuando fue situado en su actual emplazamiento tras la remodelación que siguió a la construcción de la estación de Cercanías en el subsuelo de la plaza.

Para materializar los símbolos ya tópicos de la ciudad de Madrid, explica, el 19 de enero de 1967 se inauguró, en el mismo lugar en que estuvo la fuente de la Mariblanca –prácticamente donde está ahora– una escultura realizada por Antonio Navarro Santa Fe que representa el oso y el madroño, figuras procedentes de las armas que adquiere la Villa, oficialmente, en 1967, aunque nacidas de una remota tradición.


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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #348 en: 30 de Enero de 2015, 13:08:41 pm »

La leyenda de la casa encantada con duendes que exorcizó la Inquisición


Adrián DELGADO abc_madrid / MADRID

Día 30/01/2015 - 01.56h

Los pequeños seres tuvieron en jaque a los vecinos de la calle Conde Duque que, hartos de sus apariciones y burlas, pidieron al Santo Oficio que interviniera




ABC
 .
Ilustración de la Casa del Duende en el libro Madrid Viejo de Ricardo Sepúlveda (1887)



Si caminando por la calle Princesa, a la altura del Palacio de Liria les sorprende un duende no se asusten... o sí. Se supone que desaparecieron de la zona cuando se derribó la llamada casa del Duende que había en la esquina con la calle Conde Duque. El edificio fue derribado por el pavor que estos pequeños seres infundieron en el Madrid del siglo XVIII. Pero no su macabra historia.

La leyenda sitúa esta casa encantada muy cerca de los cuarteles del Conde Duque. Un edificio que en sus sótanos acogía cada noche a lo más granado de la delincuencia y la marginalidad en un local que servía de taberna. Cierta madrugada, sus clientes se enzarzaron entre gritos e insultos a cuenta de las trampas que uno de ellos había realizado jugando a las cartas. En mitad de la disputa por el reparto de las ganancias del juego, apareció, sin saber cómo ni cuándo, un enano exigiéndoles que guardaran silencio y desapareció tan rápido como un relámpago.

Tras el primer impacto, los alterados jugadores atrancaron la puerta por la que había aparecido y continuaron, ajenos a lo que acababa de suceder, con su trifulca. Ante los gritos, salió otro duende con aspecto monstruoso que amenazó a los hombres si no se callaban. Tan deprisa como el anterior, desapareció. Más asustados, decidieron cerrar a cal y canto todas las puertas para impedir la entrada de cualquier ser extraño.

Confiados en que ya nadie les molestaría en su ajuste de cuentas siguieron con su alboroto. Irritado, salió otro de estos «enanos diabólicos» a recriminarles su actitud y los alborotadores se echaron encima de él sin poder prenderle. Más tímidos continuaron con el juego y, hartos del desafío, salieron veinte duendes, apagaron las luces y armados con látigos se liaron a golpes con los irreverentes jugadores que huyeron despavoridos abandonando el dinero.
 
La incrédula marquesa de Hormazas

Tiempo después de aquel mágico suceso que llenó de rumores los mentideros de la Villa, compró la ya conocida como Casa de los Duendes la marquesa de Hormazas. La culta y noble mujer, desafiante a los temores del pueblo, decidió instalarse en ella. Sin embargo, pronto fue víctima de las diabluras de estos personajes. Durante la mudanza a su nuevo hogar ordenó a su mayordomo que fuera a encargar cortinas nuevas para sus estancias. Justo cuando su sirviente salió por la puerta, los duendes se presentaron con la tela –con el dibujo y los colores solicitados–. Del susto, la marquesa se desmayó y al despertarse las cortinas no sólo estaban cosidas sino que ya colgaban sobre las ventanas.

Presa de pánico, mandó llamar a su confesor y cuando aún no habían llegado sus emisarios al convento, un duende entro por la puerta de la casa acompañado del fraile que había solicitado. Aterrorizada por los hechos, la incrédula marquesa de Hormazas salió disparada de la casa y no volvió jamás a ella, lamentándose toda la vida de no haber hecho caso de lo que decían los vecinos del barrio.

