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¿Qué hacemos con los policías mayores?

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Un deseo insatisfecho difícil de lograr en la organización del servicio de las Policías Locales se va desvelando, bajo la incógnita: ¿Qué hacemos con los policías mayores? ¿Son necesarios en la policía? ¿Están bien colocados en los destinos que ocupan? Así de evidente, directo y planteado está el dilema en un lenguaje coloquial, sin entrar en más argumentos… No los vamos a matar y comérnoslo rehogados con patatas como hacían en la antigüedad los masagetas. Estamos en la civilización, aunque el desamparo de los policías mayores alcanzando edades incongruentes para ejercer la profesión asumiendo entre otros cometidos la vigilancia de edificios públicos, en una labor de alto riesgo y peligrosidad cuando sube el nivel de alerta, es un hecho que no se puede soterrar. Los ciudadanos, viendo a unos policías más que abuelos y dudando sobre si están preparados para la protección ciudadana, preguntan: ¿Por qué no los jubilan si son más viejos que El Coyote? Lo coherente sería dejar el uniforme cuando aparecen demasiados achaques al cumplir tantos años y jubilarse como los futbolistas, a los que se les exige cierto nivel de preparación y juego.

 

A ver, desde el anuncio del gobierno de iniciar de oficio el procedimiento de jubilación anticipada en las Policías Locales, avanzando con cierta demora los preceptivos estudios y fases gubernamentales hasta su aprobación y puesta en marcha definitiva, los ayuntamientos no saben qué hacer con los policías mayores aún activos, infravalorados, casi inutilizados y cobrando… El problema es peliagudo, los policías de edad avanzada vienen prestando servicio no operativo o adaptado a sus condiciones físicas y síquicas mermadas hasta su lejana jubilación, incrementándose cada vez más este singular personal inoperante y, por otra parte, en tanto esta situación continúe sin resolverse, habrá otro conflicto social añadido, seguirán extendiéndose las filas del paro juvenil.

Mientras, las plantillas de agentes operativos van quedando reducidas por no convocarse a tiempo abundantes ofertas de empleo público. En consecuencia, la quiebra del servicio en su conjunto no ajustado por edades en la renovación periódica de las promociones afecta al envejecimiento de sus componentes, constituyendo una estructura insostenible que intenta encontrar urgentemente algún remedio… Arreglo que pasa necesariamente por prejubilar inmediatamente a los policías mayores, en aras de obtener la excelencia las Policías Locales, impulsando con urgencia nuevas promociones. Dicho de otra manera, hacer los deberes que el gobierno de turno y otras Administraciones omitieron a su debido tiempo en nombre de la Crisis y esa política de ahorro aplicada a los servicios públicos.

Entretanto se ajustan las plantillas, aprovechando el gran contingente de policías ancianos, tal vez algún insólito consistorio meta a todos los componentes, viejos y jóvenes, en un mismo saco e intente vender la moto ante el ojo avizor ciudadano, reuniendo comisiones de expertos y lumbreras para afrontar el engorro. Recurriendo en las sombras al saber erudito de siniestros sicólogos, siquiatras, antropólogos e, incluso, de instructores de tercios militares y otros especialistas del amaestramiento, diseñando planes y marcando metas con el firme propósito de hacer funcionar las pilas y el estropeado chasis de los policías mayores, como si fueran infantes de la armada o convertirlos por orden de “Mar” en aves marinas… ¿Quién sabe…?

Olvidando que nacieron durante el baby boom, escribieron dictados con tinta y palillero, pocos usaron la máquina de escribir, ahora están medio ciegos y les tiembla el pulso para atinar en los ordenadores, los móviles y tuitear con rapidez… En general, huyen espantados de las oficinas y de los sistemas informáticos ininteligibles, sospechando, acabarán sus nervios destrozados, la caja de cambios y deficiente visión. Como excepción, siempre habrá voluntarios muy capacitados, y otros dispuestos para su reciclaje y preparación.

Aunque no cogen bajas médicas, cansados por la afección de los años van necesitando prescripción facultativa de reposo, para afrontar cargados de energía el peso de las armas en la fábrica policial, cuidando de protegerse asimismo y a los ciudadanos en la productividad. Como es natural, aguantan poco la jornada laboral en bipedestación, y hasta los hay con zapatos ortopédicos, bastones de apoyo o genitales enfermos de incontinencia, protegidos con pañal para no mojar el pantalón.

Quizá, restando gravedad al asunto, la comisión de expertos empeñados en realizar una experiencia piloto reservada, hayan concluido: con disciplina, entrenados y bien dirigidos en un programa exigente pueden llegar a practicar parkour dando hasta tres saltos mortales en el aire sin tocar suelo, obtener la maestría en capoeira y dejar fuera de combate a diez enemigos de una vez, y también escribir la lista de los reyes godos con los dedos de las manos y de los pies en menos que cae un rayo. Está comprobado científicamente…, apostaron entusiasmados.

Y en la convicción, pasaron en secreto a la práctica de las teorías científicas con una avanzadilla de viejos cobayas, empezando a curar a los más rezagados, llevando a un pelotón de lisiados al Gran Médico señalado por Bertolt Brecht, y les preguntó: ¿Por qué lleváis bastones y muletas? Ellos dijeron: Porque somos tullidos. No es extraño, les dijo. Son esos trastos los que os impiden andar. Riendo como un monstruo, les quitó los bastones y muletas y se las rompió en las costillas a cada uno. Ahora están curados. Tan sólo a veces, cuando ven palos, caminan algo peor por unas horas.

Después, continuaron con el resto de abuelos, muy animados en la práctica de los ejercicios…

Autor: José Luis Rodríguez Velasco

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