El canónigo escarmentado

Pero, lejos de concluir ahí la leyenda de estos misteriosos seres, sus apariciones en la casa continuaron con el siguiente de sus inquilinos: el canónigo Melchor de Avellaneda. Años después de que la marquesa abandonara la propiedad, el religioso entró a vivir riéndose de la leyenda que atormentó a sus antiguos dueños. A los pocos días de habitarla, mientras escribía plácidamente una carta al obispo pidiéndole uno de sus libros, no acabó de escribir el título en la misiva cuando entró uno de los duendes cargado con el ejemplar que quería. Escarmentado por su atrevimiento, el canónigo puso pies en polvorosa y nunca más se le volvió a ver por Madrid.

La casa abandonada se convirtió entonces en refugio de prófugos y delincuentes que se escondían allí, ante el temor que infundía a todo el mundo, para huir de la Justicia. El vecindario escandalizado solicitó a la Iglesia que ordenara exorcizar la casa por lo que tenía de «infernal y mágica».

A la caza de los duendes

Según recoge Ricardo Sepúlveda en el libro Madrid Viejo (de 1887) la demanda del vecindario fue aceptada por el Tribunal de la Santa Fé. Sin pruebas que demostraran la presencia de los duendes, la Inquisición ordenó exorcizar y asaltar la casa para atrapar el duende, descuartizarlo y quemar sus restos en la hoguera.

A la mañana siguiente, ante la presencia del obispo de Segovia, armados de picos, palas, látigos y porras la gente esperó la orden del Santo Oficio para entrar en la casa y coger al duende. Previamente regaron de agua bendita la fachada y acto seguido entraron a la caza de los seres misteriosos. Sin embargo, sólo salieron corriendo de sus sótanos los malhechores que se refugiaban en ellos. No quedó cuarto, ni desván, ni cueva ni pozo que no se registrara. Pero, ni rastro de los duendes.

La casa quedó abandonada hasta que fue derribada a finales del siglo XIX. Nadie se atrevió a habitarla. Cuentan que el terreno olía a azufre y que algunos sembraron de sal el solar para evitar que nada creciera en él. Ni siquiera los duendes de la leyenda...

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #349 en: 01 de Febrero de 2015, 17:07:31 pm »

Cuando se buscó petróleo en el cementerio de La Almudena


Jorge GONZÁLEZ NAVARRO@ABC_Madrid  / madrid 

Día 01/02/2015 - 01.44h

 Se cumplen cincuenta años del infructuoso intento de hallar crudo en dos prospecciones en el subsuelo de la Comunidad



enrique ribas
 .
El snack-bar «El rey del petróleo», en Valdeajos, Burgos, población cercana al yacimiento de Ayoluengo


El 6 de junio de 1964, a las doce menos cuarto de la mañana, brotó petróleo por primera vez del suelo español. Fue en Burgos, en la localidad de Ayoluengo, situada en una zona que había sido objeto de prospecciones desde principios del siglo XX y que se sospechaba que podía albergar yacimientos.

No tardó en proliferar por España el interés por hacer exploraciones subterráneas en busca de oro negro, y Madrid no fue una excepción. La Comunidad (entonces aún denominada provincia) siempre estuvo retrasada en la búsqueda de estos recursos bajo tierra, ya que hasta los años sesenta solo se había realizado una búsqueda previa en Alcalá de Henares, en 1920, y de solo 1.000 metros de profundidad, cuando el mínimo en el que sepuede encontrar petróleo se suponía en 1.500 metros.

Fueron dos las concesiones que se otorgaron. La más grande, de casi 42.000 hectáreas, englobaba prácticamente todo lo cirdundante a la carretera que unía Madrid y Valencia, la actual A3, desde Arganda hasta el kilómetro siete de dicha carretera. Según la crónica de ABC de la época, «pleno corazón de Vallecas, hasta las mismas tapias del cementerio de la Almudena». Poco parecía importar entonces el impacto medioambiental y el riesgo que hubiese supuesto «plantar» un campo petrolero a siete kilómetros de la Puerta del Sol.




Una de las concesiones incluía Vallecas, San Blas, Vicálvaro y los suburbios del sureste
La concesión más pequeña, de más de 25.000 hectáreas, comprendía un área limitada por Arganda al norte, Chinchón al sur y Carabaña al este. Allí fue donde se instaló el primer pozo, en Tielmes. ABC desplazó a esa población a un reportero y a un fotógrafo, que dieron cuenta del entusiasmo local por lo que podría haber sido su «Mr. Marshall» particular. Millones de pesetas por la venta de sus tierras a corporaciones que se las rifarían al comenzar a brotar petróleo de un agujero en el suelo. 
En la capital el entusiasmo por las perforaciones no era menor. El cronista de este periódico, Manuel Adrio, consignaba que «quién sabe si traerán a la superficie el suficiente ‘oro negro’ para convertir a Madrid en la capital del petróleo, sucediendo con ello a Burgos», en referencia al hallazgo de petróleo en dicha provincia el año anterior.

El pozo de Tielmes, de 3.000 metros de profundidad, resolvió pronto la incógnita: no había nada. Las condiciones geológicas parecían ser favorables para la formación de hidrocarburos, pero ese hecho no se había producido. El entusiasmo generalizado en toda España fue decayendo con los años y cada vez se realizaron menos exploraciones.

A finales de 1965, ABC también daba cuenta de una esclarecedora conferencia de Ruperto Sanz, ingeniero jefe de Campsa, organizada por el Club Español del Petróleo. Esclarecedora porque admitía que pese a las numerosas prospecciones por toda España, solo el consabido yacimiento de Burgos podía ser explotado comercialmente y cubría una mínima parte del consumo nacional, que subía un millón de toneladas cada año. Cada vez había más coches y más demanda energética y España tenía una sed de petróleo imposible de saciar internamente.

En la actualidad, la producción nacional de petróleo es «prácticamente testimonial», siendo de menos del 0,24% del consumo total de España según ACIEP, la «Asociación Española de compañías de investigación, exploración y producción de hidrocarburos y almacenamiento subterráneo».

Pese a los trabajos realizados, el territorio español se considera muy poco explorado y con potencial para descubrimientos. No en vano, desde los años 70 no había tanto interés exploratorio: desde 2008 se ha triplicado el número de solicitudes de exploración.

Descubrir nuevos recursos energéticos sería crucial para Madrid, comunidad que, por ejemplo, consume cien veces más electricidad de la que produce.


Ayoluengo desató la fiebre del 'oro negro'


j. g. n. madrid 


El hallazgo de petróleo en la comarca de La Lora, Burgos, desató tal entusiasmo que llevó a algunos a afirmar que la región se convertiría en la Texas de España, pero decayó rápidamente al comprobar que el crudo era de mala calidad y que Ayoluengo era un excepción en la zona. Ninguna de las demás exploraciones dio frutos.

En décadas posteriores se realizaron más intentos (cada vez menos) que confirmaron la poca riqueza petrolífera de la zona. Pese a todo, es el único yacimiento terrestre en activo en España y sigue siendo rentable por el bajo coste de extracción de la materia prima.

Además, como pasa también en Madrid y el resto de España, pozos que en su día se consideraron poco aprovechables podrían serlo hoy debido a los avances tecnológicos.

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #350 en: 04 de Febrero de 2015, 09:41:13 am »
El delineante, su novia y el misterioso robo que retrasó la apertura del Edificio España
m. r. domingo @ABC_Madrid / madrid
Día 04/02/2015 - 00.57h
La Policía destapó una trama que utilizaba material del que iba a ser el mayor rascacielos de la capital para remodelar otras fincas

archivo abc
El esqueleto del gigante de Plaza España en 1951

11 de mayo de 1952. Queda menos de un año para que se inaugure el que será –hasta 1960– el rascacielos más alto de Europa con sus 25 plantas y 103 metros de altura. Hace cuatro años que la plaza de España es testigo de las obras del que está destinado a convertirse en uno los edificios más carismáticos de Madrid. Una faraónica obra que, sin embargo, lleva tiempo lastrada por un misterioso suceso. Solo las figuras impasibles de bronce de don Quijote y Sancho Panza saben dónde han ido a parar las herramientas y el material que se emplean para vestir la fachada del Edificio España.

El responsable de la empresa Ramón Beamonte –encargada de hacer realidad los planos del arquitecto Julián Otamendi– decide poner una denuncia en la Comisaría Centro, en la calle Leganitos, por la inexplicable desaparición del material y las herramientas empleadas en la construcción del gigante.

Tras las pertinentes pesquisas, los agentes descubren, ante la estupefación del empresario que tenía al ladrón en casa. Los autores de los sucesivos robos resultan ser dos empleados de su propia compañía. Ambos tenían la confianza de sus superiores y, aprovechándose de ella, llevaron a cabo el paulatino y lucrativo pillaje.

Se trataba del director general de la obra, Hipólito Jiménez Lacosta, y el delineante Santiago Rey García, de 26 años. Jiménez y Rey decidicieron enriquecerse con el negocio de la construcción. Idearon una trama para lograr remodelar otras fachadas a coste cero. Y para ello tenían que sustraer de poco en poco todo el material necesario del Edificio España para llevar a cabo las demás obras.
Un robo casi perfecto

El negocio era redondo para ambos: un particular les contrataba para remozar un edificio privado; y los obreros, sacos de yeso, ladrillos, alcotanas, cubos italianos, picos, palas, andamios y demás materiales los ponía el Edificio España. El delineante hacía el pedido y el jefe firmaba la autorización.

Así reformaron un bloque del edficio General Pardiñas, 64. Finca en la que, casualmente, vivía la novia del joven delineante. Al ver el impoluto resultado, Honorio de Mongo Mínguez también pidió a los dos obreros que hicieran lo mismo en la parcela y el garaje del número 43 de la misma calle.

Lo que no sabía el señor De Monco es que las obras en su garaje iban a verse interrumpidas por la Policía, que comunicó al sobrino del propietario la procedencia ilícita de los materiales. La remodelación se pactó por 240.000 pesetas, de las que la pareja ya había cobrado 50.000. Un robo casi perfecto.

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #351 en: 04 de Febrero de 2015, 10:34:48 am »
Cuántos chalets de la sierra se habrán hecho así . . . .

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #352 en: 04 de Febrero de 2015, 10:42:34 am »
La novela picaresca. La realidad superando a la ficción.
Hace poco leía este texto, no se si será cierto, me gustaría que lo fuera, pero me gustaría más que la respuesta fuera sí.

¿Se podría hacer esto en España? (o en un país latino)

¿Se podría hacer esto en España? (o en un país latino)
Por: Paco Nadal
Estoy de viaje estos días por Noruega, uno de esos países perfectos en los que parece que todo funciona bien: son ricos, son cultos, son ecologistas, son pocos, son amables…
No me extraña que Noruega lidere todos los registros mundiales de PIB, de renta per cápita, de índice de desarrollo humano y de todo lo que signifique el buen vivir.
Quiosco de cerezas Noruega

Pero más que todos esos números macroeconómicos, lo que de verdad refleja el modus vivendi noruego son las pequeñas anécdotas, como ésta:
Viajaba ayer por una carretera local que recorre el fiordo de Hardanger, en el suroeste del país. Es una zona agrícola en la que crecen con alegría manzanas sidreras y cerezas de color bermellón gracias a la benevolencia de su microclima. Muchos agricultores instalan en la orilla de la carretera pequeñas casetas (como la de la foto de arriba) en las que venden directamente sus cerezas, del productor al consumidor. Una bandeja de plástico con unos 400 gramos de moreller (cerezas) por 40 coronas (5 euros).
Hasta aquí normal: eso pasa en la carreteras de medio mundo.
Lo anormal -el norwegian way of life- es que el agricultor deja la caseta sola durante todo el día al borde de la carretera, con la mercancía y un pequeño cesto para que cada comprador pague el importe de su compra. Tú mismo coges el cambio.
Podéis verlo en esta foto: fruta a discrección y al lado, el dinero en metálico en un bote de cristal.

        ¿Os imagináis esto mismo en España? (¿o en un país del sur de Europa o en un país latino?)
¡¡Se llevaban la fruta, el dinero y hasta el quiosco!!
Cada cuál que saque sus conclusiones.
PD: esta confianza sin límites en la bondad del ser humano ya la había visto hace mucho tiempo viajando por Escocia y por otros países nórdicos. Pero por más que lo vea no deja de sorprenderme cómo podemos ser tan diferentes los del sur y los del norte del mismo continente.

http://auladanaturezadoriominho.blogspot.com.es/2014_07_01_archive.html

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #353 en: 04 de Febrero de 2015, 10:49:41 am »
En Francia, en la zona de la Norma día baja, en el distrito de Calvados hay, junto a la playa, unas casetas de madera y en su interior hay libros y cuentos para niños, están abiertas llegas coges el libro que te interesa y te vas a la playa . . . cuándo lo terminas lo devuelves . . . en España eso es impensable.

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #354 en: 04 de Febrero de 2015, 17:49:52 pm »
En Francia, en la zona de la Norma día baja, en el distrito de Calvados hay, junto a la playa, unas casetas de madera y en su interior hay libros y cuentos para niños, están abiertas llegas coges el libro que te interesa y te vas a la playa . . . cuándo lo terminas lo devuelves . . . en España eso es impensable.

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es el problema de este pais, que encima se ensalza la figura del autonomo que no declara a hacienda, del conductor que hace "madrid-sevilla en 4 hrs" o del que se va sin pagar del bar... y todos a su alrededor le rien la gracia mientras le dan palmaditas en la espalda...  así nos va.
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no temeré mal alguno
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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #355 en: 05 de Febrero de 2015, 01:56:22 am »
Pues, salvo por el tema del dinero, yo suelo comprar hortalizas, fruta y verdura cuando salgo a zonas rurales y en muchos sitios la mercancía está en las puertas de las casas o a pie de las parcelas, y tienes que llamar o avisar para que te cobren, las últimas naranjas en la subida a la sierra de Mariola en Alicante y las patatas en la zona de Polientes en Palencia.

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #356 en: 05 de Febrero de 2015, 16:54:31 pm »
El sangriento general regente de Isabel II que dio nombre a la calle Príncipe de Vergara


m. r. domingo @ABC_Madrid  / madrid 

Día 05/02/2015 - 09.54h


Esta gran arteria de la capital fue el motor de la revalorización de Chamartín. Su longitud, anchura y facilidad de acceso la convirtieron en un velódromo e incluso en un manifestódromo


Baldomero Espartero, en un retrato colgado en el Congreso de los Diputados y la parada de metro en su calle

Combatió en primera línea en la Guerra de Independencia y en las sucesivas Guerras Carlistas. Fue herido en ocho ocasiones. Su carácter altivo y exigente lo llevó a cometer excesos, en ocasiones muy sangrientos, en la disciplina militar. Convencido de que su destino era gobernar a los españoles, llego a ser dos veces presidente del Consejo de Ministros y asumió la Jefatura del Estado como regente durante la minoría de edad de Isabel II. El general Baldomero Espartero, Príncipe de Vergara –entro otros muchos títulos– fue el único militar español con tratamiento de Alteza Real.

A pesar de todas sus contradicciones, supo pasar desapercibido los últimos veintiocho años. Rechazó la Corona de España y fue tratado como una leyenda desde bien joven. Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro (Granátula de Calatrava, 27 de febrero de 1793 – Logroño, 8 de enero de 1879) fue una figura clave en la historia militar y política del siglo XIX. Este general curtido en batallas fue el protagonista, junto a Maroto, del Abrazo de Vergara de 1839. Un gesto con el que se se selló la paz en la Primera Guerra Carlista.

Tras la contienda se volcó en la política. María Cristina le nombró presidente del Consejo de Ministros. Después fue él mismo el que la exigió que abdicara para que le nombrara regente en 1841.

Dos años más tarde se vio obligado a disolver las Cortes. Desde entonces, se mantuvo retirado. En 1868, Prim le ofreció que las Cortes lo eligieran rey constitucional de España, pero él lo rechazó. Amadeo de Saboya fue quien finalmente lo nombró Príncipe de Vergara con tratamiento de Alteza Real.
 
Cambio de nombre por los carlistas

Después de la Guerra Civil la calle cambió de nombre – un cambio impulsado por los Carlistas– y pasó a llamarse General Mola, muerto en accidente de avión durante batalla. En 1981, con Enrique Tierno Galván como alcalde socialista de Madrid, recuperó su nombre inicial.

Fue una vía abierta a finales del siglo XIX en el recién construido barrio de Salamanca. En su origen salía de los terrenos donde se encontraba el final de los llamados Campos Elíseos, lugar donde fueron fusilados después de los sucesos del 22 de junio de 1866 los 66 sargentos de Artillería del Cuartel de San Gil que apoyaban a Juan Prim.

Manifestódromo de Madrid

Más de un tercio de la línea 9 corre a todo lo largo de la calle, desde su nacimiento junto al metro de Príncipe de Vergara hasta la Estación de Pío XII. Esta gran arteria de la capital ha sido el auténtico motor de la revalorización de la parte del barrio de Chamartín, una zona despreciada hasta hace años como las afueras.

Debido a su longitud, anchura y facilidad de acceso, y a que en varios puntos de la calle se produjeron atentados terroristas de ETA, ha sido usada como manifestódromo en varias ocasiones. Las mismas cualidades la han convertido en el parte del recorrido de pruebas deportivas urbanas. También se intentó instalar un velódromo urbano los domingos por la mañana en la primera parte de la calle, pero el continuo incremento del tráfico dio al traste con los planes, permaneciendo sólo dos meses.

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #357 en: 07 de Febrero de 2015, 10:16:25 am »
El torero que dirigió la Revolución en Madrid tras la «Vicalvarada»
sara medialdeasmedial / madrid
Día 06/02/2015 - 00.15h

Él y sus hombres llenaron de barricadas la zona de Lavapiés, plaza de la Cebada y Montera


 El torero que dirigió la Revolución en Madrid tras la «Vicalvarada»
Barricada en la madrileña calle de Montera el 19 de julio de 1854. Estampa de Urrabieta

Se llamaba José Muñoz, alias Pucheta, y era un torero, nacido en Madrid en 1817 . Si en los ruedos no destacó –aunque toreara en alguna ocasión con «Cúchares»–, sí lo hizo por su valentía y valor, al ponerse al frente de las barricadas que se montaron en las calles del centro de Madrid. Pucheta fue el jefe de la Junta del Cuartel del Sur, montada tras la Revolución de 1854, la «Vicalvarada», en la calle de Toledo.

Montera, Lavapiés, plaza de la Cebada… toda la zona se llenó de barricadas donde miles de hombres realizaban un «sitio» pero al revés, como lo describe el estudioso José Cepeda Adán: los combates callejeros eran no para defenderse de los que vienen de fuera, sino contra los que estaban dentro.

Una de las acciones que se le recuerdan de aquellos días fue la orden que dio para que sus hombres fueran a prender al jefe de la Policía García Chico, una de las figuras más odiadas del Madrid de la época. No le encontraron en casa –plaza de los Mostenses, muy cerca de la calle Isabel la Católica–, y por una amante desdeñada conocieron su escondite: regresaron al domicilio, cuyas paredes estaban llenas de cuadros, y allí encontraron, detrás de uno enorme que colgaba de techo a suelo, una puerta disimulada que daba paso a una habitación interior, en la que estaba el policía, enfermo en cama.

Con colchón y todo, le llevaron en procesión por las calles, entre insultos de la multitud, tal y como recoge Benito Pérez Galdósen sus «Episodios Nacionales». Fue fusilado en la plaza de la Cebada.

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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #358 en: 08 de Febrero de 2015, 13:17:23 pm »

El puerto marítimo del río Manzanares, un proyecto que hundió Inglaterra


s.l.@abc_madrid / madrid

Día 08/02/2015 - 01.10h

Felipe II ordenó su construcción al ingenierio italiano Juan Bautista Antonelli en el siglo XVI, pero el coste de la derrota de la Armada Invencible truncó cualquier posibilidad de éxito



julio duque
 .
El río Manzanares, en el año 1917.



Comparándose con Londres o París, Madrid siempre quiso que su río Manzanares tuviera la categoría de sus homólogos Támesis y Sena. Su escaso caudal, así como su limitada utilidad mercantil, siempre lo relegaron a un papel secundario, nimio, donde únicamente fue considerado por sus vecinos europeos como objeto de mofa desde tiempos remotos. Ni siquiera las palabras de un concejal madrileño de principios de siglo XX, que lo destacaba como el núcleo de los primeros asentamientos prehistóricos en la capital de España, aplacaron ese complejo de inferioridad.

Cualquier cosa menos resignarse a tal etiqueta fue la premisa inicial del rey Felipe II sobre el Manzanares en el siglo XVI. El coste económico y humano de transportar las mercancías hasta Madrid desde los puertos de Cádiz o Lisboa, entre otros, era demasiado alto; y el tiempo de traslado, igualmante elevadísimo. Las carreteras y caminos, pésimos, ocasionaban también problemas de seguridad, y todo en conjunto era un problema que «el Imperio que no veía ponerse el Sol» no podía tolerar, por lo que el Puerto del Manzanares era una posibilidad real.

Abrirse camino vía Tajo

Con las arcas a rebosar, Felipe II se embarcó en el megalómano proyecto de construir un puerto marítimo en Madrid, con el fin de agilizar esos transportes. Así, el Rey se puso en contacto con un ingeniero y arquitecto italiano, Juan Bautista Antonelli, que defendía la viabilidad física y tecnológica de abrir tierra desde el océano Atlántico hasta la capital de la Villa, con una única dificultad: el dinero. Antonelli demostró parcialmente la efectividad de su idea navegando en canoa desde Lisboa hasta las proximidades de Madrid. En tal caso, el asunto económico no fue un impedimento y se inició el trabajo con la intención inicial de ensanchar el río Tajo, alcanzar el Jarama y, posteriormente, llegar al río Manzanares.
 
El proyecto, por increíble que parezca, tuvo resultados positivos entre Abrantes y Alcántara, y Juan Bautista Antonelli, entusiasmado, se afanó día y noche en el sueño de construir lo imposible: un puerto marítimo en Madrid.

La derrota de la Armada, casi definitiva

Sin embargo, sus ilusiones se desvanecieron por otro capricho faraónico del rey Felipe II, ávido en deseos por conquistar a la enemiga Inglaterra. Las obras del puerto, por tanto, se suspendieron ante la incondicional necesidad de construir la mayor flota de barcos jamás vista: la Armada Invencible. Todos los recursos del Imperio español se destinaron a tal empresa, que fracasó en 1588, con la Armada destruida y plegada ante la fuerza del tiempo y la flota británica. Aunque Antonelli murió al poco tiempo, dejó sus estudios a su primo para que consumara su obra, pero Felipe II había perdido el interés en el puerto del Manzanares, y en las arcas reales apenas quedaba nada. «¿Para qué tener un puerto si nos han destruido casi todos nuestros barcos?», se preguntaba un depresivo y hundido rey.

El proyecto quedó entonces prácticamente sepultado, aunque en años siguientes se trató de resucitar con intentos como el de Luis Canduchi, en 1641, que escribió un detallado libro sobre el puerto; el rey Carlos III, que ordenó hacer un canal desde el Puente de Toledo hacia el Jarama; Fernando VII, que extendió a éste en 4 kilómetros; o Francisco Xavier Cabanes, en 1829.

Cualquier atisbo de recuperación quedó descartado con la ostensible mejora de las carreteras de acceso a Madrid y, especialmente, con la llegada del ferrocarril en 1851.


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Re:Pongamos que hablo de Madrid
« Respuesta #359 en: 09 de Febrero de 2015, 09:57:36 am »

La primera mujer que se rebeló contra los malos tratos en el siglo XVI

s.l.@abc_madrid / madrid
Día 09/02/2015 - 00.29h
Un libro recoge la historia de Francisca de Pedraza, una vecina de Alcalá de Henares que denunció hace más de 500 años las continuas palizas de su marido

El arrojo y valentía de una vecina del Alcalá de Henares del siglo XVI nos alcanza ahora como una historia ejemplarizante de denuncia contra los malos tratos. Se trata del caso de Francisca de Pedraza, una mujer que se rebeló contra las continuas palizas de su marido y que ahora, más de 500 años después, es recogida por los historiadores Ignacio Ruiz Rodríguez y Fernando Bermejo Batanero, profesores de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC).

«Una alcalaína frente a un mundo: el divorcio de Francisca de Pedraza» es un libro, presentado hoy 9 de febrero en la Universidad de Alcalá, documentado a partir de consultas de procesos judiciales que aún se conservan con su nombre. La mujer, harta del sistemático maltrato de su marido, solicitó judicialmente el divorcio, una utopía total en una sociedad arcaica donde esta lacra estaba permitida.

«Lo natural habría sido el suicidio o la huida; aquella sociedad, en lugar de defender a la agredida, se limitaba a mirar para otro lado, entendiendo que era casi lo lógico que, dentro de ese sometimiento natural de la mujer al marido, éste se excediese en su ánimo de corregirla», declaran los autores.

Huérfana, Francisca de Pedraza fue educada en un convento, y sólo lo abandonó para casarse con Jerónimo de Jaras, quien, como estaba mandado en la época, adquirió su tutela, erigiéndose entonces en el artífice de su pesadilla. Para acabar con esta situación insoportable, Francisca acudió primero a la Justicia eclesiástica; y después a la universitaria. Un ejemplo «inaudito» que, a pesar del tiempo pasado, sirve intacto en nuestros días.

Los autores de la obra, orgullosos de dar voz a un caso único, prefieren no desvelar cómo acabó la historia de Francisca de Pedraza, y reservan el desenlace para quienes lean el libro.